La ética farmacéutica y su práctica parcial
Salud

La ética farmacéutica y su práctica parcial

El magnífico negocio de la salud

Los fármacos mueven ingentes fortunas cada año. Tan sólo en 2017 las 10 principales compañías de estos preparados a nivel mundial, nombres como Roche, Pfizer o Merck, generaron ventas por valor de 437 mil 257 millones de dólares, cerca del 40 por ciento del mercado mundial.

Fabricar sustancias para la salud es un magnífico negocio, tanto que se presta a prácticas nocivas con tal de asegurar el mejor rendimiento.

Desde el año pasado, la relación del gobierno mexicano con las empresas del ramo está tambaleándose. Hubo desabasto de medicamentos que afectó a muchos pacientes. Especialmente fue sensible la carencia de metotrexato, ingrediente esencial para lidiar con distintos tipos de cáncer. La autoridad castigó a varias firmas por hacerle al monopolio; incluso denunció que una compañía, PiSA, llegó al grado de condicionar la entrega del producto a que le permitieran reanudar la operación de unas plantas clausuradas por incumplir estándares de calidad.

Para zanjar, con sus asegunes, la cuestión, el gobierno compró el metotrexato en el extranjero, aplicó algunas sanciones, anunció que las compras de los preparados se llevarían a cabo sin intermediarios y siguió asignando contratos a PiSA.

PRÁCTICAS

El mercado mexicano de fármacos, ubicado entre los primeros 15 a nivel mundial, tiene impacto directo en 161 ramas de la actividad económica. Según la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica, el sector da empleo directo a más de 93 mil personas y genera 300 mil puestos de forma indirecta.

Un aspecto menos llamativo de ese nicho comercial es la batalla diaria que realiza su ejército de agentes de ventas.

Allí donde hay un profesional de la salud, con toda seguridad, hay uno o varios representantes de las farmacéuticas haciendo marcaje personal. Llegan a los consultorios con toda la información en la mochila, prestos a llevar a cabo la exposición respectiva.

Se trata, desde luego, de una actividad digna de respeto. El problema estriba en que la tarea del profesional de la salud también merece un trato respetuoso.

Por ejemplo, si el representante de las marcas entra al consultorio decidido a entrevistarse con el médico, ¿por qué no hace como el resto de los pacientes y paga la consulta?

Fotos: Archivo Siglo Nuevo

Quejas frecuentes de los emisarios comerciales son que los doctores no les prestan atención, se portan groseros y demás.

Sucede que el día de mucho profesional de la salud se agota en consulta abierta, visitas al quirófano y programas de formación continua.

Dedicar parte de la jornada a atender a los representantes de las farmacéuticas no sólo implica perder tiempo que podría destinarse a un enfermo, representa merma para el negocio, escenario indeseable como bien lo comprenden las empresas de medicamento, tan alérgicas al descenso de las utilidades.

Cierto, entre las funciones de los emisarios figura dejar en manos del doctor muestras gratuitas de productos para que éste las utilice a su criterio, apoyando la economía de un paciente, por ejemplo, y compruebe los beneficios de la fórmula.

No obstante, hasta esa práctica tiene su lado malo, el de probadita como método para enganchar al consumidor.

La práctica del enganche forma parte del código de ética de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma).

En la descripción de las Muestras Médicas y su función se establece que serán proporcionadas directa y gratuitamente, en cantidades razonables, a los profesionales de la salud de manera que puedan conocer y familiarizarse con esos medicamentos y/o iniciar tratamiento.

Una “cantidad razonable” pues, debe interpretarse como aquella que no representa ni un tratamiento completo. ¿Por qué esperan entonces que el médico obsequie a sus agentes toda la atención y todo el tiempo que podría destinar a un enfermo?

COOPERACIÓN

Los especialistas de la medicina y las compañías que surten el botiquín comparten un mismo objetivo: brindar a la población terapias eficaces, seguras, accesibles y acordes con los padecimientos.

Para ello, ambos grupos emplean medicamentos o, como dice la Canifarma, la tecnología médica más usada para prevención, tratamiento y rehabilitación de la salud.

Foto: Behance / Julia Fullerton Batten

Las relaciones entre un sector y otro deberían fundarse sobre la base de favorecer la consolidación de una práctica comprometida con el bienestar de los pacientes o, por lo menos, de una cooperación eficaz.

Los fármacos reclaman una amplia interacción de la industria con la comunidad médica por razones poderosas como vigilar su efectividad o detectar efectos colaterales. En el sentido opuesto, sin el patrocionio de la industria farmacéutica, a mucho practicante de la medicina le estaría vedada la actualización constante vía congresos del sector salutífero.

El código de ética antes mencionado dice que la industria de los componentes activos “buscará facilitar el aprendizaje de los profesionales de la salud para mejorar sus conocimientos en el cuidado de los pacientes”. Esa contribución deberá hacerse sin condicionar al doctor para que “use, prescriba, compre o recomiende un producto”.

El código establece, y en esto la coincidencia es plena, que la mejor forma de cumplir el cometido pasa por “proporcionar apoyos para programas de educación médica continua o programas educativos independientes”.

La industria farmacéutica también posee un Código de Buenas Prácticas de Promoción, que contiene una loable tendencia a la cooperación.

En el documento se explica que las empresas pueden hacer donativos para programas sociales o becas, así como entregar ayuda financiera o en especie a eventos organizados por los profesionales de la salud, con fines científicos o médicos.

El texto sería mucho mejor si sus preceptos se practicaran de forma relevante, es decir, si las firmas detrás de los medicamentos otorgaran apoyos razonables, por emplear un adjetivo al gusto de la industria, para contribuir a la formación de quienes elaboran las recetas.

Esto no significa que las marcas paguen viajes a congresos o conferencias en destinos paradisíacos o en capitales que ofrecen variadas diversiones.

El respaldo y la cooperación son fundamentales en cualquier sitio donde los médicos se organizan para capacitarse acerca de diversos temas del aspecto sanitario, con el fin de brindar las mejores respuestas a los padecimientos de la población. Sin embargo, como dice el dicho, del código a la práctica hay mucho trecho.

Comentarios