Siembra vida y cosecharás muerte
Reportaje

Siembra vida y cosecharás muerte

El peligro de defender la tierra

A unos kilómetros de la minera Cuzcatlán de la filial canadiense Fortuna Silver Mines, un grupo de hombres y mujeres rodean un agujero en la tierra de unos dos metros de profundidad. Contiene dentro una ofrenda de maíz, frijol, tortillas, cebollas, zanahorias, totopos, calabacitas, tomates, pan, chocolate y mezcal; el contenido ha sido vaciado por quienes alrededor de una cruz de rebozos coloridos agradecieron a la Madre Tierra por las bondades que les ha brindado y, además, pidieron su intercesión para cuidar a la naturaleza y a su cultura de la minera canadiense.

Antes del entierro de la ofrenda, los rebozos que llevaban encima todos los alimentos, se fueron al pozo. Unos cincuenta presentes traen fuego en velas envueltas por sus manos, que hacen de candiles.

La gente está acomodada alrededor de los rebozos. Luego del encendido de las velas, toman su cuerpo para dirigirlo a las cuatro direcciones cardinales. Con ello, desean al viento que solvente la defensa de la Tierra.

Esto sucedió en julio de 2019 en el lago Yuguvene, cerca de San José del Progreso, Oaxaca, una comunidad que lleva años en contra del abuso ambiental que provoca la minería en sus territorios.

La activista Carmen Santiago Alonso, directora de la Asociación Civil Flor y Canto, orquestó el agradecimiento a la tierra de aquella tarde caliente de julio, en el marco de Día Estatal de Rebeldía contra la Minería del año pasado.

Entre las peticiones que hicieron los activistas presentes, prevalece el deseo de que la contaminación industrial de Cuzcatlán no alcanzara al lago Yuguvene, ni al árbol que da sombra al ritual.

Encima, sobre el cielo, truenan cuetes para ahuyentar a los malos espíritus.

Poco a poco, quien se ha presentado al evento toma de la comida de los rebozos y se acerca al pozo, desea algo para sus adentros y sirve a la tierra su ofrenda. El hoyo se llena de comida y alguien abre el mezcal que fluye por las gargantas campesinas para celebrar el agradecimiento.

Al ritual acuden dirigentes comunitarios de San Martín de los Cansecos, de Monte del Toro, de El Vergel, Los Ocotes, Santa Catarina Minas y otras localidades más, cuya única opción para salvar sus comunidades es acudir a una autoridad mayor que el Estado mexicano: la tierra. La razón es que la impunidad y el influyentismo han opacado a la seguridad del bien natural que fue concedido a estos pueblos milenarios.

Carmen Santiago termina el rito, todo mundo se enlaza las manos y externa buenos deseos, como si salieran de una reunión de negocios.

Ilustración: Hessie Ortega

Para los ojos externos, la lucha por la defensa de la tierra es un acto heroico, un deseo inquebrantable de súper humanos que dan la vida por otras vidas. Al público de las metrópolis, en su mayoría, le da emoción y, de suerte, enojo, cuando titánicamente muere alguien en nombre de la naturaleza.

Una vez difuntos, como si su trabajo fuera ése y no el de todas las personas, son aplaudidos sin eco. A estos entes guerreros los avientan al pedestal para alabarlos y dejarlos ahí, mientras la pasividad reina en la multitud.

HAY SILENCIO

Los y las defensoras de la tierra han hecho lo que hacen porque de no hacerlo, se cae la selva y muere su hogar, su cultura, su historia; se cae el campo y se apagan las llamas de los abuelos muertos que trabajaron en él; se desploma la montaña y se seca el sudor de generaciones cuya perennidad reside en sus territorios.

La opción de luchar que han tomado es, en muchos casos, una respuesta de sobrevivencia, una consecuencia inevitable.

En un país donde sembrar vida te puede cosechar muerte, en México, hay un abismo inmenso entre justicia social y justicia de Estado que está lleno de personas defensoras del mundo no industrial.

Detrás de las ofrendas a la tierra, a unos metros de pueblos originarios que una vez comercializaban en zapoteco y sembraban luego de pedir permiso a la naturaleza, las máquinas extranjeras (nuevas conquistadoras) escarban el suelo y lo intoxican, rompen sus paredes y le hurtan sus minerales; saquean la tierra y la castran, le extirpan su esterilidad mientras venden un progreso vil o una amenaza atroz a quienes por defender la tierra les darán un obituario.

Según el informe ¿Enemigos del Estado? de la organización no gubernamental Global Witness, México fue en 2018 el sexto país más peligroso para defender el medio ambiente con 14 personas activistas asesinadas. El reporte contabilizó que cada tres semanas, un o una activista fue ultimada por su labor. En ese año fueron 164.

Así mismo en el documento se puede leer que la nación de Filipinas resulta ser la más peligrosa para defender la tierra, ya que allí (en el mismo año) ocurrieron 30 asesinatos. En Colombia fueron 24, en India 23, en Brasil 20 y en Guatemala 16. Luego sigue México.

43 personas fueron asesinadas por defenderse de la minería e industrias extractivas, 21 de la agroindustria, 17 por cuidar las aguas y represas, 13 por enfrentar a la explotación forestal, nueve a la caza ilegal, dos a la pesca y una contra la energía eólica. Siete no se sabe por qué fue y 55 siguen sin tener un vínculo claro con algún sector.

Homenaje en México al fallecido ambientalista protector de Mariposa Monarca: Homero Gómez. Foto: EFE / Ocampo

Cabe destacar que, en cuanto a estadísticas estatales, Oaxaca es la entidad mexicana con más violencia contra personas que defienden la naturaleza; o, al menos, así lo contabilizó Amnistía Internacional el año pasado, cuando cinco víctimas fueron de este estado sureño. Chiapas carga el segundo lugar con cuatro asesinatos en 2019.

Ya con Andrés Manuel López Obrador al frente del país, en 2019, asesinaron a 30, más del doble que el año antecesor; según lo contó así la asociación Servicios para una Educación Alternativa A. C. (EDUCA), de Oaxaca.

En las siguientes líneas del reportaje se contarán las historias de tres defensores, tres visiones distintas. El cometido es relatar una realidad más cercana sobre quienes han puesto su vida en la batalla medioambiental, un ejercicio combativo de alto riesgo, porque, como lo explica Amnistía Internacional, “hay poderosas fuerzas que piensan que pueden atacar, matar y criminalizar impunemente a activistas locales sin que al resto del mundo le importe en absoluto”.

DEFENDIÓ LOS ÁRBOLES HASTA EL EXILIO

En noviembre del año pasado la desaparición de Irma Galindo Barrios llenó todos los medios locales de Oaxaca y algunos nacionales. La noticia de que una defensora de la tierra pudiera ser encontrada muerta en alguna parte del estado más peligroso para ser activista, accionó el interés (morbo) del público. Por eso, cuando el 20 de noviembre de 2019 apareció viva, su nombre dejó de figurar en los encabezados.

Sin embargo, su vida continuó en riesgo, allá en su pueblo de San Esteban Atatlahuca, donde le pusieron precio a su cabeza. Tuvo que partir a quién sabe dónde.

La siguiente entrevista fue hecha por Facebook, sin considerar su locación, por obvias razones, las preguntas fueron enviadas por escrito y ella contestó así:

¿Podría relatarme cómo sucedió la desaparición que vivió el año pasado?

Lo único que le puedo decir, recalcar, es que mi persecución fue por denunciar tala clandestina, ya que era testigo de cómo sacaban muchos camiones de madera cada noche desde que volví al pueblo hace diez años. Las veces que recibí agresión verbal fui a derechos humanos y en la fiscalía de Tlaxiaco me dijeron que no tenía agresiones físicas y por eso no podían hacer nada. Recibí amenazas vía Facebook por subir fotos de cómo se veía el bosque saqueado. Entonces, para cuando quemaron mi casa ya habían puesto una amenaza de que mi cabeza tenía precio. Lo mejor que hice fue fugarme y no aparecer nunca.

Irma Galindo Barrios. Ilustración: Hessie Ortega

¿Cómo ha sido la reacción de las autoridades municipales, estatales y federales respecto a las ofensas contra usted?

Deben estar muy felices de que yo no he aparecido ante ellos una vez más para denunciar sus propias ventas de permisos para saquear el bosque. Además, les ahorro una muerte más en sus listas de muerte a manos corruptas.

En la conversación para este reportaje, Irma Galindo contó, desde el exilio que vive, cómo perdió veinte años de trabajo para comprar un terreno, construir una casa y abarrotarla de enciclopedias de medicina natural, códices, textiles, obras de arte.

Cuenta que en su pueblo las mujeres no heredan terreno, deben casarse con un hombre para tener dónde vivir y trabajar la tierra de su marido; ella no pudo hacerlo por razones machistas, porque su estado biológico le incapacita para reproducirse y una mujer casada debe ser madre.

Irma asegura que vivió un tiempo en las ciudades: de adolescente en la ciudad de Oaxaca, luego en Guadalajara y después alcanzó Nueva York. No obstante, recalca que la felicidad la encontró cuando regresó a su pueblo porque localizó lo que ni siquiera algunos de sus habitantes han descubierto: sanación espiritual; aun cuando en San Esteban Atatlahuca (su comunidad) recibió prejuicios por amar la sanación natural, el arte, a sus antepasadas y por defender el bosque.

El conflicto estalló en tiroteos con la aprobación y respaldo de Heriberto Nicanor Alvarado Galindo, que era presidente municipal en curso y penosamente resulta ser mi primo hermano, hijo de la hermana de mi finado padre”.

Imagínate hasta dónde pueden llegar las personas por ambición, creo que son capaces de matar a su propia familia, de vender a su pueblo o a su propia madre tierra por unos instantes de placer; o de alcohol, como es el caso de mi primo, que es un alcohólico”, relata Irma Galindo Barrios.

¿Me podría contar cómo ha sido su experiencia de activista amenazada?

La verdad me ha dado mucha decepción, impotencia y tristeza. Da tristeza la apatía de la misma gente que vive en los pueblos, pero más la apatía de la gente que vive alrededor y en las grandes ciudades; ya no están dispuestos a aceptar que son los principales contaminadores del aire que limpian los pocos bosques que quedan a nivel mundial. Me decepcionan muchas personas que dijeron estar conmigo en la lucha, personas que decían saber de defensoría, que decían apoyarme y me aconsejaban que siguiera protestando. Cuando todo estalló en balazos, quema de casas, muerte y mi desaparición forzada, ya ni me saludaron. Al contrario, supe que otros conocidos de la heroica ciudad de Tlaxiaco están diciendo que me vendí al mejor postor, que otros políticos me pagaron para hacer la guerra en mi pueblo y ahora que ando en Dubai o Nueva York vacacionando: me da impotencia no poder gritar que el bosque no necesita al ser humano y que la gente que ha podido ser líder o autoridad nunca podrá hacer nada bueno por los pueblos si no saben cuáles son las verdaderas necesidades.

Foto: Behance / John Holcroft

¿Sabe usted por qué está siendo amenazada?

Sí, siempre fui amenazada porque no dejé que los líderes de mi pueblo, en compañía de los empresarios maderables de otros estados o países, terminaran de saquear el poco bosque que hay en mi pueblo. También por denunciar la tala ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), quienes no guardaron la privacidad de la denuncia. Así, todos los taladores y líderes de las empresas maderables me odian por oponerme a que se sigan llevando árboles a bajo costo. Árboles que nunca sembraron.

¿Cuál es su posición frente al riesgo que existe para ejercer la defensa de la tierra en México?

Creo que la única forma de no correr el riesgo de ser asesinada es volverme nómada como mis antepasados y difundir mi creencia, testimonio e inquietud a nivel mundial; no acercarme a ninguna organización y menos a las que están fundadas con bases políticas similares a los mismos partidos políticos que reciben recursos que vienen de los impuestos de la gente y de los pueblos. Al parecer nunca van a aceptar que el recurso no es de ellos para seguirlo usando mal.

¿Qué es lo más desafiante de defender la tierra?

Haber estado en peligro de muerte y haber sabido qué hacer. Superar el miedo de morir. Quiero mantenerme viva para seguir combatiendo los malos hábitos de esta humanidad inconsciente, aunque cada vez que abro la boca ante algún machista o algún empresario, parece querer matarme, pero no puedo evitar decir lo que sé, lo que pienso y creo: es mi naturaleza. Me ayuda el dicho que dice: La verdad no peca, pero incomoda.

¿De dónde viene el mayor peligro para las defensoras de la tierra en México?

El mayor peligro viene de las grandes empresas en complicidad de sus impuestos para el gobierno, quien las respalda y de las estancias que operan según la ley para defender a los pueblos, pero más bien defienden al mejor postor; pero el mayor cómplice es el consumidor.

Si es posible, ¿podría decirme qué proyectos planea de ahora en adelante o en qué proyectos está trabajando ahora?

Estoy grabando algunos audios en mixteco, mi lengua natal, que voy a traducir al español y tal vez volverlo video para subirlo a mi canal de YouTube; para hacer llamados a la gente de mi pueblo que viven en las grandes ciudades para que vuelvan al pueblo a cultivar su comida y vivir. Sólo eso ocupamos, buena comida para estar sanos y vivir mucho. También estoy pensando en escribir un libro de medicina natural.

Foto: Behance / Elliot Lim

LA DEFENSA DE LA TIERRA EN LA LAGUNA DE DURANGO

En Abisinia, Dinamita, un grupo de habitantes duranguenses lleva sobre el cuello las manos de las fuerzas gubernamentales estatales y municipales, mientras el gobierno federal observa sin hacer nada y la empresa multinacional Austin Powder les trata de hurtar las tierras que han heredado de sus ascendencias.

Bernardino Ochoa Camacho tardó en contestar el teléfono para esta entrevista, desconfía del gremio reporteril; él pertenece al Frente Unidos de los Pueblos de La Laguna en Defensa de la Vida y el Territorio.

Traemos ahorita ya otro conflicto con la empresa Austin Powder, una compañía extranjera que fabrica explosivos en nuestra comunidad. Ellos siguen empeñados en reubicar al pueblo”, responde luego de armar la comunicación.

Bernardino fue representante en 2017 y 2018 de varias comunidades cuando comenzó la lucha contra compañías químicas estadounidenses.

Él, con otros, comandó una lucha de campesinos que como pudieron, con palos y piedras, se dieron contra las fuerzas policíacas de la entonces presidenta municipal de Gómez Palacio, Leticia Herrera Ale.

En ese entonces, la defensa era en contra de Chemours Company, una gigante química global que acomodó una planta de cianuro sódico en tierras mexicanas con la excusa de favorecer al capital minero.

Austin Powder es la misma rama que Chemours, ellos dicen que no, pero ¡cómo cabrones que no!, Es la misma rama. Porque en el título de propiedad donde está Chemours aparece el nombre de Austin Bacis (Austin Powder), es lo mismo”, Bernardino tiene una voz fuerte, de cantadito ranchero, presiona las groserías, pero no logra vulgarizarlas; al contrario, caen sátiras, graciosas.

El hombre al otro lado del teléfono no ha dejado la lucha contra Chemours. La pelea legal sigue en pie; no obstante, mientras las armas están enfundadas, les ha arribado otra amenaza a la ciudad gomezpalatina, esta vez en medio del ejido Abisinia.

Asegura Ochoa Camacho que han hablado con el director general del proyecto, “un tal ingeniero Moreno”, dice, le pidieron respeto para su pueblo, o que sino, tendrán que bloquear la empresa en construcción, detendrán las pipas de amoniaco para evitar que produzcan más explosivos.

Este pueblo para las autoridades es un pueblo fantasma, es un pueblo que no lo toman en cuenta. No lo toman en cuenta, pero es el único que ha sido combativo contra la empresa Chemours Company. Ese pueblo, donde vivo yo, es la cabeza y el motor principal de la lucha contra Chemours Company”, declara Bernardino con la misma enjundia que todos los defensores de la tierra.

Bernardino Ochoa Camacho. Ilustración: Hessie Ortega

Las autoridades siguen sordas y siguen ciegas, ellos no están para el pobre. No es cierto eso que dice Andrés Manuel que primero el pobre, eso es una mentira”.

El defensor de Abisinia, Dinamita, no entiende por qué alguien quisiera correr a su gente de su hogar con el esmero que lo hacen las compañías extranjeras. Para él, no sólo toda su vida y la de sus antepasados late debajo de las tierras que su familia y amistades trabajan para sobrevivir, sino también les atiza la memoria del general Francisco Villa que de sus tierras sacó explosivos para defender al país.

La sombra del güero Doroteo Arango invade las ansias de dejarse conquistar por billetes extranjeros.

Mis antepasados, mis tíos y mis jefes, se tuvieron que dar en la madre con el gobierno porque ellos son los que están haciendo todo esto y confunden a la gente. Las empresas aliadas del gobierno hacen saqueamientos, saquean a los pueblos”, una lucha que, además, dice el entrevistado: viene desde 1978 que intentaron reubicar a su comunidad.

Claro que, previo a Austin Bacis, los proyectos extractivos correspondían a DuPont Chemical & Energy Operations, Inc.

De hecho, cuenta Bernardino Niño, cuando DuPont dirigía los proyectos, por lo menos respetaban el enrejado que limitaba sus terrenos. Cuando imperializó Austin Powder México, crecieron el campo de trabajo y fue que sucedió el destazo de las tierras ejidales.

La lucha por la defensa de la Tierra en la Laguna, sección Durango, no se detiene; y las huellas de las multinacionales son las mismas: engaños, agresiones, corrupción, acosos, intimidaciones, amenazas.

En 2017, el mismo Bernardino fue puesto en custodia de manera violenta por un grupo de autoridades policiacas de Gomez Palacio, Durango, mediante supuestas imputaciones de delitos no justificados. Le cuestionaron incluso sobre un “presunto secuestro de miembros del ayuntamiento el pasado junio”, luego de orillarlo al comienzo de la noche un primero de agosto.

Ochoa Camacho recién se posicionaba como vocero de la agrupación cuando fue arbitrariamente detenido. En ese año, Abisinia estuvo otra vez en riesgo de ser reubicada, gracias a que una juez del pueblo abriera las puertas legales a cambio de un gordo estímulo financiero.

Para marzo de 2018, que sucedió la trifulca en el ejido La Aurora, las amenazas se convirtieron en una campal totalmente injusta, policías armados (pero desalmados) contra campesinos almados (pero desarmados).

De aquella batalla, las autoridades se robaron a más de 43 jóvenes y les pusieron presos de manera ilegal. A las mujeres que apresaron las ridiculizaron y luego abusaron de ellas sexualmente. Algunas todavía portan en sus rostros la violencia que vivieron luego que las autoridades, quienes presumen cuidar la integridad pública, azotaran sus rostros contra bloques de cemento.

Habitantes de la Laguna de Durango protestan contra la llegada de Chemours Company. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Fíjate cómo es el gobierno. Es un asesino”, resuelve el hombre detrás de la bocina de teléfono, todavía con ira en la voz.

Diez de los presos aún enfrentan acusaciones penales y son la carne de cañón de las autoridades actualmente para chantajear y disolver las fuerzas campesinas. No obstante, como dice Bernardino, los pueblos se rehúsan a “quitar el dedo del renglón” y están dispuestos “hasta a darnos en la madre con el gobierno, pues: ¿cómo chingados nos van a sacar de aquí? Nos quemaron camionetas, carros, las motos las echaron al canal, las quemaron. Robaron negocios que estaban ahí al lado de la carretera. Hicieron peor que los peores bandidos. Ellos son los que deberían estar en la cárcel”.

Cueste lo que cueste”, diría la lucha sindical en el sur del país.

Hoy la defensa de la tierra en aquel hemisferio mexicano sigue sin temblar. Alguna esperanza les dio el presidente Andrés Manuel López Obrador una vez, donde el propio Bernardino lo escuchó decir que se pronunciaría, que daba su palabra, su promesa.

Pero la puerta de Chemours sigue abierta y la gente no sabe qué sucede dentro. Hay personal que entra diario, entran pipas de agua a la empresa.

Qué le están haciendo al agua que están metiendo, por qué están entrando diariamente, qué hacen”, se pregunta Ochoa Camacho.

En vez de decir que morirían por la causa, Ochoa Camacho, dice que están dispuestos a “darse en la madre”. La promesa de este defensor es que lucharán con uñas y dientes hasta ese límite con tal de frenar la fábrica de explosivos, la de ácido sódico y seguramente cualquier otra que toque su preciado territorio que también es su vida y la de su familia y su pueblo.

Hace apenas dos semanas se logró que SIDEAPA (servicio de agua potable) de Gómez Palacio desprendiera un conector de agua de más de seis pulgadas que se había hecho en una noria abastecedora de 22 localidades vecinas; la empresa Chemours estaba succionando un derecho humano reconocido por las Naciones Unidas y, mientras se aprovechaba de esto, en ejidos como Abisinia sólo se servía agua dos horas al día para evitar la sequía.

¿HAY ESPERANZA?

Marcos Leyva Madrid es un hombre cuya labor comunitaria nace desde su crianza en la iglesia católica oaxaqueña. Se funda en la teología de la liberación siguiendo la doctrina del obispo emérito de Tehuantepec, Arturo Lona Reyes; así como de otros obispos cuya prioridad no es evangelizar, sino promover el sentido comunitario y el amor.

Marcos Leyva Madrid. Ilustración: Hessie Ortega

Al crecer, Leyva Madrid se convertirá en un defensor de la tierra, desde Oaxaca, donde será miembro fundador de Educa, o Servicios para una Educación Alternativa A. C., reconocida asociación que desde hace un cuarto de siglo ha acompañado a comunidades que buscan defender sus territorios.

A Marcos Leyva Madrid se le preguntó una cosa bien sencilla, que si después de toda la barbarie que ha visto, ¿hay esperanza?

Aún con Andrés Manuel López Obrador “en México se ha venido instaurando una política económica basada en el extractivismo”, declara Marcos: “han generado políticas públicas, han cambiado legislaciones, han impartido justicia en términos de darle poder y garantizar este modelo extractivista. Un modelo que lastima a las comunidades en sus bienes naturales, claro, pero también en sus bienes espirituales, en la forma de cómo construye su sociedad”.

El actual gobierno federal mantiene la lógica desarrollista: llevar proyectos a la gente pobre. Autorizan amparos, pero hacen consultas amañadas. Frenan unos proyectos, pero continúan con otros, como el tren transístmico”.

A nivel tierra, todavía se hostigan y asesinan defensores y defensoras”, remata Marcos, aunque aclara que en teoría el gobierno pretende hacer algo al respecto. Sin embargo, refiere el entrevistado que hay agentes externos ligados a grandes transnacionales que no permiten el avance en términos de seguridad y libertad para quienes ponen su vida detrás de la de la tierra; y, frente al beneplácito que las autoridades prestan a las empresas, las comunidades siguen siendo las afectadas.

Dice Leyva Madrid que si bien hablamos de defender la tierra en términos de que no se lastimen las estructuras vivas: los árboles, los animales, el suelo; la visión suya es un tanto diferente. Su defensa se centra en las comunidades que han compartido con la naturaleza miles de años de convivencia.

Para lo cual, lo que se defiende, sobre pasando a la vida en sí, es la cuestión integral que existe dentro de las comunidades y sus ecosistemas.

Se defiende un modo de ver y comprender la vida. Defendemos la parte espiritual”, explica. Y es que, cuando se defiende la tierra “se defiende todo lo que hay detrás”.

Al preguntar de dónde viene el mayor peligro para su misión, Marcos enumera, para empezar, a las empresas, quizá la naciente de la violencia en cuestión; luego, a la gente de los distintos niveles de gobierno: municipal, estatal y federal; enseguida, la figura legislativa de México, un grupo de personas que funcionan con el engranaje capitalista y por lo cual fallan en su labor de garantizar la seguridad y la regularización de los bienes comunitarios.

Foto: Behance / David Moyers

Como cuarto ente, y este lo mencionó también la defensora Irma Galindo, es la sociedad civil: un tejido descompuesto que sin rol alguno permanece, inevitablemente, como cómplice.

Marcos Leyva es específico: “la gente de las ciudades”, tan alejadas de la realidad que dejan a “la gente del campo” allá, con sus propios problemas que sin darse cuenta son los suyos también.

Son ellos y ellas quienes luego empoderan a los medios de comunicación, una herramienta muy frecuente de aquellas campañas de difamación cuyo mal es apalear un movimiento liberador.

El experimentado defensor de la tierra cuenta que esa ha sido una de las formas de violencia que ha recibido, la difamación: un acto que provoca disgusto público contra las personas que defienden las verdaderas necesidades.

Las difamaciones construyen un enemigo implícito; luego que se ha prometido “progreso” y “bienestar”, el antagonista resulta aquél que defiende los árboles y el suelo y su pueblo por rejego, por querer alebrestar, nomás: molestar, obstaculizar un bien económico prometido.

Así, localidad tras localidad es engañada por un desfile de billetes adulterados y el defensor es muchas veces agredido, amenazado, desvirtuado; o exiliada, como Irma.

Sí, sí que hay esperanza”, sobrepone Marcos Leyva Madrid con ímpetu.

Vamos a tener resistencias más fuertes. Se va a visibilizar más, las comunidades estarán luchando cada vez más; están retomando su relación con la tierra y con lo espiritual”.

Adelante del seguro “sí” que avienta por teléfono para su entrevista, subraya que, si bien lo más desafiante de su trabajo son las migraciones internas, el narcotráfico, las empresas extractivistas y todo aquello que golpea los procesos organizativos de las comunidades, hay satisfacción en ver el trabajo que se gana su asociación Educa, al construir relaciones de confianza con las personas; y que aquéllas de pronto toman el camino para instalar su propia comunalidad y además, por sí solas, detienen proyectos, ganan amparos.

Sin embargo, el trabajo es largo. Aún la mayoría de las autoridades comunales se dejan cautivar por las promesas capitalistas y ceden; es cuando las concesiones amañadas de las franquicias anti naturales pasan.

Una vez que las exploraciones minerales terminan, el moche prospera y lo ilegítimo se vuelve legal y, por lo tanto, permitido por unas autoridades que con la mano en la cintura cortan el cordón inaugural para que máquinas de millones de dólares apuñalen la tierra y la dejen sangrando.

Foto: Behance / Encho Enchev

PASE DE LISTA

Indispensable que luego de escribir sobre la defensa de la tierra se haga pase de lista de los y las activistas asesinadas a favor de todos nosotros.

2018: Abraham Hernández González, Adrián Tuhuilit, Guadalupe Campanur, Janeth González López, Jesús Álvarez Chávez, Jesús Javier Ramos Arreola, Joaquín Díaz Morales, Julián Carrillo, Manuel Gaspar Rodríguez, Margarito Díaz González, Noel Castillo Aguilar, Quintín Salgado Salgado, Rolando Crispín López, Sergio Rivera Hernández.

2019: Sinar Corzo Esquinca, Noé Jiménez Pablo, José Santiago Álvarez Gómez, Gustavo Cruz Mendoza, Rafael Manríquez Murúa, Bernardino García Hernández, Estelina Gómez López, Oscar Cazorla, Samir Flores Soberanes, Eulodia Lilia Díaz Ortiz, Abiram Hernández Fernández, Camilo Pérez Álvarez, Luis Armando Fuentes Aquino, Héctor Mauricio Rosas Hernández, Hector Armando Domínguez, Otilia Martínez Cruz, Gregorio Chaparro Cruz, Telésforo Santiago Enríquez, José Lucio Bartolo Faustino, Modesto Verales Sebastián, Eugenio Máximo Hilario, José Luis Álvarez Flores, Mario Moreno López, María Cristina Vázquez Chavarría, Zenaida Pulido Lonbera, Isaías Cantú Carrasco, Cruz Soto Caraveo, Arnulfo Cerón Soriano, Catalino Barradas Santiago, Josué Bernardo Marcial Santos “Tío Bad”.

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