La Conquista según Sor Juana
Nuestro mundo

La Conquista según Sor Juana

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Este 2020 y el 2021 son ricos en efemérides que han seguido a las de 2019, unas y otras en relación con los 500 años de la llegada de Cortés a México, en especial su encuentro con Moctezuma (1519); la masacre del templo mayor y la noche triste (1520) y, el próximo 1521, la conmemoración del cerco y la caída de Tenochtitlan con la aprehensión de Cuauhtémoc.

Como curiosidad por los 500 años vale la pena acercarse a la versión de la Conquista que Sor Juana crea en su “Loa para el auto sacramental de El divino Narciso”. La loa es una pieza breve de ocho páginas en la edición de Sepan Cuantos, en tanto, el auto, tiene 66. Eso quiere decir que se pueden leer nomás las cuatro hojas en un rato.

La obrita comienza con un festejo (de Teocualo o de Tóxcatl) similar al que Pedro de Alvarado frustró con la masacre de indígenas en el templo mayor hace 500 años. Al empezar la loa sale al escenario una fiesta del pueblo mexica con música y bailes. Es encabezada por los personajes alegóricos América y Occidente, con sus coronas reales.

La música invita a los mexicanos, nacidos del sol, a celebrar al gran Dios de las Semillas, Huitzilopochtli o Teocualo (Dios Es Comido). Para la celebración los indígenas modelaban una enorme estatua de Huitzilopochtli con masa de semillas y sangre vertida por los sacrificios humanos. Luego la comían.

La Tóxcatl sale de escena y entran “Religión Cristiana, de dama española y el Celo, de capitán general, y detrás, soldados españoles”. Religión azuza a Celo porque permite las prácticas idólatras. El promete vengar los agravios que le hacen. Vuelve a entrar la fiesta indígena. Celo se dispone a masacrarla. Con una actitud diferente a la de su parlamento anterior, Religión quiere antes “convidarlos, de paz, / a que mi culto reciban”.

América y Occidente la rechazan y sigue la fiesta de Tóxcatl. Celo se dice “ministro de Dios”, quien lo ha enviado a castigarlos. El festejo sigue y Celo llama a la guerra. América desconcertada por la potencia bélica desconocida exclama: “¿Qué rayos el cielo vibra / contra mí? ¿Qué fieros globos / de plomo ardiente graniza? / ¿Qué centauros monstruosos / contra mis gentes militan?”

Celo y sus tropas vencen a las huestes indígenas y pretenden ejecutar a América. Religión lo evita: “el rendirla / con razón, me toca a mí / con suavidad persuasiva”. También a esa suavidad se resisten América y Occidente ante la presencia de Celo. Religión insiste y pregunta qué dios es el que adoran.

Explica Occidente: “Es un dios que fertiliza / los campos que dan los frutos / a quien los cielos se inclinan / a quien la lluvia obedece / y en fin, es el que nos limpia / los pecados y después / se hace manjar que nos brinda”.

Para Religión, con pensamiento dominante, esa creencia es copia, remedo, imitación de las “verdades” católicas. Así que continua en su intento de persuadir a los naturales, ahora siguiendo las similitudes entre lo que piensa y lo que son los ritos autóctonos. A pesar de todo, América le dice que no entiende, aunque “ya inspiración divina / me mueve a querer saberlas”. Entonces Religión decide poner las ideas que la constituyen en un auto sacramental que es El divino Narciso.

Ya en el desenlace de la loa, Celo le pregunta a Religión sobre el cómo de la representación. Religión le explica, en tanto la suplantación de religiones se ha cumplido. Para terminar la loa y empezar el auto sacramental cantan “diciendo que ya / conocen las Indias / al que es verdadero / Dios de las semillas”. Y todos entonan: “¡Dichoso el día / que conocí / al gran Dios de las Semillas!” La conquista espiritual, la conquista en versión de Sor Juana, estaba consumada. Vale la pena leer la loa de nuestra poeta en el aniversario de su muerte que ocurrió un día como ayer, el 17 de abril de 1695.

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