La multiplicación de los pobres
Opinión

La multiplicación de los pobres

Miscelánea

En un país bien gobernado

la pobreza provoca vergüenza.

En uno mal gobernado,

es la prosperidad lo que la provoca.

Confucio

La miseria es el más insoportable de los infiernos porque nulifica posibilidades, destruye oportunidades, sueños, realizaciones, disfrutes, goces”; de ahí que la compasión por quien sin oportunidades de escuela y trabajo, condenado a vivir de la caridad, ha sido la más pura seña de identidad cristiana.

Es histórica e innegable la inmensa labor de la iglesia y sus profesionales de la caridad. Por mi casa de niña, una vez a la semana pasaban dos monjas (las recuerdo chapeadas, bonitas en su traje de pingüino) a recoger la pequeña dádiva con que contribuía mi madre al asilo en donde las Hermanas de la Caridad, sostenían y educaban a 70 huérfanas. La verdad es que quita el hambre saber que hay quien no tiene que comer. Incuestionable la importancia de la caridad: leprosarios, orfanatos, dispensarios, hospitales y hasta la Cruz Roja; son instituciones que se sostienen por la generosidad de los donantes.

En el caso de los ricos, la filantropía es el camino directo a la santidad. Porque vamos a ver ¿qué harían ellos si no tuvieran pobres en quienes derramar su generosidad? ¿Acaso no nos enseñaron desde niños que es mejor dar que recibir? Por supuesto que lo es, porque dar confiere una cierta superioridad moral y empodera al donante. En cambio, recibir nos coloca en situación de inferioridad y moralmente destructiva. Eso lo saben muy bien los políticos que hacen de la pobreza del pueblo, su bandera más eficiente. ¿Quién en un país con (según Conveval) 54 millones de pobres; votaría por un candidato que no prometiera abatir la pobreza? Queda para la historia el melodrama de López Portillo cuando pasó de administrar la riqueza a derramar amargas lágrimas porque nada pudo hacer por los pobres.

Hasta ahora todos nuestros gobernantes habían ofrecido erradicar la pobreza; pero ninguno, hasta ahora, había ofrecido multiplicarla. Ninguno tampoco ha ofrecido erradicar la ignorancia porque apostarle a la educación que es el arma más poderosa que podemos usar para salvar al país, no es redituable; enseña a pensar y el ciudadano pensante no es fácilmente manipulable. Si no tienes una buena escuela, buenos profesores y las circunstancias sociales que te permitan acceder a la dignidad que otorga el trabajo, entonces, no tienes nada. La mayor incidencia de pobreza se relaciona directamente con el menor nivel educativo; o sea, con la ignorancia institucionalizada. ¿Qué mérito o qué excelencia cabe esperar cuando a las personas se les enseña a vivir de la caridad aunque esta se llame “Bienestar Social” y provenga del gobierno?

A lo que tendríamos que aspirar, es a la Justicia Social, que no consiste en ofrecer indiscriminadamente “ayudas” que fomentan la apatía y la dependencia; sino de crear instituciones que fomenten el desarrollo del país y el empleo de los ciudadanos. Mantener al pueblo comiendo de la mano del gobierno, no promueve el autorrespeto, solo asegura la fidelidad de los votantes.

Visto así, la debacle que ha provocado la pandemia, le viene como anillo al dedo a “ya saben quién”, para llevar adelante su sueño populista largamente acariciado. Cuando sea grande quiere ser como Maduro y generar pobreza para todos. ¿Un par de zapatos y para qué más? Que nadie olvide que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el reino de los cielos, exclusivo de los pobres. En cuanto a mí, no le concedo a nadie el derecho de quitarnos la paz, la alegría y la prosperidad que sólo se consigue con educación, honestidad y trabajo. La única forma que conozco de soportar la pobreza, es una buena cuenta en el banco. Pobre del pobre que al cielo no va, lo joden aquí y lo joden allá.

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