Jorge Humberto Chávez
Entrevista

Jorge Humberto Chávez

Entre 2006 y 2012, México fue víctima de una ola de crímenes brutales relacionados con el narcotráfico. Esta época, tan sensible para el país, está marcada con la sangre de miles de inocentes. Una de las zonas más afectadas fue Ciudad Juárez, que llegó a ser la urbe más peligrosa del mundo, por encima de ciudades en Medio Oriente que se consideraban zonas de guerra en aquel entonces. Fue así que la frontera norte del país se convirtió en una línea de terror: el lugar donde pasaban cosas que no se podían decir.

Pero el que sí dijo algo a través de sus poemas fue Jorge Humberto Chávez, quien con el pseudónimo Perro de Ulises, mereció el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes con su libro Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, el cual evidenció la huella de la violencia en el país.

El jurado para facultar el premio antes mencionado, estuvo conformado por Hugo Gutiérrez Vega, Efraín Bartolomé y Nelson Simón, quienes se lo otorgaron de manera unánime a Jorge porque “con un lenguaje seco y de alta densidad poética nos da una crónica precisa de la atmósfera trágica que vive una zona del país”.

Jorge Humberto Chávez logra traducir imágenes crudas en poesía, de profunda realidad y violencia. Las heridas del país siguen abiertas y las palabras están esperando un nuevo llamado, un paso al reino subversivo de la memoria.

Chávez nació en Ciudad Juárez, en 1959. Egresó de la Escuela Normal Superior de Chihuahua como Licenciado en Ciencias Sociales. Durante 12 años coordinó el taller literario del Museo del Arte del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura), de Ciudad Juárez. Fue Jefe de la Representación del Instituto Chihuahuense de la Cultura en Ciudad Juárez y fundador del Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro, del Festival Internacional Chihuahua y del Encuentro Internacional de Escritores Literatura en el Bravo.

Así mismo mereció el Premio Nacional de Poesía Colima en 1981 y un año después el Premio Nacional de Literatura Salvador Gallardo. En 2013 fue galardonado con uno de los premios más prestigiosos de poesía: el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes.

Entre su obra publicada se encuentran: De 5 a 7 p.M, La otra cara del vidrio, Nunca será la medianoche y Ángel.

Aquí el mismo Jorge nos relata la esencia de su obra...

Ilustración: Hessie Ortega

¿Qué te motivó a escribir sobre el Juárez más peligroso del mundo? ¿Cómo es escribir bajo el contexto más violento del país?

Trabajé como subsecretario de Cultura de Chihuahua desde el año 2001 al 2010. Renuncié a mi puesto a causa de la llegada del ladrón César Duarte como gobernador. Busqué trabajo en Juárez, pero no lo encontré y acepté en enero de 2011 un puesto en el sector cultural de San Luis Potosí. Estando en San Luis, en 2012, encontré entre mis apuntes una relación de horrendos crímenes y una nota que decía: “Debo escribir sobre esto”. También me propuse ganar el premio Aguascalientes. De modo que me puse a hacer las crónicas de mi ciudad desde lejos y escribí Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, y obtuve el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes en abril de 2013. Casi no hay huella de la violencia en la frontera en mi libro anterior, Ángel, que sí fue escrito entre 2007 y 2009, sin embargo, su atmósfera principal es la de los descensos de la vida amorosa y civil.

¿Qué siente el poeta al traducir en poesía escenas crudas de violencia, crimen y migración?

Mientras escribía los poemas de la primera y segunda parte del libro permanecía muy atento a dos factores: por un lado, el manejo del verso, y por el otro, el uso de información de los casos criminales. El verso es en realidad un versículo escrito en un lenguaje deliberadamente negado al preciosismo, exacto y directo; y la información tiene el formato de crónicas y está cuidada al detalle y basada en registros de prensa, testimonios y hasta en reportes forenses. Poco tiempo había para recordar y oscurecerse, pero a veces la pasé mal.

¿Puedes explicar la estructura de los versos que componen tu poemario Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto? ¿A qué formato responden?

La mayor parte de los poemas están en versículo, como dije antes. Casi no hay pausas entre los versos. Pero hay otros registros muy claros, por ejemplo, en Corrido para Roxy Zamgal los versos están medidos, y en Conduzco un Honda blanco por el palacio de la luna hay verso medido, prosa poética y verso blanco largo.

¿Dirías que tus poemas son una protesta o un retrato del norte de México?

No hay protesta ni denuncia en mi poesía. Lo que se propone es una reconstrucción y un registro de una sociedad que fue llevada por la clase política a una vorágine de asesinato, depredación y crimen que fue capaz de hundir literalmente a la ciudad y desarticular el nexo social. Este registro, a través de la poesía, le da a la tragedia humana una durabilidad mayor que la nota periodística y la rescata del olvido.

Foto: vidauniversitaria.uanl.mx

En tu libro se hace mención a varios autores como W.C. Williams, Marco Antonio Campos, Marco Antonio Jiménez, Borges, Sampedro y los músicos Simon y Garfunkel... ¿cómo han influido ellos en tu obra?

Hay un montón de autores que están en mi trabajo: Apollinaire, Borges, Eliot, Williams, Antonio Cisneros, Quevedo, Sampedro. Marco Antonio Jiménez, Miguel Hernández… todos ellos van conmigo por la vida: su poesía me sigue. Igual con cierto rock, convivo con él desde niño.

¿Qué significa para un poeta de Ciudad Juárez ganar el premio de Aguascalientes con una temática tan íntima para el país y para tu región?

Ganar el Premio Aguascalientes hizo más visible a la poesía de la frontera y especialmente a la de Ciudad Juárez. Pertenezco a un grupo de poetas surgido de los talleres que impartió David Ojeda en el norte de México. El premio de alguna forma nos dio un toque a todos: mi hermano Miguel Ángel Chávez Díaz de León, Joaquín Cosío, César Silva, Agustín García, Édgar Rincón y otros.

¿Crees que el contexto de violencia ha cambiado? ¿Cuál es tu postura como autor, a los nuevos espectros de violencia en el país?

La violencia del fin de la primera década del siglo, disparada por la belicosidad y la corrupción del gobierno calderonista y llevada a su punto más crítico en Ciudad Juárez, no ha cambiado. Descendió un poco, pero ahora mismo en sólo los fines de semana han muerto de 10 a 20 personas en Juárez. La irracional, depredatoria y usuraria violencia de los cárteles se ha extendido y multiplicado por todo el país, y se ha instalado de alguna aberrante manera en el ánimo de la población. Las ejecuciones realizadas por grupos de civiles y el asesinato común son también su cara.

¿Cuál es tu postura a los nuevos géneros en cine y televisión que tocan los temas de violencia y migración en México? ¿Crees que son un relato digno?

No veo novedad alguna en las nuevas producciones de cine y televisión. Las series y el género noir abordan las nuevas realidades del país y del mundo con sus propios y nuevos lenguajes, y como consumidor de estas producciones sólo exijo calidad y originalidad. No estoy para nada de acuerdo en la nueva postura oficial que comentó en la televisión Marcelo Ebrard al referir las críticas que representantes diplomáticos extranjeros hicieron de las series sobre el México Violento. El arte es también un reflejo de la realidad. La violencia de las sociedades contemporáneas está inscrita con sangre en nuestro pasado desde antes de Troya. El arte es todo lo contrario a lo políticamente correcto.

Ilustración: Hessie Ortega

¿Cómo nacieron Los poemas de la autopista? ¿A dónde ibas?

Mi hijo Jorge Chávez se fue a trabajar como periodista al Dallas Morning en 2003. Viajo por carretera desde los 16 años y he recorrido todo el país y buena parte del centro y sur de Estados Unidos. Pero entre 2003 y 2012 viajé mucho por el sur gringo, y sobre todo a las ciudades de Dallas, Austin y San Antonio. En la novela El Palacio de la Luna, de Paul Auster, Marco Stanley Fogg, joven ejecutante de clarinete, inicia un raro descenso a la miseria y la exclusión y empieza a adelgazar hasta convertirse en un alfeñique. Es salvado por Kitty Woo. Fogg se repone e inicia un solitario y extraordinario viaje a pie desde Nueva York hasta las costas del sur de California, pasando muy cerca de las Cuatro Esquinas (punto fronterizo de Colorado, Utah, Nuevo México y Arizona). En 2008 me vi obligado a realizar un viaje desde Denver hasta el West Rim de El Gran Cañón. Entonces decidí seguir los pasos de Fogg en ese tramo y así lo hice. Este periplo está reseñado en el poema Conduzco un Honda blanco por el Palacio de la Luna. Después de todo eso, tenía que escribir Los poemas de la autopista.

¿Qué significa Ciudad Juárez para ti?

Clásicamente, Ciudad Júarez es mi ciudad. Lo que soy es el resultado de mi vida allá, desde mi nacimiento en 1959 hasta mi partida a principios de 2011 (tuve una temporada de cuatro años y medio en la que viví como maestro rural en la sierra de Chihuahua). Mi poesía está radicada ahí. No es la misma que antes: yo alcancé la época de los grandes bares que no cerraban nunca y mi experiencia de la frontera y la norteñez son en mi mente tan mágicas como un Macondo.

¿Qué es la frontera?

La frontera es una zona compuesta como una delgada franja de tierra entre el sur gringo y el norte mexicano. Tiene como 100 kilómetros de ancho. Desde el espacio se ve como una línea intermitente de luces espaciadas que van desde Tijuana a Matamoros. Es una comunidad contradictoria e históricamente intervinculada, un sistema geopolítico que incluye variantes de los idiomas español e inglés y que tiene sus propios códigos de vida y convivencia. Es la zona más excéntrica y extensa de México y la más peligrosa y preocupante de Estados Unidos. Y es el origen de una literatura con rasgos y valores distintivos, que desde hace un par de décadas está reclamando su lugar en la literatura contemporánea del mundo.

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