Pandemia económica
Opinión

Pandemia económica

Jaque Mate

Al final la depresión económica será peor que la pandemia. La enfermedad se manifiesta con máxima gravedad en sólo un porcentaje pequeño de la población, pero la crisis económica afectará a casi todos durante años. El desplome productivo llegó a México antes que el COVID y sus consecuencias se contarán entre las más negativas del planeta.

El mundo entero sufrirá una gran caída económica en este 2020. El Fondo Monetario Internacional pronosticó el 14 de abril que la economía global tendría un desplome de 3 por ciento en el año, frente a la expansión que originalmente previó de 3.3 por ciento. El cambio es dramático. No hemos visto una modificación de perspectiva así desde 1929, cuando la bonanza económica de los años veinte abrió las puertas a la Gran Depresión de los treinta.

Pero incluso la contracción de tres por ciento parece optimista. “Sabemos que la crisis no se va a desaparecer pronto (dijo Gita Gopinath, economista en jefe del FMI, en una teleconferencia el 7 de mayo). Las cosas pueden empeorar. La crisis de salud no ha sido resuelta todavía”. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, añadió: “Los datos económicos que están llegando de muchos países son peores que nuestras evaluaciones ya pesimistas para 2020… Sin soluciones médicas inmediatas, pueden materializarse, desafortunadamente, escenarios más adversos para algunas economías. La incertidumbre del comportamiento del virus está nublando el horizonte para las proyecciones”.

La crisis económica será peor en México. La primera razón es que el deterioro había empezado antes de la pandemia. La economía nacional entró en recesión en 2019, cuando registró tres trimestres consecutivos de contracción. En el primer trimestre de 2020, antes de que la pandemia médica hiciera sentir toda su furia sobre nuestro país, la economía nacional cayó 1.6 por ciento, cifra que, si se anualiza, como se hace con los datos trimestrales en Estados Unidos, implicaría una contracción de 6.6 por ciento.

Como si esto no fuera suficiente, el gobierno mexicano parece estar haciendo todo lo posible por frenar la inversión privada. En 2018 canceló el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, una apuesta de 13 mil millones de dólares en buena medida realizada por empresarios privados que tuvieron que ser indemnizados por el gobierno. En 2020 puso fin a otra inversión enorme, la de una nueva planta de cerveza en Mexicali, Baja California, en la que la empresa Constellation Brands ya había invertido 1,400 millones de dólares.

En febrero de este 2020 la inversión fija bruta que registra el INEGI tuvo una brutal caída de 10.2 por ciento frente al mismo mes del año anterior. En mayo el gobierno anunció un decreto para cancelar la conexión a la red eléctrica de nuevas plantas solares y eólicas, lo que significa que los empresarios que invirtieron en ellas perderán todo su dinero.

El gobierno mexicano anunció que no ofrecerá programas de apoyo a las empresas por la crisis económica, como los demás países del mundo. Uno puede estar de acuerdo ideológicamente, pero la decisión significa que decenas o cientos de miles de empresas quebrarán y se perderán millones de empleos. Quizá por eso el presidente López Obrador ha dicho que esta crisis le vendrá como “anillo al dedo”. Las únicas inversiones que están prosperando son las que él mismo ha proyectado, como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas.

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