La “noche triste” según códices indígenas
Nuestro mundo

La “noche triste” según códices indígenas

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Acerca de la “noche triste”, la noche del 30 de junio de 1520, hace 500 años, dijeron los mexicanos: “Cuando hubo anochecido, cuando llegó la medianoche, salieron los españoles en compacta formación y también los tlaxcaltecas todos. Los españoles iban delante y los tlaxcaltecas los iban siguiendo, iban pegados a sus espaldas. Cual si fueran un muro se estrechaban con aquéllos.”

Por otra parte, las voces españolas, principalmente las de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo grabaron en la Historia los hechos vividos la “noche triste” (Bernal la nombra la “triste noche”) y por ello fue así conocida la gesta sin duda rememorada durante las conmemoraciones del V centenario de la conquista de México.

Sobre todo en el mundo académico de México y España se han venido escuchando voces que repasan los acontecimientos que a partir de 2019 vienen cumpliendo 500 años y lo habrán de hacer hasta 2021, quinto centenario de la caída de Tenochtitlan y la captura de Cuauhtémoc (“único héroe a la altura del arte”, según López Velarde).

Con motivo de los cinco siglos de la “noche triste”, cito fragmentos indígenas que suenan en el libro Visión de los vencidos, de Miguel León-Portilla. Cuando los conquistadores van huyendo por el camino de Tacuba como se lee en el primer párrafo, narra la voz indígena en el Códice florentino estimulando la belicosidad vengadora:

Una mujer que sacaba agua los vio y al momento alzó el grito y dijo:

Mexicanos… ¡Andad hacia acá; ya se van, ya van traspasando los canales vuestros enemigos…! ¡Se van a escondidas!”

Entonces gritó un hombre sobre el templo de Huitzilopochtli. Bien se difundió su grito sobre la gente, todo mundo oía su grito:

Guerreros, capitanes, mexicanos… ¡Se van vuestros enemigos! Venid a perseguirlos. Con barcas defendidas con escudos… con todo el cuerpo en el camino”.

Los pocos conquistadores europeos huyen acompañados por miles y miles de tlaxcaltecas, cholultecas, otomíes, huejotzincas y totonacas que en la devastadora huida van regando cadáveres por el suelo, las orillas del lago y los canales. Los indígenas informantes de Sahagún cuentan en el Códice florentino:

Pues cuando los españoles hubieron llegado a Tlaltecayohuacan, en donde es el canal de los toltecas, fue como si se derrumbaran, como si desde un cerro se despeñaran. Todos allí se arrojaron, se dejaron ir al precipicio. Los de Tlaxcala, los de Tliliuhquitépec, y los españoles, y los de a caballo y algunas mujeres.

Pronto con ellos el canal quedó lleno, con ellos cegado quedó. Y aquellos que iban siguiendo, sobre los hombres, sobre los cuerpos pasaron y salieron a la otra orilla”.

Así de tumultuosa fue la huida según las voces indígenas. Los acosados retacan los espacios y los que van tras ellos los pisotean en la desbandada. Tenochcas y tlatelolcas combaten pero también se aprovechan y parte del botín y las armas y pertrechos de los conquistadores pasan a sus manos. El botín era abundante. No sólo el que llevaba Cortés mediante sus allegados sino el que cada ambicioso europeo cargaba. Bernal da un ejemplo: “si de los de Narváez murieron muchos más que los de Cortés en las puentes, fue por salir cargados de oro, que con el peso de ello no podían salir ni nadar”.

Pero es el libro La visión de los vencidos, de Miguel León-Portilla, el que aquí es pertinente recomendar para conocer un punto de vista distinto al de quienes escribieron sobre la noche triste con el punto de vista de los vencedores. Seguramente es fácil de conseguir el libro. Yo el que releo es una edición de la UNAM, de 1969, en la colección Biblioteca del Estudiante Universitario, muy famosa por sus importantes e interesantes títulos. Lo más probable es que ahora se encuentre en la colección Sepan Cuantos, de Porrúa.

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