Conmigo o en contra
Opinión

Conmigo o en contra

Jaque Mate

La política (me dijo alguna vez Carlos Salinas de Gortari) es el arte de conciliar asimetrías”. En una sociedad siempre habrá diferencias, esto es parte de la naturaleza humana. Un político debe tratar siempre de conciliar esas diferencias para generar acciones que logren el mayor respaldo posible. Lo curioso es que Salinas se ganó fama de intolerante. Para demostrarlo se ha citado siempre su frase “Ni los veo ni los oigo”, con la que respondió a una pregunta sobre si le habían molestado las protestas de los miembros del PRD en uno de sus informes.

En su sexenio, empero, Salinas mantuvo conversaciones con la oposición y con los distintos grupos de poder, como el Sindicato Mexicano de Electricistas. Así como se reunía con el panista Diego Fernández de Cevallos, lo hacía con Carlos Payán, director de La Jornada y uno de los líderes intelectuales de la izquierda del país. En su equipo de trabajo, Manuel Camacho Solís, entonces regente de la ciudad de México, y su lugarteniente Marcelo Ebrard servían de intermediarios con los intelectuales y los activistas de izquierda.

Uno habría pensado que con el ascenso de la izquierda al poder se habría generado un mayor ánimo de apertura. Andrés Manuel López Obrador recorrió un largo camino antes de alcanzar la Presidencia y en el trayecto sufrió ataques, desaires y falta de espacios en los medios de comunicación. Hoy debería entender la importancia de abrir puentes, de considerar la política como el arte de conciliar diferencias, de escuchar a la oposición. Pero no ha sido así. El presidente ha recurrido, por el contrario, a la vieja posición de los autoritarios: o estás conmigo o estás en mi contra.

No es tiempo de simulaciones. O somos conservadores o somos liberales. No hay medias tintas… O se está con la transformación o se está contra la transformación del país”. Estas palabras las dirigió el 6 de junio al historiador Enrique Krauze, quien durante décadas fue uno de los más agudos críticos de los gobiernos autoritarios del PRI. En su artículo Por una democracia sin adjetivos de 1984 Krauze escribió: “Siempre existen argumentos para limitar, posponer o desvirtuar la democracia”. Por eso pedía al viejo sistema político mexicano “adoptar las lecciones históricas pertinentes que nos conduzcan a una democracia sin adjetivos”.

En la democracia no puede haber una sola voz. En una sociedad diversa, un triunfo en las urnas no es un mandato para gobernar sin prestar atención a quienes no han votado por el triunfador. Por eso es importante que el gobernante se acerque a las oposiciones, que las escuche, que las considere, que trate de tomar decisiones que tengan el mayor respaldo posible.

López Obrador ha llegado a la Presidencia con el deseo de transformar el país. Sus acciones para acabar con la corrupción son loables, pero eso no significa que cada una de sus políticas deba ser aplaudida como antes se hacía con los emperadores sexenales del PRI.

El mismo López Obrador dice todo el tiempo que no es como sus predecesores, que él es realmente liberal. Pero la característica distintiva de los liberales es que preservan las libertades, abren la discusión de las decisiones gubernamentales, presentan argumentos en pro y en contra, deciden con la razón y no la imposición. Estas características son radicalmente opuestas a las que han aplicado los dictadores que dicen: o estás conmigo o estás contra mí.

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