Yo tengo otro datos
Opinión

Yo tengo otro datos

Miscelánea

El problema de Latinoamérica es que quienes eligen a los gobernantes no son las personas que leen los periódicos sino los que se limpian el culo con ellos.

Winston Churchill

El pueblo es una identidad pluscuanperfecta/ generosamete abstracta e infinita/ sirve también para que los jóvenes idiotas aumenten el área de los panteones y embaracen las cárceles/ o aprendan a ser ricos. Lo mejor de todo lo ha dicho un señor Ministro: Con el pueblo me limpio el culo. He aquí lo máximo que puede llegar a ser el pueblo: un rollo de papel higiénico/ para escribir la historia contemporánea con las uñas”. (José Emilio Pacheco)

Pueblo, término vago, que define a una multitud informe, sin nombre, sin cara, sin voz. Siempre, en cualquier país, siempre se refiere a los ciudadanos más vulnerables. Pueblo mexicano que sexenio tras sexenio, el gobierno de turno, mantiene convenientemente ignorante. (Según el informe PISA, aún con once años de escolaridad, cuarenta y cinco de cada cien estudiantes de 15 años, no alcanzan el mínimo indispensable en la comprensión de lo que leen).

Pueblo que con una mediocre educación (cuando la hay) sin libros, sin periódicos y sin oportunidad de ver más allá de su parcela; carece de perspectivas. Masa manipulable, acarreada, que lo mismo sirve para un barrido que para un regado al servicio del líder de turno. Los cargan en camiones, los bajan donde toca, y ahí ab-negados esperan. Mientras aparece el amado líder, algunas niñas del pueblo bueno, que han esperado algunas horas bajo el sol, van cayendo desmayadas. Cuando finalmente aparece, con retórica oscura los arenga: La vida es bella. Somos felices felices.

Los 36 mil mexicanos asesinados el año pasado, las 10 mujeres que asesinan diariamente, no causan malestar social. No vamos a permitir que unos cuantos muertos nos metan miedo y nos quiten la felicidad. Y ahí está, de carne y hueso. Pueden verlo y si tienen suerte, pueden tocarlo. ¡Me besó, me besó! gritan las ancianas emocionadas hasta las lágrimas. Además, hay torta, refresco y ganso. ¡Perdón!, gansito. Acabado el mitote y después del acarreo de regreso; ahí queda el pueblo, disponible para la próxima llamada. Así son los usos y costumbres, nada nuevo bajo el sol. Desgraciadamente, no se ve luz al final de túnel. Sin educación no hay movilidad social; el que nace pa’ maceta, no pasa del corredor. No mientras el amado líder negocie la educación del pueblo con sindicatos corruptos que le aseguran capital político. No mientras los empresarios se dejen extorsionar porque o tienen cola que les pisen, o temen caer en el desafecto de quién da y quita contratos y bendiciones. Ellos saben bien que es bajo el ala del gobierno donde se han hecho y se siguen haciendo las grandes fortunas mexicanas. Corrupción es el arma de guerra, escudo y bandera, palabra elegida entre un infantiloide y limitado lenguaje, para responder a todo lo que no tiene respuesta.

Sin embargo, todo depende de lo que cada uno entienda por corrupción. Yo por ejemplo, tengo otros datos: “Se cancela el aeropuerto”, dijo desde un principio para que quedara claro quién manda aquí. Nunca dijo quiénes eran los corruptos. Y así seguimos. No sé por qué tanta insistencia en la palabra corrupción me recuerda aquello de que “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. “Tengo la consciencia tranquila”, afirma el amado líder con la sonrisita socarrona y satisfecha que le provoca saber que sólo su chicharrón truena.

Y no, no me identifico con el pueblo, soy ciudadana, conservadora y mensa; ya lo he reconocido en otras ocasiones. Como no entiendo claramente lo que significa neoliberal, se me ocurre que tal vez sea que trabajo, leo, y tengo vino y pan en mi mesa.

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