Upstream color
Cine

Upstream color

Huida y reconstrucción

Un método químico hecho a partir de gusanos precede a los movimientos coordinados de algunos personajes incidentales. De aquellas criaturas se extrae una especie de pigmento azul bastante atractivo al ojo. Lo que tenemos ante nosotros es una historia que se revela casi sin diálogos y de manera un tanto críptica.

Upstream color es una película poco convencional en varios sentidos, donde las imágenes fotografiadas de manera impecable, cargan casi siempre con el peso de la narrativa. En ella no encontraremos respuestas directas, sino símbolos y representaciones, todos ellos evocadores y enigmáticos, cuando no nos asaltan con sucesos intensos y brutales.

La película data del 2013 y es protagonizada por Amy Seimetz, Andrew Sensenig, Thiago Martins y por el mismo director Shane Carruth, quien es también matemático e ingeniero de software de simuladores de vuelo. Carruth encarna a uno de los personajes en los que más descansa la trama, además de encargarse de la realización de la fotografía y la música, que es cautivante y minimalista. El resultado es un lenguaje que parece casi único para una obra que busca separarse del resto de la filmografía del cineasta.

El filme se engloba en el género de ciencia ficción; aunque los elementos que utiliza, como la producción de fármacos y la influencia psicológica sobre los personajes, van más allá de una explicación centrada en lo científico o lo racional, para pasar a un terreno más poético y a una temática que descansa en lo filosófico.

LA TRAMA

En gran medida, su historia gira en torno a sucesos que son más una metáfora de algo tan grande como la estructura moral y el comportamiento humano. La manera tan singular de referirse a este tipo de temas la acerca más al cine experimental.

La historia comienza con un preciado gusano, la forma en que lo recolectan y mantienen en cautiverio, pero también la producción de una sustancia que se obtiene de él. El viaje continúa mostrando el efecto de esa esencia, se trata de una especie de droga que brinda capacidades mentales a quienes la usan.

La planta de la que se alimentan los gusanos. Foto: sitgesfilmfestival.com

No se trata de algo que salte a la vista de forma estruendosa, sino que adquiere un tono un tanto poético. La nueva capacidad mental se presenta como una coordinación perfecta entre los movimientos de quienes ingieren la droga, una conexión parecida a una telequinesis mediante la cual realizan juegos, luego rituales.

A estos personajes no los veremos en otro momento de la película, pero su papel es mostrarnos la naturaleza de esta influencia farmacológica que se establece a lo largo de la historia. El hecho de que sean niños no es una casualidad, pues son quienes están más susceptibles a un aprendizaje por medio de la imitación. Para ellos todo parece natural, mientras que para el espectador todo es atrayente y bello en este punto de la narración.

Desde el cartel de promoción para Upstream color vemos a una pareja unida en un abrazo dentro de una bañera vacía, en un espacio y una posición que nos remite a la tranquilidad del seno materno. Las imágenes que se nos muestran en el trailer son bellas y con bastante luz; parecen buscar que sintamos atracción por ellas. El nombre nos hace pensar en un color que es llevado por la corriente de un río. La sustancia de color azul desencadenará los eventos que siguen en esta historia.

EL GIRO

Sus imágenes sobreexpuestas, es decir, con exceso de luz, nos hacen tener la sensación de que estamos en un ensueño. Pero Upstream color espera sorprendernos de manera más violenta; su entramado revelará la naturaleza misteriosa, e incluso horrorosa, de los alcances de la droga.

Como en toda sociedad, los hallazgos, en este caso la sustancia, pueden tener fines diferentes dependiendo de las manos en que se encuentran. El personaje que realiza el proceso para obtener el líquido azul, se nos muestra como un ser con intenciones bastante oscuras, aunque su motivación no se nos revela.

Es aquí donde aparece Kris, encarnada por Amy Seimetz, una mujer con una vida normal y aparentemente sin problemas, que se ve truncada por su secuestro precedido por un acoso sigiloso del químico.

Kris (Amy Seimetz). Foto: timeout.com

Lo que parece una acción propia de un psicópata, es un procedimiento que se repite con otras personas. Kris es encerrada en una casa, utilizando la droga para su secuestro y para mantenerla en un estado mental susceptible. Los juegos mentales que en inicio parecían inocentes, ahora son mucho más perversos y violentos.

Se le dan tareas monótonas a realizar, actividades que no tienen un objetivo más que ser repetitivas. Le brindan información nueva que memorizará, y se mantendrá alejada de todo recuerdo de su vida pasada. Quién es Kris y qué es lo que la definía, qué objetivos tenía y qué es lo que la motivaba, todo ello queda en blanco.

La parte más brutal de su secuestro está por comenzar. Kris es sometida a un procedimiento quirúrgico en el que se le inserta uno de los gusanos por debajo de la piel; al mismo tiempo, se le realiza este proceso a un cerdo que, de ahora en adelante, estará vinculado a ella.

Después de la liberación de Kris, la naturaleza de este vínculo se nos presenta como una especie de inconsciente compartido entre la mujer y el animal; sienten lo mismo dependiendo de las situaciones en las que están, ella en la ciudad y el puerco en un establo.

Lo siguiente es que Kris se da cuenta de que los fondos de su cuenta bancaria han sido robados, obligándola a iniciar de nuevo, plantearse nuevos objetivos y, en general, rehacer su vida. El químic perpretó el delito cuando mantenía el control mental de la secuestrada.

Así es como aparece Jeff (Carruth), de quien se intuye ha pasado por lo mismo que Kris. Los recuerdos de la vida pasada de ambos son dudosos, e incluso llegan a confundirse. Todo lo que están viviendo parece ser producto de recuerdos implantados.

Lo anterior nos hace pensar que, como Kris, él tiene un cerdo que le corresponde. Pero, ¿cuál podrá ser el papel de estos seres? Con lo poco que nos muestra la película, podemos entender que son una versión simplificada de los protagonistas, animales que han sido llevados a un corral para ser criados.

La fotografía de la película de la sensación de ensueño. Foto: Amazon

El dueño es quien decide qué ocurre con ellos, qué clase de vida tendrán. Los protagonistas se verán ligados a lo que sienten los animales, pero sin saber realmente qué es lo que les genera conflictos, qué es lo que hace que tengan determinado carácter o modo de actuar.

Esta desconexión supone una falta por la cual los protagonistas se desconocen a sí mismos, lo que hará que mantengan una relación con altibajos. Jeff se encuentra siempre insistente, buscando recibir respuestas de Kris. Enojado y volátil, no sabe que el cerdo vinculado a él está siendo maltratado.

LA DUDA PARA GENENERAR UN CAMBIO

El libro al que se hace referencia en esta obra es La desobediencia Civil (1849) del filósofo Henry David Thoreau, donde habla de la necesidad de una desobediencia que él mismo puso en práctica. Negándose a pagar impuestos y viviendo en los bosques, se separó del orden social en sus búsquedas políticas e ideológicas, que inspiraron a figuras como Martin Luther King o Mahatma Gandhi.

Lo que ocurre con los protagonistas es algo parecido. Las constantes preguntas los llevarán a buscar el hilo que los mueve. Descubrirán en este camino al dueño del corral, un hombre que recolecta sonidos de la naturaleza para hacer creaciones sonoras, cono lo que da sentido al mundo que le rodea.

Él hace posible el proceso mediante el cual se producen los gusanos y la droga, el ciclo entero en el que están los personajes. Se trata, pues, de generar las preguntas necesarias y mirar hacia dentro de sí mismos, un proceso de deconstrucción que los hará llegar al núcleo del orden social que se les plantea sin saberlo, e incluso a matar al orden mismo. Puede sonar idealista, pero habla de nuestra forma de ver el mundo hoy en día.

Upstream color presenta una visión actualizada de la manera en que se duda de lo establecido y se busca el cambio. Nos encuentra cara a cara con una experiencia impresionante e intrincada, que revela la forma en que, como sociedad, estamos cambiando.

Comentarios