MAPs, la nueva cara del abuso infantil
Reportaje

MAPs, la nueva cara del abuso infantil

2020 sin duda es un año que nos ha golpeado con cambios, pero sobre todo recordándonos que hay temas que hemos dejado pendientes como sociedad. La fantasmal aparición de las siglas MAP (Minor attracted person o, en español, personas que sienten atracción por menores) en medios noticiosos y publicaciones alarmantes en redes sociales, hizo que retornara una vieja preocupación: el abuso sexual de menores.

Este nuevo fenómeno es un aparente aprovechamiento de la inclusión que caracteriza a nuestros días. La controversia inició con el intento de los MAPs de adjuntar la atracción por los menores de edad al espectro de la diversidad sexual. La inminente respuesta negativa de la sociedad es sólo una de las reacciones de la problemática real que, lejos de ser evadida, debe seguir siendo objeto de debate y análisis.

El revuelo surgió a partir de la aparición de páginas de Facebook en las que grupos de pedófilos utilizan una bandera que emula a las de la comunidad LGBT+. Como en muchos otros fenómenos de Internet, no existe una explicación satisfactoria de la creación de estas páginas, aunque los comentarios y respuestas al respecto, así como la opinión de algunos medios, no se hicieron esperar.

Algunos usuarios reportaron y compartieron fotos de estas páginas, invitando a otros a hacer lo mismo para lograr que Facebook las borrara. En sus argumentos estaba el rechazo a una normalización del abuso de menores. Otros cibernautas comentaron que era posible que se tratara de una broma de mal gusto, pero al mismo tiempo compartieron la opinión de que debían ser reportadas. Usuarios de Twitter advirtieron sobre la aparición de la bandera y alertaron de su significado para instar a las personas a que tuvieran cuidado con los individuos que la publicaban.

Algunos medios dieron a conocer notas en las que se definía la aparición de estas páginas de Facebook como un intento de cambiar el punto de vista de la sociedad con respecto a la pedofilia y ganar un lugar de comprensión de la misma como una tendencia sexual, aunque con información que no podemos comprobar.

VERLO COMO ORIENTACIÓN SEXUAL

En mayo de 2018, una conferencia TEDx tuvo una respuesta parecida. La investigadora alemana Mirjam Heine habló de algunos intentos de inclusión en Alemania para aquellas personas que revelan su atracción por menores y que, sin embargo, repudian el abuso infantil y por consiguiente no lo cometen. A esto agregó que la pedofilia se trata de una orientación sexual.

Si bien los esfuerzos de investigaciones en torno a la pedofilia son rigurosos en aquel país, la conferencista expuso el tema a la población de una manera poco efectiva, al no enfocarse en las acciones que estos investigadores han realizado para prevenir el abuso.

Bandera diseñada por los MAPs. Foto: Archivo Siglo Nuevo

La plática se notaba un poco difícil de seguir; Mirjam Heine parecía nerviosa. Sus palabras giraban más en torno a apelar a la empatía del público y su información era escueta. Todo parecía indicar que, sin duda, se trataba de un tema difícil.

Las quejas que derivaron de esta conferencia, hicieron que el video fuera borrado. Las respuestas que aparecieron en YouTube y en otros medios hicieron notar el rechazo a TEDx y trataban la conferencia como un descuido en los filtros de la plataforma digital. Pero también hacían referencia a la diversidad como trampa.

En general se habla de este fenómeno como uno de los posibles pasos peligrosos que estamos dando como sociedad; es decir, que al buscar la inclusión, una senda por la que ha avanzado la comunidad LGBT+ en materia de derechos, podríamos aceptar lo inaceptable.

Lo anterior por supuesto es cuestionable. El debate alberga bastantes cuestiones y es más profundo que una teoría de conspiración en la que la inclusión destruirá al mundo.

EL TERRENO DE LA PSIQUIATRÍA

En razón de la gravedad del abuso que se relaciona con ella, la pedofilia (atracción sexual hacia niños prepúberes) es una de las parafilias más conocidas. Sobresale en la imaginación colectiva no por la naturaleza extraña con que se dota a otras parafilias como el sadomasoquismo, lleno de prácticas y objetos que nos parecen extravagantes. El caso de la pedofilia es diferente porque se relaciona precisamente con el peligro del abuso, apareciendo como un tema escabroso y oscuro.

La parafilia, según la RAE (Real Academia Española), es un desvío de índole sexual donde el placer se obtiene mediante una actividad diferente a la copulación. Otra definición ambigua la relaciona con un concepto que se empleaba anteriormente, y que ahora es considerado despectivo: perversión.

El término es asociado al trastorno mental y en torno a él gira una visión negativa de la sociedad. Esto ha desembocado en hechos que hoy consideraríamos reprobables, como la penalización de la homosexualidad en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XX, y la todavía empleada pena de muerte como respuesta a esta orientación sexual en países como Irán o Nigeria.

Jóvenes iraníes manifestándose en contra de la ejecución de homosexuales, aún presente en su país. Foto: jpost.com

La normalidad se establece como medio para eficientar los procesos de la sociedad, por lo que, para regular la familia y los recursos humanos con los que contaba ésta, había que controlar la sexualidad y encauzarla hacia la reproducción. La psiquiatría no solamente recluía a quienes, por causa de un trastorno mental, suponían un peligro para los demás o para sí mismos, sino que catalogaba como enfermedad todo lo que transgredía aquello considerado normal, lo aceptado.

En la actualidad, el límite de lo que se considera parafílico todavía es discutido y carece de un consenso. Lo anómalo del comportamiento parafílico es cuestionado por los Archivos de comportamiento sexual (2014), entre otras publicaciones. Lo que se define como “desviación” o perversión, es producto de lo que una sociedad y una época específicos ven aceptable.

Algunas expresiones del comportamiento sexual llamadas fetiches, se consideran no problemáticos e inofensivos, pues no sustituyen al acto sexual mismo. Objetos como disfraces, zapatos o prácticas como el rollplay (actuación de roles), aumentan la excitación que se da durante el acto sexual.

El término, que se adjuntó al idioma inglés en 1913, es acreditado al sexólogo Friedrich Salomon Krauss. El Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), hace una definición más esclarecedora al mencionarlo como la experiencia de excitación sexual intensa originada por objetos, situaciones, fantasías, comportamientos o individuos atípicos. Es decir, que la excitación se obtiene por medio de esto y no del acto sexual mismo.

Perversión es un término psiquiátrico que, a finales de la década de los 80, fue eliminado del manual de psicopatología mencionado, sustituyéndolo por el de parafilia. Lo más cercano a un consenso que se tiene actualmente, es considerar parafilias a las orientaciones que pueden dañar a la persona misma o a otros, tales como la pedofilia, la zoofilia, el exhibicionismo y el voyeurismo, entre otras, dejando fuera de esta catalogación a la homosexualidad y bisexualidad, entre otras orientaciones sexuales.

En el caso de la pedofilia, se tiene evidencia neurológica de que hay diferentes factores que la originan. El doctor en psicología por la Universidad de Jaén y maestro en neuropsicología clínica, Juan Antonio Becerra, afirma que esta parafilia se puede deber a alteraciones cerebrales durante el neurodesarrollo, provocando diferencias fisiológicas, como la activación predominantemente subcortical (debajo de la corteza cerebral), ante estímulos sexuales. Se trata entonces de la interacción de diferentes factores que llevan a la atracción hacia menores, pero, ¿es entonces un paso inevitable el abuso de los niños?

Actualmente se clasifica como parafilia toda aquella preferencia sexual que daña al que la practica y/o a un tercero, tal es el caso de la pedofilia o la zoofilia. Foto: Archivo Siglo Nuevo.

Es aquí cuando se trastocan los límites. Lo que se acepta como expresión válida de la sexualidad ya no tiene que ver con un hecho meramente práctico y económico. Ahora la postura humanista y de inclusión actual, que aboga por la aceptación de la sexualidad no normativa, debe definirse por lo ético alrededor del tema.

El límite, por supuesto, es el principio de daño. Aquellas orientaciones que son potencialmente dañinas, no se espera que formen parte de la diversidad sexual, ni cuenten con una identidad o bandera aceptada.

EL MÉXICO PEDERASTA

Nuestra sociedad entera permite el abuso en muchos sentidos. Si recapitulamos, el trastorno parafílico de la pedofilia se considera habiendo una diferencia de edades de cinco años entre una persona mayor de 16 años y alguien menor de edad. En México, las parejas de este tipo son comunes. Entonces la efebofilia (atracción por menores que han pasado la pubertad) y algunas conductas ligadas a esta, podrían ser una de las parafilias más presentes en nuestra sociedad.

El psicólogo y miembro de la Federación Española de Sociedades de Sexología, Antonio Bolinches, señala la posición social en que los hombres pueden ser vistos con normalidad teniendo una pareja 10 años menor que ellos, cosa que era aún más normal en décadas pasadas. De hecho, el rey del rock n’ roll Elvis Presley conoció a su esposa Priscilla Presley cuando ella tenía sólo 14 años de edad y él ya contaba con 26. Casos similares hay bastantes entre gente famosa, pero los detalles se ocultan por la sencilla razón de que hoy nos parecerían escandalosos.

En México, como en muchos otros países, se dan relaciones de este tipo. Entre 2016 y 2017, se denunciaron mil 827 casos de estupro en México, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, aunque de acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción Sobre Seguridad Pública (2015), el 91 por ciento de delitos sexuales no se denuncia.

Por estupro se define a una relación sexual con un menor que haya pasado por la edad de consentimiento (15 años según la Ley Federal de México), pero aún menor de edad (18 años en el caso de nuestro país). El acto sexual es consentido por ambas partes, pero por supuesto se considera un abuso de poder por parte del adulto.

La edad mínima de consentimiento sexual varía según las leyes de cada nación. En México, está estipulada a los 17 años en Sinaloa y Veracruz; a los 15 años en Coahuila, Hidalgo, Estado de México y Yucatán; a los 14 años en Baja California y Querétaro, y a los 12 años en los 24 estados restantes.

Priscila Presley, a sus 14 años de edad, junto con una fotografía de su futuro esposo, Elvis Presley, quien era 12 años mayor que ella. Foto: wegointer.com

Normalmente se considera al matrimonio una institución que salvaguarda los valores de nuestra sociedad. Si este es el caso, habría que poner atención en los valores que no se deben perpetuar. No fue sino hasta junio de 2019 que entró en vigor la prohibición del matrimonio infantil en 31 códigos civiles de las entidades federativas; la excepción es Baja California.

20 por ciento del turismo mundial se hace con fines sexuales; en este, el tres por ciento de los casos involucra niñas y niños, de acuerdo con la Conferencia Internacional de Turismo y Explotación Sexual Comercial Infantil. Acapulco, Guerrero, se ha descubierto como un paraíso para pederastas donde la impunidad sobre la prostitución y pornografía infantil permite el abuso, según testimonios recabados por el periodista Alejandro Almazán.

En 2014, la Ley General de Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes estableció los 18 años como edad mínima para contraer matrimonio en México. Sin embargo, en 2015 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registró mil 443 adolescentes de entre 12 y 17 años casados formalmente, y 300 mil viviendo en unión libre. El 77 por ciento de estos casos se trata de adolescentes de sexo femenino. Los menores de edad podían casarse con permiso de sus padres.

Las razones por las que ocurre esto, según la Universidad Intercontinental, convergen en la desigualdad y la falta de oportunidades. Las niñas suelen ser entregadas en matrimonio para aliviar dificultades económicas familiares, aunado al desconocimiento de los derechos de las niñas y niños, y en situación de falta de oportunidades y de educación básica.

Según la asociación Save the Children, la mayoría de las veces estos matrimonios son arreglados con hombres mayores. Entre la gran cantidad de riesgos que corren están el peligro de sufrir violaciones y otro tipo de abusos, de contraer enfermedades venéreas, ser presionadas para tener hijos a temprana edad y morir en labor de parto (riesgo que se corre en madres menores de 20 años de edad). Los estados en los que esto ocurre con más frecuencia son Oaxaca, Chiapas y Guerrero.

La asociación contra el matrimonio infantil Girls Not Brides, colocó a México en el octavo lugar mundial con más niños casados en 2018. En el mundo, cada año se registran 15 millones de matrimonios de este tipo, encabezando la listaIndia. Sin embargo, esto no es un problema que se escape al primer mundo: en Estados Unidos 248 mil matrimonios infantiles han sucedido entre el año 2000 y 2010 según la organización sin fines de lucro Unchained at Last.

Fue hasta 2019 cuando entró en vigor la prohibición del matrimonio infantil en todos los estados de México, excepto Baja California. Foto: Behance / Cabeza Patata Studio

2019 se reporta como el año con más ataques sexuales a menores hasta ahora. Tres mil 461 denuncias de violación y un aumento del 15 por ciento de casos conocidos respecto al año anterior en México, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Además, hay que reconocer que en México, como en otros países, la pederastia se puede encontrar organizada. La trata de personas muchas veces utiliza menores de edad que son vendidos a la prostitución. Según datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 82.9 por ciento de las víctimas de este delito son mujeres, un 13.7 por ciento son hombres y el alto porcentaje de 39.8 por ciento son menores de 18 años.

LA VERDADERA NORMALIZACIÓN

La pedofilia y, más aún, la pederastia, no son temáticas tan lejanas como creemos. De hecho, si bien lo mencionado hasta ahora nos habla de regulaciones laxas respecto al abuso de menores y su normalización, también existen ecos en otras prácticas más visibles. Los estándares de belleza, entre los cuales está la llamada infantilización de la mujer, responden a una búsqueda del dominio y una accesibilidad hacia el cuerpo femenino.

Joana Gallego, profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en género y comunicación, agrega un interesante punto de vista a la discusión. En La construcción del género a través de la publicidad (1990), afirma que la juventud es vista como potente fuente de la belleza. Esto tiene ecos meramente evolutivos, puesto que la búsqueda de ciertos rasgos, en este caso la juventud, hace más plausible una descendencia. Como seres humanos estamos habituados a buscar estos rasgos y considerarlos bellos, pero también es muy posible tender a exagerarlos.

En Comunicación y sociedad XXII (2008), la directora del departamento de comunicación de la Universidad Complutense de Madrid, María Dolores Cáceres Zapatero, junto con otras autoras, señala una tendencia general en que la publicidad tiende a representar a las mujeres en sus edades más tempranas, y refuerza este concepto con una carga de simbolismos, objetos, ropa, posturas, peinados, rasgos físicos o actitudes que acentúan su infantilización.

En Selección sexual, atracción física y neotenia facial (1995) de la revista Current Antropology de la Universidad de Chicago, se habla de la existencia de una atracción por las caras infantiles en mujeres, una preferencia por rostros con rasgos juveniles exagerados, tales como los ojos grandes, narices pequeñas y labios carnosos.

En los medios es común que los rasgos infantiles en las mujeres se presenten como algo deseable sexualmente. Foto: Shopify

NUEVAS FORMAS DE EVITAR EL ABUSO

La pederastia también aparece en círculos poderosos, como lo es el ya conocido caso de la Iglesia católica. En Inglaterra, en 2014, se generó una investigación sobre la implicación de 21 políticos, algunos entonces en activo, en casos de pederastia, además de la destrucción de 114 documentos que incriminaban a parlamentarios.

En Estados Unidos, recientemente cobró importancia la teoría conspiratoria llamada Pizzagate. Según información del New York Times y El País al respecto, Wikileaks reveló palabras que se usaban como clave para “pornografía infantil” en correos infiltrados de John Podesta, jefe de campaña de Hilary Clinton.

Este tipo de abusos en círculos protegidos de la sociedad son sumamente complejos, aunque los esfuerzos de asociaciones como AngelBleu contra la pederastia, o Thorn: defensores digitales de los niños, centrada en la trata infantil, tienen un papel importante en la visibilización del problema. Pero ¿qué ocurre con quienes no se ven orillados a la pederastia?

Pedófilo es el término con que se define comúnmente a los agresores que, por la fuerza o por mera manipulación, logran mantener contacto sexual con niños. Sin embargo, en el mundo académico la definición es un tanto diferente. Según el DSM-V, es definida como la atracción hacia un menor con una diferencia mínima de cinco años, pero esto no significa que necesariamente llegue al crimen. Es un trastorno mental de orden parafílico presentado en personas mayores de 16 años.

Es natural que el interés sexual hacia menores de edad se tome como un factor de riesgo para posibles abusos, pero hay más matices en este tema. Como cualquiera que atañe al comportamiento humano, es difícil de analizar con poca información.

El estudio ¿Es la preferencia sexual pedofìlica continua? de la revista científica Psychological Assessment (2013), parece arrojar luz sobre el tema. Se encontró que menos de la mitad de los abusadores infantiles en Alemania tienen una preferencia sexual pedofílica. El otro porcentaje lo forman individuos que abusan sin una atracción sexual, movidos por carencias de habilidades sociales y sexuales, como traumas y abusos de la niñez, así como una falta de autoestima grave, según Pedofilia: prevalencia, etiología y diagnóstico (2012) encabezado por el Dr. Andreas Mokros. A esto se añaden la falta de empatía y remordimiento que usual en cualquier abusador.

Asimismo, investigadores como Ian McPahil y James Cantor reportaron para la Current sexual health report (2016) que hay un número desconocido (principalmente por ser el tema un tabú) de personas que a pesar de sentir atracción por menores, nunca intentan saciar su impulso sexual.

La pedofilia no siempre llega al crimen, pero siempre existe un riesgo latente. Foto: Behance / Stijn Felix

Lo anterior podría ser más común de lo que pensamos. Una investigación encabezada por Beate Dombert para la Revista de investigación sexual (2016), arrojó que entre un uno y cinco por ciento de los participantes en en estudio mostraban fantasías sexuales con menores. Otra investigación encabezada por Christoph Joseph Ahlers para la misma revista científica, estima que el 10 por ciento de alemanes mantienen fantasías de esta índole.

Lo anterior coincide con lo que el discutido neurólogo Sigmund Freud advertía de la fantasía sexual: son “representaciones no destinadas a ejecutarse”. En ocasiones pueden experimentarse como algo inaceptable, displacentero y egodistónico (que no concuerda con lo que queremos para nosotros), según las aportaciones de Christine Little y Sandra Byers en Diferencias entre cogniciones sexuales positivas y negativas de la Revista canadiense de sexualidad humana (2000).

Las fantasías tienen una amplia variedad de formas. Pueden ser historias elaboradas o surgir espontáneamente como una mezcla de representaciones caóticas, de acuerdo a Secretos de la fantasía sexual de Glenn Wilson (1978). Si bien son imágenes que se pueden provocar y mantener, muchas de ellas, sobre todo las relacionadas con temas tabú, son propensas a generar sentimientos de culpa.

En 2012, se creó un grupo en Internet de llamados pedófilos virtuosos (Virped.org), lo que quiere decir que no abusan de niños. Reconocen su preferencia como algo que no eligen y que, de ser llevado a la realidad, generaría daño, por lo que prefieren vivir en el celibato. En su red comparten sus experiencias y se brindan apoyo entre ellos. Personas que han sido víctimas de abuso infantil en el pasado, apoyan esta organización.

El programa alemán que hoy intenta integrar a este tipo de pedófilos es llamado Proyecto de Prevención Dunkelfeld y tiene 11 centros diferentes en ese país. Realizan terapia de grupo y terapia cognitivo conductual que analiza el comportamiento sexual en el pasado y los sentimientos que surgen a partir de este. Así se elaboran estrategias para evitar el abuso sexual infantil y una constante externalización de esta problemática en quien la padece.

Por otra parte, sus tratamientos también abordan a pederastas, es decir, quienes han abusado de menores. Con ellos se ahonda, de manera más extensa y constante, en la naturaleza no consensuada del acto sexual con menores y se brindan consejos para evitar reincidir en la violación.

Foto: static.wixstatic.com

Debido a que existe la intención de tratar este tema, más personas se suman para evitar el abuso infantil. Desde 2005, más de cinco mil 350 personas han contactado a la red de asesoramiento y, en 2015, más de 430 hombres comenzaron su tratamiento, mientras que otros están en una larga lista de espera.

Las sociedades se comportan como una especie de familia con secretos, temas de los que no pueden hablar sin molestar y que, sin embargo, existen y desarrollan conflictos. La apertura es lo que ha significado una mayor comprensión y un tratamiento de los temas que atañen a la sociedad, con mayor razón aquellos mediante los que se pretende evitar el abuso y la violencia.

Podría parecer algo de poca importancia, pero la expresión y la apertura poseen un poder tan importante, que funciona en diferentes niveles de la sociedad. Genera relaciones en las que cada quién tiene un lugar designado. Alberto Minujin en La lógica de la exclusión (1998), señala que la inclusión tiene que ver con tener la posibilidad real de acceder a los derechos sociales. Es decir, formar parte de este mundo y tratar los problemas en vez de ignorarlos. El resentimiento que causa la exclusión, obstaculiza la empatía con el resto de la sociedad y, por lo tanto, abre una puerta al crimen.

Por escabroso que sea el tema, la simple represión de las personas no significa sino el aumento del problema en sí. Un tratamiento para quienes podrían ser propensos al abuso, es vital para conocer mejor la pedofilia y generar estrategias para evitar sus riesgos. Una sociedad más abierta en ese sentido, es una sociedad propositiva que, lejos de apartar la mirada de los problemas y simplemente castigar, busca la mejora y la salud de las personas que habitan en ella.

Comentarios