Reinaldo Arenas
Literatura

Reinaldo Arenas

El individuo contra el Estado

La vida de Reinaldo Arenas es la lucha del individuo contra el Estado. Se trata de un escritor constantemente perseguido por representar en carne propia la negación de un ideal. Todos los Estados, en especial aquellos que se autonombran revolucionarios, sustentan sus políticas y acciones en un ideal. Hay que tener cuidado con los proyectos de nación que pretenden renovarlo todo, más aún, mejorar moral y éticamente a los habitantes del territorio bajo su dominio. Tarde o temprano alguien no podrá, o no querrá, cumplir con ese ideal, será incluso la negación del mismo. Esa fue la voluntad trágica de Arenas.

Él mismo lo refirió en una entrevista en los años ochenta, poco tiempo antes de su muerte, por aquella otra pandemia silenciosa causada por el VIH: “Mi nombre es Reinaldo Arenas, soy un escritor cubano exiliado. Vivo en Nueva York, donde me dedico a escribir y a sobrevivir. Soy una persona disidente en todos los sentidos, como aquí se dice, porque no soy religioso, soy homosexual y a la vez soy anticastrista, es decir, creo que reúno todas las condiciones para que nunca se me publique un libro y para vivir al margen de toda sociedad en cualquier lugar del mundo”.

Y sin embargo, a pesar de sus palabras y de la persecución, Arenas en vida fue un autor célebre e importante. Se trataba de un antisímbolo, un hombre que surgió no por la Revolución Cubana, sino a pesar de ella. Porque si algo nos enseña la historia es que los regímenes muchas veces se suben a los hombros del pueblo para posteriormente traicionarlo. No son los regímenes ni los Estados los que crean a los hombres y mujeres, muy por el contrario, son estos los que dan realidad a los primeros.

La ironía de la vida del autor de Antes que anochezca (1992) es haber luchado en su juventud por sus perseguidores. No sólo él, miles de adolescentes en las diferentes provincias de Cuba arriesgaron la vida por una promesa de mejor vida y libertad.

AÑOS DE LIBERTAD

Sería reduccionista y falso aseverar que Reinaldo Arenas nunca fue publicado y reconocido, en su corta vida, como un gran escritor. Los cierto es que desde los veintitantos años su calidad literaria fue manifiesta para todos sus lectores. Se vivían tiempos de esperanza; el gobierno castrista aún no se estabilizaba, no se configuraba en una dictadura, al menos no de forma visible. Los intelectuales como Mario Vargas Llosa aún apoyaban la nueva causa latinoamericana. Incluso una de las políticas revolucionarias fue la promoción de nuevas figuras. Fue en muchos aspectos la consagración de algunos poetas y escritores, tales como Nicolás Guillen y Roberto Fernández Retamar.

Foto: vascoszinetar.blogspot.com

Se organizaron concursos nacionales de novela, cuento y poesía. Se intentaba buscar una nueva literatura cubana, una que fuera revolucionaria. El mismo Estado publicaría y promocionaría las nuevas voces. Reinaldo Arenas sería uno de ellos, al obtener uno de los premio nacionales en 1965, por su primera novela Celestino antes del alba, también publicada, posteriormente, como Cantando en el pozo.

Dentro del jurado se encontraban Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Virgilio Piñera. Gracias a esta novela, Piñera quedaría deslumbrado por la capacidad creativa del joven narrador y poeta. Se convertiría en una especie de mentor, si esto puede decirse de un joven tan genial como Arenas.

La amistad florecerá, pero bajo un peligro que poco a poco, conforme se empezó a endurecer el ideal de la Revolución Cubana, fue siendo más latente. No cometerán otro supuesto crimen que una preferencia sexual diferente al ideal machista del revolucionario castrista. Piñera la ocultará a lo largo de los años y así en muchos aspectos logrará evadir el castigo de las autoridades. Un camino contrario tomará Arenas, lo cual lo llevará a la cárcel.

UN LENGUAJE SUBVERSIVO

La literatura cuando se escribe de forma honesta siempre es problemática. La literatura jamás busca la ocultación; al contrario, lo que indaga es la verdad humana. Continuamente, está cuestionando ideales, opiniones preconcebidas, de ahí que sea tremendamente incómoda para los gobiernos, capitalistas o comunistas, incluso para los democráticos. La relación entre la Revolución Cubana y la literatura no podía durar mucho tiempo. La primera novela de Arenas fue todo un acontecimiento literario, pero metió en entredicho la moral revolucionaria. Inesperadamente para él, su obra empezó a ser censurada, no sólo en los espacios para su publicación, sino también en la privacidad de su cuarto. Se le empezó a perseguir sólo por redactar. Comenzaba el infierno. Comenzaban las denuncias, las murmuraciones. Un amigo, un compañero, podía ser un delator. Actividades que para nosotros pueden ser de lo más comunes, en la isla únicamente podían hacerse de forma clandestina, una de ellas era escribir sobre ciertos temas. El encierro, el ahogo, inundó la existencia de sus habitantes. Muchos de ellos se acoplaron al régimen. Sin embargo, siempre existen individuos que no están dispuestos a regalar sus libertades de ese modo.

Foto: arteycaricaturas.blogspot.com

El nombre de Reinaldo Arenas fue borrado de la historia de la literatura cubana, a pesar de ser uno de sus mejores representantes. Se le obligó a trabajar en oficios para los cuales no tenía aptitudes, para humillarlo y “reeducarlo”. Al negarse a cumplir con las órdenes, se le acusó de ser un criminal común para de esta manera ser enviado a la cárcel de El Morro. Su encarcelamiento fue todavía más difícil, pues al no ser considerado un preso político, careció de cualquier consideración. En esa cárcel, a pesar del sufrimiento, encontró un motivo más para la literatura. De ahí que no sorprenda que al cabo del tiempo redactara una novela como El mundo alucinante, en la cual narra sus experiencias en prisión. Dará inicio a su proyecto literario más importante: la Pentagonía.

LA ESCRITURA PROHIBIDA

La gran mayoría de la obra de Reinaldo Arenas fue escrita de forma clandestina. Sus manuscritos fueron confiscados varias veces y él, de forma tenaz, a pesar de los encierros y las continuas amenazas de muerte, no detuvo las nuevas redacciones. En más de una ocasión estos textos fueron salvados gracias a amigos o extranjeros que, evadiendo la vigilancia, los resguardaron fuera del país. Los encarcelamientos se dieron de forma intermitente y en los momentos de una relativa libertad, escribía. Las autoridades encontraban los escondites donde las hojas mecanografiadas eran ocultas; en las azoteas de las viviendas que residía, en los patios, los rincones, etcétera. Es sorprendente que, sin importar las condiciones, Arenas haya escrito tan excelentes y exuberantes novelas: El palacio de las blanquísimas mofetas, Otra vez el mar, El color del verano y El asalto, entre otros volúmenes de cuento y poesía. En su estilo es evidente encontrar el lenguaje del caribe, una concepción del mundo mítico, bajo una idea del tiempo cíclico. Su narrativa es de las más poéticas del continente; sin embargo, lo mejor de su obra no se encuentra en sus novelas, sino en su autobiografía, la cual, sin duda, es su obra maestra.

Antes que anochezca, publicada póstumamente, empezó a ser escrita mientras su autor era prófugo de las autoridades cubanas. En su escape, Arenas tuvo que resguardarse en un bosque urbano de la Habana durante varios meses. Algunos amigos le proporcionaban papel y lápiz. De ahí deriva el título, ya que sólo podía escribir bajo la luz del día. Ese fue su desahogo, al menos decir las injusticias sufridas por un hombre que lo dio todo, que su única culpa fue la de no cumplir con el ideal moral de un régimen, pero no sólo de un régimen, de toda una cultura.

En 1980, cuando el gobierno de Estados Unidos permitió la entrada de inmigrantes provenientes de la isla por un breve periodo, Arenas tuvo su oportunidad de huir. A este acontecimiento se le conoce como el Éxodo del Mariel. Fidel Castro dio una amnistía a medias para que todos los disidentes de su dictadura salieran. De cualquier modo, nuestro escritor tuvo que hacer uso de un pasaporte falso, donde cambió su apellido: de Arenas, a Arinas. Parecía un nuevo comienzo. Y, sin embargo, porque siempre fue un disidente, Nueva York para él también fue otro tipo de cárcel. Después de terminar de corregir su obra, y en la fase terminal del SIDA, decidió quitarse la vida a finales de 1990.

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