La Tóxcatl y la “noche triste”
Nuestro mundo

La Tóxcatl y la “noche triste”

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Este año se cumplen 500 de la “noche triste” y su preludio, la fiesta mexica de Tóxcatl. Quizá todavía en la escuela primaria se mencione la “noche triste”, escena de la huida de los conquistadores de México (españoles y aliados indígenas) cuando perdieron la gran Tenochtitlan en 1520.

La fiesta de Tóxcatl y la llamada noche triste son acontecimientos totalmente ligados. De la segunda (que se desprende de la primera) es probable que se tengan nociones aun sin haber pasado por la primaria; la otra era un acto ritual en honor de Huitzilopochtli. La Tóxcatl de mayo de 1520, asociada a la noche triste, tal vez haya sido la última.

La secuencia consecutiva de los dos hechos se debe a la traición que el conquistador Pedro de Alvarado preparó contra los conquistados y que se resuelve en una gran matanza de indígenas durante la fiesta de Tóxcatl que se celebraba en la plaza mayor de Tenochtitlan. La masacre produjo la airada respuesta mexica que expulsó a Hernán Cortés con sus huestes.

La fecha de la fiesta, siguiendo a Fray Bernardino de Sahagún, es imprecisa; dice que “era como pascua y caía cerca de la Pascua de Resurrección, pocos días después”. Era un rito cíclico, de acuerdo con el calendario azteca. Puede pensarse que la fiesta de Tóxcatl, dedicada a Huitzilopochtli, al que Sor Juana, en su alegoría de la conquista que es la loa del auto sacramental El divino Narciso, llama Gran Dios de las Semillas, pretendería ser propiciatoria para el ciclo de vida que comenzaba en los campos.

En la escenificación concebida por Sor Juana los músicos indígenas cantan: “Y pues la abundancia / de nuestras provincias / se le debe al que es / quien las fertiliza / ofreced devotos / pues le son debidas / de los nuevos frutos / todas las primicias”.

Para la fiesta de Tóxcatl los indígenas modelaban una gran estatua de Huitzilopochtli. Hernán Cortés escribe en Cartas de relación: “Los bultos y cuerpos de los ídolos en quienes estas gentes creen, son de muy mayores estaturas que el cuerpo de un gran hombre. Son hechos de masa de todas las semillas y legumbres que ellos comen, molidas y mezcladas unas con otras y amásanlas con sangre de corazones de cuerpos humanos […]”

Sor Juana, al principio de la mencionada loa, llena el escenario con una alegoría de la Tóxcatl: “Sale el Occidente, indio galán, con corona, y la América a su lado, de india bizarra; con mantas y cupiles, al modo que se canta el Tocotin. Siéntanse en dos sillas; y por una parte y otra bailan indios e indias, con plumas y sonajas en las manos, como se hace de ordinario esta danza; y mientras bailan, canta la música.” Y los músicos entonan: “Dad de vuestras venas / la sangre más fina / para que mezclada / a su culto sirva / y en pompa festiva / celebrad al gran / Dios de las Semillas.”

En la realidad, quienes danzaban eran desde jóvenes guerreros sin mayor experiencia en combate, hasta grandes capitanes. En mayo de 1520 con ellos comenzó la masacre. Los conquistadores “cercan a los que bailan, se lanzan al lugar de los atabales; dieron un tajo al que estaba tañendo; le cortaron ambos brazos. Luego lo decapitaron; lejos fue a caer su cabeza cercenada”. Se lee en el libro Visión de los vencidos, según interpretación de los códices indígenas.

Los mexicas que no estaban dentro del recinto sagrado reaccionan con fiereza. El paso de los días no detiene la guerra. Los conquistados sitian a los conquistadores. Una medianoche, los cercados huyen por la calzada de Tacuba. Cortés relata: “porque de todos los de mi compañía fui requerido muchas veces que me saliese, y porque todos o los más estaban heridos y tan mal que no podían pelear, acordé de lo hacer aquella noche”. Era el 30 de junio de 1520. En la escuela primaria nos enseñaban el hecho como la “noche triste”.

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