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Bragas menstruales con función social

Una toalla sanitaria en México podría ser un objeto de uso común entre las adolescentes; pero en países africanos como Uganda, el 40 por ciento de las mujeres carece de los productos necesarios para la menstruación, incluso de ropa interior que les permita continuar con las actividades cotidianas.

Señorita Yesica, ¿a usted nadie le ha enseñado modales? ¡Contésteme! ¿Qué no sabe lo que es la higiene personal? ¿Nadie le ha explicado los padecimientos de las mujeres? ¿Mmm? ¿No sabe lo que es la menstruación? ¡Es la regla!” – regaña la maestra de secundaria a la protagonista de Perfume de violetas, largometraje mexicano del 2001 que recrea las adversidades de una adolescente de barrios marginales en la Ciudad de México; entre aquellos “infortunios” se enlistó su propia naturaleza.

La escena (en la realidad) no es exclusiva de este país. Alrededor del mundo, más de 600 millones de mujeres carecen de los medios para “entender y gestionar su ciclo menstrual, lo que conlleva a una cascada de efectos adversos en sus vidas”. Esta problemática la enfrentó la diseñadora colombiana Diana Sierra, fundadora de la firma Be Girl, un concepto que ofrece a las mujeres adolescentes y adultas una prenda interior capaz de contener, sin causar molestia, el sangrado menstrual.

GOLPE DE REALIDAD AFRICANA

Diana Sierra nació en Estados Unidos aunque desde los tres años cambió su residencia a Colombia, de donde es su ascendencia. Estudió diseño industrial y como parte de su formación profesional realizó prácticas en Uganda, donde se sorprendió “al ver que las niñas abandonaban la escuela porque no tenían nada para controlar sus periodos. Después de profundizar más en el problema, descubrió que los suministros como libros y zapatos eran importantes, pero tenían mucho menos impacto cuando se ignoraba, negaba o degradaba la naturaleza misma del género de una niña”, se lee en la página de Internet de Be Girl, la empresa social que fundó para “satisfacer las necesidades de las más de 250 millones de adolescentes que carecen de acceso a los productos menstruales apropiados”.

Diana amplió su experiencia en África: trabajó con un grupo de niñas a quienes capacitó en el arte del diseño industrial. Al tiempo fue notando la ausencia de algunas chicas; cuando acudió a la escuela para averiguar el motivo de las faltas, se enteró que durante el periodo menstrual las alumnas permanecían en sus hogares, perdiéndose la instrucción formal.

Diana Sierra, fundadora de la firma Be Girl. Foto: EFE / Nairobi

Cuando supe esto se me comprimió el corazón (…) no se trata solamente de faltar a la escuela, se trata de la deserción escolar por la suma de ausencias, del deseo precoz de casarse para no convertirse en una carga para sus familias, la auto discriminación de género y el maltrato a su dignidad femenina”, reveló al portal concebido para los migrantes colombianos Colombia nos une.

Ante ello confeccionó una funda reutilizable que pudiese rellenarse con el material que las mujeres desearan y que les funcionara para la absorción. Pronto descubrió lo más severo de la problemática: su diseño de porta toalla no era utilizado porque las adolescentes no poseían ropa interior.

Evolucionamos el producto sanitario, de pasar a tener una toalla a tener la forma de un calzón y por eso es que es tan importante el diseño, porque nosotras tenemos la capacidad de poder transformar todos estos problemas en soluciones”, declaró para la radio colombiana.

En términos llanos, diseñó un calzoncillo, braga, bikini o tanga, que contiene el flujo menstrual, y que además puede lavarse y reutilizarse por el equivalente a 150 toallas desechables; el impacto ambiental es otro de los efectos secundarios favorables de Be Girl.

AMPLIO PROYECTO SOCIAL

La mayor relevancia de este movimiento es en el aspecto social, ya que con la compra de una prenda de Be Girl se genera un fondo que permite financiar calzoncillos a las mujeres adolescentes africanas.

Creemos que la menstruación no tiene por qué impedir que las niñas alcancen su máximo potencial. Y cuando las niñas prosperan, sus hogares, comunidades y países prosperan con ellas”, es la visión global de Be Girl, considerada una empresa social.

Su modelo de negocio oferta programas de apoyo para las niñas, como el proyecto para “ayudar a terminar el periodo de pobreza”, con el cual se puede patrocinar a las jóvenes donando desde diez dólares hasta cinco mil: por la mínima cantidad se entrega una PeriodPanties (calzoncillo protector durante la menstruación que dura dos años), y por la máxima cantidad se patrocina a toda una escuela entregando “kits de época” que consisten en bragas menstruales y de manuales educativos.

Foto: healthination.com

Be Girl no es la primera que lanza al mercado este tipo de prendas. Existen ya una decena de marcas comerciales que ofrecen sus productos a través de Internet, aunque sí se distingue por el origen de la idea, su carácter social y ambiental.

UNA TOALLA MENOS

Las toallas sanitarias comerciales se diseñaron al final del siglo XIX por las empresas Hartmann de Alemania y la norteamericana Jhonson&Jhonson; es en los setenta del siglo pasado cuando se introdujeron al mercado global las toallas con tiras de plástico adhesivas. En la actualidad, el total de los materiales de una toalla desechable son elaborados con derivados del petróleo.

En la década de los treinta aparecieron dos innovaciones importantes para la higiene menstrual: los tampones y la copa. El primero tiene la función de absorber y el segundo solo de contener. Ésta última fue producida industrialmente y patentada por la estadunidense Leona W. Chalmes, aunque desde 1867 ya existían copas muy rudimentarias”, reseñó la página de la Procuraduría Federal del Consumidor acerca del precio de las diferentes presentaciones de toallas sanitarias.

Precisamente aquella oficina gubernamental realiza un cálculo sobre la cantidad y el costo que podría generar el uso de toallas sanitarias: “Si una mujer llega a la menopausia a los cincuenta años y comenzó su ciclo a los 13, significa que utilizará 13 mil 320 toallas femeninas durante su vida, con un costo promedio de 1.50 pesos cada una. Esto representa un desembolso de 19 mil 980 pesos (…) Es una pequeña fortuna que bien vale la pena saber invertir ¿no crees?”. Pregunta la oficina de gobierno.

Los precios de los calzones menstruales que se ofertan en Internet van desde los 58.24 pesos hasta los 920, dependiendo de la marca; en México no tienen un consumo masivo, aunque ya se han publicado pruebas que resultan favorables por la seguridad y comodidad que provee la prenda interior.

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