Condimento con medida
Salud

Condimento con medida

Los peligros silenciosos de la sal

Das el primer bocado a la comida y el juicio es definitivo: “Le falta sal”. Acto seguido, tomas el salero y comienzas a esparcir el granulado ingrediente sobre las viandas.

Cada que un individuo dice esa línea dictada por el gusto, exagera.

Los mexicanos consumen, en promedio, entre siete y nueve gramos diarios de sal común, también conocida como cloruro de sodio. La ingesta recomendada por la comunidad médica es de cinco gramos al día. A nivel mundial, el indicador empeora. La mayoría de las personas duplica esa cantidad.

El consumo fuera de órbita de sodio no tiene nada de inofensivo, aumenta las probabilidades de sufrir cardiopatías o accidentes cerebrovasculares. Al combinarse con una absorción insuficiente de potasio, impulsa la hipertensión arterial.

Una cuarta parte de los mexicanos padece esta patología crónica; cerca del 40 por ciento de la población hipertensa desconoce que tiene el padecimiento.

El panorama ha empeorado con rapidez si se considera que, a mediados de la década pasada, las dificultades con la presión arterial sólo afectaban a individuos mayores de 40 años de edad. Hoy, está presente en adultos jóvenes de los 20 a los 29 años cumplidos.

Incurrir en excesos con el cloruro de sodio es alentado por la creciente presencia de alimentos industrializados y por intercambios culturales que detonan cambios en los menús de las sociedades.

La cotidianidad se las arregla para dejar de lado frutas, verduras o fibra en beneficio de las grasas saturadas, los ácidos grasos trans, el azúcar y la sal.

El consumo excesivo de sal aumenta las probabilidades de cardiopatías, accidentes cerebrovasculares o presión arterial alta. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Desde el punto de vista médico no hay comparación. Un botón de muestra al respecto: la dieta que incluye manzanas y lechuga contribuye a mantener a raya la tensión arterial.

RUTINA SALADA

La sal común es la principal fuente de sodio de las personas debido a su presencia en carnes, en especial las procesadas (léase tocino, jamón, salamí), quesos, bocadillos salados, sopas instantáneas, panes.

Mucha gente suele echar cloruro de sodio a los comestibles durante la preparación y agregar cucharaditas del granulado tanto a la comida como a complementos (salsa o guacamole).

El sodio ingresa a nuestro organismo de muchas maneras. Otra vía lleva el nombre de glutamato de sodio, sustancia que se emplea como realzador del sabor en mucho alimento empaquetado.

La relación costo-beneficio de reducir la ingesta de sal es de las mejores en el mercado de los servicios sanitarios. Se estima que moderar el consumo (dato de la Organización Mundial de la Salud) evitaría 2.5 millones de defunciones al año.

No se trata de eliminar la sal común de la ingesta ordinaria. El sodio realiza tareas destacadas al interior del organismo. Ayuda a los equilibrios acidobásico (fundamental para la fisiología del cuerpo y el metabolismo celular) y electrolítico (indispensable para el correcto balance de líquido en el organismo).

Aún más, el sodio juega un papel destacado en la transmisión de los impulsos nerviosos y tiene injerencia en el funcionamiento normal de las células.

En el embarazo, la sal debe consumirse yodada para favorecer el desarrollo del cerebro del feto. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Cabe destacar que durante un embarazo la sal consumida debe estar enriquecida con yodo. La mezcla favorece un desarrollo sano del cerebro del feto, también optimiza las funciones mentales de los infantes.

ABOGAR

El llamado no va más allá de abogar por un consumo de sal responsable, es decir, que se sitúe por debajo de la recomendación diaria. Eso basta para disminuir el riesgo de padecer concentraciones sódicas que pueden allanar el camino de las enfermedades no transmisibles.

Si una persona presta atención y opta por favorecer el consumo de alimentos salubres y nutritivos, una dieta tan sana como pobre en sal, qué mejor.

Aunque la responsabilidad es individual, también incumbe a la sociedad. Concretar el objetivo reducirá la carga sanitaria de males asociados.

El asunto reclama una colaboración de las empresas de la industria alimentaria que se concrete en la producción de comestibles con bajo contenido salado. Los médicos familiares y generales son importantes promotores de la causa.

El profesional sanitario recomienda no agregar cloruro de sodio durante la preparación de los comestibles, mantener la mesa libre de saleros, limitar el consumo de bocadillos salados.

Otra acción que ayudaría a combatir los males relacionados con la saladez sería colocar etiquetas a comestibles empaquetados con alta carga sódica.

A los consumidores les toca ajustar las pupilas gustativas, acostumbrarse a un sabor menos dotado de ese ingrediente. Los restaurantes también pueden aportar con la sencilla acción de no poner saleros a la vista de los clientes.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

Para quienes se inclinan por las alternativas naturistas, cabe señalar que la sal marina no es mejor que la sal común. La creencia popular indica que al tratarse de un condimento más natural, no causa tanto perjuicio. Error. El problema radica en el sodio. Degustar ese elemento sin la debida precaución nos acerca a padecimientos que causan amargos sabores de boca al momento de ir a consulta.

CAMBIO

¿Decididamente debe agregarse sal para que las comidas tengan buen sabor?

Vale la pena cambiar de hábito y salar menos la comida. El divorcio entre las papilas gustativas y ese ingrediente favorece la salud considerablemente. Si de algo ayuda, puede verse como una oportunidad para brindar experiencias distintas al sentido del gusto.

El necesario vuelco requiere que la gente ponga más atención a la oferta nutrimental de los productos que adquiere para surtir la despensa.

Hay alimentos con abundante sodio que no parecen contener tanta sal. Esto se debe a que otros ingredientes disfrazan el sabor. Una etiqueta que alerte al consumidor sobre la alta cantidad de elemento sódico presente en un comestible ayudaría mucho a ese respecto.

Desalojar la sal de nuestra mesa resulta prácticamente imposible. Una misión más asequible consiste en hacerse el propósito de consumir comestibles menos salados, de bajarle número de gramos que ingresan al organismo día con día.

Para finalizar, otro apunte de suma utilidad: no debemos creer que sólo personas de cierta edad deben mirar con recelo al cloruro de sodio. La sal que permanece en el salero, es la auténtica sal de la vida.

Comentarios