Efecto Coolidge
Sexualidad

Efecto Coolidge

La pasión reavivada por la novedad

Aunque las manifestaciones de la sexualidad son sumamente variadas, existen aspectos de ella que prevalecen en todas las personas. Según la Real Academia Española (RAE), el término sexualidad tiene una bifurcación: por un lado, se define como un conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo; por otro, supone apetito sexual y propensión al placer carnal.

Con base en la última definición, cada quien elige el tipo de relación que más le conviene o hace sentir mayor placer. En cuanto al número de parejas sexuales, algunos optan por la monogamia, es decir, la relación entre sólo dos individuos; otros eligen la poligamia, en la que participan un hombre y más de una mujer; la poliandría, que resulta ser entre una mujer y varios hombres; o bien, una relación abierta en que cada miembro de una pareja tiene sexo con más personas. A diferencia de estos vínculos, en los que todos los participantes están de acuerdo, hay quienes se relacionan con otros a escondidas de su pareja.

Según varios estudios, esto puede deberse a que la excitación se vuelve más intensa cuando se experimenta con una nueva pareja sexual, en contraste del compañero habitual. A este efecto se le conoce como Coolidge.

Orígenes del término

El término se acuñó en 1955 por Frank A. Beach, un famoso etólogo, quien contaba la siguiente anécdota: en los años veinte, el presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, y su esposa, se encontraban en una granja experimental cuando la señora Coolidge se percató de la presencia de un gallo que parecía aparearse con mucha frecuencia. Sorprendida, preguntó al encargado cuántas veces al día solía hacerlo, a lo que el trabajador respondió: “Decenas de veces’’. Fascinada por la respuesta, ella le pidió que se lo hiciera saber al presidente cuando lo viera. Más tarde, el hombre cumplió su promesa y le contó al político la regularidad con la que el gallo tenía relaciones sexuales. Entonces, Coolidge le preguntó: “¿Siempre con la misma gallina?”. “No, no”, contestó el operario de la granja, “con gallinas diferentes”. “Dígale eso a la señora Coolidge”, concluyó el presidente.

Ese relato, aunque no haya sido real, sirvió para explicar el fenómeno que se presenta en las personas al momento de relacionarse sexualmente.

Beach hizo una investigación en el año 1955 con ratas de laboratorio, a los cuales colocaba en un espacio cerrado para que copularan entre sí. En el trascurso del experimento se percató de que cada macho introducido en una urna, se apareaba con todas las hembras a su alrededor (normalmente cuatro o cinco, todas ellas en celo). Después de un rato quedaba exhausto y sin interés en seguir, incluso si ellas se acercaban y lo golpeaban o lo lamían en busca de una nueva sesión de apareamiento. Sin embargo, si en ese momento se introducía en el recipiente una nueva rata, el macho parecía recobrarse más rápido e inmediatamente procedía a tener sexo con ella.

Foto: Tara Linzalone

La doctora mexicana Elisa Ventura Aquino, amplió este estudio con su tesis doctoral realizada en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV). Su propósito era observar si el efecto Coolidge se presentaba también en hembras, empleando de igual forma un modelo de ratas. La conclusión más importante de su trabajo fue mostrar que el efecto también existe en el sexo femenino, recalcando la importancia de la motivación sexual que, en el caso de ellas, resultó particularmente importante para una cópula exitosa.

Para comprobar si la misma reacción se repetía en humanos, se realizó un estudio en 1994 llamado The evolution of desire, strategies of human mating (La evolución del deseo, estrategias de apareamiento humano), en el que se analizaron culturas occidentales. La investigación concluyó que el efecto Coolidge también se presenta en personas y es el responsable de que la frecuencia de actividad sexual con una pareja, decaiga en forma constante conforme transcurre el tiempo: disminuye a un 50 por ciento luego de un año de matrimonio y se reduce en forma más gradual posteriormente.

La petit mort vs periodo refractario

Ambos sexos pasan por una fase después del orgasmo que tiende a dejarlos agotados. Los franceses suelen llamarle a tal estado “la petit mort’’, que significa la pequeña muerte. Cabe recalcar que con esta expresión sólo se refieren al orgasmo femenino. Los especialistas afirman que el desvanecimiento post-orgásmico se debe a una serie de cambios respiratorios particularmente fuertes que actúan contrayendo la aorta. Como consecuencia de esto, ocurre una hiperventilación (exceso de oxígeno en sangre) y tiene lugar una pequeñísima isquemia (falta de riego sanguíneo al cerebro).

A diferencia del sexo femenino, los varones, al eyacular, experimentan un periodo refractario, que consiste en no volver a tener una erección durante determinado tiempo. Los más jóvenes pueden necesitar sólo unos minutos para recuperarse, pero los mayores generalmente tienen un período refractario más largo, de 12 a 24 horas. Para algunos hombres, este lapso puede incluso prolongarse unos días. La Sociedad Internacional de Medicina Sexual confirma en su sitio web que, en ese tiempo, el individuo no puede alcanzar la excitación sexual. Su cuerpo no responde a la estimulación y no lo hará hasta que el período haya terminado.

Los hombres experimentan un periodo refractario al eyacular que puede durar varias horas. El efecto Coolidge disminuye el tiempo de recuperación. Foto: Archivo Siglo Nuevo

El efecto Coolidge se relaciona con el fenómeno refractario porque se ha comprobado que la recuperación es más rápida cuando se presenta una pareja nueva. El acto sexual se repite con mayor fuerza y deseo, además aumentan los niveles de dopamina en el cerebro.

A pesar de que el periodo refractario en la mujer es muy corto, e incluso le permite tener multiorgasmos, los estudios demuestran que el efecto Coolidge actúa en ambos sexos. De acuerdo al investigador Carlos Yela, se trata de una función evolutiva para asegurar la transmisión genética (entre más parejas sexuales haya, es más probable dejar descendencia).

Bienestar no asegurado

Este efecto no sólo debe ser descrito como un patrón biológico, sino también psicológico. Cabe destacar que no garantiza una vida sexual plena.

De acuerdo con la teoría de la elección racional, cada persona tiene la suficiente capacidad de elegir la mejor alternativa para vivir su sexualidad. A lo largo de la historia, filósofos e intelectuales han definido al ser humano como racional y reflexivo. Con base en esta aseveración, es posible mejorar las relaciones sexuales sin necesidad de cambiar de pareja sexual en múltiples ocasiones.

El Observatorio Europeo de la Infidelidad realizó un estudio en el que descubrió que las infidelidades de hombres y mujeres cada vez se asemejan más. El motivo, según apunta la portavoz en España del portal de encuentros extraconyugales Gleeden.com, Myriam Zanatta, es que “la discriminación hacia las mujeres infieles es menor que hace unos años”.

Para no caer en la rutina en lo que respecta a la intimidad, la sexóloga Alicia Villanueva recomienda a las parejas que revalúen sus prácticas sexuales cada seis meses y añadan elementos nuevos, aunque sea uno: explorar cosas nuevas y descartar otras; mantener, compartir y hacer realidad fantasías sexuales; tener una comunicación afectiva y asertiva durante el acto. Afectiva porque se expresan los deseos de dos personas con una relación sentimental, más allá del sexo, y asertiva porque deben trabajar cualquier situación que los esté afectando sin humillaciones. De esta manera es posible explorar la sexualidad en un entorno de mayor confianza y conocimiento.

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