Un método peligroso
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Un método peligroso

Psicoanálisis y controversia

El director David Cronenberg es una mente que no se impone límites en los temas que aborda en sus filmes y el tratamiento que les da. En su filmografía se puede encontrar una adaptación libre del texto de William Burroughs, El almuerzo desnudo, el cual fue un producto apenas coherente de los efectos de la heroína. Películas como Crash (1996) y Videodrome (1983), cuentan historias donde convergen comportamientos parafílicos, gore y una fusión del humano con la máquina.

Aunque Cronenberg ya ha centrado sus tramas en mundos realistas, como en Mapas a las estrellas (2014), Un método peligroso (2011) es un drama histórico que podría parecer una anomalía dentro de sus producciones. Sin embargo, es una posible indagación en los temas que le interesan al autor, pues el psicoanálisis, sobre todo en sus postulados sobre la pulsión de muerte y de vida, indaga en los impulsos sexuales y agresivos que tanto atraen a Cronenberg.

Se trata de un drama histórico centrado, en parte, en los postulados del psicoanálisis, pero que otorga mayor importancia a la personalidad, aciertos y errores de los mismos teóricos en su vida profesional y personal. Muestra una especie de contraste que nos hace dudar de su compromiso con el desarrollo de la psicología y, por lo tanto, de las conductas aceptadas en ellos.

Podría decirse que los estudiosos de la psique y de la base más profunda del comportamiento, deberían tener vidas impolutas, pues es en esos ámbitos donde se centra el mayor aprendizaje de estas personas. La película pone en cuestión lo que parece ser un reproche de nosotros, quienes cometemos errores que en ocasiones son señalados por la psicología y los profesionales que la ejercen. Ante esa situación incómoda, esperamos que ellos sean ejemplares.

LA TRAMA

Lo que tiene en común esta película con las primeras producciones de Cronenberg, es que habla, finalmente, de la pulsión y lo humano como conflicto. Su trama se basa en la historia real de Sigmund Freud (Viggo Mortensen) y Carl Gustav Jung (Michael Fassbender). Dando mayor peso al último, se enfoca al tratamiento que le da a la paciente y futura doctora Sabina Spielrein (Keira Knightley), diagnosticada con histeria.

Sabina Spielrein (Keira Knightley) fue paciente, colega y amante de Carl Jung (Michael Fassbender). Foto: earnestandshallow.com

La experimentación para llegar a su cura resultará en dilemas éticos que soportan la trama, tales como una relación extramarital e incluso una expresión de la sexualidad que aún hoy es controversial: el sadomasoquismo. Esta conducta sexual es producto de la infancia de Spielrein aquejada por maltrato físico paterno, y sin embargo es adoptada y perpetuada por Jung en una práctica consentida por ambos. Es esperado que una figura importante de la psicología no se vea involucrada en estos comportamientos, y en parte es lo que la producción de Cronenberg pone en tela de juicio.

Otro tema es la inversión de lealtades que realiza en el espectador. Normalmente esperamos ver que Freud es quien aleja a los demás teóricos de su círculo debido a su pensamiento rígido, pero en este caso se rompe esta expectativa. El neurólogo austriaco no se salva de ser criticado fuertemente en cuanto a sus suspicacias raciales, por ejemplo, pero en esta película podemos dudar más de las capacidades y ética de Jung. El guion, a pesar de lo anterior, podría apelar más a nuestros prejuicios, resultado de relacionar su vida personal con su práctica profesional.

Los conflictos comienzan cuando aparece la figura un tanto irreal de Otto Gross (Vincent Cassel), un psicoanalista que termina siendo encerrado en un hospital mental y que abraza un tipo de vida amoral en la que se niega a reprimir sus pulsiones. Esto lo lleva a apoyar el suicidio de uno de sus pacientes y a escapar del hospital una vez que intentan tratarlo.

Su papel es el de una especie de voz interior seductora a la que Jung termina haciendo caso, desencadenando su relación extramarital.

MÁS ALLÁ

La historia no sólo tiende su hilo sobre esta relación secreta, sino que a lo largo del filme se desatan más conflictos. Pronto las dudas de Jung propician un rompimiento y algunos encuentros fortuitos entre él y Sabina, mismos que ponen en juego su relación con Freud. Después de ello, las diferencias con este último se hacen visibles en aspectos que nada tienen que ver con lo moral, sino con una mera visión científica que los separa.

Otto Gross (Vincent Cassel) es un psicoanalista que termina siendo encerrado en un hospital mental. Foto: moviegod.de

Por su parte, Freud también ancla sus conflictos en la indagación psicológica, puesto que exponerse a ser analizado supone un riesgo para su autoridad como profesional del estudio de la mente. Un simple análisis de un sueño suyo, lo podría aterrizar en algo indefendible: su calidad de ser humano, con las mismas pulsiones y deseos inconscientes. La lucha de los personajes por ser intachables, es lo que los deja vulnerables.

TELA DE JUICIO

La psicología se ha visto envuelta en discusiones en torno a la confiabilidad de algunos de sus estudios, de sus métodos, y su actual mezcla con la autoayuda y las prácticas pseudocientíficas. El psicoanálisis, que incluso en sus principios se basa en la física para buscarse un lugar respetado en la comunidad científica, se encuentra en constante centro de crítica, aunque ha sido reinventado con bastante éxito por figuras como Jacques Lacan.

Una parte de la crítica al psicoanálisis gira en torno a la figura de su creador, Sigmund Freud, quien luchó por la credibilidad de sus hallazgos científicos incluso ocultando información y haciendo difícil falsear sus conjeturas.

El principio de falseabilidad, es decir, la posibilidad de cuestionar los postulados, según Karl Popper, es lo que caracteriza a una ciencia. Este autor indicaba que por medio de la elaboración de hipótesis basadas en el psicoanálisis se podían explicar los síntomas de pacientes mentales, pero no se podía experimentar para comprobar estas conclusiones. Por lo tanto, definió como pseudociencia al psicoanálisis. Otros autores reconocidos como Noam Chomsky o el psicólogo Hans Eysenck, hicieron críticas parecidas.

Sigmund Freud interpretado por Viggo Mortensen y Carl Gustav Jung por Michael Fassbender. Foto: imdb.com

Jeffrey Masson en El asalto a la verdad (1984), investigó por medio de correspondencia de Freud la manera en que, en algunas ocasiones, los casos que trataba eran falseados para que estuvieran acordes a sus hipótesis. La memoria, estancia en la que se apoya el psicoanálisis, ha sido demostrada como maleable, por lo que por medio de este tipo de investigaciones se ha encontrado que hay recuerdos impostados. Al momento de someterse a terapia psicoanalítica, los pacientes terminan creyendo reales maltratos físicos o psicológicos que, aparentemente, dan origen a la enfermedad psicológica.

A pesar de todo esto, algunos postulados como la existencia de la instancia psíquica del inconsciente siguen vigentes, y los aportes innovadores de Freud se convirtieron en parte del imaginario colectivo, mismo que inspiró creaciones artísticas bastante atrevidas.

UNA INTERPRETACIÓN

Un método peligroso podría ser producto de una desconfianza y crítica a esta disciplina, aunque su visión intenta ser objetiva. La lectura que más se puede reconocer en ella, es aquella que se centra en la dificultad del ser humano al buscar una introspección profunda. En esta misión estamos casi atados al error, por el simple hecho de que cuestionarse a uno mismo es una tarea compleja.

Muchas veces no podemos evitar convertimos en seres egoístas que olvidan lo que causarán en otros. Cronenberg pone en tela de juicio la dificultad del psicoanalista para ahondar en esta búsqueda. Siendo un ser tan imperfecto y corruptible como toda persona, su deber moral se tambalea constantemente, y parecen tener más dificultades conforme más profundo tratan de cavar en la mente humana.

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