Objetos imposibles
Arquitectura

Objetos imposibles

Diseño de la no existencia

Los objetos imposibles son imaginarios porque no pertenecen a esta realidad de tres dimensiones; sin embargo, podemos forzar la perspectiva para traerlos a la vida. No se trata de romper las leyes de la física, pero sí de jugar con los límites de la percepción visual.

Se trata de figuras bidimensionales que son interpretadas como un objeto tridimensional, pero sus formas generan una imposibilidad al momento de leer qué superficies de la misma se conectan con otras de sus partes.

Como ejemplo de esto se encuentra la figura conocida como tri-bar, dibujada por primera vez por el sueco Oscar Reutersvärd en 1934, y discutida por los matemáticos Roger y Lionel Penrose en 1958. La imagen es vista como la representación de un objeto tridimensional que consta de tres barras unidas en sus aristas, las cuales forman una especie de circuito en forma de triángulo. Lo excepcional aquí está en que nuestro propio cerebro puede darse cuenta de que está siendo engañado. Lo que vemos es imposible en tres dimensiones, puesto que parece exponer dos perspectivas distintas en una sola y sin embargo se conectan para cerrar la figura.

Pasando a la ruptura de las reglas de los objetos sólidos, tenemos el llamado diapasón del diablo, que es una especie de tridente que genera confusión a primera vista. Una de sus extremidades parece formar parte del cuerpo sólido, pero también genera la ilusión de representar el espacio vacío de las otras dos. De hecho, el llamado espacio negativo invade la superficie del tridente, puesto que la figura está abierta.

RELACIONES

Las figuras imposibles se pueden asociar a las paradojas o a una representación visual de las mismas, puesto que su diseño hace visible la capacidad de estos objetos de no tener principio ni final. Si pudiéramos caminar por encima de una de estas estructuras, su recorrido se convertiría en un ciclo.

Tri-bar. Foto: Behance/Sidharth Ezhila

La paradoja se trata de una suposición que implica una contradicción. Una representación gráfica se puede encontrar en Drawing Hands (1948), una litografía de Maurits Cornelis Escher en la que una mano, al ser dibujada por otra, se convierte en una mano “real”.

Este dibujante es uno de los exponentes obligados al hablar de objetos imposibles, puesto que su obra artística se basó en la creación de mundos que se encuentran fuera de nuestra dimensión.

Pero estos objetos no habitan únicamente los universos surrealistas y paradójicos de Escher, sino que para Oscar Reutersvärd ya habían sido dignos de observación artística y tema de su trabajo. Para entonces ya había diseñado figuras como el triángulo imposible y sus variantes hechas a partir de formas con mayor número de lados, como el pentágono y el octágono imposibles.

Para las representaciones artísticas de este autor y de Escher, existen factores que impulsan la sensación de perspectiva en imágenes bidimensionales, como los colores distintos para separar superficies o el achurado propio de las litografías, que es una superposición de líneas que genera un degradado para dar la sensación de que existe luz en la partes donde esta superposición es menos densa.

Los ya mencionados matemáticos ingleses Lionel Penrose y su hijo Roger Penrose han descrito objetos imposibles. El primero es además psiquiatra y pionero en la genética del retraso mental, y el segundo ha destacado como matemático y filósofo controversial, además de coescribir ensayos con Stephen Hawking como La naturaleza del espacio y el tiempo (1996). La Escalera de Penrose está entre las estructuras imposibles que Reutersvärd había llevado al papel.

Es impactante cómo el encuentro con una creación que podría parecer mera curiosidad, abre las puertas a indagaciones mucho más profundas. En el caso de las figuras imposibles, este camino nos puede llevar hasta investigaciones relativas a la construcción de la realidad misma, es decir, las posibles dimensiones.

La Escalera de Penrose. Foto: Behance / Prath Wadekar

PERSPECTIVA PSICOLÓGICA

La psicología explica la forma en que distinguimos un objeto imposible por medio de nuestro sistema visual. Las ilusiones que se hacen en el terreno del arte han explorado la profundidad y la perspectiva, dando como resultado fenómenos ópticos que podemos calificar de irreales.

En Objetos imposibles: un tipo especial de ilusión (1958) del British Journal of Psychology, se da una posible respuesta, y es que el sistema visual es, hasta cierto punto, autónomo de nuestro sistema de creencias. Es decir, que las experiencias visuales que tenemos persisten incluso cuando sabemos que no son reales o siquiera posibles. Esta condición nos permite disfrutar de imágenes aunque las sepamos separadas de nuestra realidad.

El psicólogo Richard Gregory logró construir el tri-bar como una estructura tridimensional abierta, de manera que desde un punto de vista se pudiera distinguir como figura cerrada. Al fotografiarlo y devolverlo a la segunda dimensión, logró construir el objeto imposible.

La razón por la que este tipo de objetos se puede llevar a la representación, es un tanto compleja: se trata de las posibilidades que se tienen como parte de nuestra dimensión. Al simplificar estos objetos hacia la segunda dimensión, en la que sólo responden por las dimensiones del alto y el ancho, la profundidad se vuelve posible únicamente mediante el uso de la perspectiva y la sombra.

Es decir, que mediante capacidades artísticas se puede obtener una ilusión óptica. Se engaña al cerebro para que perciba la profundidad en un mundo donde, en realidad, no la hay. Es así como logramos representaciones realistas mediante imágenes, lo cual es una de las búsquedas más importantes que ha tenido la humanidad, por mucho tiempo, en el arte.

Other World (Bool 348) (1947), de Maurits Cornelis Escher. Foto: heavymusicartwork.com

Una ilusión óptica debe entenderse como una imagen mental que engaña hasta cierto punto a nuestro cerebro, para que nuestra percepción dé una interpretación errónea del objeto que tenemos enfrente. En este fenómeno influyen factores como la manipulación de las dimensiones, la forma y el color.

En el terreno de la arquitectura, lo que ocurre es que se trata de imitar este tipo de efectos ópticos. Los objetos imposibles nos fascinan por las posibilidades creativas que pueden tener. Al recrearlos, se interesa al espectador, se obtiene su atención y se genera en él cierta disonancia que lo atrapa.

Este tipo de fenómenos es conocido por diferentes arquitectos que utilizan sus efectos no para confundir, sino para interesar e impulsar su creatividad. De hecho, a pesar de que no es posible plantear en la realidad los objetos tal y como los vemos diseñados en papel, podemos tomar en cuenta que la ilusión es parte del quehacer artístico y arquitectónico. Un ejemplo es la traslación de elementos del Ático de Beistegui (1929) en la parte central de la Capilla de Santa María presso San Sátiro, de Donato Bramante, donde se aparenta mayor profundidad de la que realmente existe.

No es de extrañarse que la ilusión y el objeto imposible formen parte, muchas veces de manera sutil, de las construcciones a las que estamos habituados, porque como humanidad buscamos la exploración de posibilidades más allá de lo que hemos logrado hasta ahora, hasta de aquello que parece imposible.

Capilla de Santa María presso San Sátiro, de Donato Bramante. Foto: losbuffo.com

Comentarios