El ingenio de Jim Mckenzie
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El ingenio de Jim Mckenzie

Un arte sin miedo ni límites

Jim Mckenzie es un artista residente de Nueva York que en los últimos años ha adquirido amplia popularidad gracias a su original arte y por todas las disciplinas en la que lo explota. Además de ser un escultor y dibujante, es director de animación. Las exhibiciones de Mckenzie invitan al público a entrar a su imaginación surreal.

Lo que se encuentra en su trabajo son novedosas pinturas y esculturas pintadas a mano de figuras divertidas y alocadas que recuerdan a los personajes más queridos de los cuentos de hadas para infantes, pero siempre con su característico sello de modificaciones disparatadas y fantasiosas.

Se le ha comparado en el mundo de las artes plásticas con grandes nombres del entretenimiento como Tim Burton, por lo parecidas que son sus creativas y sombrías obras a los adorados y bien conocidos personajes del reconocido director de cine.

Cabe mencionar que resulta innegable que las creaciones de Jim tienen una clara influencia de la literatura fantástica y surrealista. Alicia en en el país de las maravillas y Charlie y la fábrica de chocolate son las más evidentes, incluso, en entrevistas, Jim ha compartido que su sueño es recrear la fábrica de chocolate y ha estado bastante cerca de lograrlo.

Algunas de sus esculturas e ilustraciones más conocidas tienen como protagonistas a criaturas muy peculiares como: orugas con cara de perro, tejones rosas con alas, ardillas con cuerpo de reptiles y más. Es común que Mckenzie utilice a su perro Kin Fat como modelo para diferentes dibujos, esculturas y montajes donde lo pone en diferentes cuerpos y curiosos escenarios. Este año lanzó una escultura de vinil del perro que puede ser decorada por el comprador para que éste haga su propia obra al estilo Jim Mckenzie.

Friends with Death. Foto: Facebook/Jim McKenzie

MUESTRA EL PROCESO

El año pasado subió a sus redes sociales dos videos donde se muestra el proceso de cómo modela sus criaturas (The Monster’s Mother y The Scarecrow). Sus videos son stop motion con una rápida edición tipo timelapse de su forma de trabajo. Desde que toma la masa hasta que el producto queda terminado, evidenciando la atención en los detalles, dedicación y amor que pone en cada una de sus creaciones.

Cuando se le preguntó en una revista cómo logró el éxito en este trabajo, respondió lanzando un consejo a las personas que quieren vivir de hacer lo que les apasiona: “Haz lo que más temes”.

Esto se debe a que en realidad la transición a artista no fue fácil. Antes de su gran éxito internacional, McKenzie fue maestro en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, además de que animó y dirigió por casi siete años comerciales en el estudio Aardman Nathan Love, un trabajo que, asegura, también soñó con tener en su juventud, pues su “yo más joven” habría matado por ese puesto. “Cuando era un niño todo lo que quería hacer era trabajar haciendo anuncios animados cuando fuera grande y eso fue justo lo que terminó sucediendo”, expresó en una entrevista hace dos años.

Pero el joven creador explicó que conforme crecía, sus aspiraciones y sueños cambiaban, así que comenzó a utilizar todo su conocimiento y habilidades aprendidas en su carrera como animador y director para enriquecer sus obras propias. Poco a poco su arte y habilidad comenzaron a crecer y, con ellas, su audiencia.

COMIENZA LA AVENTURA

Contra toda recomendación, decidió emprender su propio negocio y hacer de toda su creatividad una marca propia, aceptando todas las complicaciones que esto le representaba a su ya acomodado estilo de vida y carrera. Tuvo que elegir entre su estable y amado trabajo soñado y una vida artística que no representaba ningún tipo de garantía, además de la dificultad emocional que enfrentó por tener que dejar a gente que quería al renunciar, según lo ha revelado a los medios él mismo Jim. Todo esto sin mencionar el riesgo financiero en el que lo ponía el seguir su sueño.

Escultura exhibida en el LA Art Show 2020. Foto: Facebook/Jim McKenzie

Aunque comenzó mercalizando figuras pequeñas que vendía en el precio exacto que le costaba crearla, pronto se dio cuenta de que vendía más de lo que esperaba y de que tenía en las manos un producto comercializable que representaba una buena oportunidad. En contra de los consejos de sus personas de confianza, decidió dedicarse por completo a su arte. En tan sólo cinco años Mckenzie se ha convertido en un artista reconocido y aplaudido en muchísimos países del mundo.

El éxito del neoyorkino puede atribuirse a una lista de factores que van desde los obvios, como su originalidad, su talento y la capacidad de hacer a un lado las falsas oportunidades, la negatividad y las aspiraciones de los demás; Hasta su excelente uso de redes sociales y la manera en que ha explotado cada una de ellas.

Al buscar el nombre Jim Mckenzie en cada red social, hay algo diferente. En Instagram hay historias personales del día a día, dibujos y cuadros rápidos que compara con la inspiración: a veces su hijo, a veces su perro; es un vistazo a su vida y obra de cerca. Mientras que en Youtube se hallan videos largos y detallados sobre el proceso de sus creaciones, grabaciones de él desarrollando todo tipo de arte, desde esculturas hasta covers de canciones con su piano o guitarra. Y en Twitter se encuentra un lado un poco más mundano y visible de su arte y sus días, con fotos simples o videos y textos muy cortos. Pero en todas ha construido una base de seguidores fuerte que se mantiene cercana y al día con su trabajo.

Jim Mckenzie representa un tipo de arte innovador. Un arte sin miedo a incomodar y a ser juzgado, pero que al mismo tiempo es divertido y hasta irónico. Es un hombre que supo desarrollar su visión en todos los ámbitos posibles y que construyó una marca propia, una que está sustentada en el ingenio que lo ha posicionado como una fuerza de crecimiento sorprendente que hay que tomar en cuenta.

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