La exploración mental de los psiconautas
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La exploración mental de los psiconautas

Inducción a estados alternos de consciencia

Los monjes tibetanos, en su libro de la muerte, conocido también como Bardo Thodol, describen las experiencias para alcanzar la iluminación mística, asociándola al proceso de la muerte y de la meditación. El psicólogo Timothy Leary, junto con sus colegas Ralph Metzner y Richard Alpert, decidió adaptar estas doctrinas y prácticas a la ingesta de agentes psicodélicos, especialmente de la dietilamida de ácido lisérgico, conocido comúnmente como LSD. En su libro Una experiencia psicodélica: un manual basado en el libro tibetano de la muerte (1960), recoge estos procedimientos.

De acuerdo a este modelo, en la experiencia psicodélica se pueden definir tres fases: una de ellas es Sidpa Bardo, la cual involucra un estado contemplativo de la propia rutina, los procesos sociales y los biológicos. En ella puede haber alucinaciones leves.

La segunda etapa, Chonyid Bardo, involucra la autopercepción y la consciencia del exterior. Se caracteriza por alucinaciones más fuertes, explicadas por los tibetanos como apariciones kármicas.

Finalmente, Chikhai Bardo es la completa trascendencia; más allá de las palabras, el espacio-tiempo y la consciencia. No existen visiones, desaparece la sensación del yo freudiano y no hay pensamientos, sino que se hace presente la completa liberación mental de los procesos biológicos y sociales. Comportamientos como rituales, metas, estrategias, valores y lenguajes, quedan sustituidos por reflejos psicológicos y una auténtica contemplación.

Estos tres estados, afirma Timothy Leary, sólo sirven como pauta para describir los efectos psicológicos más notorios de una experiencia psicotrópica, destacando que ésta es completamente subjetiva y fluida, por lo que cada psiconauta puede oscilar entre las tres fases en distinto orden.

Ilustración del Bardo Thodol, libro de la muerte de los monjes tibetanos. Foto: clinicalanthropology.com

El término psiconauta proviene del griego psuchè (espíritu, alma, mente) y nautè (navegante), por lo que se traduce como navegante de la mente. El concepto fue acuñado por el autor alemán Ernst Jünger y actualmente se utiliza para describir a individuos que buscan explorar su psique a través de estados inducidos de conciencia. Esto se puede lograr mediante métodos espirituales, como el misticismo o el chamanismo; a través de los efectos psicotrópicos de diferentes drogas, como la mezcalina, el LSD o el cannabis, y con técnicas como la meditación, la oración, los sueños lúcidos o la privación sensorial.

LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN

Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo se mostraría al hombre tal cual es: infinito.” Con esta frase del poeta británico William Blake comienza la obra Las puertas de la percepción (1954), del autor y pensador británico Aldous Huxley, sobre su experiencia con la mezcalina, el activo psicodélico que se encuentra en la planta endémica de México usada por tarahumaras y huicholes en rituales de sanación: el peyote.

Esta planta, que forma parte de la familia cactaceae, es considerada un enteógeno, término compuesto por el griego entheos, que significa “lleno de Dios o inspiración”, y genesthai, traducido como “yo soy”. Así, los enteógenos se definen como hongos o frutos psicoactivos que producen alucinaciones y cuyo uso ha sido documentado en religiones y ritos autóctonos, de acuerdo al micólogo R. G. Wasson y al filólogo estadounidense Carl A. P. Ruck. Cabe mencionar que hay alucinógenos sintéticos, como el LSD, que producen alteraciones de conciencia similares a aquellas documentadas en los enteógenos naturales.

De acuerdo a Jonathan Ott y otros psiconautas, el uso de enteógenos en rituales sagrados de distintas tribus va de la mano con el desarrollo del concepto de Dios, afirmando la existencia de un ser superior o divino pues, como la propia palabra lo explica, “Dios existe dentro de nosotros”.

Peyote. Foto: Flickr / zapdelight

El escritor californiano Thomas Wolfe, tras una de sus primeras experiencias de LSD, describió el inicio de las religiones como una revelación espontánea: “Mahoma estaba ayunando y meditando en la ladera de un monte cerca de La Meca y ¡zas! Éxtasis, vasta revelación y el principio del islam. Saulo de Tarso va por el camino a Damasco y ¡zas! Oye la voz del Señor y se hace cristiano. Sabe Dios cuántas figuras menores, en los dos mil años transcurridos desde entonces, han sentido lo mismo”.

Esta experiencia iluminadora sobre un poder mayor, entonces, es equiparada con las experiencias enteogénicas de diversos alucinógenos, como el peyote o la mezcalina.

LA SACERDOTISA DE LOS HONGOS

La pareja de etnomicólogos Gordon Wasson y Valentina Pavlovna, realizó en 1955 un viaje a México para explorar distintos rituales con plantas enteógenas. Visitaron la región mazateca, lugar donde conocieron a María Sabina, conocida como la sacerdotisa de los hongos. Ella fue una indígena mazateca nacida en 1894 en Huautla de Jiménez, Oaxaca. A través de sus ancestros chamanes conocería las propiedades curativas y místicas de los hongos que crecen en la sierra.

A partir de una ceremonia mazateca, Wasson escribió su obra El hongo maravilloso Teonanácatl: micolatría en Mesoamérica (1983), donde explora la posición de deidad que se le designa a los hongos en las culturas indígenas.

Sabina consideraba a los hongos como “sus niños”, a los cuales les daba un uso medicinal de acuerdo a la tradición mazateca antigua. Caso parecido ocurre con los tarahumaras y huicholes, quienes usaban el peyote como medio de sanación de mente y cuerpo.

María Sabina con Gordon Wasson. Foto: doorofperception.com

En la cultura huichol, el peyote es considerado un ser anímico, es decir, con alma; por lo tanto, es tratado con mucho respeto. Los peyoteros, que son los únicos autorizados para cortar esta planta, tienen que ser purificados con incienso y copal antes de hacerlo. En el proceso no se debe dañar a la cactácea porque podría ofenderse. Al llegar a la localidad, se realizan danzas y ceremonias en los que toda la comunidad participa e ingiere peyote, al que se le atribuyen propiedades curativas. También es usado para rituales de “mal de alma”, lo que en la medicina moderna podría ser descrito como un desorden mental o psiquiátrico.

EL SECRETO DE LA FLOR DE ORO

Sin embargo, el uso de alucinógenos no es el único método para la exploración mental. Como se mencionó anteriormente, la meditación permite llegar a la autopercepción y al éxtasis, estados que han sido captados en las mentes de monjes budistas a través de escaneos cerebrales.

Un estudio conducido en la Universidad de Wisconsin, en febrero de 2018, por Richard J. Davidson y Tai R. A. Kral, entre otros investigadores, demostró que la meditación a largo plazo reducía la reacción de la amígdala frente a imágenes que producían sentimientos negativos.

Pero la meditación no sólo afecta la percepción mental, sino que también tiene efectos positivos a largo plazo en el cuerpo, como reducir el proceso de vejez en seres humanos, según un estudio de la Academia de las Ciencias de Nueva York, publicado en 2014 por Britta K. Hölzel y Sara W. Lazar.

Uno de los tratados más antiguos de meditación taoísta proviene de los ensayos rescatados de la dinastía Tang y presentados como obra de la deidad china Lü Dongbin. Estas enseñanzas fueron traducidas por el alemán Richard Wilhelm bajo el nombre El secreto de la flor de oro. Se le llamó así por la relación entre oro e iluminación, es decir, como una metáfora al florecimiento de la iluminación.

Foto: Behance / Schalk Pienaar

PSICONAUTAS CIENTÍFICOS

Quizás una de las leyendas urbanas más populares en el ámbito de la psicodelia es el hecho de que el biólogo molecular Francis Crick llegó a la idea de la doble hélice en el ADN después de consumir LSD. Aunque su viuda admite que llegó a probar esta sustancia, ella afirma que fue después de haber hecho el descubrimiento que le valió el premio Nobel de Medicina.

Pero el impulso a la ciencia por parte de diferentes sustancias psicoactivas no para ahí, pues son varios los científicos que se han sentido inspirados por los alucinógenos. Destacan nombres como el de Kary Mullis, quien desarrolló la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), en la cual se basa la biología molecular moderna y que le valió el Premio Nobel de Química en 1993. Para una entrevista de la BBC, Mullis afirmó: “¿Habría inventado la PCR de no haber tomado nunca LSD? No lo sé. Lo dudo. Lo dudo seriamente.”

Otros de los científicos que destacan son Richard Feynman, cuyo trabajo en la electrodinámica cuántica le valió el premio Nobel de Física en 1965 y que experimentó con LSD durante sus cátedras en Caltech; así como Carl Sagan, astrofísico autor de la serie COSMOS y que en 1971 escribió, bajo el pseudónimo de Mr. X, sobre los usos benéficos de la cannabis en el libro Marihuana reconsidered (1971).

Sagan describe cómo, al fumar esta planta, sus sentidos mejoraron de tal manera que la música y el arte pudieron ser apreciados de diferente manera, al igual que la textura y el sabor de la comida. También relata cómo algunas de sus hipótesis científicas se generaron durante sus usos ocasionales de marihuana, siendo éstas utilizadas posteriormente para desarrollar trabajos académicos, conferencias universitarias y sus libros más célebres.

Timothy Leary. Foto: unbornmind.com

Pero el nombre más importante entre los científicos contemporáneos que experimentaron con alucinógenos es posiblemente Timothy Leary, ya que él y sus colegas fueron los pioneros en la investigación del LSD en campos como la psicología y la psiquiatría, despertando el interés del público general por estas sustancias.

Psicólogo con tesis doctoral de la Universidad de Berkeley, Leary comenzó a dar cátedra en la Universidad de Harvard en 1959. Junto con Richard Alpert se volvería uno de los íconos de la revolución psicodélica de los años sesenta, comúnmente conocida como el movimiento hippie.

En ese momento aún se desconocían los efectos a largo plazo de la ingesta de sustancias como el LSD o la psilocibina, por lo que, al dedicarse a la psicología, vieron como parte de su campo de investigación a estas sustancias que alteran la percepción humana. No obstante, algunos de sus colegas ponían en duda la objetividad de sus estudios, sobre todo porque tanto Timothy como Alpert conducían sus experimentos bajo los influjos de alucinógenos.

Aun así, sus ensayos académicos y trabajos posteriores dieron pie a nuevos análisis de los enteógenos para tratar diferentes problemas de salud mental. Casi 60 años después de las investigaciones de Timothy Leary y Richard Alpert, la Administración para el Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés) ha permitido 50 estudios relacionados con el uso de alucinógenos, entre ellos el LSD y los hongos, para tratar problemas mentales como la ansiedad y la depresión, así como problemas de adicción; esto último como resultado de la búsqueda de una nueva estrategia para luchar contra la epidemia de opiáceos en Estados Unidos.

En mayo de 1997, 10 meses después de fallecer, las cenizas de Timothy Leary fueron lanzadas al espacio, convirtiéndose de manera póstuma en el primer psico y cosmonauta.

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