El macrouniverso de Andreas Gursky
Arte

El macrouniverso de Andreas Gursky

Repetición como constante

Las industrias y arquitectura del mundo contemporáneo son vistos desde las alturas, junto con detalles como las personas que recorren sus espacios, los productos de supermercados o ventanas de edificios. Todo desde una perspectiva poco usual para la persona común.

Las fotografías de Andreas Gursky permiten situarnos en ese punto de vista para encontrarnos con nuestra finitud. Su propuesta nos da la oportunidad de sorprendernos con lo cotidiano para mostrarnos el macrouniverso que formamos, la cantidad de actividades que en conjunto nos convierten en una gran colmena que lo transforma todo.

PERFIL

Andreas Gursky es un artista alemán cuyo trabajo consta principalmente de capturas en gran formato y manipuladas digitalmente. Un creador bastante reconocido en la actualidad y de hecho uno de los más exitosos de la fotografía contemporánea, contando con cerca de veinte exposiciones en más de 10 países. Entre ellas, se encuentra una retrospectiva de su carrera en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que fue la primera de un artista de su nacionalidad y generación. Además de esto, ha sido calificado por Calvin Tomkins, crítico de la revista New Yorker, como uno de los maestros de la escuela de Düsseldorf, de Alemania.

Fue alumno del fotógrafo Otto Steinert, quien daría lugar a la fotografía subjetiva, una corriente que privilegiaba la forma sobre el contenido para lograr lo que denominaba “manifestaciones puramente fotográficas”. El estilo de Gursky se relacionaría después con las influencias del canadiense Henri Cartier-Bresson, el estadounidense Dan Graham o el francés Jean Le Gac. Su técnica desembocó así en la aparente sencillez que le caracteriza, pero también adquirió un rigor compositivo que le ayudaría a encontrar las temáticas que desarrolló durante el transcurso de su carrera.

Bibliothek (1999). Foto: guggenheim.org

Tomkins relacionó en 2001 su obra con una sensación desorientadora, lo que indica una presencia intensa y un aura majestuosa en los paisajes tradicionales. Sin embargo, no es una novedad que el mundo contemporáneo sea el tema de estas imágenes. Según el autor, este universo es visto de manera desapasionada y desde la distancia.

La manera en que sitúa al espectador puede tener varias connotaciones, que van desde este anonimato o inexpresividad, a la descripción para su retrospectiva en el MOMA: una sensación de que el mundo puede estar a nuestro alcance. Lo cierto es que, al margen de estas formas de ver la obra de Gursky, éstas mantienen un carácter enigmático mediante el cual el espectador puede mantener distancia del mundo del que forma parte para dar lugar a preguntas sobre la humanidad, la globalización y la actualidad.

Las fotografías de Gursky no estuvieron modificadas digitalmente sino hasta 1990, cuando añadió su característico efecto de repetición y retocó personas y objetos para que lograran resaltar entre sus composiciones de gran formato.

DETALLES

Podemos encontrar un paralelismo entre el trabajo de Gursky y el paisajismo del siglo XIX, pero más desde la concepción de lo sublime explorada por el filósofo Immanuel Kant: una relación entre el placer y lo abrumador. Los paisajes de esta tradición se muestran como indómitos o grandiosos, incluso sobre relieves que no existen en la realidad. Producen la sensación de finitud en relación con ellos. Nos podemos sentir al mismo tiempo fascinados como superados por la vastedad.

Gursky construye entornos desde un punto de vista aéreo, pero con un énfasis en los paisajes artificiales. Las modificaciones que realiza en ellos producen vértigo a partir de la repetición de elementos, que juega un papel importante en el concepto de su obra y se ha convertido en una constante. La acumulación de objetos de apariencia similar, mantiene un orden que juega con la simetría y distribuye el peso visual en todo el espacio.

99 cents (1999). Foto: cdnn.com

El resultado son creaciones donde la fotografía de arquitectura se convierte en una representación de un paisaje creado por el autor. Una reinterpretación de lo sublime, ahora hallada en lo construido por la humanidad más que en la naturaleza.

Los objetos de este mundo se fabrican en masa y se encuentran ahora en el paisaje, creando un mapa en el que podemos ver reflejada la vida humana. La repetición propia de la fabricación, la acumulación y el orden que le damos a todo esto constituyen nuestro paso por el espacio que construimos.

Podemos brindar explicaciones a la obra de Gursky que van ligadas al capitalismo y la producción de objetos de consumo, como en 99 cents (1999), donde se muestran objetos que se venden por esa cantidad. Tomada en Sunset Boulevard en Los Ángeles, muestra un interior con una composición horizontal donde se posicionan estantes paralelos. Los productos idénticos y sus etiquetas de distintos colores se convierten en una repetición que parece interminable.

Es posible que, a partir de la lectura sobre la producción y el consumo, nos encontremos con un significado más amplio, un cuestionamiento a la manera en que funcionamos y la fascinación hacia lo que hacemos como especie; fascinación que tendríamos al ver una colmena de abejas, pero con visión macroscópica.

Sus fotografías nos hablan del estilo de vida que tenemos como miembros de una sociedad globalizada. Los productos de la ya mencionada 99 cent, los libros en estanterías de Bibliothek (1999) o los zapatos en Prada I (1996), tienen en cuenta esta dimensión de la fabricación y el orden de productos de consumo, misma que se ve reflejada en las ciudades e industrias. Esta forma de estructurar el mundo se muestra a una escala mayor en los automóviles apilados de Genoa (1991) o de Salerno (1990).

Prada I (1996). Foto: manifestfluechtig.wordpress.com

Como humanidad somos esa organización, vivimos y trabajamos para construir el orden con el que entendemos el mundo y mediante el cual nos sentimos más seguros en él. Las composiciones de Gursky cuestionan lo que nos delimita como humanos y nuestra actividad, pero encauza su discurso hacia lo existencial.

En sus fotografías con elementos naturales hay una comparación de montañas y valles con las estructuras humanas, donde las últimas se notan mucho más pequeñas. En Niagara Falls (1989), un barco grande se acerca a la gigantesca cascada denotando esta superioridad de lo natural. Lo humano ya no funge como conquistador como en los Rückenfigur (figura vista desde atrás) del romanticismo. Y el barco se nota indefenso frente a la cascada, que de hecho aparece como un elemento solemne más que violento.

En Klausen Pass (1984), la montaña se cierne dominando el espacio mientras que las personas apenas se pueden notar entre sus faldas.

En la obra de Andreas Gursky se pueden encontrar imágenes que brindan una nueva perspectiva del paisaje. Al encontrarnos con patrones que forman el panorama y al acercarnos a la abstracción, podemos darnos cuenta que en realidad nos parece extraño ese gran cúmulo del que somos parte.

Nos enfrenta a la noción de que formamos parte de una colmena de la que no tenemos una vista completa y de la que en realidad sabemos poco. El control que ejercemos sobre lo que nos rodea, es casi nulo.

Niagara Falls (1989). Foto: christies.com

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