La filosofía científica de Bunge
Cine

La filosofía científica de Bunge

Apuntes de un mundo argumentado

Mario Augusto Bunge falleció el pasado febrero, dejando para el mundo de la ciencia y la filosofía cerca de mil artículos y cien libros. Además, fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades y Comunicación en 1982. Su compromiso con el saber se ha visto reflejado en su intervención mediática; por ejemplo, criticando a las pseudociencias.

Fue uno de los científicos hispanohablantes más citados de la historia. Su trabajo gira en torno a la física, pero también ha alimentado el campo de la filosofía y la epistemología, siendo estos aportes los más reconocibles en su carrera.

UNA BIOGRAFÍA CIENTÍFICA

Nacido en 1919 en Buenos Aires, Argentina, Bunge estudió con el físico checo Guido Beck, que a su vez fue estudiante del físico teórico alemán Werner Karl Heisenberg, reconocido por formular el principio de incertidumbre. Lo que Bunge cosechaba en ese momento eran estudios en física atómica y mecánica cuántica, mismos que inauguraron su prolífica y larga carrera.

Estudió filosofía moderna para después convertirse en filósofo de la ciencia, rama que une estos dos campos y que genera las bases del pensamiento y el método científico.

Se convirtió así en el primer filósofo de la ciencia de América del Sur, y comenzó a hacer publicaciones sobre una amplia variedad de temas, iniciando por la física y filosofía, pilares de su carrera, pero incursionando también en la psicología, sociología e incluso biología.

APORTACIONES

La labor de Mario Bounge parece centrada en la responsabilidad que tiene con respecto al saber. Ejemplo de esto es el Tratado Básico de Filosofía, compuesto por ocho volúmenes en los que recopila la historia filosófica a través de sus principales movimientos.

Foto: showbizbeta.com

El físico argentino dejó una marca en los ámbitos donde contribuía. Su carrera se caracterizó por ser diversa y polémica, además de encargarse de temáticas tan aparentemente alejadas una de la otra como lo es la política, la lógica y la metafísica.

La crítica a movimientos culturales y académicos fue una de las partes conocidas de su trabajo, que de paso lo convirtió en alguien mediático. Defensor del realismo científico, sostuvo la existencia de una realidad objetiva separada del individuo y consideró que la ciencia debe encargarse de vincularnos con la verdad. Mantuvo una postura crítica en contra del posmodernismo, la sociología fenomenológica y el feminismo radical, entre muchos otros movimientos.

El posmodernismo, reacción filosófica que a su vez está en contra de nociones absolutas de la cosmovisión humana (todo es relativo en esta corriente), a los ojos de Bunge “renuncia al pensamiento” y ha tenido éxito porque “desanima al estudio de cosas serias”, según lo señalado en una serie de conferencias relizadas en 1999, en la Universidad de Buenos Aires.

En Contra la charlatanería académica (1998), artículo publicado para el ABC de España, sostiene que en una fenomenología sociológica, inspirada en el alemán Edmund Husserl, es imposible un pensamiento científico propiamente dicho. La fenomenología es una línea de pensamiento donde la realidad no existe por sí sola, sino que se construye a partir del sujeto; para Bunge esto vuelve subjetivo algo tan palpable como lo es la realidad social.

En cuanto a la teoría del feminismo radical que ve la liberación femenina desde las raíces de la problemática de género, el filósofo advierte que el movimiento político es valioso, pero al ingresar al ámbito académico rechaza el conocimiento que hasta ahora ha generado el sector masculino y que ha permeado a lo largo de la historia.

En el terreno de la ciencia ha existido una mayoritaria participación de hombres por décadas, pero para Bunge no es recomendable menospreciar esas contribuciones. Plantea brindarle más importancia a la reivindicación de las propuestas científicas femeninas en vez de la anulación de las masculinas, actitud que estaría más en pos de la ciencia.

Para el autor, la escuela de Frankfurt o teoría crítica es también motivo de análisis, puesto que sus postulados están inmersos en una actitud anticapitalista que ve la ciencia y la técnica como medios de dominación. Para Bunge el conocimiento científico tiene un sustento a pesar de que su desarrollo venga anclado a un sistema económico que hoy es motivo de polémica.

Su postura en contra del pensamiento pseudocientífico es algo que completa esta línea de pensamiento. Entre ellas enmarcó al psicoanálisis, la homeopatía y la praxeología, metodología que busca estudiar la estructura lógica de la acción humana.

En Pseudociencias e Ideología (1985) Bunge escribe sobre la ciencia como institución social, así como de las ideas que se aúnan a ella y a su avance, pero también a las ideas que pueden ser anticientíficas.

Al declararse sistemista (corriente desarrollada por él mismo) y materialista, establece que se centra en la realidad y plantea una forma científica de leerla. Para el sistemismo todo es un sistema o componente de uno, por lo que cualquier parte de la realidad que queramos explicar no puede ser aislada de los demás componentes.

El materialismo que forma parte de su pensamiento tiene que ver con la defensa de una filosofía de la ciencia. Lo que quiere decir que el autor no está interesado e incluso se pronuncia en contra del racionalismo, es decir, las filosofías que según el autor se desvían del mundo real. A partir de esto desarrolla el término de filosofía exacta, que engloba estos pensamientos.

El físico argentino habla sobre lo que para él resulta el origen de los problemas que señala en los ámbitos académicos y filosóficos: en cuanto se vuelve más complejo el estudio de la realidad, más dominante es este halo de subjetividad.

El desarrollo de la mecánica cuántica condujo a una gran revolución conceptual de nuestro siglo, tal vez mayor que las anteriores, pues abrió una posibilidad de entender el mundo como algo subjetivo en el que no se puede escribir algo completamente cierto.

Según el argentino, el método científico, la lógica y la argumentación son necesarios para avanzar en la comprensión de la realidad objetiva que nos rodea. Foto: Behance / Olga Novoseletska

Para el físico teórico estadounidense Fitz Rohrlich, este avance científico hizo que la humanidad reconsiderara las convicciones más profundas que teníamos sobre la naturaleza (De la paradoja a la realidad: nuestros conceptos básicos del mundo físico, del Cambridge University Press, 1987).

Sobre esto, Mario Bunge advierte que los hallazgos de la teoría cuántica en realidad nos obligan a ampliar nuestro concepto de materia y determinación. La falta de coherencia no debe ser una opción, sino que nuevamente existe una realidad objetiva a la que hay que acceder.

Para el argentino, la lógica debe utilizarse en la mayor medida posible brindando argumentos realistas. Sobre la Ilustración, movimiento en el que basa su pensamiento y que considera necesario continuar, señala que de ella heredamos la confianza en la razón y la investigación libre, así como el perfeccionamiento y difusión de las herramientas conceptuales y morales que tenemos hoy en día.

Cuando hablamos de Mario Bunge, sin duda tratamos con una manera de ver el mundo argumentada y experimentada, pero también hablamos de un pensamiento que es diferente para nuestra actualidad y que intenta preservar principios de la filosofía y de inicios del siglo XX, que defendía la ciencia y al método científico como mejores generadores de conocimiento.

Hoy que intentamos innovar, es posible que un pensador como Bunge nos inspire a ser mucho más críticos y revisar qué tan objetivos podemos ser en la generación de conocimiento.

Comentarios