El espejo en el espejo
Literatura

El espejo en el espejo

Los viajes surrealistas de Ende

La fantasía es un punto de partida para explorar diferentes posibilidades, desde las más extravagantes y sórdidas hasta las más poéticas. Los mundos de ficción, bajo esta lógica, no tienen límites, tal como dos espejos ubicados frente a frente.

Michael Ende parecía conocer esta posibilidad cuando creó 30 cuentos con temas tan diversos como la búsqueda de identidad, el amor, la soledad y la guerra. Lo hizo a través de extrañas metáforas y mundos tan diversos como una catedral encapsulada en una isla flotante, un desierto, un laberinto y un ferrocarril que no se detiene.

Esta antología se publicó en 1983, cerca de cuatro años después de que el escritor cosechara un éxito notorio con La historia interminable, aunque ya se había posicionado con Momo (1973) en el mundo de la literatura. Su lugar era el de un autor para niños que exigía cierta complejidad de sus lectores al criticar el consumismo y más problemáticas sociales. En El espejo en el espejo, Ende recoge la obra de casi una década, que no es para nada infantil, pero que mantiene un amplio contenido fantástico. Sus narraciones contienen escenas intensas e incluso de guerra, y son tan diferentes entre sí, que podrían parecer poco relacionadas.

En ellas coexisten ángeles, una reina desfigurada o un hombre con ojos de pez, y sin embargo, dependiendo del grupo de cuentos frente al que esté el lector, pueden verse similitudes en los mundos que presenta, aunque más en sus temas. Se trata de una antología que da la sensación de estar en un laberinto sin salida, donde lo que surge es cada vez más ajeno a nuestro mundo.

INFLUENCIAS

Existe en los cuentos una carga onírica relacionada con la mitología de distintas tradiciones, con personajes que están en constantemente angustia y sufrimiento. Entre las influencias que Michael Ende reúne para esta travesía se encuentra el aclamado argentino José Luis Borges y el suizo Friedrich Dürrenmatt. Pero en cuanto a la idea inicial que constituye las narraciones, es Edgar Ende, su propio padre, quien fuera un pintor surrealista alemán. Sus obras no sólo influyeron en la temática de los textos de Michael, sino que además ilustró el libro.

El bailarín en la pelota (1948), de Edgar Ende. Foto: surrealism.website

Entre las referencias que hace El espejo en el espejo están tradiciones culturales que aportan a su gran eclecticismo. Desde el judaísmo, cristianismo y taoísmo hasta la mitología griega, diversos elementos se presentan en cierto modo arquetípico, pero con una interpretación más libre.

Del mismo modo que en La casa de Asterión, donde Borges habla desde otra perspectiva del minotauro y su encierro en el laberinto, Ende hace una referencia a la misma historia cargándola de otro significado, y la vincula a temas como la obediencia a la figura paterna y a la búsqueda del amor de pareja.

Concretamente, habla de seres alados que se encuentran en un laberinto, tal como los personajes del mito griego Dédalo e Ícaro. Pero vierte en ellos la carga de la obligación hacia el vínculo paterno y plantea el amor carnal como aquello que aleja al protagonista de su núcleo familiar. Si logra un vínculo externo, se separará de él, pero también dejará de ser un ente alado y perderá su cualidad de ser fantástico. Vendrá el golpe de realidad. Lo anterior es uno de los tipos de relaciones que el autor tiende entre lo mitológico y el surrealismo, sin ignorar elementos de los sueños o del estudio del inconsciente, en los que se apoya esta vanguardia.

Recordando que este es un libro de influencias diversas, también existen en sus relatos situaciones realistas con un giro fantástico sutil. Tal es el caso del cuento en que Ende relata la historia de un bailarín que espera su salida detrás del telón. Esta situación se prolonga y hace que el protagonista mantenga su posición de salida, pero olvide su objetivo.

La condición humana puede relacionarse con esta metáfora bellamente plasmada. Muchas de las situaciones en las que están inmersos los individuos, son fruto de la cultura en que viven, y se relacionan con la postura que deben mantener incluso si no saben realmente por qué.

Michael Ende reinterpreta el mito del minotauro. Foto: abc.com.py

PERSONAJES

Los personajes de El espejo en el espejo se encuentran atrapados en mundos fantásticos que mantienen un tono de pesadilla. Las fuerzas que los oprimen muchas veces tienen que ver con la obediencia, la ambición, la codicia o el conformismo.

En algunos de ellos no parece estar latente un conflicto, lo que vuelve al relato más angustiante aún. Por ejemplo, en el caso de los personajes que se encuentran encerrados en un cubículo, sin posibilidad de salir ni de realizar otra actividad más que su trabajo, no existe una intención de escapar, sino una aceptación completa de este destino.

EL ESCENARIO

Muchos de los mundos de fantasía de Michael Ende, están en clave mucho más actual y beben de imágenes que ya no se encuentran únicamente en la mitología, sino que parecen mucho más adecuadas para la ciencia ficción. Uno de los textos habla de una catedral suspendida en el espacio. En ella se encuentra un personaje que llega de un viaje del que no se sabe nada. Lo único que se conoce es su intento de salir de aquel sitio.

Lo que ocurre en ese lugar que no deja salir a nadie son ritos religiosos en torno a una figura importante en aquel y en este mundo: el dinero. La construcción está hecha con fajos de billetes, pero las velas hacen que esté en constante peligro de quemarse. Este momento de crítica a la acumulación capitalista se ve plasmada en otros relatos donde la guerra y los ídolos religiosos aparecen.

Michael Ende suele criticar la voracidad capitalista en sus historias. Ilustración: Archivo Siglo Nuevo / Hessie Ortega

En uno de sus pasajes, un dictador que no puede morir se ve asediado por revolucionarios que lanzan ataques hacia él. En otro, una masacre sin precedentes ocurre: la confusión del campo no deja ver al enemigo, si es que existe alguno. Los participantes en esta guerra simplemente matan como les es posible a cuantos pueden, y en el cielo se logra ver una cruz. El ídolo por el que lichan apenas es visible y se encuentra en un ideal lejano al mundo terrenal que destruyen.

Uno de los momentos de más despliegue fantástico y que posiblemente sea uno de los textos más sencillos en su trama, pero más poéticos, es aquel en que un hombre con ojos de pez, como llama Ende a su protagonista durante toda la historia, se encuentra en un tren a la salida de su oficina. Los demás personajes son hombres comunes. Su viaje, a diferencia de todos los días anteriores, no se puede detener y, tras varios intentos de bajar del tren, pasa por bellos mundos muy alejados del suyo.

A esta situación, el hombre de los ojos de pez da respuestas centradas y responsables sobre lo que ocurriría si detiene el tren de diferentes formas, o si ocurre un accidente. Todo el tiempo las consecuencias de su viaje son percibidas como algo dentro de su realidad, pero es al final del cuento que conocemos el destino del personaje. “Entonces el hombre de los ojos de pez comprendió hacia dónde iba, lo comprendió tanto que se le paró el corazón: el mar.”

Este viaje se relaciona precisamente con el lector. El destino es desconocido, pero inevitable, y debe tener relación, de alguna manera, con la capacidad enorme de imaginar y de relacionar el mundo imaginario con el real.

El espejo en el espejo es una obra que puede leerse como un simple compendio de textos y temas que al autor le interesan, así como las influencias diversas que ha logrado tocar, pasando desde la literatura hasta el cine de los años setenta. Sin embargo, si lo vemos como un intento de englobar todos estos recursos de la ficción en torno a la naturaleza humana, se puede entender como una obra sumamente ambiciosa y bastante única en su tipo.

Comentarios