Sangrado libre
Sexualidad

Sangrado libre

Vivir la menstruación sin tabúes

La corredora Kiran Gandhi lo tuvo claro. Justo en la mañana del maratón de Londres de 2015 comenzó a menstruar. La idea de correr 42 kilómetros con un trozo de algodón entre sus piernas no le entusiasmaba y, nerviosa tanto porque aquella era su primera participación como por la decisión que debía tomar, permitió que un pensamiento cobrara fuerza en su mente. Era imposible que alguien le dijera a un maratonista que debía arreglar su aspecto personal, pensó. Así que, envuelta en cólicos y lista para llegar a la meta, se tomó una pastilla contra el dolor y decidió dejar que su sangrado se manifestara, sin prohibiciones ni falsos escondites.

Un maratón es por sí mismo, desde hace siglos, un acto simbólico. ¿Por qué no utilizarlo como un medio para crear conciencia sobre mis hermanas que no tienen acceso a tampones y que, aunado al dolor y los constantes calambres, tienen que fingir que no sucede nada?”, escribió Kiran en su blog.

Y así fue. A pesar de las miradas incómodas y el temor al rechazo por parte de su hermano y su padre, quienes vitoreaban desde las gradas, Kiran terminó el maratón. Incluso cuando pensó en no recorrer los 42 kilómetros, o cuando al inicio del día dudó de continuar con su meta.

Mientras corría, pensé en cómo tanto hombres como mujeres han sido socialmente instruidos para fingir que la menstruación no existe. Al establecer una norma de vergüenza en torno al tema, las sociedades (las cuales prefieren a los hombres) previenen de manera sumamente efectiva establecer un vínculo acerca de una experiencia que el 50 por ciento de la población humana comparte mensualmente”.

Lo que hizo la corredora tiene un nombre sencillo: sangrado libre. Lo que no resulta tan fácil es la lucha contra el tabú, aún vigente, en torno a la menstruación.

¿QUÉ ES?

Justo como su nombre lo indica, la práctica del free bleeding (sangrado libre) consiste en vivir la menstruación sin necesidad de utilizar algún tipo de producto como toallas sanitarias, tampones, copas menstruales o calzones absorbentes.

La primera imagen evocada después de escuchar el término fácilmente podría parecerse a una escena de alguna película de acción sumamente sangrienta, pero está muy lejos de la realidad. El sangrado libre no quiere decir que la mujer que decida emplear la técnica siempre estará dejando manchas por doquier, al caminar y sentarse, sino que será plenamente consciente del proceso físico que su cuerpo está atravesando para poder detectar las contracciones que su útero tiene justo antes de expulsar la sangre menstrual.

Kiran Gandhi en el maratón de Londres 2015. Foto: npr.org

Esta práctica nos lleva a la toma de conciencia de nuestros cuerpos y a recuperar una práctica ancestral, pues muchas mujeres a lo largo de la historia realizaban (y realizan) el sangrado libre como ofrenda a la tierra a través de la entrega de nuestra menstruación. Por otra parte, creo que es una oportunidad para reconciliarnos con nuestra sangre menstrual y el poder de nuestro útero”, comenta Lola Hernández, psicóloga y creadora de La Caravana Roja, un proyecto que promueve y difunde la cultura menstrual.

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Justo como la afirmación de Hernández, la abogada y experta en género y salud, Mónica Felipe-Larralde, narró en su blog Estudios sobre el útero, la ocasión en la que acudió a un curso enfocado a la relajación del útero. En él, tuvo la oportunidad de conocer a “una mujer sabia mayor de origen peruano” quien, entre otras anécdotas, le contó que su abuela paterna era indígena y al momento de llegar a la pubertad le pidió que buscara entre las mujeres del pueblo restos de sangre menstrual entre sus ropas. “Durante meses, intentó encontrarlos en aquellas mujeres que vivían sin ropa interior, sin compresas ni tampones. Finalmente, la abuela le contó cómo lo hacían: practicaban el sangrado libre. Las mujeres retenían el sangrado menstrual en su útero, hasta que lo abrían para vaciarlo. Me pareció muy lógico y muy difícil de conseguir”, escribió la abogada.

Asimismo, la técnica del sangrado libre tuvo auge durante los años 70 cuando el síndrome de shock tóxico (SST) comenzó a acaparar las noticias. El SST, enfocado a la menstruación, sucede cuando ciertas bacterias crecen en los tampones ocasionando consecuencias como fiebre, confusión, vómitos e incluso la muerte. En ese momento, comenzar a practicar el sangrado libre se convirtió en una especie de escape y de crítica ante el secreto a voces que era la menstruación. En la actualidad, solamente la mitad de los casos con SST son producto del uso del tampón.

¿CÓMO LOGRARLO?

El sangrado libre va más allá de solamente dejar fluir al sangrado menstrual, sino que implica un reconocimiento de un proceso biológico tan vital que todavía tiene el estigma de ser impuro, ruin y sucio. Tal práctica se convierte en una manera de conocer la función del útero mientras se aprende a escucharlo y sentirlo con la finalidad de dejar de lado cualquier tabú y temor hacia manchas rojizas cada veintiocho días (o más) e indagar en los cambios del cuerpo durante la menstruación.

Lo primero que recomiendo y que hacemos cuando empezamos este entrenamiento es empezar a conectar con el útero mediante visualizaciones o meditaciones. Es una forma de, desde vivir desconectada a pensar en el útero, saber dónde está y en querer escuchar qué dice. Todo ese proceso es muy importante, no se puede ir directamente a aguantar la menstruación”, afirma Lara Castro-Grañén, psicóloga y sexóloga.

El sangrado libre es una alternativa para evitar el shock tóxico provocado por el uso prolongado de tampones o toallas femeninas. Fotos: Behance / Bureau Glyzerin

Es importante tener en cuenta que no es una técnica que se pueda lograr de la noche a la mañana, sino que requiere constancia y, sobre todo, mucha paciencia. Se recomienda que cuando se quiera comenzar a practicarla se esté en casa, por las casi garantizadas manchas que surgirán y, más que nada, por comodidad de la persona que inicia el proceso.

El sangrado libre requiere de una escucha constante. El útero no expulsa sangre menstrual como un grifo sin cerrar, en cambio, es solamente en determinados momentos cuando el flujo hace su aparición. Ahí radica el meollo del asunto. Estar atenta a las señales que manda para saber el instante exacto en que será necesario ir al baño o contenedor más cercano a depositar el fluido de sangre. Tales avisos pueden ser la necesidad de orinar o pequeñas contracciones justo en la zona del vientre bajo, sensación parecida al dolor común menstrual.

Respirar, reencontrarse, averiguar y relajar son verbos que se convierten en pieza clave al practicar el free bleeding. La opción más empleada para poder retener el fluido es practicar los ejercicios de Kegel, que sirven para fortalecer los músculos del suelo pélvico. Consisten, básicamente, en imaginar que se debe levantar y sostener una canica con dichos músculos, retenerla por tres segundos, descansar otros tres y así sucesivamente alrededor de diez veces. Es importante que no se empleen otros músculos como el abdomen, glúteos o muslos. Al ser acciones sencillas, es posible realizar en casi todo lugar y momento.

Desde mi punto de vista es importante cuestionar cuándo, cómo y de qué manera asociamos y aprendimos que mancharnos la ropa interior de sangre menstrual era un peligro o antihigiénico, porque actualmente existe mucho tabú acerca de la menstruación y este es un aspecto cultural, ya que aprendimos a sentir rechazo, asco y vergüenza hacia nuestros cuerpos, ocasionando un impacto negativo para nuestra salud”, sentencia Lola Hernández.

El movimiento del free bleeding también busca la liberación de la mujer a través de la menstruación. Es válido que no sea para todas, ni en cualquier situación o momento, pero es necesario que más mujeres conozcan que hay más opciones para vivir el periodo menstrual.

Ya lo diría Nina Simone: “la libertad es la ausencia del miedo”. El sangrado libre es básicamente eso, dejar atrás el temor y poner sobre la mesa que sí, la mayoría de las mujeres sangran y no existe una maldición detrás de eso.

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