Atracción sexual e incompatibilidad genética
Sexualidad

Atracción sexual e incompatibilidad genética

La perpetuación de la especie

La genética de cada individuo define, en parte, quién le resulta atractivo sexualmente. Se trata de una adaptación evolutiva para asegurar la perpetuación de la especie porque, mientras haya mayor diversidad de genes en una pareja, sus hijos serán más saludables. Sin embargo, en ocasiones hay quienes son incompatibles genéticamente, cuya descendencia corre el riesgo de nacer con enfermedades o malformaciones.

Una investigación realizada por la Universidad Técnica de Dresde, en Alemania, reveló que la atracción sexual depende en gran medida de los genes distintivos en cada miembro de la pareja. El deseo que se produce en cada ser por alguien ajeno a sí mismo, se relaciona con el antígeno leucocitario humano (HLA, por sus siglas en inglés) presente en el sistema inmunológico, es decir, aquel que nos protege de enfermedades.

El HLA está conformado por moléculas ubicadas en la superficie de casi todas las células del cuerpo. Su función es identificar cualquier agente externo al organismo (bacterias, virus, etc.), para desencadenar una respuesta de defensa inmune.

El ser humano está atraído sexualmente por personas con un antígeno leucocitario contrario o muy distinto al propio, por lo que se puede decir que, en este caso, los polos opuestos se atraen. Esta preferencia ocurre porque, al combinar ambos sistemas inmunes, es posible que el hijo de la pareja nazca con mayor resistencia a un espectro más amplio de enfermedades.

Cabe mencionar que este fenómeno no se presenta únicamente en los seres humanos, pues igualmente funciona y desarrolla respuesta inmunitaria en los animales de cualquier clase, tanto mamíferos como ovíparos, quienes también se inclinan por reproducirse con especímenes con un HLA diferente al que ellos poseen.

Un factor que influye tanto en hombres como mujeres, así como en animales, es la atracción olfativa. Es decir, mediante el olfato se puede definir una atracción sexual inmediata al momento de elegir un compañero con poca semejanza del antígeno leucocitario.

En un estudio realizado a 254 personas heterosexuales de entre 18 y 50 años de edad, con el fin de analizar su conducta en el ámbito sexual, se solicitó a cada uno de los individuos responder una encuesta en la que se les pedía que hablaran sobre su satisfacción sexual y sentimental en una relación de pareja, así como de la atracción que sentían por sus compañeros y qué tan de acuerdo estaban en procrear con ellos.

A todos los participantes y sus parejas se les tomaron pruebas de ADN, concluyendo nuevamente que entre más grande sea la desigualdad de sus HLA, mayor será su deseo y satisfacción sexual. Además incrementa la posibilidad de que sus descendientes sean más resistentes a diversas enfermedades.

Con esto podemos concluir que el cuerpo sabe con anticipación quién es el compañero adecuado en el aspecto reproductivo y genético para mejorar la especie.

MALFORMACIONES GENÉTICAS

Pero esto no siempre sucede: en ocasiones resultan malformaciones congénitas en los descendientes de una pareja de individuos mayormente sanos.

Se sabe que existen más de 70 mil enfermedades genéticas que se deben a mutaciones recesivas en el ADN. Es decir, que sólo se presentan si las dos versiones de un gen, llamadas alelos (uno del padre y otro de la madre), están afectadas. Si sólo un alelo carga con la mutación, la enfermedad no se presentará.

Las mujeres y los hombres no tienen cromosomas iguales. Cada individuo posee, en cada una de sus células, 46 cromosomas divididos en pares. Por lo tanto, se forman 23 parejas y, de cada una de estas, uno de los cromosomas proviene del padre biológico y el otro de la madre biológica. Uno de esos 23 pares determina el sexo de la persona, mediante los cromosomas llamados X y Y. La combinación XX define a la mujer, y la XY al hombre.

En esos cromosomas, todos contamos con cientos de mutaciones recesivas que se van transmitiendo a través de varias generaciones en una familia, pero no se manifiestan hasta el momento de procrear. Cuando ambos padres sanos son portadores de una mutación recesiva en un solo alelo, y transmiten ambos genes afectados a su hijo (un alelo de cada padre), el bebé puede nacer con ciertas enfermedades. Entre ellas, se encuentran malformaciones en las extremidades, en la médula espinal, en el corazón y deficiencias metabólicas.

Sin embargo, existen otras anomalías como la acondroplasia, que es el tipo más común de enanismo, y el síndrome de Marfan, un trastorno que afecta al tejido cognitivo, que suceden incluso cuando sólo uno de los progenitores transmite el gen afectado.

INCOMPATIBILIDAD REPRODUCTIVA

Por otro lado, se habla de una incompatibilidad reproductiva cuando ambas partes de la pareja no pueden concebir a pesar de ser fértiles y contar con buena salud, mientras que por separado y con personas diferentes no tienen problemas para procrear.

Se cree que estas parejas son “incompatibles” para tener hijos, sin embargo esto no ha sido comprobado científicamente. Hasta la fecha, se sabe que sólo existe incompatibilidad reproductiva entre familiares de primer grado: es un hecho que los hijos producto del incesto adquieren mutaciones genéticas y anomalías fetales.

Según las estadísticas, entre el 15 y 20 por ciento de los matrimonios sufren problemas de fertilidad. Un tercio de las causas de la infertilidad se atribuye a factores femeninos, otro tercio a factores masculinos y el porcentaje restante es compartido por ambos cónyuges debido a la funcionalidad de sus gametos (células reproductoras femeninas o masculinas).

Cuando se dificulta la procreación, es importante acudir con un especialista en medicina reproductiva para realizar los estudios correspondientes de manera exhaustiva y obtener un diagnóstico preciso y real sobre las causas de infertilidad. También es fundamental realizar un test de compatibilidad genética con el objetivo de minimizar la posibilidad de transmitir cualquier tipo de enfermedad hereditaria.

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