Polimialgia reumática
Salud

Polimialgia reumática

Doctor, me duele todo, ¿qué tengo?

La vida profesional del médico general familiar es una historia de constante preparación y actualización acerca de los infinitos temas que afectan al organismo.

No es inusual, aunque tampoco se trata de algo muy frecuente, que al consultorio llegue un individuo con dolor en todo el cuerpo.

“¿Qué le duele?, ¿brazos, piernas, cintura, hombros?”, pregunta el doctor y la respuesta del paciente es: “Todo me duele”.

Ante una descripción así, en apariencia tan vaga, el especialista de la salud debe tener presente la existencia de la polimialgia reumática.

Conocida, de forma abreviada, como PMR, la polimialgia causa dolor y rigidez en las articulaciones. Hablamos de un incómodo visitante que frecuenta, preferentemente, a los adultos mayores. Su modus operandi suele respetar a los individuos que no han alcanzado la quinta década de vida.

Este mal se relaciona con otro desajuste inflamatorio, la arteritis de células gigantes, la cual detona desde dolor de cabeza y dificultades de la vista, hasta dolor mandibular. Sobre su nexo abundaremos más adelante.

¿ES O NO ES?

Diagnosticar PMR resulta complicado porque dentro de sus efectos nocivos no se encuentra el de generar hinchazón en las articulaciones.

Su síntoma clásico, el dolor, coloniza hombros y brazos, el cuello, la parte baja de la espalda, los muslos. También genera sensaciones molestas en glúteos, caderas, muñecas, codos y rodillas. Otra de sus propiedades causa rigidez en las zonas afectadas, lo que conlleva una reducción de la amplitud de movimientos. Tanto el anverso como el reverso de la hoja corporal conforman su área de influencia. En pocos días, cuando mucho en semanas, despliega el repertorio de condicionantes y no concede tregua. Entre los signos que comparte con otras afecciones se hallan la fiebre leve, el cansancio, una sensación general de malestar, la pérdida de apetito y de peso, incluso depresión.

La depresión puede acompañar los dolores de la PMR. Foto: Behance / Ekatherina Myroniuk

¿Qué le ocurre al paciente? Un signo de alarma bastante común es que sus brazos andan mal, no responden como siempre, levantarlos por arriba de los hombros se vuelve un trabajo complicado. En ocasiones, las dolencias se despliegan con mayor intensidad en las articulaciones de manos y muñecas.

Las punzadas vinculadas a la polimialgia son más fuertes por la mañana. El malestar pierde galones conforme el día va haciéndose viejo siempre que no ayudemos a la PMR con una vida sedentaria.

Estar inactivo, cosas como hacer un viaje largo en coche o sentarse mucho tiempo en la misma posición, devuelve a la persona a la casilla de la rigidez.

Sufrir PMR también implica padecer trastornos del sueño y tener dificultades para ejecutar tareas elementales como vestirse, levantarse del sillón o subirse al vehículo. La influencia de la afección incluso alcanza para dificultar acciones como peinarse o bañarse. En resumen, afecta la salud, la actividad física, la interacción social, el descanso y el bienestar general.

DESCARTES

La ciencia médica aún no determina qué causa la PMR. Se sabe que no es un efecto secundario de la ingesta de medicamentos y se cree, dado que sus síntomas surgen con una celeridad pasmosa, que en su origen se encuentra una infección, es decir, algo como un virus libera sus potencias. Sin embargo, a la fecha ningún agente nocivo de este tipo ha conseguido distinguirse como el detonador de la polimialgia.

La voz mialgia, que significa dolor muscular, tampoco encierra una respuesta clara. Pruebas específicas de los músculos, exámenes de sangre para enzimas musculares o una biopsia (extracción quirúrgica de una pequeña porción) de músculo con el fin de estudiar el tejido bajo el microscopio, no muestran nada raro. Un progreso reciente, pero no definitivo, sugiere que la inflamación de la PMR involucra las articulaciones del hombro y de la cadera, y de las bolsas que las rodean. Con eso en mente, los dolores de brazos y muslos tendrían sus puntos de partida allí donde nacen brazos y piernas.

Al diagnóstico de este mal se llega por eliminación. El profesional de la salud debe descartar padecimientos como la artritis reumatoide (que sí causa hinchazón de las articulaciones) o la fibromialgia (trastorno crónico que produce dolores musculares y fatiga).

Este padecimiento incluye rigidez en las articulaciones. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Si bien la polimialgia y la fibromialgia guardan similitudes, hay diferencias importantes entre ambas. Una es la duración: la primera, con el tratamiento adecuado, puede desaparecer, aunque tome un par de años despedirla, mientras que la segunda se instala en la persona para el resto de sus días.

La PMR está más cerca de la arteritis de células gigantes, muchos pacientes de ésta presentan síntomas de aquella.

La arteritis produce inflamación en el recubrimiento de las arterias, muy a menudo en las situadas en las sienes. Su manifestación incluye dolores de cabeza, dolor en la mandíbula, problemas de visión y sensibilidad en el cuero cabelludo. Es un enemigo temible y si no se combate, puede pulsar el botón que detona la ceguera o bien un accidente cerebrovascular.

Los aquejados por la PMR parecen más propensos a contraer otro mal: la enfermedad arterial periférica (EAP), afección circulatoria donde los vasos sanguíneos fuera del corazón se estrechan. La buena nueva es que la respuesta de los pacientes con polimialgia al tratamiento contra la EAP por lo general resulta positiva.

Una vez que el profesional de la salud ha determinado que el paciente padece polimialgia, propone tratar el mal con AINEs, fármacos antiinflamatorios no esteroideos, productos de uso extendido para mitigar dolores, inflamaciones y fiebre. No obstante, a menudo recurre a prescribir dosis de corticosteriodes, medicamentos que apuntan a disminuir inflamaciones. Estos productos alivian rápidamente la rigidez. Como en todo, unos pacientes responden mejor que otros. Si luego de dos o tres semanas de tratamiento los síntomas no desaparecen, es poco probable que la PMR sea la responsable de generar la dolencia.

Con la polimialgia en mente, la frase “me duele todo” adquiere otra dimensión, una donde esa idea no suena ni descabellada ni exagerada. Si le duele hasta respirar, amable lector, el primer paso es despejar dudas. Para ello, nada mejor que ir a consulta con su médico familiar y general.

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