Arquitectura moderna soviética
Arquitectura

Arquitectura moderna soviética

Tendencia en la construcción de las ciudades

Entre 1915 y 1935, la arquitectura rusa se destacó por su austeridad en el diseño. Se construyeron grandes edificios sobrios en adornos, de geometría sólida; esta tendencia fue de la mano con la política social de la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, un régimen de Estado que uniformó el diseño y que fue capaz de influir sobre las tendencias arquitectónicas del tiempo, ocupándose más en la atención de las necesidades sociales que en la proyección estética.

Está registrado en la historia que el hermetismo de las naciones no es permanente: al tiempo se abren las fronteras y las influencias del extranjero marcan la pauta en los estilos. Así se ha considerado la arquitectura del periodo estalinista en el cual, a pesar del férreo control político del Estado, se aprecia la influencia arquitectónica norteamericana en los rascacielos edificados entre 1947 y 1953 en la capital rusa. Los analistas ejemplifican esta inspiración estadounidense con el conjunto conocido como las “siete hermanas”; se trata del hotel Ukraina, en Moscú, diseñado por los arquitectos Arkady Mordvinov y Vyacheslav Oltarzhevsky, cuya estructura de acero le permite resistir sus doscientos metros de altura. En 1938 prosiguió la construcción de otra de las “hermanas”: el edificio de Kotelnicheskaya Naberezhnaya, de 32 plantas adornado con elementos góticos, distante en estilo a los inmuebles del periodo constructivista anterior.

Las demás “hermanas” moscovitas son la Universidad Estatal de Moscú, el edificio de la Plaza Kudrinskaya, el Ministerio de Asuntos Exteriores, el hotel Leningrado y el edificio de la Puerta Roja que se erige sobre una estación del metro. Para su construcción se usó el ladrillo cubierto con estuco y el acero; las bases son amplias y destaca en ellos el esbelto edificio central coronado por una aguja.

Posterior a la época de Stalin, el líder soviético Nikita Jruschov, quien gobernó de 1953 a 1964, regresó al periodo de austeridad llevándola al extremo al imponer un estilo enfocado exclusivamente en satisfacer las necesidades de vivienda. Redujo las dimensiones de los apartamentos y con ello se estrecharon las edificaciones; utilizó materiales de construcción económicos para satisfacer la demanda sacrificando el tiempo de vida útil.

Universidad Estatal de Moscú (1755). Foto: Archivo Siglo Nuevo

Se inauguró con ello la etapa de la vivienda popular, que se complementó con la construcción de barracas, inmuebles donde las familias compartieron el mismo espacio orilladas por las adversas condiciones económicas del momento.

Jruschov tenía claro el servicio que debía brindar la arquitectura, su concepción se distanciaba de la belleza: “Para ellos (los arquitectos) la arquitectura es una actividad artística, un arte plástico, pero debería ser una herramienta para abastecer las necesidades materiales del pueblo soviético”, expresó en uno de sus discursos; a partir de entonces se marginaron los arcos, las columnas, las estatuas, es decir, todo elemento que solo cumpliera una función decorativa. Con ellos se fue también una concepción estética.

Los edificios de reducidos departamentos son conocidos popularmente como jruschovki, sobrenombre tomado del apellido del líder político y social. Se trata de viviendas de “una, dos o tres habitaciones que pueden hacer las veces de dormitorio, sala o todo al mismo tiempo, todas muy pequeñas. En ocasiones el acceso a una habitación solo es posible a través de otra. La cocina-comedor mide entre seis y ocho metros cuadrados”, es una de las descripciones publicadas en Internet.

Pese a la austeridad, aquel momento arquitectónico también lo identifican como modernismo soviético, en el cual sobresale el espíritu nacionalista y el eclecticismo. “Se trata de una arquitectura de múltiples lecturas y numerosas referencias, que lo mismo busca su inspiración en las utopías supremacistas como en la arquitectura metabolista, así se muestra en el edificio de la calle Minskaya en Babruisk, que se parece a la Capsule Tower de Kisho Kurokawa; la tendencia rusa hace un guiño a figuras como Tange, así parece con la Casa del Mueble de Kiev, y sigue el estilo del ingeniero Pier Luigi Nervi, con el estadio Druzhba; la arquitectura rusa plantea megaestructuras similares a Habitat 67, como el sanatorio Zori Rossii; y apuesta por el brutalismo o se suma a la corriente posmoderna con edificios como el Museo de Lenin, en Gorki”, escribió Jerónimo Granados, arquitecto y colaborador del portal Arquitectura y empresa, para ejemplificar la mezcla de diseños que permanecen en el horizonte urbano ruso.

Departamento Jruschovski. Foto: russianhistoryblog.org

LA TENDENCIA MODERNA

Entre 1950 y 1970 la influencia de los arquitectos Le Corbusier y Eero Saarinen fue determinante para los rusos que fincaron el estilo llamado brutalismo, que se caracteriza por la geometría angular y repetitiva. Emplea como principal material de construcción el concreto y como rasgo decorativo se aprecian los muros desnudos.

Los diseños estrambóticos son piezas sin par, como el Ministerio de Carreteras de Georgia: una serie de prismas rectangulares, con una base reducida, colocados uno sobre otro de forma perpendicular. O, por el contrario, el Instituto Ucraniano de Investigación Científica y Tecnológica en Kiev, en el que sobresale una elíptica nave central sobrepuesta en el edificio rectangular, como un platillo volador aterrizando en su base.

El brutalismo quedó encapsulado en aquellas décadas como una postura extrema de un nacionalismo que deseaba distinguirse del resto del mundo. Con la caída del régimen socialista el reacomodo político marginó momentáneamente a la edificación de obras que se distinguiesen.

Los expertos llaman a la nueva era arquitectónica rusa la etapa del deconstructivismo, en la cual los edificios contemporáneos adquieren formas occidentales, alejadas de los sólidos inmuebles de bases amplias y más cercanos a las tendencias futuristas.

Entre los edificios singulares destaca el sanatorio Druzhba, una de las obras futuristas. Construido en Yalta en 1986 por el arquitecto Igor Vasilevsky se levanta sobre una planta circular como si fuese una nave espacial. La corona exterior que le rodea tiene un corredor circular, y tres núcleos cilíndricos con pasarelas que los conectan. Las anécdotas de entonces se referían a la construcción de una plataforma de lanzamiento de misiles, lo cierto fue que es un lugar de reposo frente al mar.

Sanatorio Druzhba (1986). Foto: greyscape.com

El Instituto de Robótica y Técnica Cibernética erigido en 1981, el hotel Forum en Cracovia, la torre de radio Bratislava en Eslovaquia, el teatro de arte dramático Fydor Dostoyevsky, son muestras extravagantes de una nueva era rusa que se distingue por sus formas.

Por otra parte, al norte del país, en Siberia, se desprende otro movimiento en el cual el concreto es el protagonista. Erigidos para resistir las inclemencias y el tiempo, los edificios de hormigón mantienen el espíritu nacionalista ruso.

En la actualidad las tendencias han cambiado radicalmente, el complejo de negocios Lakhta Center, localizado en San Petersburgo, es prueba de ello: con una altura de 462 metros posee el mirador más alto de Europa; destaca su torre parecida a un cohete con estructura de acero y vanos simétricos que permiten la entrada de luz. La obra fue reconocida por su ahorro energético. La parte medular del edificio es cilíndrica recubierta por una celosía de acero por donde circulan los elevadores. El complejo es el asiento de la corporación energética Gazprom, donde alberga a un conjunto de oficinas destinadas al desarrollo científico y educativo; también se instaló un centro deportivo y de ocio, un hotel, un restaurante panorámico y un planetario.

Con este rascacielos comienza una nueva era rusa, moderna, más cercana al occidente donde la carrera por rozar el cielo es prioritaria.

Comentarios