Sexualización infantil
Sexualidad

Sexualización infantil

Un aceleramiento a la adultez

Al comienzo de este año, la Policía Federal mexicana reforzó su campaña informativa respecto a los delitos en redes sociales de Internet, enfocándose principalmente en aquellos de índole sexual. A través del Centro Nacional de Respuesta a Incidentes Cibernéticos, expuso a padres y alumnos de secundarias y preparatorias del país la lista de los principales, entre ellos, el abuso sexual infantil y el cybergrooming (como se le conoce al contacto con menores).

Este tipo de ilícitos son alentados, en gran medida, por la sexualización infantil manifiesta en la web y en la publicidad, señalaron por su parte las investigadoras Mónica Díaz Bustamante Ventisca y Carmen Llovet Rodríguez, refiriéndose a la acentuación de la sexualidad o a la “adultización de la infancia” presente en imágenes sensuales, incluso eróticas, publicadas en medios digitales.

La sexualización infantil elude a las posturas, expresiones o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces para niños y niñas, definieron las expertas.

Díaz Bustamante y Llovet Rodríguez, de la Universidad Complutense de Madrid y del College of Arts and Sciences del Instituto de Tecnología de Nueva York, campus de Beijín, respectivamente, refieren en su artículo ¿Empoderamiento o empobrecimiento de la infancia desde las redes sociales? Percepciones de las imágenes de niñas sexualizadas en Instagram, dos posturas frente a la sexualización infantil: por un lado aquella que la denuncia y critica al señalar los efectos negativos; y por el otro lado están las posiciones que consideran “reduccionista y monolítico” el acusar de sexualización infantil a las manifestaciones propias de la sexualidad; asimismo destacan quienes promueven la salud y los derechos sexuales de la infancia.

En México la Comisión Nacional de los Derechos Humanos publicó en 2016 la Cartilla de Derechos Sexuales de Adolescentes y Jóvenes donde se garantiza a las personas, desde los 12 años de edad, el derecho sobre el ejercicio y disfrute de la sexualidad como uno de los 14 derechos de la población juvenil. Esta facultad legitima “vivir cualquier experiencia, expresión sexual, erótica o de género que elijamos, siempre que sea con pleno respeto a los derechos de las personas involucradas (…)”, se lee en la cartilla.

El suplemento Cadeaux (regalos) de la revista Vogue Paris, generó críticas por retratar a niñas provocativamente. Foto: fashionisingpictures.net

La Policía Federal enfatiza que quien publica fotografías propias no es delincuente, sino quien las trafica o emplea con propósitos dañinos; en tanto las investigadoras Díaz Bustamante y Llovet Rodríguez cuestionan: ¿las percepciones de imágenes de niñas sexualizadas en las redes sociales perjudican a dichas niñas?

ACELERANDO LA ADULTEZ

La Asociación Americana de Psicología (APA por sus siglas en inglés) consideró que la sexualización infantil reduce el valor de la personas a su comportamiento sexual porque se equipara el atractivo físico con ser sexy. Esa percepción reduce al individuo a un objeto sexual, y no como alguien libre de acción y decisión. Hablar de sexualización es referirse a la imposición inapropiada de la sexualidad, según la institución.

En tanto estudiosas como María Dolores Arteaga Villamil, de la Benemérita Universidad de Puebla, definen la sexualización infantil, relacionada con las niñas, como la “manera en que las niñas-adolescentes, dentro de su contexto social, manifiestan ciertos aspectos que no les son propios, como la desmedida feminidad derivada de la carga sexual”.

El fenómeno llamó la atención cuando la mercadotecnia explotó en demasía la sexualización infantil para promover marcas o productos. Los niños “son presentados como objetos sexuales, en gran parte debido a la actividad de marcas y medios vinculados a la moda”, aseguraron las doctoras Díaz Bustamante y Llovet Rodríguez en otro de sus estudios sobre la publicidad digital de marcas de moda infantil.

Acelerar la adultez en los menores acarrea consecuencias negativas, especialmente en las niñas, de acuerdo al análisis de la APA, asegurando que al concentrarse en la apariencia física como principal fuente de aceptación disminuyen las habilidades cognitivas. Además las menores, continúa el informe, adoptan un rol pasivo, su percepción hacia la virginidad es negativa y la relación con las demás chicas se convierte en una competencia por los varones. Por si fuera poco, entre las niñas se genera rechazo hacia quienes no cumplen el ideal de belleza.

Concursantes de una de las ediciones de Little Miss Perfect, un reality show que sigue el drama que envuelve a las niñas que buscan ganar una competencia de belleza similar a Miss Universo. Foto: iftqa.org

La visión que se tiene sobre salir con los chicos, favorece el acoso y la violencia sexual”, asienta la institución de psicología.

Frente al creciente aprovechamiento de los niños y las niñas en aspectos mercadotécnicos, se publicó en el Reino Unido el Informe Bailey (2011), en el cual se plantea el concepto de hipersexualización infantil, definiéndolo como “la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces”.

En este informe se alerta sobre la construcción de la mujer como objeto sexual, “al impulsarlas a adoptar roles y comportamientos sexualmente estereotipados que además no corresponden a su edad”, interpreta Olga Serrano Villalobos, catedrática de la Complutense de Madrid.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y MADRES

La sexualización infantil afecta más a las niñas según APA, debido al consumo de medios de comunicación y a la influencia de sus madres.

Que las niñas reproduzcan imágenes o comportamientos desacordes con su edad depende del incumplimiento de horarios de protección infantil y consumo de los medios; influyen el contenido de las revistas, programas y series de televisión para adolescentes; los estereotipos que se difunden desde los videos musicales en Internet también inciden, así como las tendencias de la moda infantil y la influencia de las madres”, escribieron Díaz Bustamante y Llovet Rodríguez, quienes concluyeron: “Queda claro que esa sexualización hace que los adultos tengan percepciones negativas sobre sus capacidades intelectuales, sociales y morales (de las niñas). Debe alertarse de que el uso de las redes sociales para difundir ese tipo de fotografías deteriora y empobrece la imagen general que la sociedad puede tener de la infancia”. Por ello aluden a la responsabilidad de los padres para orientar frente a la vorágine de mensajes donde se explota la sexualización infantil.

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