Lecciones de la epidemia
Opinión

Lecciones de la epidemia

Jaque Mate

¿Qué lecciones hemos aprendido? Quizá, en primer lugar, que somos mortales. Que la ciencia nos ha protegido en los últimos tiempos, lo que ha impedido que las epidemias se conviertan en una realidad constante y mortífera como en siglos pasados, pero que al final seguimos siendo humanos. Un virus nuevo puede propagarse con una velocidad extraordinaria por el mundo y matar a cientos de miles en unas cuantas semanas. 

Hemos aprendido que la ignorancia sigue prevaleciendo en el mundo. Conforme una oleada de populismos se ha dispersado como pandemia por la superficie de la Tierra, hemos encontrado que hay gobernantes que no creen en la ciencia y toman decisiones que al final resultan muy costosas. Otros han utilizado la crisis sanitaria para sacar a relucir sus aspiraciones dictatoriales y han tomado medidas supuestamente de salud que violan los derechos humanos y que han tenido costos económicos muy superiores a la propia pandemia.

El SARS-CoV-2 nos ha demostrado que seguimos siendo frágiles. Los virus y coronavirus pueden mutar en el cuerpo de anfitriones de muchas especies del mundo animal y dar el salto a los humanos cuando ya están listos. Hemos podido experimentar en carne propia lo que sentían las sociedades del pasado cuando se convertían en víctimas de microorganismos invisibles que esparcían la peste bubónica o la viruela. Nos hemos dado cuenta de que nuestra aparente invulnerabilidad ante las infecciones se desvanece en el momento en que surge un nuevo microrganismo para el que no tenemos defensas naturales, ni vacunas, ni medicamentos.

Hemos aprendido que el conocimiento nos protege, pero también que se convierte en una fuente de temor y de daños que nosotros mismos nos producimos. La información del nuevo coronavirus, y las advertencias de los especialistas, nos permitieron entender la epidemia que se extendía y que se convertía en pandemia. Hizo posible también que las sociedades tomaran medidas de aislamiento que sin duda evitaron muchas muertes.

Pero el miedo también provocó actos irracionales de discriminación y de agresión, por ejemplo, en contra de personas de ascendencia oriental o, en nuestro país, de aquellos que vestían uniformes de enfermeras o de médicos. El temor llevó a que muchos gobiernos tomaran medidas que no tenían justificación sanitaria, pero que sí han tenido muy elevados costos económicos. Estas medidas, más que la propia pandemia, son la razón de que el planeta esté entrando a la recesión más profunda desde los tiempos de la Gran Depresión.

Una de las lecciones de esta pandemia es que las oficinas y las instalaciones productivas pueden funcionar con una presencia mínima de personal. Muchos hemos aprendido a utilizar nuevas herramientas tecnológicas, como el Zoom para conferencias o el Classroom para impartir clases, que hacen innecesarios los traslados. Pero esta misma tecnología permitirá también eliminar empleos en el futuro.

Los funcionarios del gobierno mexicano prohibieron a las empresas grandes despedir personal a pesar de que les ordenaron también cerrar sus puertas. Pero esto convencerá a muchas de que en el futuro es mejor tener robots y programas digitales. Los dispositivos electrónicos no cobran sueldo y no hay que pagarles cuando no están trabajando.

Falta mucho todavía para que el mundo recupere la salud física y económica que ha perdido por el COVID-19. La pandemia sigue cobrando víctimas y acabando con empleos. Pero ya hay lecciones que podemos aprender. Estas que menciono son solo algunas de ellas.

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