Aislamiento social, un respiro para el planeta
Reportaje

Aislamiento social, un respiro para el planeta

Cuando el hombre no acecha al medio ambiente

Para que la Tierra alcance un equilibrio que le permita recuperar los hábitats perdidos por la acción del hombre, se requeriría que éste desapareciera. Por completo. La reducción de su presencia en determinados espacios durante la cuarentena derivada de la pandemia de COVID-19, demuestra cómo la naturaleza es capaz de restituirse en la medida en que los ciudadanos se mantengan en sus casas. Con el encierro parcial retoñaron escenas desacostumbradas: se avistaron animales trotando por las ciudades y se reprodujeron especies en cautiverio como antes no había ocurrido. No obstante, sólo son estampas que quedarán en el anecdotario a menos que el confinamiento humano sea permanente, lo que no ocurrirá; tampoco la desaparición absoluta de la humanidad. Lo que sí puede modificarse es la relación de ésta con el entorno, y en ello está contribuyendo la pandemia, aunque sea momentáneamente.

Habría que preguntarse si con la reclusión se reduciría el consumo no sólo de combustibles, también de alimentos y recursos naturales, variable que ha impactado en el comportamiento ambiental convirtiéndolo en un factor de desplazamiento humano.

Si bien es cierto que la pandemia obligó al confinamiento a por lo menos tres mil millones de personas en todo el mundo según algunas estimaciones, también lo es que aquellas familias siguen comiendo, bebiendo, vistiendo y consumiendo productos para la higiene de sus espacios. En casa se están encendiendo por más horas la televisión y la lámpara para la lectura; se están preparando más alimentos utilizando el gas butano o natural que cuando se deja el hogar durante ocho horas o más para estar en la oficina o el taller. Con el confinamiento del 40 por ciento de la población mundial, con el virus al acecho, se están lavando más veces las manos.

El descenso en la producción y en los precios del petróleo es un indicador macroeconómico que solamente vive un desliz, abrupto, pero efímero si se contrasta el periodo de cuarentena con los cien años de uso intensivo de los combustibles fósiles a partir de la invención del motor de combustión interna.

El precio del barril que cayó hasta niveles inéditos (de -37 dólares con 63 centavos en abril pasado en Estados Unidos), solo significa una reducción temporal de su demanda internacional, mas no en la tendencia ordinaria del consumo doméstico. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) mantiene su previsión al alza en el empleo del combustible fósil para los próximos veinte años, una demanda que requerirá de una producción mayor a los 100 millones de barriles de petróleo diariamente, cantidad que está próxima a alcanzarse.

Para dimensionar el comercio del hidrocarburo en el tiempo, actualmente el consumo diario en el planeta equivale a lo que utilizó Estados Unidos en todo un año, hace un siglo.

Con los almacenes llenos al 75 por ciento de su capacidad en Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita (los mayores productores y consumidores del mundo) ¿se quedarán con todo ese petróleo en sus bodegas subterráneas sólo porque algunos pavorreales recorrieron las calles de Madrid, en España? El uso de combustibles fósiles es una de las actividades que mayores alteraciones ha ocasionado a la Tierra, y es lo que ha movido al mundo.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

A su vez la agricultura ha dejado su huella sobre el diez por ciento de la superficie del planeta y continúa en crecimiento ante la demanda alimenticia de siete mil 700 millones de habitantes; en Latinoamérica este sector es el responsable del 70 por ciento de la deforestación, según los cálculos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Las actividades económicas de la humanidad derivan en impactos negativos severos, como la desecación de enormes lagos. Es el caso del Mar de Aral en Asia Central, cuya agua se empleó para el riego del algodón; una historia similar a la que se vive en la cuenca endorreica de la Comarca Lagunera en los estados mexicanos de Coahuila y Durango, donde también desaparecieron por la acción humana, en menos de cien años, grandes cuerpos de agua abastecidos por los río Nazas y Aguanaval.

Los drásticos cambios al ambiente pueden apreciarse en una generación. Tal es el caso de Cuatro Ciénegas, Coahuila, donde en una década se registró la desaparición de lagunas a causa de la agricultura intensiva; o el de Viesca en la misma entidad, donde las lagunas, pozas y pantanos se desecaron en menos de 80 años a raíz de la construcción de las presas aguas arriba de los ríos citados. En el Viejo Mundo, la quietud de Venecia ante la ausencia de turistas, devuelve la transparencia a sus aguas, evocando los años cincuenta.

La humanidad es el gran depredador, la plaga que está enfermando al planeta, pero no por su presencia en sí misma, sino por el tipo de convivencia que ha elegido con su entorno.

Así como es capaz de abatir los recursos naturales, el hombre también puede tomar las riendas de la recuperación natural. Con el confinamiento obligado por la pandemia se puede constatar la capacidad del restablecimiento de la naturaleza: la aparición inédita en abril de ballenas en la costa de Acapulco, México, por la reducción del turismo; o el retorno de los cocodrilos a las playas de Oaxaca y el avistamiento de manadas de ciervos por las calles de Japón son más postales que demuestran la recuperación terrestre. Pero como se escribió líneas arriba, son sólo estampas efímeras y quedarán como narraciones curiosas de no extenderse en los rincones del mundo las acciones notables que han logrado restablecer el equilibrio natural.

EL HOMBRE DETRÁS DE LOS ANIMALES

El geólogo Wade Miller, investigador de la Universidad de Brigham Young de Utah en Estados Unidos, es experto en la megafauna del Pleistoceno. Hace 15 años visitó la región de Simón Bolívar en Durango por invitación del Museo del Desierto con asiento en Saltillo, Coahuila. Le acompañaron en aquella expedición paleontólogos locales encabezados por Carlos René Delgado de Jesús. En la zona duranguense se han encontrado restos de mamuts, gliptodontes, camellos y caballos que pastaron por la sabana hace diez mil años, entonces similar a la África actual.

Ilustración de un gliptodonte. Foto: quefuerteeslaciencia.com

En la orilla de un arroyo intermitente localizaron una cantera con innumerables piezas de aquella fauna gigantesca que convivió con su depredador: el hombre, del que también se tiene registro de su presencia en el norte del país.

Los enormes gliptodontes parecidos a un Volkswagen deambularon junto a los parientes lejanos del elefante; lo mismo hicieron las tortugas, los osos, los lobos y los bisontes. No se tiene certeza aún sobre lo que ocasionó la desaparición de aquella fauna enorme, únicamente suposiciones. Carlos René mencionó una de ellas relacionada directamente con su especie, el homo… “El hombre en México aparece hace nueve mil años (cuando ocurrió la extinción de los gigantes), y probablemente esa es la causa de la muerte de los animales; no fue un efecto biológico, fue por efecto humano; en la búsqueda de alimento fue incendiando zonas, los fue orillando a los abismos, por eso creo que este ocaso fue provocado por la humanidad”. En tanto Miller se inclina más por las hipótesis que incluyen fenómenos geológicos como las glaciaciones y el calentamiento terrestre, o el efecto biológico: las epidemias.

Cualquiera que hubiese sido la causa del exterminio de la fauna gigantesca hace diez mil años, existen todavía algunas especies de animales en el norte de México que comienzan a narrar historias de sobrevivencia con el respaldo de su depredador, el hombre.

En el centro del gran Desierto Chihuahuense que se extiende desde los estados sureños de Estados Unidos hasta los límites con Querétaro y San Luis Potosí en México, se sitúa la primera Reserva de la Biosfera del país, la de Mapimí. Su estatus de zona protegida ocurrió al final de la década del setenta debido a que es el último reducto de la tortuga terrestre más grande de Norteamérica, la Gopherus flavomarginatus por su nombre científico, mejor conocida como tortuga llanera. Es única en el mundo y la más grande de las cuatro especies terrestres del desierto mexicano. La cacería y destrucción de su nicho la llevaron al punto de la extinción.

De acuerdo a Naturalista, página especializada en el registro de flora y fauna del país, “durante la época del Pleistoceno esta tortuga tenía aparentemente un rango de distribución desde Oklahoma hasta el sur de Nuevo México y Arizona en Estados Unidos, y hasta el Eje Volcánico Transversal en Aguascalientes”; actualmente solamente habita pequeñas porciones del desierto. “(…) su decline se aceleró al comenzar el siglo XX, coincidiendo con la mecanización de la agricultura, la extensión de las líneas ferroviarias y la intensificación de la cría de ganado en las áridas praderas del Desierto Chihuahuense”, reseñó la doctora en biología Ana Bertha Gatica Colima de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

La desaparición de la tortuga (que llega a pesar seis kilos) parecía inminente, hasta que la misma mano que abatió sus poblaciones comenzó a revertir el desastre. Con el establecimiento de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) se planteó la estrategia de involucrar a los campesinos para la recuperación de los ambientes naturales.

Tortuga llanera. Foto: turtleconservancy.tumblr

Antes de la aparición de la oficina federal, los habitantes de la zona vivían exclusivamente de sus reses que pastaban por el desierto; como estrategia engañosa incrementaban sus cabezas de ganado creyendo que eso les traería mayores ingresos, lo que no ocurría porque ante más vacas, se aceleraba la deforestación de los pastizales y como consecuencia había menos comida. Las reses no alcanzaban un peso adecuado para aumentar su valor en el mercado; los vaqueros de la reserva identificada popularmente como la Zona del Silencio, solo criaban vacas flacas.

La carencia de materia vegetal lastimó más a las poblaciones de quelonios. A través de la Conanp se implementaron programas de empleo temporal que consistieron en la recuperación de los pastizales, así como en el monitoreo y vigilancia de las poblaciones de tortuga y sus madrigueras.

Cristino Villarreal Wislar, actual director de la Reserva de la Biosfera de Mapimí, confirmó que es a través de la colaboración de los campesinos y del cumplimiento de los programas, que se está revirtiendo paulatinamente la desaparición de la tortuga. Los vaqueros sembraron pastos mediante una sencilla técnica, levantando pequeños bordos en semicírculo para retener el suelo y el agua de lluvia. A su vez, la semilla de los pastos nativos germina y crece ofreciendo alimento a las especies nativas y al ganado vacuno; también se redujeron sus hatos ganaderos y están participando en la vigilancia del territorio para evitar el saqueo de especies de flora y fauna.

Con la colaboración de 150 campesinos de la zona se ha restaurado un 25 por ciento la cobertura vegetal, informó Villarreal Wislar, “y aumentó la diversidad de plantas, se descubrieron seis especies que antes no se tenían registradas”; asimismo las poblaciones de la tortuga se están recuperando y, para efectos pragmáticos, los ganaderos del lugar están obteniendo beneficios económicos al cumplir con los lineamientos de la Ley de Productos Orgánicos. En septiembre de 2018 consiguieron la certificación como productores de carne orgánica. Con estas acciones, afirma Villarreal, “la ganadería no es una amenaza en los predios certificados”.

El ejemplo anterior revela la relación que hay entre una tortuga silvestre y la cadena de producción que posibilita la sobrevivencia de una comunidad (humana y animal) y satisface el apetito de los consumidores que buscan comida libre de pesticidas y medicamentos.

Creo que debemos enfocar nuestra educación hacia la importancia de la naturaleza para el bienestar de la sociedad, para que, con base en conocimiento, valoración y cambio de actitud, propongamos un cambio de uso, consumo y producción de nuestro entorno natural”, reflexionó Cristino Villarreal para este reportaje.

LOBOS Y BISONTES EN EL HORIZONTE

Las otras historias de sobrevivencia tienen que ver con el lobo gris mexicano, el bisonte americano y el oso negro.

Lobo gris mexicano. Foto: cronicadexalapa.com

El lobo gris mexicano o Canis lupus baileyi, es especial “porque es un sobreviviente que proviene de la línea Canis priscolatrans, considerado por los especialistas como el primer animal similar al lobo que apareció en la Tierra hace 1.8 millones de años”, escribieron para la revista Nomádica los expertos Lucina Hernández y John W. Laundré, investigadores del Instituto de Ecología.

Este animal se declaró extinto de la vida silvestre después de que durante décadas, desde el año 1920, fuera envenenado y cazado por los ganaderos quienes lo señalaban como el responsable de la depredación de los rebaños de ovejas y vacas. Por fortuna ocurrió algo similar con la tortuga llanera: igualmente en la década del setenta se decretó como área natural protegida a La Michilía, una región boscosa en la sierra de Durango donde se crió en cautiverio al lobo gris; aquí se reprodujeron algunos ejemplares que fueron trasladados a diversos centros de crianza y cuidado hasta posibilitar su reintroducción a la vida silvestre.

Los lobos mexicanos “son indicadores de calidad de hábitat, ya que su presencia fomenta el mantenimiento de la biodiversidad y de las relaciones que existen en el ecosistema”, escribió Lucina Hernández.

El otro ejemplo similar es el del bisonte americano, al que se le cazó hasta llevarlo al exterminio de la vida silvestre. El bisonte proveía de alimento, piel para elaborar ropa y calzado y huesos para fabricar herramientas a los nativos americanos y a los migrantes europeos al final del siglo XIX y comienzo del XX. Sólo unas cuantas manadas sobrevivieron en Estados Unidos y México, a pesar de que “poblaba las planicies de toda Norteamérica desde el norte de México, interior de Estados Unidos, hasta Canadá; abarcaba desde el Gran Lago del Esclavo hasta Durango y Nuevo León en México y desde el este de Oregón hasta los Montes Apalaches” (Naturalista). Por su estatus de posible extinción se le cuida; en Janos, Chihuahua, sobreviven manadas en estado silvestre. En Cuencamé, Durango, también existen algunos ejemplares en cautiverio.

En la sierra Maderas del Carmen, en la frontera de Coahuila con Texas, se ilustra el ejemplo de coordinación entre el gobierno y la empresa privada. Maderas del Carmen es un Área Natural Protegida en posesión de la firma Cementos Mexicanos; la supervisión es a cuenta de los guardaparques de la Conanp. La sierra es un imponente macizo poblado por coníferas que se ha recuperado debido al cierre de los aserraderos que aprovechaban la madera. En la actualidad la única actividad que se tiene es la conservación, esto permitió la recuperación del oso negro americano, especie que se hallaba al borde de la desaparición en México. La cacería, la tala de árboles, el paso con vehículos todo terreno, la agricultura, ganadería y construcción de cualquier tipo, están prohibidas. Son pocos los humanos que ponen pie en estas alturas serranas y por ello son más osos los que deambulan por el territorio que les perteneció desde hace decenas de miles de años.

La prohibición de la cacería ha logrado niveles de confianza en los animales hacia las personas, de tal forma que los venados silvestres se acercan con curiosidad a los visitantes y permanecen a pocos metros sin temor a ser abatidos ya sea por necesidad, por deporte o necedad.

Bisonte americano. Foto: github.com

A VECES NO ES TAN FÁCIL

Cuatro Ciénegas, en la región central de Coahuila, es un referente mundial sobre la fragilidad del ecosistema bajo la presión de las actividades humanas. El valle que fue declarado nacionalmente Área de Protección de Flora y Fauna e internacionalmente como Humedal de Importancia Mundial, muestra las dos caras del uso insostenible de los recursos naturales y de la aplicación de estrategias para la recuperación ambiental.

Desde la década de 1980, la agricultura intensiva ha estado secando el humedal; al norte en el valle de Calaveras, la extracción de agua acabó con el abastecimiento para la ciudad; y al oeste, en el valle del Hundido, los pozos agrícolas están secando las singulares lagunas que salpican la geografía desértica.

Juan Carlos Ibarra Flores, director de la reserva, mostró hace una década el primero de los impactos al oeste del valle. La poza de San Marcos, en los límites de los valles del Hundido y Cuatro Ciénegas, estaba (y sigue estando) seca. Quien escribe tuvo la posibilidad de conocerla con agua, peces, tortugas, lampazos y nenúfares; también de verla estéril al poco tiempo. Lo mismo ocurrió con las lagunas Los Güeros y Churince hace tres años; su abatimiento coincide con el momento en que comenzaron con la extracción del agua en el valle del Hundido a través de 30 pozos profundos hace dos décadas. A esta explotación se le suma el drenado al que por años se ha sometido el humedal llamado el Garabatal, para el riego de forrajes fuera del valle.

El de Cuatro Ciénegas “es un humedal de los más importantes a nivel mundial, provee servicios ambientales y algunos de ellos son hábitat de fauna local y migratoria, son reguladores del clima y mitigan el cambio climático”, informó Ibarra Flores.

De acuerdo a las estimaciones de la oficina del Área Natural Protegida, el uso extensivo del agua, así como el sobrepastoreo y la deforestación, ocasionaron la pérdida del 90 por ciento de la superficie de los humedales locales en un periodo de cien años. “Estamos perdiendo la superficie y los servicios ambientales que se están generando. Un ecosistema deteriorado abre la puerta a especies invasoras. Genera otro ecosistema al que no se están habituado las especies nativas”.

Su oficina nada a contracorriente para intentar frenar el abatimiento acelerado de las simbólicas pozas de Cuatro Ciénegas, en las que aún se preservan los estromatolitos, organismos generadores de la atmósfera que permitieron la vida en el planeta.

Uno de los logros es la recuperación de diez hectáreas de humedal en el sistema Garabatal. La persuasión hacia los agricultores del sector social sobre la protección del ecosistema, y la introducción de tubería de conducción del agua que aumenta la eficiencia en el riego, permitieron destinar un volumen de agua a los pantanos que tenían décadas secos. “Regresaron especies de aves locales y migratorias, y ya detectamos la presencia de la tortuga bisagra que se trasladó de humedales vecinos para repoblar esta zona”, confirmó Ibarra Flores.

Poco queda de los humedales que antes había en Cuatro Ciénegas. Foto: Flickr / Rafael Saldaña

El funcionario reconoce que el trabajo es arduo, especialmente porque se trata del manejo del agua, un recurso natural que acarrea consigo diversos intereses de grupos políticos, económicos y sociales. “Y la conservación es muy cara”, comentó.

En el contexto de la cuarentena reflexiona: “Estamos siendo insensibles a los cambios del ambiente, nos preocupa la economía, es el peso mayor en la balanza, y el tema ambiental no ha sido sopesado de manera correcta. El aspecto ambiental es el único que te garantizará que la economía continúe a través del tiempo”.

En Cuatro Ciénegas, como en la Reserva de la Biosfera de Mapimí, una tortuga ejemplifica la relación entre naturaleza, economía y sociedad. Sin la tortuga los vaqueros de la Zona del Silencio no aumentarían sus ingresos y calidad de vida; sin la tortuga los agricultores de Cuatro Ciénegas no tendrían agua para el riego de sus cultivos. Sin la tortuga no habría alimento en las mesas de los habitantes de las ciudades.

MÁS DÍAS DE CONFINAMIENTO, PIDE LA NATURALEZA

La cadena informativa estatal de Londres, la BBC, realizó en abril de este año un análisis del cambio que observó el mundo con la cuarentena. A finales de marzo más de cien países en Europa y Asia determinaron el cierre de actividades total o parcialmente. En América países como Argentina y Perú decretaron el confinamiento nacional de forma directa, sin mediar las etapas de recomendación localizada o nacional, a diferencia de Estados Unidos, donde se presentó antes que en las demás naciones americanas el primer caso de COVID-19 al comienzo de febrero y que fue hasta el 15 de marzo cuando emitió una recomendación localizada, no así el confinamiento.

El 11 de marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró al COVID-19 como una pandemia, se tomaron medidas más severas entre algunas naciones, como la orden del presidente Donald Trump de frenar los arribos de vuelos procedentes de Europa, lo mismo hizo la Unión Europea poco después.

En el análisis la BBC comparó el número de vuelos del 27 de marzo de 2019, cuando se registraron mil 615, contra el tráfico del 25 de marzo de este año, cuando se redujeron a 525 vuelos. Además el número de viajes comerciales en marzo disminuyó en más de una cuarta parte en el mundo; en este apartado complementó: “El 25 de marzo, Heathrow, en Londres, uno de los aeropuertos más activos del mundo y que atiende a unos 80 millones de pasajeros por año, registró más de mil vuelos diarios menos en comparación con la fecha equivalente de 2019”.

En cuanto a la circulación dentro de las ciudades afirmó que para el 31 de marzo los habitantes de Madrid, París, Londres y Nueva York realizaron “menos de la décima parte de los recorridos a los que estaban acostumbrados diariamente”; para obtener este dato la BBC se basó en la aplicación de viajes Citymapper.

Incluso en las urbes más pobladas, como Ciudad de México, disminuyó el tráfico notablemente. Foto: El Universal

El flujo de tráfico en Bruselas se cayó a partir de la segunda quincena de marzo casi a nivel cero, lo mismo en Buenos Aires que por momentos se recuperaba pero volvía a inhibir el tráfico al final de mes. En Yakarta, Londres, Los Ángeles, Madrid y París la gente evitó salir a la calle, no así en Tokio que mantuvo un tráfico similar del uno al 31 de marzo de 2020 en comparación con el mismo periodo del año pasado.

El monitoreo incluye traslados caminando o en camiones colectivos: “En Estocolmo, Suecia, donde el gobierno ha evitado las medidas más drásticas, los datos de Citymapper sugieren que los viajes planificados, que pueden incluir caminatas y uso del transporte público, disminuyeron un 70 por ciento”.

Trasladarse de un lugar a otro caminando disminuyó paulatinamente en Estocolmo, Sídney y Ciudad de México a partir de la segunda quincena de marzo de acuerdo al registro de los especialistas en tecnología de localización Tom Tom.

En Tokio todavía no se había declarado un cierre oficial, pero las escuelas ya estaban cerradas desde principios de marzo”, continúa la BBC.

Respecto a los tiempos de traslado dentro de las ciudades también se cuenta con un registro. En Milán por ejemplo, durante el periodo de confinamiento, el tiempo para llegar de un punto a otro se redujo en un cincuenta por ciento a causa del descongestionamiento vehicular, lo mismo ocurrió en Madrid y París. En Ciudad de México sí hubo una reducción en los tiempos de traslado, pero fue menor que en los países citados. “En Wuham, donde se originó el brote del virus, los niveles de tráfico hasta finales de marzo fueron bajos en comparación con el año pasado”.

CONTAMINACIÓN AMBIENTAL

Apoyándose en los datos del satélite Sentinel-5P, la BBC reveló la densidad de dióxido de nitrógeno en la atmósfera al norte de Italia como un indicador de contaminación. Las imágenes satelitales muestran en enero de 2019 una amplia nube roja que cubrió la totalidad de la región referida, en marzo del mismo año la reducción fue notable. En enero de este año nuevamente la densidad de dióxido de nitrógeno es evidente cubriendo una amplia superficie, y en marzo pasado la presencia del contaminante es prácticamente nula.

En Wuhan, China, la disminución de la contaminación es aún más sorprendente: en enero de 2019, el nivel de contaminación por dióxido de nitrógeno fue alto en una zona de 68 kilómetros cuadrados; para marzo de 2020, en el mismo lugar, la presencia del gas fue prácticamente nula.

El estudio referido se puede consultar en www.bbc.com/mundo/noticias-52194942.

Imágenes satelitales muestran la contaminación en Wuhan, China (punto de origen de la pandemia), en enero y marzo de este año. La disminución es notable tras la cuarentena. Foto: bbc.com

MOMENTO PARA LA REFLEXIÓN

Todo lo que nos está ocurriendo se deriva del cambio climático, del que han venido advirtiendo los investigadores desde hace tiempo”, declaró el sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin (Denver, 1945), quien cuestiona el modelo económico basado en el petróleo.

La actividad humana ha generado estas pandemias porque hemos alterado el ciclo del agua y el ecosistema que mantiene el equilibrio en el planeta”, respondió en la entrevista publicada a finales de abril por la BBC Mundo.

Los desastres naturales (pandemias, incendios, huracanes, inundaciones), van a continuar porque la temperatura de la Tierra sigue subiendo y porque hemos arruinado el suelo”, continua.

Su lectura de los fenómenos actuales coincide con el argumento de ambientalistas de otras partes del mundo. Las actividades humanas están acelerando el cambio climático, aumentando la temperatura; estos cambios, sumada la desigualdad económica y social, están orillando a la gente a dejar el campo y migrar a las ciudades. La movilidad no es exclusiva de las personas, también los animales están migrando, dejando sus lugares originales en busca de sitios adecuados para vivir. Con ellos también viajan los virus.

La experta en mamíferos Celia López González, investigadora del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional del Instituto Politécnico Nacional de la Unidad Durango, reflexiona sobre la migración. “El problema de los contactos no deseados con la fauna y la posible propagación de enfermedades infecciosas es mundial; se pronostica que conforme las poblaciones humanas y las de sus animales domésticos crezcan más, será más probable que nos contagiemos de agentes potencialmente patógenos que antes estaban totalmente fuera de nuestro alcance. La solución no es eliminar la fauna silvestre, sino regular el crecimiento poblacional humano y educar a las personas para evitar el contacto directo con las especies nativas”, escribió para la revista Nomádica.

¿Es posible un cambio sensible en la sociedad cuando termine el periodo de cuarentena? ¿En realidad el aislamiento podría modificar el comportamiento humano y social? Michel Houellebecq, “el más influyente de los narradores franceses de la actualidad”, como lo califica Alejo Schapire de Radio Francia Internacional, vaticina que el mundo “será el mismo, solo que un poco peor”.

Cuando termine la cuarentena los obreros regresarán a las fábricas armadoras de automóviles, las mujeres a las maquilas textiles y de autopartes; se reactivarán los vuelos por el mundo y la fauna se replegará a lugares donde no haya presencia humana. Las grandes potencias industriales harán lo propio para colocar sus excedentes petroleros fomentando el uso de automóviles o acaso provocado guerras, y las emisiones de metano, de bióxido de carbono y de nitrógeno flotarán de nuevo sobre los modernos ciudadanos que recordarán (como una anécdota) el día en que unos pavos caminaron despreocupados por las calles de Madrid.

Comentarios