El mito del amor romántico
Sexualidad

El mito del amor romántico

La tradición cuestionada

En la música y la televisión, como en otros medios de la cultura popular, incluso en aquellos que se perciben más profundos o especializados como la literatura, se ven personas que entregan su energía y vida a la relación de pareja, insistiendo incluso por años en conquistar al ser amado. Es el caso de historias como The Notebook (2004), que se reciben muy positivamente, tal vez por ser “emocionantes” al transmitir este ideal.

Muchas expresiones intentan reflejar lo que ocurre durante el enamoramiento, así como los sentimientos y pasiones que afloran de él, pero una pregunta surge: ¿qué tanto actuamos en torno al ideal de amor romántico? Y ¿qué tanto de esto es real? Es decir, no siempre se coincide con esta idea de romanticismo. De hecho, hoy en día se cuestiona en razón de la perpetuación de estereotipos y de valores tradicionales que tal vez ya no corresponden a la actualidad.

Al principio, los humanos eran perfectos. Estaban formados por cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras y una cabeza más entera que la que tenemos. Lo anterior lo dicta Platón en su obra El banquete. La perfección de los individuos les llevó a creerse capaces de ocupar el lugar de los dioses y, como consecuencia, fueron separados en dos partes para convertirlos en seres más débiles. Ambas mitades se buscan, depositando gran parte de su energía a encontrar este vínculo perfecto.

DEFINICIÓN

El amor romántico es un término que corresponde a la forma en que se relacionan quienes conforman una pareja sentimental. El concepto es cuestionado por la psicología, la filosofía y el feminismo. Tiene mucho que ver con el ideal respecto al romance y al enamoramiento, sentimiento intenso que dura los primeros meses de una relación amorosa; pero también es una construcción cuyos cimientos se encuentran en lo profundo del imaginario colectivo, por lo que define el comportamiento de las personas.

Su popularización ha pasado por diferentes etapas de la cultura occidental y popular, iniciando con una serie de ritos de cortejo de la Edad Media, que se convirtieron en un código moral acerca de lo que debe hacer un hombre para conquistar a una mujer.

La caballerosidad, propia del amor romántico, nace de rituales de cortejo medievales. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Lo anterior muta en lo que conocemos como caballerosidad, que no es más que una serie de comportamientos para conducir el romance y ganar la aceptación de una mujer, pero también establece un rol centrado en la pasividad de la parte femenina y la actividad de la parte masculina.

La psicóloga social estadounidense Elaine Hatfield, distingue al amor en dos tipos. Uno centrado en la compañía y otro en lo pasional. El segundo se define como un intenso anhelo de unión con otra persona donde puede incluirse un sentimiento de realización personal.

El antropólogo William Jankowiak, en Pasión romántica, ¿una experiencia universal? (1995), define a la pasión amorosa por sus partes. Se conforma por la idealización, la erotización del otro, el deseo de intimidad y la expectativa a futuro. En la cultura occidental, según este autor, hay una idea marcada del amor sexual que incluye estas características y que se toma como una experiencia universal. Lo que ocurre en este sentido, es que la sexualidad se transforma en una de las vías por las que se llega a varios fines sociales.

Es un enlace establecido entre la vida privada y la pública. Al mantener una relación de pareja con las características del amor romántico, se forma también un vínculo con otros: se obtiene un sentido de pertenencia fortalecido al coincidir con la forma de relacionarse de los demás. No es coincidencia que la pareja, e incluso el matrimonio, sean parte de los valores fundamentales de la sociedad.

La filósofa italiana Teresa de Lauretis, señala que la forma en que amamos se establece dependiendo de nuestro rol social. Hay una educación predeterminada alrededor de la manera en que se debe amar, es decir, cómo se expresa el amor y cómo se siente. Son características culturales que determinan en mayor o menor medida el significado que le damos a este concepto.

Foto: Behance / Ricardo Orellana

En la cultura occidental, el amor romántico plantea la pérdida de límites y la simbiosis. Una entrega desinteresada donde este sentimiento todo lo puede y hay que luchar por esa relación especial a pesar de toda dificultad. Para Montserrat Moreno, doctora en psicología de la Universidad de Barcelona, lo anterior, junto con la idea de que el amor todo lo justifica, favorece el ideal del amor romántico. Éste se ve como imposible de ser controlado, anulando la racionalidad de cualquier individuo y fomentando que acepte ciegamente a la otra persona sin posibilidad de elección.

DESDE EL ROL SOCIAL

El amor, según la filósofa Simone de Beauvoir en El segundo sexo (1949), prepara a las mujeres a ser para los hombres. Un estereotipo ampliamente extendido en torno a la figura femenina es el de un individuo cuya vida gira en torno al amor. “Toda su belleza reside en el instinto del amor que nos empuja a ellas”, menciona Arthur Schopenhauer en El amor, las mujeres y la muerte (1819), donde también habla de un fuerte impulso por agradar. El filósofo describe de esta forma un modelo que se seguía de manera bastante normativa en el siglo XIX.

Hay aprendizajes que propician la formación desigual de parejas, tal como lo define Wendy Langford en Revoluciones del corazón (1999). Lo privado tiene una estrecha relación con lo que ocurre en sociedad, pues es en ella donde se origina un desenvolvimiento del amor dirigido hacia la figura masculina. Socialmente, el hombre reprime más comúnmente la expresión de sentimientos como el amor, por lo que, en esta organización, a las mujeres les corresponde expresar el afecto de forma desigual.

Según la antropóloga española Marcela Lagarde, el rol “amoroso” de las mujeres tiene que ver con aquel cariño que le profesan a familiares, hijos y pareja. Es decir, se espera de ellas que sean vehículos del amor en un sinfín de momentos de sus vidas, y se enseña que el romance de pareja las llevará a la felicidad.

Cuando los roles de pareja están sumamente interiorizados, pueden traducirse en dependencia emocional. Foto: Behance / Susan Yung

En esta línea, donde las mujeres no son completas sino con pareja, existe un concepto llamado orfandad de género, fortalecido por la cultura. Una de las principales dolencias de las parejas es un aparente egoísmo de los hombres, que en realidad se debe a que han sido enseñados a lo largo de su vida a ser independientes.

Lagarde define este papel como un “ser para sí” en Claves feministas para la autoestima de las mujeres (2000). Persiste un rol masculino desinteresado que se relaciona con la independencia emocional, pero también con lo racional, la autosuficiencia y otros aspectos como el poder y el éxito. Estas características son las esperadas de ellos; los conocimientos heredados sobre lo que es ser hombre y los valores que se trasmiten en el núcleo familiar juegan un papel importante. Los niños se identifican con él y lo imitan.

Los peligros de estos roles interiorizados pueden traducirse en la dependencia emocional, pero también en otros problemas que implican mayor amenaza. Los engaños, o incluso abusos psicológicos y físicos, son posibles dentro de una relación formada bajo estos estándares, donde la parte abusiva volverá a recibir amor sin importar qué suceda.

El éxito está situado tradicionalmente en diferentes lugares para ambos géneros. Mientras que para las mujeres se encuentra constantemente vinculado a la formación de una familia y al amor de pareja, para los hombres existen más fantasías de logro financiero y de poder o influencia. Estas características hacen posible una configuración especial de familia. Es posible que la sociedad arrastre tradiciones de este tipo que más bien se convierten en vicios.

Muchos de estos comportamientos sociales no corresponden últimamente con la organización actual de afectos. Si es posible cuestionar más de una de aquellas ideas porque no corresponden con los roles que hoy en día ejercen más personas, es porque la humanidad ha cambiado bastante a través del tiempo. Esto significa también, que una de las tareas a las que se ha entregado el individuo actual es a dirigir las relaciones hacia la equidad y no al romance desigual.

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