Síndrome de fatiga crónica
Salud

Síndrome de fatiga crónica

Cuando el descanso no alivia el cansancio

La fatiga, esa sensación de cansancio extremo que toda persona ha vivido alguna vez, suele aparecer como una reacción natural ante la falta de sueño, la exposición a largos periodos de estrés, así como el exceso de actividad física o mental. En estos casos, la solución definitiva es el descanso, ya sea por unas horas o algunos días. El agotamiento también se presenta como síntoma de enfermedades crónicas, tales como el cáncer, malestares cardíacos, depresión, desórdenes hormonales, etcétera. Cuando estos padecimientos se tratan exitosamente, llega la recuperación del paciente y con ella el restablecimiento de su energía.

Pero existe otro tipo de fatiga que no tiene una causa médica discernible. Quien la sufre termina sintiéndose exhausto ante actividades que antes formaban parte de su cotidianidad y, por más que descanse, el problema no muestra una mejora notable. Se trata de la enfermedad sistémica por intolerancia al esfuerzo, también conocida como síndrome de fatiga crónica.

Para que se designe como tal, el malestar descrito debe extenderse por al menos seis meses. Además de la falta de sueño reparador y del agotamiento tras el esfuerzo físico o mental, se caracteriza por la pérdida de habilidades cognitivas: la memoria comienza a fallar, la concentración se hace difícil y puede haber una sensación de aturdimiento mental.

Conforme pasan las semanas y los meses, el que la padece ve cómo poco a poco su vida se ve mermada: el trabajo se vuelve imposible, incluso al grado de tener que renunciar a él; la vida social resulta desgastante, aislando a la persona de su entorno; las tareas domésticas representan una carga extenuante, y llega un punto en que el cansancio se acumula tanto, que el sólo hecho de levantarse de la cama puede ser un gran reto.

DIAGNÓSTICO

Antes de que se les diagnostique esta condición, los pacientes suelen desfilar de un especialista a otro en búsqueda de algún factor físico que explique su malestar. La Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos (NAM por sus siglas en inglés), estima que entre el 67 y 77 por ciento de ellos tardan más de un año en ser diagnosticados con síndrome de fatiga crónica; alrededor del 29 por ciento debe esperar incluso más de cinco años.

El paciente no sólo presenta colapsos ante el esfuerzo físico, sino también ante el mental. Foto: Luis Villasmil

Y es que no es tarea fácil: se trata de un mal que no puede ser detectado mediante análisis de sangre, orina u hormonas. De hecho, el proceso de diagnóstico es por descarte. El médico debe indicar suficientes estudios al afectado para asegurarse de que la fatiga crónica no sea un síntoma atribuible a una enfermedad como las mencionadas al inicio de este texto. Entonces, ¿cuál es la causa de este síndrome?

Aunque no existe una respuesta contundente, es de gran ayuda comprender que el cansancio es una reacción del cerebro similar al dolor. Cuando alguien toca un sartén caliente, el dolor hace que retire la mano rápidamente. Es decir, es una señal de peligro que sirve para reducir daños. Si no existiera esta sensación, la persona tal vez no notaría que está tocando un objeto con una temperatura tan elevada que podría causar heridas irreparables en su piel.

De la misma manera, la fatiga surge cuando el cerebro detecta que el individuo se acerca a un nivel de esfuerzo que podría ponerlo en riesgo. Un enfermo de gripe se siente cansado porque su cerebro ha enviado esta señal con el fin de que repose y el sistema inmune pueda actuar con mayor eficiencia. De este hecho se deriva una posible explicación del síndrome, pues una gran parte de quienes lo padecen comenzó a presentar síntomas poco después de haber pasado por una infección viral.

El enfermo se recupera de la infección guardando reposo y medicándose adecuadamente, pero el agotamiento nunca se va. Entonces vuelve a consulta temeroso de que el virus continúe en su organismo o de haberse contagiado de alguna otra enfermedad, pero no se encuentra nada fuera de lo común en su cuerpo. Pasa que su cerebro olvidó, por decirlo de alguna manera, apagar el botón de fatiga que encendió para eliminar al virus.

Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Georgetown encontraron, en el cerebro de personas diagnosticadas con síndrome de fatiga crónica, cambios químicos que se presentaron 24 horas después de haberse ejercitado durante 25 minutos en una bicicleta fija. La actividad física pesada, aunque sea sólo por unos minutos, genera colapsos en quienes sufren la enfermedad sistémica. Las consecuencias del esfuerzo pueden extenderse incluso por días.

Los trastornos del sueño suelen acompañar a esta enfermedad. Foto: Jurien Huggings

TRATAMIENTO

La “firma molecular” descubierta en el cerebro de los afectados, demuestra que el origen del padecimiento se ubica en este órgano; pero aún no arroja luz sobre una cura certera. Los tratamientos actuales se enfocan en contener los síntomas para que el paciente pueda llevar una vida autónoma. Aunque es probable que no pueda volver a su estilo de vida anterior a la enfermedad, en la mayoría de los casos existe una mejora notable.

Con ayuda de un terapeuta, la persona con síndrome de fatiga crónica deberá aprender a reconocer sus propios límites para evitar los colapsos de cansancio que caracterizan a esta condición. Hay quienes se sirven de un medidor del ritmo cardíaco para detectar cuando se acercan a esfuerzos físicos que podrían significar agotamiento extremo. Una vez detectados estos límites, el especialista ofrecerá opciones para balancear los periodos de actividad física y mental con momentos de descanso efectivo. El paciente puede dividir sus tareas de forma que se hagan menos pesadas e incluso pueda laborar.

Asimismo, puede consultar a un fisioterapeuta no sólo para aliviar las molestias físicas, sino para conocer las posturas más adecuadas al realizar actividades cotidianas, como los quehaceres domésticos. Anteriormente, se consideraba que hacer ejercicio de forma cada vez más prolongada podía ayudar a superar el problema, pues se creía que la persona se acostumbraba a él; sin embargo, esto ha sido desmentido al comprobarse que no genera resultados positivos. Recordemos que no se trata de algo que exista solamente en la mente del afectado, sino que hay cambios químicos en el cerebro que no se pueden revertir con el deporte.

En ocasiones, la fatiga crónica se acompaña de dolor. En este caso, un médico recetará los fármacos necesarios para aliviar el malestar. De igual manera, puede requerirse medicación en caso de presentar trastornos del sueño severos.

Es común que la enfermedad sistémica por intolerancia al esfuerzo desate cuadros depresivos. En estos casos, un psicólogo o psiquiatra tiene que hacerse cargo del problema. Debe tenerse especial cuidado con los efectos secundarios de los antidepresivos porque podrían empeorar los síntomas del síndrome de fatiga crónica. Por otra parte, la terapia psicológica es de suma importancia.

Por último, es imprescindible que el paciente cuente con una red de apoyo sólida, es decir, que amigos, familiares y compañeros de trabajo estén informados sobre el síndrome y respeten las medidas que deben tomarse para que la persona pueda llevar una vida digna.

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