Jenny Saville y la condición humana
Arte

Jenny Saville y la condición humana

De lo erótico y la carne

La carne flexionada o lastimada, extendida en la superficie del lienzo, es un elemento con el que Jenny Saville detona una de las cuestiones más antiguas en la historia del arte: la condición humana como algo finito y frágil.

Su discurso es sin duda impactante porque, lejos de conformarse con retratar lo humano a través de una imagen cotidiana, opta por asestar un golpe de realidad. La humildad al reconocernos como entes limitados, forma parte de sus intenciones expresivas.

Jenny Saville es parte del conocido y diverso grupo Young British Artists que, como el nombre lo indica, se refiere a un grupo de artistas contemporáneos ingleses, muchos de ellos provenientes del Colegio de Artes Goldsmith.

Antes de llegar ahí, estudió en la Glasgow School of Art a principios de los noventa. A continuación pasó por la Universidad de Cincinnati y terminó sus estudios en la Slade School of Fine Art, donde también se formaron otros de los personajes más importantes de la plástica figurativa actual, como Justin Mortimer y Paula Rego.

Su producción bebe del manejo teatral de las figuras humanas del barroco, pero su manipulación de los materiales y su interés por generar texturas son más cercanos a la abstracción.

La pintura tiene una historia basta en la que han desembocado diferentes técnicas para manejar los materiales. Es común que cuando se habla de un autor relevante y de corte realista, éste tenga maneras especiales de tratar la forma humana, siendo la textura uno de los elementos más explorados.

De hecho, generalmente se compara a Saville con el también inglés Lucian Freud, ya que su manejo del material y temáticas son parecidos. Freud utiliza también cargas de pigmento que brindan mucha textura a la superficie. Pero Saville no aplica cargas tan rugosas, sino que opta por acabados finos y ricos en difuminados, a través de la técnica conocida como impasto, que se basa en la acumulación de capas de pintura sobre el lienzo.

Propped (1992). Foto: Sotheby's

Además de esto, Saville ofrece, más que las escenas cotidianas e íntimas de Freud, desnudos que no pertenecen a una narrativa. En sus obras no hay escenas que nos hagan advertir una historia, ni una iconología con la que podamos analizar símbolos como en la pintura barroca o renacentista.

En este sentido, su búsqueda es parecida a la de Francis Bacon, ya que se basa en un impacto visual. Cada cuadro que nos presenta, pretende constar de una única imagen que nos confronte sin más que sus mismas formas. Detrás de ella no esperamos encontrar un principio, un desenlace o un lugar en que se desarrollen sucesos, sino una imagen autoconcluyente, lo que es visible en el hecho de que no utiliza fondos.

En sus primeras obras ya exploraba las posibilidades de la piel y los cuerpos tensos, dando como resultado el cuerpo humano en posiciones en las que no acostumbramos verla.

En Fulcrum (1999) vemos tres figuras acostadas que parecen abrazadas, una en dirección opuesta a las otras. El foco no se encuentra en alguna de las caras, sino en la extensión de los cuerpos y la manera en que la carne interactúa.

EL CUERPO HUMANO

Jenny Saville se refiere al cuerpo como “lo que somos”. Los esfuerzos que ha tenido la humanidad por encontrar su esencia se trazan en exploraciones filosóficas, espirituales y religiosas, por ello es natural pensar que la explicación de la mente y la consciencia es una de las búsquedas a las que más camino falta por recorrer. El enfoque de Saville está en aquello que muchas veces olvidamos en pos de encontrarnos a nosotros mismos: el cuerpo. Mediante este conocemos el mundo y es a través de él que vivimos los dramas y las tragedias más terribles de nuestro mundo.

Reverse (2003). Foto: elcuadrodeldia.com

El género es otro tema explorado en la obra de Saville. Sus cuadros presentan hombres y mujeres, así como sexos polivalentes. Cuando la pintora trata de ahondar en lo que somos como humanos, no se queda en una representación sesgada y agradable para el ojo normativo, sino que realmente incluye posibilidades diversas, como en Matrix (1999).

Hablar del cuerpo podría verse como mantenerse en la superficie. Sin embargo, una observación profunda nos puede brindar una visión mucho más compleja de este concepto.

En Reverse (2003), vemos una cara que parece lacerada e hinchada, mostrando tonos rojizos alrededor de la boca y mandíbula que parecen ser un efecto de la luz. Aunque no se explica la naturaleza de la herida, la autora se enfoca en el impacto que significó para ella una sala de operaciones estéticas. Hablar del cuerpo es hablar también de sus laceraciones, de la violencia a la que lo exponemos para transformarlo, de la huella que dejamos en un afán de controlarlo como si se tratara de algo que no nos pertenece.

En One out of two (2016) vemos la habilidad impecable que la autora tiene para el dibujo, pero también podemos observar una de las intenciones que se presentan en la obra de la inglesa: un acercamiento a la abstracción. El cuerpo como algo más que nuestra presencia física, es presentado, además de las posiciones y encuadres inusuales, desde su fusión con otros cuerpos. Para Saville somos cuerpo y movimiento, y la superposición de las figuras habla de este interés.

LO ABSTRACTO

La abstracción se centra en lo espiritual y lo que hay más allá de la forma. Saville llena de trazos intensos y musculares los cuerpos, para recordarnos que su representación de la carne va más allá de lo evidente, de lo físico.

One out of two (2016). Foto: ttamayo.com

Uno de los elementos posiblemente más entrañables del discurso de Jenny Saville, es la presencia realista que se aleja de la idealización. Su obra se compromete tanto con esta visión, que nos muestra el cuerpo humano con sus defectos y con facciones que no son las más fácilmente aceptadas como bellas. Nos reta a cambiar nuestra perspectiva de lo bello y lo conecta con nuestra humanidad.

Las pieles que retrata distan de ser impolutas. Por los cuerpos de las mujeres que elige llevar al lienzo ha pasado el tiempo. El estilo que maneja, si bien posee una estética bastante propia, mantiene un diálogo con la realidad para dejar de idealizar la figura femenina.

Nos presenta cuerpos desnudos que, lejos de provocar una atracción sexual, nos confrontan. La carne aquí intenta extenderse en el significado de lo erótico.

Para George Bataille, el erotismo “desdibuja nuestros límites”, pues en él se disuelve el ego. La obra de Jenny Saville, si bien no muestra el erotismo como mera parte del acto sexual, también genera una conexión que intenta desdibujar los límites del espectador. Frente a estas figuras enfocadas en la carne y sus formas, nos encontramos con nuestra propia condición humana.

Sus pinturas se apegan de tal manera a la realidad de los cuerpos, que nos devuelven hacia una honestidad intensa. Desde el trabajo de Jenny Saville nos encontramos frente a frente con desnudos monumentales que resultan imponentes. Sus pliegues y laceraciones nos remiten a la fragilidad a la que está sujeta nuestra existencia.

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