Descubrimientos
Nuestro mundo

Descubrimientos

Nuestro Mundo

Y de pronto descubrí que no había barrido bien debajo de la cama.

Que la luz del sol de medio día no se parece a la luz de la tarde que cae.

Que los sartenes están desgastados.

Que la vajilla está incompleta.

Que no tengo un cortador de pizza.

Que el aroma del cloro me da la sensación de limpieza.

Que el salitre de la pared empieza a hacer estragos.

Que hace falta tallar los azulejos de la regadera.

Que mis plantas han crecido, que los jazmines cubren el espacio y el pino limón ya es inalcanzable.

Que las telarañas hicieron suyo un rincón.

Que necesito solo tres cambios para andar por la vida.

Que bañarse con calma es la oportunidad para meditar.

Que me enojo menos porque no tengo prisa de nada.

Que no me angustia la raíz blanca de mi cabello.

Que me gusta jugar cartas.

Que los rompecabezas son lo más entretenido del mundo.

Que el cansancio por el quehacer doméstico es distinto a otros.

Que la casa estaba esperando por mí, que lo hizo pacientemente, poco a poco y fue hablando de manera silenciosa, pedía atención y yo preferí no escucharla o voltear la mirada para hacer como que no pasaba nada.

Y hoy que mis ojos se posan pacientemente sobre cada centímetro de las paredes, de los pisos, de los muebles, de las ventanas, me doy cuenta que el tiempo pasó, mi casa nueva dejo de ser nueva hace mucho tiempo.

La casa se parece a la vida, hay tantos pendientes que la suma de ellos aumenta cada día, nos acostumbramos muy fácil al foco fundido, a la muesca de una esquina, a la jaladera rota, a la mancha en el muro, a la humedad en el tapiz; así nos acostumbramos al dolor en la cintura, a la enfermedad dental, a la sensación de estar solo acompañado, a la falta de ilusiones, a que la mirada ya no brille.

Es tiempo de abrir: las puertas, el corazón, los cajones, las ventanas, los ojos, los álbumes fotográficos, el baúl de los recuerdos, la alacena. Es tiempo de cerrar capítulos en la vida, perdonar, abandonar la indiferencia, la indolencia, la desidia, la apatía

Todo lo que sucede en la vida son oportunidades, verlo así nos da tranquilidad y lo prefiero por encima del argumento de un Dios enojado y vengativo, de un nuevo orden mundial, de iluminatis, de conspiraciones, de fuerzas del mal, de pactos con Satanás y mil y una ideas que hacen denso el ambiente.

He vuelto a hablar por teléfono no sólo para lo urgente, sino también para saber a profundidad de los otros. Ahora tengo una lista interminable de pendientes, todos los días sumo alguno, pero no me angustian, sólo los observo y trazo una ruta para resolverlos, ¿cuándo? No sé, lo único que no me cabe duda es que hay tanto que no depende de mí y eso me hace feliz.

Comentarios