Alejandro Cantú, una cinematografía de contrastes
Entrevista

Alejandro Cantú, una cinematografía de contrastes

Se dice que el cine podría existir sin música, ni diálogos e incluso sin actores, pero definitivamente no podría existir sin la imagen en movimiento. De ahí que, desde su nacimiento, el corazón del séptimo arte sea la cámara, esa máquina generadora de sueños.

El impacto de la cinematografía en el público es tan grande, que varias investigaciones apuntan a que varias generaciones soñaban en blanco y negro, precisamente por las imágenes que veían en las pantallas de cine y de televisión.

Esas mismas imágenes, aunque parezcan anticuadas, siguen atrayendo miradas. Una de ellas es la de Alejandro Cantú, quien desde su infancia encontró en las películas de Charles Chaplin un atractivo visual que ha guardado en su memoria por años y gracias al cual, posiblemente, inició su larga carrera como cinefotógrafo, cuyos primeros pasos fueron como estudiante en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC). En 28 años son más de 30 largometrajes en los que registra su trabajo.

Cantú ha trabajado con reconocidos directores como Arturo Ripstein, Julián Hernández, Rigoberto Pérezcano, Sebastián del Amo y Roberto Fiesco. Además ha sido acreedor de múltiples premios y nominaciones como director de fotografía. Entre los últimos que recibió se encuentra el premio a Mejor Cinematografía por parte del Festival de Cine Independiente de Nueva York, por la película Nadie sabrá nunca. Su última nominación en los Premios Ariel fue en 2015, por Carmín Tropical.

El cineasta accedió a una entrevista telefónica con Siglo Nuevo para hablar sobre sus inspiraciones, su experiencia en producciones cinematográficas y sobre el incierto futuro que le depara al cine mexicano, en lo que resta del año, debido a la crisis por la pandemia de coronavirus. Alejandro Cantú espera ansioso el final de la cuarentena para ver nuevamente a través del ojo que inmortaliza el trabajo de directores, guionistas, actores y muchos artistas más. Ese ojo que puede encuadrar un sinfín de historias.

¿Cuál fue tu primera experiencia significativa en el cine?

Mi primera experiencia en una filmación fue en una película del CUEC. Mi hermana tenía un novio que era estudiante de ahí y como sabían que yo quería estudiar cine, me invitaron a la filmación. Esa fue la primera vez. Sale mi hombro porque me usaron para hacer un over the shoulder (toma sobre el hombro).

¿Cual fue la primera película cuya fotografía te impactó?

Las de Charles Chaplin en blanco y negro.

Alejandro Cantú. Foto: Cortesía de Alejandro Cantú

¿Qué despertaban en ti?

Las vi de chiquito y me gustaron mucho porque me daban risa. Pero me llamaba mucho la atención que fueran en blanco y negro porque yo empecé a ver el cine y la tele a colores.

Tú tienes varias películas en blanco y negro, para ti ¿qué posibilidades ofrece que no haya color?

Sí tengo muchas en blanco y negro, creo que como pocos fotógrafos. En un aspecto la imagen tiene mayor expresividad por sí misma. Pero también tiene complicaciones: puedes armar un escenario combinando azul celeste con verde y puede verse muy bonito a colores, pero en blanco y negro se ve muy monótono. Entonces hay que trabajar cosas más contrastadas, es un problema de arte y también de iluminación.

Cuando se filmaba en 35 milímetros, la película en blanco y negro tenía muy poca sensibilidad a la luz y por eso se iluminaba con muchas luces muy fuertes. El blanco y negro de Charles Chaplin siempre se veía un poco falso porque había que iluminar en todos lados para que se viera; donde no metías luz se veía completamente negro. Actualmente es muchísimo más fácil porque todo es digital, pero aun así hay que buscar contrastes.

Las últimas dos películas que hice son en blanco y negro: Rencor tatuado (de Julián Hernández) y El diablo entre las piernas (Arturo Ripstein). Las dos fueron interrumpidas por el coronavirus. El día que se estrenaba El diablo entre las piernas cerraron todos los cines. No sé qué va a pasar, fue una mala casualidad. Hicimos el estreno en Cineteca, pero no se pudo estrenar comercialmente. Con Ripstein llevo tres películas y todas han sido en blanco y negro. La verdad a mí me encanta y a Ripstein más porque él aprendió a ver cine así. Él dice que el color disminuye y que las obras más importantes de Picasso son en blanco y negro. Quizá yo no estoy tan de acuerdo con eso, pero sí, la obra gráfica de Picasso en blanco y negro es increíble.

¿Qué cinefotógrafos son tus mayores referentes?

Soy muy fan de Emmanuel Lubezki como todo el mundo, todos lo amamos. Desde antes de que ganara tanto Oscar era un grande para nosotros en el CUEC. Cuando éramos estudiantes él había salido hace poco y ya estaba haciendo películas en Estados Unidos y para nosotros era “¡wow!”. Hizo Sleepy hollow con Tim Burton, que es increíble la fotografía, y más adelante ganó tres Oscar seguidos. Creo que eso jamás va a volver a suceder en el mundo.

Roger Deakins es otro que increíblemente fue nominado como 13 veces al Oscar y no ganaba, pero ya lleva dos, uno por Blade Runner y acaba de volver a ganar otro por 1917. Es otro de los que me gustan mucho. Soy muy admirador de la fotografía de las películas, pero no soy tan seguidor de fotógrafos, de ver una película porque la fotografió alguien en específico.

Fotograma de Carmín Tropical (2014). Foto: vlaff.org

¿Crees que el papel de la fotografía ha quedado relegado en las producciones comerciales actualmente?

No, la fotografía siempre tiene una importancia primordial aunque sea en películas comerciales. El papel de un fotógrafo es parecido al de un actor, tienes que acoplarte a la historia y desempeñarte dependiendo de ella. Si la historia es muy simple, los actores no trabajan a fondo porque su personaje no lo requiere. Igual sucede con la fotografía; a veces no es tan importante la expresión fotográfica sino que es un asunto de captar lo que sucede en la historia, que se vea. Tampoco es que sea fácil, pero no es una cuestión tan profundamente artística.

¿Qué tan distinto te es trabajar con un director en una película comercial en comparación con un director que hace cine de autor?

Con los directores no importa tanto si la película es comercial o no, sino el tipo de director. Hay unos que son más de guion o de actores, entonces cuando uno trabaja con un director que no sabe muy bien lo que es la cámara, uno se encarga de hacer todos los movimientos, los emplazamientos y las tomas. Hay otros directores, que normalmente son los que hacen películas más artísticas, que ya tienen muy claro todo. En ese caso yo nada más coopero y me enfoco más en la iluminación, voy haciendo los ambientes, puesto que ellos saben perfectamente qué hay que hacer con la cámara.

¿Cómo logras equilibrar tu libertad creativa con la visión del director?

Bueno, en realidad el trabajo de ver dónde va la cámara y cómo van a ser las tomas es del director. Uno también influye y se pone de acuerdo con él para hacer esas cosas, pero para el director es muy importante cómo es el movimiento de cámara y los encuadres, ese es su trabajo. El trabajo del fotógrafo es apoyar en esos aspectos, pero es más hacer el ambiente y la iluminación. Cuando el director no tiene muy claro esto, terminas dirigiendo la cámara tú y ellos se enfocan más en lo que saben, como dirigir actores.

¿A ti que proyectos te interesa más fotografiar?

Yo la verdad he sido muy afortunado. A mí lo que más me gusta es trabajar con directores que saben lo que quieren y lo que hacen. Al ser mi papá pintor, crecí en un ambiente artístico y a mi me gustó el cine precisamente por ser una expresión de arte. Entonces definitivamente, aunque las películas no las vea nadie o las vea un grupo muy reducido de personas, a mí lo que me gusta es hacer cine de arte.

Lo que pasa es que me dedico a hacer cine, casi no hago comerciales, y a veces tengo que hacer películas comerciales para seguir subsistiendo. Hay personas que pueden escoger qué películas hacer porque todo el resto del tiempo están haciendo comerciales y ganan la vida de eso; pero yo no, yo gano la vida de hacer cine. En muchas ocasiones me caen películas comerciales y las agarro para trabajar, pero definitivamente lo que prefiero son las artísticas, por mucho.

Fotografma de Rabioso sol, rabioso cielo (2009). Foto: Alamy

¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado en tu carrera?

Todas las películas son un reto, hasta las más sencillas. Pero las más complicadas creo que serían las de Julián Hernández y las de Ripstein. Las de Julián son muy difíciles porque son planos secuencia larguísimos y además se hacen con lentes telefoto, entonces se agrega la dificultad del foco (mantener la imagen bien enfocada). En el caso de Ripstein lo difícil es poner las luces porque, al ser con lentes angulares, se ve todo.

La película más complicada que hicimos fue Rabioso sol, rabioso cielo. Con lo digital todo es mucho más fácil, pero esa la hicimos en 35 milímetros y hay partes a color y partes en blanco y negro. Nos metimos a grutas donde hacíamos 40 minutos para bajar. Tuvimos que bajar todo el equipo: un dolly gigante, rieles, muchísima iluminación… y los planos secuencia eran dificilísimos. Luego subimos a montañas con todo ese equipo y también filmamos en el metro. Esa fue de las más difíciles en cuestión técnica y fue físicamente extenuante. A Julián le gusta que las cosas sean difíciles.

El diablo entre las piernas está en pausa por el momento, pero ¿qué podría esperar el público cuando finalmente se lance a las salas de cine?

Es una película increíble. Arturo Ripstein cada vez que hace algo es una obra de arte, y al mismo tiempo es una expresión de Paz Alicia Garciadiego que es la guionista. También es una expresión de Silvia Pasquel, que es una estupenda actriz. En general la hemos visto haciendo telenovelas pero en esta película vemos sus verdaderos dotes artísticos y hace una cosa impresionantemente bonita de actuación. También Alejandro Suárez lo hace magnífico, pero el protagonista en realidad es ella. Yo también hice mi expresión artística, el director de arte hizo lo suyo y todas las personas que estuvimos ahí.

¿Hubo algo que distinguiera esta película de otros proyectos que has compartido con Ripstein?

Sobre todo hemos ido agarrando una confianza padrísima porque le gusta trabajar conmigo y a mí me encanta trabajar con él, me siento muy afortunado. En este caso fue súper agradable la producción, estamos contentísimos y cada vez hemos ido mejorando de equipo: la primera la hicimos con una cámara muy chiquita, la segunda con una cámara un poco más grande y esta la hicimos ya con una Alexa con lentes anamórficos. El encuadre es muy alargado y quedó muy bonita.

Fotograma de El diablo entre las piernas (2019). Foto: Mubi

Cuéntame cómo se las han arreglado los trabajadores de la industria cinematográfica en México para sobrellevar esta cuarentena.

Estamos parados. Parece ser que la Comisión de Filmaciones está cerrada porque está prohibido filmar, entonces la series de televisión también ya pararon. Todos estamos a la espera de regresar a rodar. Yo tenía una película que se iba a filmar en verano en Argentina, ya era seguro, pero me dijeron que busque en otro lado porque esa se pasa para el año que entra. Hasta que se levante la cuarentena a ver qué hacemos. Estamos igual o peor que otros trabajadores; algunos siguen recibiendo un sueldo, pero nosotros no. Si no trabajamos, no ganamos.

¿Cómo crees que cambie la industria del cine después de esta crisis por la pandemia?

Espero que regrese a la normalidad. Si dicen “ya nunca más se van a poder juntar” se destruye el arte del cine, porque para hacer cine se juntan montones de gente. Pero yo espero que cuando acabe la pandemia, ojalá sea pronto, podamos volver a hacer rodajes, filmar juntos diez semanas.

¿Qué tanto crees que las plataformas de streaming han abierto o cerrado puertas al cine mexicano?

Creo que están perfectas, se pueden ver películas mexicanas ahí. Incluso como las de Julián, que de repente duran tres horas, se pueden distribuir en esas plataformas. Rabioso sol, rabioso cielo duraba tres horas y media. Los cines no la podían distribuir porque decían que su límite era de dos horas, así que se tuvo que hacer una versión más corta. Pero en el streaming no importa, tu película puede durar cuatro horas porque la gente la puede ver en pedazos. Antes era importante que fueran de máximo dos horas y media para que se pudieran comercializar. Ahora puedes hacer una que dure cinco horas y estrenarla en Netflix. Que a la gente no le guste ya es otra cosa, pero de que puedes hacerlo se puede. En ese aspecto se abre una posibilidad.

Películas importantísimas como Roma se estrenaron directamente en Netflix y ganó muchos premios, es muy impresionante lo que logró Cuarón.

¿Que otros tipos de evolución has notado en el cine mexicano en los últimos años?

Lo que está muy bien es que a la gente ya le gusta el cine mexicano. Han encontrado que hay un cine mexicano comercial y que lo ven. Antes todo mundo decía “no, mexicana no” y ahora sí hay un público bastante amplio que busca películas mexicanas y que incluso las prefiere ante algunas otras. Hay películas nacionales que se han hecho millonarias y eso antes no existía. Que las películas mexicanas comerciales ganen ya es un avance muy grande de cuando yo empecé a hacer cine.

Para terminar, ¿con qué director te gustaría trabajar en un futuro?

Pues así en fantasía a mí me gustaría trabajar con David Lynch, aunque ya no filme películas.

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