Yvonne Farrell y Shelly McNamara
Arquitectura

Yvonne Farrell y Shelly McNamara

Las constructoras de la imaginación

Respeto por la cultura y el contexto urbano son dos máximas que las arquitectas irlandesas Yvonne Farrell y Shelly McNamara aplican en sus diseños desde hace 40 años. Esta certeza conceptual fue uno de los argumentos considerados por el jurado para otorgarles en enero de este año el máximo reconocimiento dentro del ramo, el premio Pritzker.

Es la primera ocasión en que una pareja de mujeres recibe el premio considerado como el Nobel de la arquitectura, y también es la primera vez que se otorga a profesionistas de Irlanda.

Las arquitectas y profesoras Farrel y McNamara fundaron el estudio Grafton Architects, el cual ha construido tanto en Europa como en América y, claro, ha dejado huella en su isla.

El galardón internacional fue creado en 1979 por Jay A. Pritzker, cada año reconoce a uno o a parejas de destacados arquitectos. Desde su aparición han entregado 48 premios y sólo cuatro mujeres lo han recibido: la primera de ellas fue la fallecida Zaha Hadid, posteriormente en 2010 lo obtuvo la japonesa Kazuyo Sejima en conjunto con el arquitecto Ryue Nishizawa y ahora las socias Farrell y McNamara.

Se condecora a arquitectos vivos cuyo trabajo “demuestre una combinación de las cualidades de talento, visión y compromiso, que produzca contribuciones consistentes y significativas para la humanidad y el entorno construido a través del arte de la arquitectura”, se lee en la página oficial del premio.

Y eso han hecho las mujeres irlandesas en su despacho fundado a finales de los setenta.

ENRIQUECER LA VIDA DE LOS DEMÁS

Su enfoque hacia la arquitectura siempre es honesto, revelando una comprensión de los procesos de diseño y construcción, desde estructuras a gran escala hasta los más mínimos detalles”, fue el argumento del jurado para asignarles el reconocimiento, así lo consignó el sitio web ArchDaily. En aquellos detalles “especialmente en edificios con presupuestos modestos, se puede sentir un gran impacto. Por ejemplo, el Instituto Urbano de Irlanda (construido en Dublín en 2002) emplea lo que llaman una “piel hecha a mano” para crear un edificio visualmente interesante a través de cambios en los materiales que responden a las aberturas, pliegues, necesidades de sombra y otras preocupaciones”.

Instituto Urbano de Irlanda en Dublín. Foto: archdaily.com

Cubos y prismas rectangulares predominan en los diversos espacios del Instituto Urbano de Irlanda, recubiertos con madera, ladrillo aparente y mortero: en la planta baja un pórtico que exhibe dos ventanales que serán el acento distintivo en el frente del edificio; en contraste, la parte trasera muestra una serie de pliegues que regulan la entrada de luz a los espacios interiores.

A contracorriente del deconstructivismo de Zaha Hadid, la geometría de las irlandesas impera en sus obras. No por ello son rígidas estructuras: los amplios vanos refrescan y aligeran los interiores caracterizados por vastos espacios que se conectan a través de la vista.

Yvonne Farrell y Shelly McNamara, además, conciben desde el génesis de sus propuestas los aspectos ambientales, al incluir tecnologías asociadas al uso de las energías renovables. Enriquecer la vida de los demás y ayudar a que la Tierra conserve su belleza primigenia son algunos de los principios que imperan en sus diseños. El recurso más aprovechado por ellas, es el de la imaginación.

SOÑAR EN FIRME

¿Aceptarían la medalla de oro en este momento? No sé quién respondió, pero dijo: ‘Oh, si supieras que pienso eso cuando estoy trabajando en proyectos de drenaje…’ entonces, vale la pena trabajar en el drenaje”.

La anécdota la recordó el presidente del británico Royal Institute of Architects al entregar este otro afamado reconocimiento (la medalla de oro) a las socias del despacho Grafton.

El profesor de arquitectura de la Universidad de Dublín, Hugh Campbell, describió parte del trabajo de Farrell y McNamara: la Universidad de Bucconi en Milán, Italia, es un ejemplo fascinante del concepto de espacio. Uno de los vestíbulos se construyó bajo el nivel del suelo y desde el mismo se eleva un enorme ventanal de ocho metros de altura que permite ver la calle. El espacio “brinda un momento de libertad” calificó el profesor Campbell; con este diseño obtuvieron el premio del Edificio Mundial en 2008. “Sus piezas de arquitectura manipulan la gravedad liberando al público, ejercen una fuerza emocional equiparable a la música”, expresó el catedrático al comienzo del año durante la entrega de la medalla de oro.

Universidad de Bucconi en Milán, Italia. Foto: arquitecturaydiseno.es

La Universidad Técnica de Lima, Perú, con la que obtuvieron el premio internacional IBA en 2016, es otro ejemplo del estilo de las irlandesas: está concebida con cuadrados potentes, también liberadores, que conversan con las personas.

No sólo queremos describir la imaginación como la fuerza central de la arquitectura. La responsabilidad es el ancla ética de esta increíble profesión. Responsabilidad social, el impacto de lo que hacemos, cómo participamos, cómo conspiramos, cómo planteamos preguntas sobre qué ingrediente adicional podemos imaginar que funcione, que enriquezca la vida de otras personas, que ayude a la Tierra a conservar su belleza”, expresó Farrell en su discurso durante la entrega de la Real Medalla de Oro.

LUZ DE ORO: POLVO DE ORO

El cambio climático es una preocupación de las arquitectas, las acciones humanas lo han intensificado “rompiendo nuestro mundo”. La arquitectura puede ser la respuesta para reparar un mundo roto “si reutilizamos lo más posible, si nos volvemos conscientes del tipo de materiales que usamos”, sostuvo Farrell.

Bajo este precepto, el aprovechamiento de los recursos naturales es un imperativo al que habrá que reconocerle un valor distinto al material, como lo hicieron las antiguas civilizaciones. Por ejemplo, los incas apreciaban el oro por el tintineo que emitían las piezas elaboradas con este material; así, la luz de sol es un polvo dorado que enriquece los espacios arquitectónicos. El aprovechamiento de la luz natural modifica la apariencia de los materiales, mutando su rigidez en tersas superficies.

Los diseños de Farrell y McNamara parten de la observación del entorno urbano y analizan el contexto donde se elevarán sus construcciones, para adecuarlas al sitio donde permanecerán indefinidamente.

Respecto a los materiales, acuden a los que ofrece la región donde construyen, como fue el caso de la Universidad de Bucconi en Italia, donde aprovecharon lo que llaman hormigón geológico, una cantera que forma parte “de una gran variedad de piedras maravillosas que provienen de este increíble país. En realidad estamos tomando la respiración de la Tierra para construir un edificio”, calificó Farrell.

Universidad Técnica de Lima, Perú. Foto: fahrenheitmagazine.com

LA FASCINACIÓN POR AMÉRICA

Las arquitectas salieron de su isla para viajar a Lima, Perú, donde se encontraron con ciudades erigidas en zonas desérticas, con acantilados de cuarenta metros de altura en la costa del Pacífico, donde podría creerse que las temperaturas son altas, pero por sus condiciones de elevación se generan espesos bancos de niebla “que refleja una luz increíble”.

Ambas recorrieron Perú, subieron a Machu Pichu y analizaron el estilo arquitectónico de los incas; descubrieron su habilidad para tallar la roca y convertir los ladrillos en cojines, por su apariencia. Además la técnica de embonar los bloques surge de las condiciones sísmicas del territorio. Por lo tanto la universidad peruana que concibieron las arquitectas irlandesas, podría ser un acantilado hecho por el hombre donde se puede recibir conocimiento; un acantilado construido en un terreno de constantes movimientos telúricos.

Así es como Farrell y McNamara entienden el respeto por la cultura en el mundo arquitectónico.

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