Mortimer, el color del desastre
Arte

Mortimer, el color del desastre

Un artista y su mundo en destrucción

Los paisajes que Justin Mortimer presenta son desolados, oscuros y nos brindan apenas algunas señales de lo que ha ocurrido junto a aquellas escenas que plantea. En sus pinturas, convergen cuerpos desnudos de personas que parecen arrastrarse u ocultarse, inertes; restos de lo que parecen construcciones abandonadas o equipo médico desgastado, pero también explosiones de color y luz que brindan una sensación extraña y reconocible a sus entornos.

Frente a las pinturas de Mortimer no tenemos respuestas, sino preguntas. Pero sus escenas nos hacen suponer, inevitablemente, lo peor: el desastre resultante de una guerra o de un accidente nuclear o ecológico, entre muchos más escenarios. Lo que no podemos eludir es que nos remite de manera grave y casi denotativa a nuestro mundo.

Justin Mortimer estudió en la Escuela de Arte Slade, graduándose a principios de los años noventa. Su estatus como figura reconocida en el mundo del arte surge a partir de que gana el premio British Petroleum Portrait Award de la National Gallery en Londres un año antes de su graduación, y al que le seguirán premios como el Natwest Art Prize (1996) y el Hunting Art Prize (1997).

La obra ganadora de aquel premio fue Tres figuras sentadas (1991). En ella aparece el estilo que Mortimer mantendría en aquellos años y por el cual realizaría encargos para figuras reconocidas de la cultura popular, como David Bowie. Se caracterizaría por utilizar grises, que servirían de base para colores más intensos y aplicados para dar una sensación vaporosa.

Otros recursos empleados por el autor, son el borrón o difuminado violento que en décadas anteriores utilizó Francis Bacon, aunque con marcadas diferencias. Con ello Mortimer logra texturas que enriquecen sus superficies y generan la sensación de movimiento en sus figuras, pero no de manera que describan tal cual un giro o desplazamiento, sino que las caras y otros elementos están desencajados, como si no pertenecieran o se separan del mismo cuadro. Un ejemplo de esto es Shopping (1994).

Shopping (1994). Foto: mutualart.com

RELIEVE PICTÓRICO

Algo que caracteriza al pintor desde sus inicios, es el interés por la fotografía, puesto que los encuadres en los que aparecen sus personajes son propios de esta disciplina, además de que en una etapa de su carrera utilizó fotografías recortadas para realizar sus composiciones.

Retratos como Steve Redgrave (1992) o el de la Reina Isabel (La Reina, 1997), muestran su interés colorista en ese momento, en que el barrido y el uso de puntos que recuerdan a los granos de una impresión, se muestran como elementos cercanos al pop.

Sin embargo, en Caminante de la colina (2002), pintura que ganó el Premio Internacional EAST (2004) de la Norwich Gallery, se nota un cambio importante. La piel del personaje es blanca y el paisaje que mira de frente en una posición confusa, contiene tonos apagados cercanos al gris y al negro. Se puede ver que su interés colorista toma un rumbo opuesto, y que a pesar de que persiste un color verde (característico en sus siguientes obras), este es tan oscuro que se acerca al negro.

La tonalidad que utiliza es fría y el ambiente es desolado. Se apoya en empastados; es decir, acumulación de material y figuras humanas en posturas difíciles dentro de ambientes solitarios y lóbregos. Todo esto con borrones o barridos que se suman a la sensación de confusión o aturdimiento que transmiten. Así, el entorno que bien podría ser natural o artificial es difícil de comprender.

COLORES EN SU PALETA

Según el crítico de arte Christopher Knight, la paleta de Mortimer está basada en el barroco español, si bien existen formas en que la adapta para generar su característico estilo. Hoy, sus colores neones resaltan la cualidad artificial de elementos como restos plásticos esparcidos.

Pintores (2014). Foto: wsimag.com

El color barrido o machacado contra el lienzo, según Knight, acentúa un carácter emotivo que Mortimer quiere presentarnos para hablar del aislamiento, la descomposición y, en palabras del crítico, el colapso. Los tonos verdosos suman a la sensación de que algo no está bien, nos recuerdan a lo descompuesto y a la enfermedad.

Las figuras humanas, así como sus posturas y actitudes, nos remiten a una sensación de vulnerabilidad y entrega entera a un medio adverso. Resulta como tema la fragilidad humana, pero también guarda relación con una especie de señalamiento acerca del mundo en el que estamos viviendo. Al ser el ambiente que rodea a las figuras, un factor que se yergue como un peligro desconocido, esta suposición cobra relevancia.

El pintor inglés hace eco de su vida personal, presentando en sus imágenes llenas de incertidumbre y caos, lo que para él fueron episodios complicados. En su infancia, desarrolló una malformación ósea en una pierna, lo que lo mantuvo en hospitales gran parte de su vida.

Al desarrollar cierta aversión a los nosocomios, Mortimer elige los elementos propios de estos lugares para crear sus mundos oscuros y tensos. La idea de un caos sucedido en sus pinturas, se extiende desde el uso de elementos médicos como gasas, guantes o trajes de aislamiento, hacia restos o materiales tóxicos, así como ambientes derruidos. Así evoca un mundo asolado por la enfermedad.

Según el crítico de arte Paul Black, Mortimer toma un enfoque en lo que parece una víctima, aunque no se establece lo que la dejó en ese estado. Las escenas se centran en figuras en postura tensa como elemento narrativo, lo cual se puede ver en artistas anteriores como Francisco de Goya. Sin embargo, en el pintor español los motivos son señalamientos morales de las costumbres y actitudes reprobables de las personas de su época, mientras que en Mortimer las figuras humanas no parecen merecer esta tensión, ni hay un motivo para su estado u otro factor al que culpar, si no es al medio corrupto, desgastado por la misma especie humana.

Caminante de la colina (2002), pintura ganadora del Premio internacional EAST (2004) de la Norwich Gallery. Foto: justinmortimer.co.uk

Los collages que el pintor inglés realiza para estas composiciones, están inspirados en eventos globales que ve a través de imágenes de Internet. La posición en que está el espectador, como simple observador del suceso desastroso, se puede relacionar con nuestra posición como testigos de las mismas problemáticas mundiales.

Las composiciones que resultan son superposiciones de diferentes eventos, como la crisis causada por el virus del ébola en África Occidental. Sus escenas son narraciones alternativas a estos hechos, con las que busca que el espectador se relacione de manera emotiva.

Así, hace que estas imágenes contengan un estatismo inquietante, donde lo que ocurre no se nota agresivo, aunque su trazo sí contiene fuerza y violencia que da una sensación de movimiento rico en textura.

Lo que encontramos es una sensación de peligro inminente, un estado de calma insegura donde está por ocurrir o ha ocurrido algo que ha destrozado el paisaje. Sus personajes se encuentran vulnerables, reducidos a conciencias que aceptan su destino, de cara al suelo sucio.

Por medio de un raspado de la pintura, Mortimer crea efectos que brindan intensidad a sus obras, así como una textura áspera que logra lastimando sus superficies. A partir del 2011, los colores en la obra de Mortimer cobran mayor importancia, ya que se integran a la oscuridad para tomar cierto protagonismo. Los objetos que resalta suelen ser guantes azules, globos verdes o mangas amarillas. Así como luces atronadormente blancas que explotan dividiendo el lienzo.

La experiencia que podemos tener ante el trabajo de Mortimer no es de indolencia, sino que el autor se interesa por crear todos los efectos que señalamos para vincularnos. La experiencia es atractiva e incluso se podría decir que guarda belleza detrás de lo terrible, pero nos recuerda, sobre todo, que lo que vemos se relaciona con el mundo en el que estamos, y que no podríamos estar ante estas imágenes con la acostumbrada apatía.

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