El arte como apropiación
Arte

El arte como apropiación

Entre el plagio y el préstamo

En portada: En varias escenas, la película Shirley: visions of reality recrea pinturas de Edward Hopper. En este fotograma se apropia de Morning Sun. Foto: koreanfil.or.kr

Una discusión y polémica recurrente en el mundo del arte es la originalidad de la obra. Es importante para el espectador saber que eso que le ha emocionado, es una pieza irrepetible, con una originalidad que le da completa validez. No es coincidencia que muchos de los argumentos con que se sustenta una obra se centran en que es algo “poco visto” o “nunca antes visto”.

La apropiación es un recurso del arte y del diseño, que deja deliberadamente de lado esta cuestión e intenta brindar un sentido diferente a una obra que ha tomado prestada. Para quienes lo utilizan, la originalidad es un mito dentro de la legitimación del objeto artístico o creativo.

Según La apropiación posmoderna (2001) del catedrático de la Universidad de Cádiz, Juan Martín Parada, se utilizó por primera vez el término en las últimas décadas del siglo XX, siendo que los conceptos de influencia y referencia directa, ya existían.

El plagio se define como copiar en lo sustancial obras ajenas y exhibirlas como propias. La apropiación, por su parte, se refiere al uso deliberado de elementos de otras obras, pero la finalidad dista de la copia. La diferencia es el mensaje original. Si el arte intenta comunicar algo, cambiar el mensaje sería una de las tareas principales de la apropiación.

Esta “copia” del original no se esconde, de hecho se utiliza de forma subversiva. Así se logra la posibilidad de llamar la atención con este aparente robo, con el fin de hablar de un tema político, social o cultural, al tiempo que se cuestionan los métodos de legitimación del arte. Es decir, lo que hace posible que le llamemos arte a un objeto ¿es su originalidad o su creación única, o algo más?

CORRIENTES

Al margen de esta discusión, la apropiación ha estado en los procesos creativos de forma constante. Basta con recordar que el nombre como tal fue usado hasta los años ochenta, pero el pionero del arte conceptual Marcel Duchamp, en 1919, realizó una copia irónica de la Mona Lisa, con bigote, en su obra L.H.O.O.Q.

L.H.O.O.Q. (1919) de Marcel Duchamp. Foto: aulafilosofia.net

Según Tate (la familia de galerías de Londres), la apropiación se puede rastrear en construcciones de artistas como Geroge Braque o Pablo Picasso, quienes utilizaron objetos prefabricados.

El readymade es una corriente artística, instaurada por Marcel Duchamp, en la que un objeto es resignificado como arte al sacarlo de su contexto utilitario. Un ejemplo es Cajas Brillo (1964) de Andy Warhol. Se trata de una una apropiación de objetos que el mundo del arte exhibe y a los que da una nueva vida.

El arte pop se apropia representaciones de la comunicación masiva para hacer un comentario político sobre temas como el consumo. Lo que hay detrás de estas acciones es un salto del mundo de la baja cultura (cultura popular o de masas), a la alta: el mundo del arte.

El término de apropiación como lo conocemos, dista del simple plagio. El arte de apropiación da un nuevo significado a lo que absorbe. Según el Moma Learning, portal del Museo de Arte Moderno de Nueva York, la apropiación es un préstamo, copia y alteración intencionales.

Esta existe desde la influencia hasta la ya mencionada sustracción de objetos comunes, como en el trabajo de autores pop como Jasper Jones y Robert Rausenberg. También está presente en los collages de movimientos anteriores como el cubismo y el surrealismo, pero se conceptualizó hasta los años ochenta.

Sherry Levine, por ejemplo, se apropia sin ocultarlo obras de Claude Monet y Kasimir Malevich.

Juan Martín Prada en La apropiación posmoderna habla de este fenómeno como un “desplazamiento de la recepción tradicional de las obras de arte hacia el ámbito político”. Para este autor, el concepto niega el valor de la originalidad, de la autenticidad e incluso de la autoría. Es decir, señala que en realidad nada es totalmente auténtico o único, y por lo tanto hace un comentario sobre la definición del término arte.

Las señoritas de Avignon (1907) de Pablo Picasso. Foto: mundodelmuseo.com

Las obras del pintor y escultor italiano Amadeo Modigliani, por ejemplo, utilizan las máscaras africanas como inspiración. Usa los ojos almendrados de éstas y su forma característica, para llevar esta estética a sus creaciones pictóricas. Del mismo modo, Las señoritas de Avignon (1907) de Pablo Picasso hacen uso de esta influencia.

ADAPTACIÓN DIGITAL

El escritor Agustín Fernández Mallo, en su Teoría general de la basura: cultura, apropiación, complejidad, habla de la manera en que usamos la copia, a menudo digital o en fotografía, como un original. Al ser de este modo accesible para nosotros, creemos que conocemos la obra.

El libro de Fernández Mallo habla de una noción de residuo, información que nos llega desde otras épocas y que es reutilizada para mantener en avance constante la creación de nuevos productos culturales. La constante retroalimentación de lo que se ha hecho en el pasado, se convierte en el móvil de lo que se está generando en el presente.

El autor, en una entrevista para la revista online Lacaffe (2014), señala que no hay una sola expresión artística que no haya mezclado el arte valorado o consumado con el arte popular.

El peligro podría ser que de alguna forma se pierda el significado del arte anterior, y sin embargo lo que ocurre es que se genera una nueva imagen, diferenciada de la obra original pero que es mucho más cercana a nosotros. Tal es el caso de la imagen digital de obras de arte de importancia histórica que podemos guardar en nuestros teléfonos móviles.

Al ser una imagen reproducible, se convierte en una copia tan accesible que se puede transformar. Basta con ver cómo es que obras de arte modernista o de algún movimiento anterior, se pueden convertir en imágenes de la cultura popular, que cualquier persona podría reconocer.

Ilustración que hace referencia a El Grito (1893), de Edvard Munch, con personajes de la famosa serie animada Rick y Morty. Ilustración: Benjamin Ling

En la red podemos encontrar memes, animaciones humorísticas y más, que se refieren directamente a obras como El Grito (1893) de Edvard Munch y a las que agregan la música de Pink Floyd u otros autores contemporáneos. Esto, por alguna razón, se convierte muchas veces en material de alarde para ostentar cierto conocimiento o interés en el arte, aunque lo que está haciendo en realidad es jugar y manipularlo, hacer una referencia accesible.

El aura que tienen estas obras se transforma, y de ser intocables o incuestionables, pasan a ser parte de la imaginación popular. El camino de la creatividad es un hecho destructivo; adapta las ideas antiguas para convertirlas en algo nuevo.

Es inevitable que ocurra con obras como Saturno devorando a sus hijos, de Francisco de Goya, que muestra un pasaje mitológico de forma bastante aterradora y caótica. Ahora se ha transformado en una animación donde come un sinfín de cuerpos en una tina de comida rápida.

Esto puede resultar chocante para quienes buscan tomar en serio el arte y más aún las composiciones que se han consolidado como obras maestras por medio de la crítica que han agrupado con el tiempo. Pero lo cierto es que el proceso natural es el de transformación.

La obra de arte original existe sin importar lo que evoque hoy, guarda conocimiento que no debe ser olvidado y un pensamiento crítico y comprometido hará que sus transformación e incluso cierta banalización, se conviertan en una ampliación de lo que ya conocíamos de ella.

Los productos culturales que surgen a través de ella, pueden darnos una pista de cómo nos sentimos con respecto al arte y una de las formas de adaptarlo a nuestras vidas, que es el humor. Pero como cualquier libertad en el arte, se ha utilizado para señalar problemáticas.

En una fotografía del artista alemán Anselm Kiefer (Besetzungen, 1969) podemos ver una clara referencia a El caminante sobre el mar de nubes, pero añadiendo un saludo nazi. Un recordatorio de que su país cayó ante el fascismo a pesar de su progreso cultural.

Algunas mujeres americanas vivas (1972) de Mary Beth Edelson. Foto: es.wahooart.com

En Algunas mujeres americanas vivas (1972), Mary Beth Edelson reivindica a mujeres artistas de su época colocándolas en referencia a La última cena de Leonardo Da Vinci para hablar de la invisibilización de ellas y su trabajo.

Es necesario que obras de otro tiempo sean revisadas para que adquieran nuevos significados más adecuados a nuestra época. Hacer esto es una manera de revisarnos a nosotros mismos como humanidad y puede ser una forma de aprender de nuestros errores.

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