R de Rumba, el hijo del funk
Entrevista

R de Rumba, el hijo del funk

En la escena del hip hop español es conocido como “el hijo secreto del funk”. Y es secreto porque su contacto con la música negra se dio entre los misteriosos sonidos de un disco de vinil. R de Rumba (Rubén Cuevas) es un testigo experto del romance entre la aguja de la tornamesa y los surcos del acetato, entresijos que se mimetizan con sus huellas dactilares cada que hace un scratch.

Por eso, para entender la reproducción de su vida hay que dar reversa a su carrera e instalarse a finales de los años ochenta en la ciudad de Zaragoza (Aragón). Entonces, España se recuperaba de los estragos de la dictadura franquista y Rubén apenas era un niño de 10 años que deambulaba por el barrio de La Romareda. Su mentalidad musical dio sus primeros brotes sobre ese asfalto.

Más tarde, el rap se introdujo en sus oídos durante el último año del colegio. Rubén y sus amigos se empapaban de la sonoridad importada que, cual flujo del río Ebro, llegaba a través de una base aérea norteamericana y los programas de televisión. El futuro disyóquey tuvo su encuentro con los vinilos gracias a sus colegas Sho-Hai (Sergio Rodríguez) y Rebel (Antonio Rodríguez); quedó impresionado con esos objetos, se sumergió en la información de sus carátulas y vislumbró su destino en el relieve que se formaba en sus cuerpos oscuros.

El recorrido musical de R de Rumba es reconocido en España y América Latina. Como el hombre orquesta de Violadores del Verso, juega un papel fundamental para entender el hip hop de habla hispana. Hecho que, como él menciona, es resultado de edificar sobre el desierto.

Hace cinco años, Rubén desembarcó cual explorador romano en la playa de Alicante. Allí se instaló con su familia y construyó su estudio de grabación, cambiando así el silbido del gélido viento zaragozano por la percusión de las olas que golpean a la costa mediterránea. Desde entonces, su arte se ha visto iluminado por la luz de Lucentum, como antiguamente se nombraba a la ciudad.

En esa arena alicantina conoció a Carlos Porcel, un multinstrumentista que de inmediato entendió su lenguaje sonoro. Desde ese encuentro surgió el proyecto Funk Experiencie, trabajo que verá la luz el próximo otoño; en él, a través de samplers e instrumentos musicales, los artistas brindan un homenaje a la música negra.

Tenía una deuda pendiente con el funk, de ahí surgió la idea de este disco”, escribe R de Rumba en la promoción del sencillo Viva el funk.

Desde la intimidad de su estudio y cobijado por la tarde de la vetusta Lucentum, en una luz blanca como su playera de Violadores del Verso, mientras trata de sobrellevar el confinamiento social y la ausencia de su amigo Rebel (fallecido el pasado mes de marzo), R de Rumba comparte en videollamada los motivos que lo guiaron hacia las salas de conciertos y los detalles de su próximo material discográfico.

¿Cuáles son las raíces del hip hop en Zaragoza?

Zaragoza, igual que Torrejón de Ardoz, en Madrid y Rota, en Andalucía, era un sitio donde ya había bases americanas que estaban desde la época de Franco, la dictadura que pactó con Estados Unidos y luego montaron base. En Zaragoza eso era un canal increíble para que entrara la música americana, porque tenían una microciudad alrededor de la base aérea. Y en los setenta esa gente salía de marcha por la ciudad, de hecho había mucho garito de funk. Entonces, ¿qué pasó con el rap?, pues empezó a entrar en la base y amigos nuestros, que curraban o eran americanos que ya vivían ahí, nos pasaban música. Allan Beller es el claro ejemplo. Él conseguía música y nos la pasaba. Por la base entraba todo, no había Internet, no se podía conseguir información. Eso influenció mucho en el funk, el soul, en el rock, en todo. No sólo había afroamericanos, ellos eran los que más movían el rap y el funk, pero había de todo. Entraba mucho vinilo y mucho CD. Y eso se notó, porque podías conseguir discos que eran imposibles. Luego llegó otra parte que también fue un canal de introducción bastante tocho en nuestro caso, en mi cuadrilla, que fueron las antenas parabólicas: Yo MTV Raps. Cuando la MTV era un canal de música, el programa Yo MTV Raps era increíble para conocer grupos. Entonces estábamos muy al día entre la base y MTV Raps, una mezcla de todo. Zaragoza no era una gran ciudad, no era ni Madrid ni Barcelona, pero había mucha información y mucha música por esas dos razones.

¿Cómo se da tu primer encuentro con el vinil?

Los americanos no sólo vivían en la base, muchos tenían casas por la ciudad. Un vecino de los tíos de Sho-Hai, se fue a Estados Unidos y dejó un tajo de discos en su casa, en la puerta, pero en la basura, para tirarlos porque no podía llevárselos. La tía de Sho-Hai los vio y dijo: “A mi hijo le gusta mucho la música y se los voy a dar”. Se los dio y resulta que en ese tajo de discos estaba el Atomic Dog de George Clinton, estaba Zapp, un mogollón de discos increíbles. Entonces Sho-Hai me llamó: “¡Oye! Mi tía me ha dado unos discos que iba a tirar el vecino de la base de al lado y están los samples originales de canciones de EMPD, Public Enemy, Run DMC, ¡mogollón de cosas!”. Ese fue mi primer contacto con el funk, una ostia de realidad al decir: “¡Sale todo de aquí! ¡Esto es increíble”. Éramos muy jóvenes, te estoy hablando entre 1989 y 1991. Entonces fue un impacto que me hizo mirar los discos: “Contiene samples de tal”. Ya fue un impacto de: “¿Qué es esto del funk?, ¿qué es esto del soul? El rap está muy guay, pero a ver, ¿de dónde viene el sample de EMPD?”. Y ahí he investigado hasta hoy en día.

¿De qué manera definirías tu relación con este formato?

Ha llegado a un punto en que es parte de mi vida. Llevo ya bastante tiempo, antes también compraba cedés, pero ya llevo muchos años que no compro ni uno; todo lo sampleo de vinilo. No sampleo de Internet ni de blogs. Tengo la teoría y la locura de que no todo está en Internet; hay que ir a las cubetas de las tiendas. Por mi trabajo y mi historia tengo la posibilidad de viajar por Europa, por Latinoamérica. En México me pongo morado con los vinilos siempre que voy, es increíble. Me muevo y yo soy de cubetas. No todo está en Internet. Y claro, también soy DJ y amante de la música, no los uso sólo para samplear. Compro para pinchar y también para escuchar porque me gusta mucho esa música. Entonces, mi relación con el vinilo es diaria y muy gustosa. Me encantan las portadas, tener las colecciones... pero no soy un coleccionista que quiera tener la primera versión de tal grupo, eso me da igual; quiero la música. Ya sea en reedición o en vinilos viejos, pero quiero la música. Y hay tanta, hay tanto qué escuchar.

Ilustración: Hessie Ortega

¿Qué encuentras en su sonido?

No es sólo el sonido. Estoy siempre con mis líquidos, con mi limpiador y tal. No sé si en verdad suena mejor el vinilo que el CD, eso no lo tengo claro. Pero lo que sí está claro es que al vinilo lo puedo tocar. Mientras sampleo puedo estar media hora leyendo las cosas detrás: el productor, los músicos; todo eso es muy importante. Es lo que me gusta, es lo que quiero y no voy a dejar de hacerlo. No es que sea un flipado del sonido. Al final muchos vinilos están reventados, te cuesta samplearlos porque dices: “¡Joder! Yo no puedo usar esto; tiene tanta fritura que es increíble, pero tengo que esperarme años para encontrarme ese mismo vinilo y comprármelo otra vez”, pero es lo que yo he decidido.

En una entrevista mencionaste que la producción no es una ciencia exacta. ¿Cómo ha sido tu odisea como productor?

Mucho aprendizaje. Esto es aprender continuamente de todo el mundo; tener los oídos abiertos, ver como trabaja la gente y ser humilde. Llevo toda la vida en la música, pero aún así no tengo ni idea. Hay tanto por hacer y por aprender, tanta música para escuchar. La producción ha evolucionado, la tecnología ha facilitado mucho. Me gusta el sonido analógico. En el estudio salgo fuera del ordenador a mezclar con aparatos, pero a la hora de hacer música me he vuelto más cómodo, ¿sabes? Todo va más rápido y lo hago dentro del ordenador, con samplers y tal, pero no trabajo tanto fuera. Tengo amigos que al revés, cada vez más trabajan con los samplers antiguos, pero no me vuelvo tan loco. Encuentro un sistema que me funciona y me gusta quedarme ahí. No he evolucionado tanto ni de aparatos ni de tecnología. Hay que evolucionar, está claro, porque van saliendo cosas, pero encuentro mi sistema de trabajo y ahí me quedo.

¿Cuáles son las sonoridades propias de la música negra que no percibes en otras corrientes?

Sobre todo unos sonidos increíbles. Porque no te voy a hablar sólo del groove, no te voy a hablar sólo del ritmo, del break, no sólo eso. Te da unos toques, te da el Fender Rhodes, te da unos bajos increíbles, unas cajas, unos charles, unos groove guapísimos, unas voces cojonudas para samplear, cortar y meterle un delay, son muchas cosas: el soul, el funk, el jazz, el reggae, todo. Que en el rock también está, también hay cosas guapas en el progresivo. Pero en un disco que te encuentras, donde en una canción colabora Bob James y sabes que está tocando el Fender Rhodes, lo compras sólo porque sale ese tipo tocando en una canción. Igual uno no puede samplear nada, pero seguro que hay un sonido increíble que puedo tomar porque es Bob James el que ha tocado y sabes cómo toca. O un productor… estoy muy metido en ese asunto, sé el sonido que busco; ya conozco ciertos músicos y cierta gente que busco en esos discos. Y también me da mucha frescura, porque hay tanta música de los setenta increíble que al día de hoy suena vieja, pero la reconoces un poco y suena súper fresca.

Foto: coveralia.com / Intervenido por Hessie Ortega

¿Qué resonancia provoca en tu persona?

Cuando me pongo un vinil nuevo que me he comprado, se me ponen los pelos de punta. Siento nervios como un niño pequeño, ¿sabes? Eso me sigue pasando con los vinilos como cuando era un crío que descubría samples. Me sigue pasando porque es muy emocionante, pero ya no sólo en casa o en el estudio, sino en las tiendas. Para mí la producción empieza en las tiendas, cuando hay tiendas guapas que tienen sus platos para escuchar, para no comprarlo a ciegas. Ya ahí te estremeces y dices: “¡Ostía! ¡Me lo llevo! No quiero escuchar más la otra cara, porque esta cara es increíble y quiero dejarme cosas para descubrirlas en el estudio”. La producción empieza en la propia tienda de vinilos.

Ahora vives en Alicante, ¿qué diferencias percibes entre el sonido zaragozano y el de la costa mediterránea?

En cuanto al rap, Alicante es una ciudad de mar, una ciudad mediterránea. A mí me ha influenciado el mar. Sí que se nota más “fresquete”, hay de todo pero es un rollo más tranquilo. Es una ciudad más pequeña que Zaragoza. Pero en cuanto a tener las cosas claras... el rollo de que Zaragoza es muy fría en invierno y muy calurosa en verano, la hace muy ruda. Creo que es uno de los motivos de que el rap en Zaragoza haya sido siempre duro, de sonido hardcore. Al final somos ciudades españolas. Pero fíjate, yo no había hecho nada como el disco nuevo que estoy haciendo, el single que he sacado con Porcel de Funk Experience y lo he tenido que hacer en Alicante, con la luz. Es una ciudad muy luminosa, donde pasas mucho tiempo en la calle. En Zaragoza, en invierno, entre el viento que viene del valle del Ebro y el frío, tienes que estar en casa, más recogido. Aquí tienes que estar todo el día en la calle, la luz... Lucentum, le llamaban los romanos a esta ciudad. Es una luz muy blanca como su costa. Y creo que en el disco se ha notado eso, está claro: más funk, más soul, más sonido bailable. Pero en el rap, en definitiva, aquí también hay grupos duros.

Tocando el tema de tu nuevo álbum, ¿cómo empiezas a trabajar con Carlos Porcel?

A Porcel no lo conocía. Lo conocí en Alicante cuando me vine. Yo no tenía estudio montado aquí, nos vinimos de nuevas, nos mudamos y me renté un local en una típica sala de conciertos que detrás tiene locales de ensayo. Me alquilo el local porque en casa no podía hacer nada. Como tenía mi equipo, un amigo en común me presenta a Porcel para grabarle unas trompetas y echarle una mano al colega. Ahí nos conocimos, hicimos migas, nos veíamos por los pasillos de los locales de ensayo y resultó que era fan, me conocía de siempre y le gustaba mucho lo que hacía. “Ah pues yo toco varios instrumentos”. “¡Ven! A ver si un día grabamos algo de prueba, alguna instrumental mía”. Le grabé y de repente me di cuenta de que tocaba la trompeta, la trompa, los teclados, el bajo, cantaba, tocaba la guitarra, y le dije: “Venga, pero a ver, macho, ¡eres una banda en ti solo! Vamos evolucionar esta canción que nos ha gustado”. Nos hicimos un par de temas, un par de demos y se las enseñé a mis colegas, a gente con criterio: “Mira, que he conocido a un chaval, a Carlos Porcel ahí en Alicante, que es un músico que toca guay”. “¡Ostía, qué guapo! Podrías hacerte un disco”. Y así surgió. No fue una cosa premeditada de que iba a ser un disco de funk o un homenaje. No, surgió así, natural con mi colega, hasta que hemos hecho 13 temas.

Carlos Porcel y R de Rumba. Foto: Gustaff Choos

Entonces, el concepto del álbum se construyó con mucha libertad….

Eso es. Luego cuando vimos que llevábamos cuatro temas, ya fue decir: “Vale, vamos a hacer un disco ¿no? Venga, ¿qué queremos hacer?”. Los dos hemos tenido el peso del disco, pero lo he llevado al terreno de mi idea del funk, del pequeño homenaje que quería hacerle a la música negra. Yo soy muy amante de ciertos grupos como el ambiente p-funk, el universo George Clinton, Parliament Funkadelic, Zapp, todo ese mundo me gusta mucho. Por supuesto también el otro ambiente que hay con James Brown o Maceo Parker… era abarcar todo eso y con mucho respeto llevarlo a mi terreno, con samplers, músicos y sonido viejo. No hemos querido tampoco que suene a una cosa nueva, sino que suene un poco viejo, a Rhodes. En algunas grabaciones hemos partido de músicas mías que ya estaban hechas, a lo mejor sólo un sample o intrumentales de rap con varios samples. Los hemos tomado y dado vuelta de tuerca: hemos cambiado la armonía, o nos ha gustado un sonido. De ahí hemos partido y hemos compuesto todo.

Lo anterior es un ejemplo de cómo músicos de otros géneros se han interesado por el rap. ¿Por qué crees que se han gestado estos diálogos?

Porque nos lo hemos currado. Donde no había nada es normal que Enrique Bunbury quiera hacer una canción con Nach. O hace poco nosotros (Violadores del Verso) con Manolo Kabezabolo, quien es un punk muy famoso en España, de nuestra ciudad (Zaragoza). ¿Por qué les gusta? Porque ven que está bien hecho y les atrae. Somos una música más. Eso de estar marginados ya ha pasado hace muchos años. Es otro momento. Para nosotros es un orgullo llevar el rap para abrirlo a todo el mundo. Con Violadores del Verso y otros grupos se hizo camino en España. Antes no había nada, en los noventa los festivales no sabían lo que era el rap, ni los garitos ni los sitios de conciertos ni los promotores; no contábamos con ellos. Fue el buen hacer y el curro. Nos costó mucho tiempo, y una de las consecuencias ha sido que, con los años, grupos de otras músicas digan: “Yo quiero estar ahí, porque lo que hacen mola, pienso como ellos y quiero colaborar con ellos”. Nos lo hemos ganado, es la consecuencia del buen trabajo de los rappers.

En conclusión, ¿se puede decir que has saldado tu deuda con el funk?

Nunca la saldaré del todo. Pero sí estoy contento de cómo ha quedado el disco. Todos han oído una canción, pero hay otras 12 que están muy guapas. Aunque ya que me he metido en este berenjenal, haré más cosas así porque me gusta y veo que es posible. Me la he jugado metido en la piscina, he salido de mi zona de confort y me ha encantado. Desde luego es un gran homenaje y mola currar con músicos. Es muy divertido, es más curro, pero ya te digo que nunca estará la cuenta saldada del todo con el funk. Nunca saldaremos la cuenta que tenemos con la música negra. Igual lo siguiente tiene que ser un jazz experience.

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