Los niños en la nueva normalidad
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Los niños en la nueva normalidad

La importancia de la rutina

El temor, la ansiedad y la incertidumbre con respecto a la COVID-19, pueden resultar abrumadores y generar emociones fuertes en las personas. El distanciamiento social genera aislamiento y una sensación de soledad; sin embargo, esta medida de salud pública es necesaria para reducir la propagación del coronavirus. Aprender a lidiar con el estrés de manera saludable es una forma de fortalecerse en estos tiempos difíciles.

Save the Children señala que los sentimientos de impotencia, soledad y miedo a la exclusión, el estigma o la separación de los seres queridos, son comunes en cualquier epidemia, pero advierte que la falta de juegos al aire libre, así como el estrés prolongado, el aburrimiento y el distanciamiento social, pueden provocar en los niños y niñas problemas de salud mental.

Las encuestas realizadas recientemente por esta organización en Estados Unidos y en varios países europeos, reflejan cifras preocupantes sobre la salud mental de los menores. Por ejemplo, en Finlandia, siete de cada 10 participantes en el estudio tenían ansiedad y el 55 por ciento presentaba fatiga. En Reino Unido, casi el 60 por ciento de los niños y niñas temía que un pariente pudiera enfermar y, en Alemania, tres de cada 10 estaban preocupados por no poder terminar el ciclo escolar.

No podemos subestimar el impacto que la pandemia está teniendo en la salud física y mental de los niños. Están sufriendo muchos cambios, de alto impacto, en un periodo de tiempo muy pequeño. Debemos actuar ahora si queremos evitar problemas mentales a largo plazo”, añade Anne-Sophie Dybdal, miembro de la institución.

La organización insta a los gobiernos a clasificar las actividades de trabajadores sociales como servicios esenciales, para que puedan brindar apoyo a los infantes durante y después de las medidas de confinamiento. Asimismo, garantizar que la educacióna distancia sea accesible para todos, y que contenga mensajes sobre salud, higiene y seguridad.

Es importante que los niños sepan que las medidas sanitarias no son una imposición, sino una manera de protegerse. Foto: Archivo Siglo Nuevo

COMBATIR LOS EFECTOS DEL CONFINAMIENTO

Según el psicólogo educativo Borja Quicios, los niños “son mucho más resistentes que los adultos a los efectos psicológicos del aislamiento, pero no son inmunes en su totalidad”. El cambio en sus rutinas y el continuo bombardeo de noticias puede provocarles un gran impacto emocional.

Distintos estudios realizados a partir de las semanas de confinamiento, han constatado que, tras quedarse tanto tiempo en casa, los pequeños han perdido los hábitos y tienden a ser mucho más irritables, lo que hace más frecuentes las rabietas y los momentos de enfado. Son varios los expertos que también hablan sobre la tristeza de los niños en estos días, que puede resultar en un estrés postraumático que los afectaría a mediano plazo.

Este impacto se debe a que sus necesidades básicas no se ven cubiertas. Esto no se refiere únicamente al alimento o a contar con un techo dónde vivir, sino también a salir de casa, ir a la escuela, jugar con otros niños, correr y saltar, actividades que son sumamente importantes para su desarrollo.

Es importante entender que para los niños de menos de 10 años es difícil identificar sus propias emociones. Cuando un adulto escucha o lee la palabra depresión, la entiende como periodos de tristeza, inactividad y falta de motivación. Pero la mayoría de los infantes no lo perciben de esta manera: se muestran enojados, hacen muchos berrinches, son más agresivos o rompen las reglas. No necesariamente son signos de rebeldía o desobediencia; pueden ser síntomas de confusión, inestabilidad, inseguridad, insuficiencia, que por su corta edad no pueden explicarle a las personas que los rodean. Por ello es tarea del adulto tener esto en cuenta.

Según el tipo de personalidad y carácter del menor, se pueden dar diferentes efectos psicológicos por el distanciamiento social: los niños más sensibles pueden llorar más a menudo y llegar a experimentar alteraciones del sueño, o mostrarse más dependientes de los padres de lo habitual. En cambio, niños con un temperamento difícil pueden experimentar una mayor rebeldía ante la cuarentena, además de cambios de humor, irritabilidad y aburrimiento.

Foto: redaccion.com.ar

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) lanzó una serie de recomendaciones con el fin de establecer rutinas útiles para combatir las consecuencias del aislamiento en los niños, haciendo que el confinamiento se convierta en una oportunidad para contar con la opinión, la responsabilidad y el compromiso de ellos.

Los consejos pueden encontrarse en el sitio web unicef.org, pero a grandes rasgos se trata de dividir el día de manera que se puedan incluir las siguientes actividades: jugar, estudiar, hacer ejercicio, tareas domésticas, leer, higiene personal, hablar con la familia, ingerir comida saludable, tiempo libre para otras actividades de su gusto y tiempo con amistades (videollamada, llamada telefónica, algún videojuego en línea, etcétera).

Cumplir con esas actividades lo ayudará a mantener estable su salud mental y física, sobre todo si es dentro de una rutina que le despierte interés. Además, es importante que se les explique que todas las medidas sanitarias son para frenar los contagios. De esta forma se sentirán integrados a la sociedad como ciudadanos responsables, y les hará saber que se cuenta con ellos para el futuro.

EDUCACIÓN A DISTANCIA

La educación es una parte primordial del desarrollo de los niños, y México se enfrenta ante un nuevo obstáculo en este aspecto: el inicio de un ciclo escolar con la modalidad en línea.

La escuela es importante no sólo por los conocimientos adquiridos, sino porque es el primer lugar donde los niños tienen sus primeras experiencias de autoeficacia, trabajan en equipo y se reconocen a sí mismos como parte de la sociedad mas allá de la familia.

Con la pandemia, la educación en línea se ha impuesto en prácticamente todo el mundo, pero México no es un gran ejemplo de su implementación. Para empezar a hacer algo al respecto, a pesar de las limitaciones del sistema educativo nacional, hay que tener en mente que no regresamos a la normalidad, sino a una ‘nueva normalidad’, y eso conlleva cambios estructurales en cuanto a roles, normas, reglas, rutinas, responsabilidades y demás.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

Para los padres es difícil lidiar con esta situación porque no tienen el entrenamiento para una formación escolar como tal, por lo que puede llegar a ser una experiencia muy estresante. El primer paso ante esta abrumadora tarea debe ser la creación de una nueva rutina. Los más pequeños del hogar buscan la seguridad en la estructura, y una forma de lograrlo es con horarios.

Hace un año, la rutina de un niño podía ser más o menos la siguiente: a las 7:00 de la mañana se levantaba. Primero tenía que bañarse y cambiarse. Luego tomaba el desayuno para después ir a la escuela. A partir de las 8:00 a.m. tendría sus clases y recreo con sus respectivos horarios. A las 2:00 p.m. el niño salía de la escuela y, una hora después, ya estaba en casa comiendo. Quizás a las 4:00 p.m. empezaría la tarea para, a las 6:00 p.m., pedir permiso para jugar con sus amigos. Al regresar a casa, cenaba e iba a la cama.

Al no haber este tipo de estructura se puede perder el propósito y por lo tanto se presenta una falta de motivación para hacer las cosas. Sin embargo, el niño sigue teniendo cada día un exceso de energía que busca calmar. Para encausar ese ímpetu se puede hacer un horario que obedezca las nuevas necesidades de la vida.

CÓMO CREAR UNA NUEVA RUTINA

Algo muy importante es que, a pesar de tomar clases en línea, el infante tenga una hora de levantarse de lunes a viernes y que, tal como lo hacía antes, dedique tiempo a su higiene y cambio de ropa para establecer que debe cumplir con ciertas responsabilidades. El nuevo horario puede ponerse en un lugar de la casa donde el niño pueda verlo.

Acomodar el ambiente de trabajo es una manera de consolidar el cambio. Hay que brindarle al niño un pedacito del hogar para que tome sus clases. Debe evitarse que ese sitio sea la sala o su habitación porque le será difícil adaptarse. En la sala está acostumbrado a ver sus programas favoritos en la televisión y eso es lo que esperará de ese lugar; si se le deja en su cuarto, esperará dormir o jugar. El darle un espacio que no esté acostumbrado a utilizar en casa será de mucha ayuda para su concentración. Basta con una mesita con una silla donde pueda tener su mochila cerca.

Foto: Hessie Ortega

El lapso de atención de un adulto es de aproximadamente 50 minutos, así que para un niño es más difícil mantener la concentración. Es normal que busque hacer otro tipo de actividades mientras estudia, por lo que se le pueden dar momentos de cinco minutos, contados, para que vaya al baño, tome agua o se relaje, así como un receso más amplio a mediodía. En estos momentos el padre puede enfrentarse a la dificultad de mantener a los hijos controlados. Lo importante es establecer límites claros y concisos desde un inicio, para hacer entender que el virus no los exonera de la escuela. Por ejemplo, si el alumno prefiere ver la tele y dejar sus clases para después, lo mejor es explicarle que ya no son vacaciones y que por lo tanto debe cumplir con sus responsabilidades en tiempo y forma. Al inicio parecerá difícil, pero respetar la rutina hará que, a la larga, todo sea más fácil.

Cuando las clases terminan, volver a cambiar el ambiente es de mucha utilidad: que el niño guarde sus cosas en la mochila y acomode su espacio escolar, que se cambie de ropa si lo desea. Esto ayuda a que precisamente se deje en claro que va a cambiar de actividad: comer, por ejemplo.

En la nueva rutina, se puede implementar la ayuda con las tareas domésticas, dependiendo de la edad del menor. Pueden poner la mesa, hacer un agua fresca, cortar verduras, machacar el puré o cualquier otra actividad que los haga sentir involucrados.

Los límites, las reglas y el cambio de ambiente ayudarán a que el niño encuentre su nueva normalidad, pues son muy adaptables a las situaciones que se les presenten.

Los padres de familia deben recordar que son el mayor ejemplo de sus hijos para todo: control de emociones, cómo se adaptan y cómo reaccionan ante los cambios. Los niños estarán dispuestos a hacer cosas diferentes siempre y cuando vean que para los adultos esto no implica un problema imposible de resolver.

Claro que el adulto también debe cumplir con más responsabilidades, como el trabajo, administrar los gastos, hacer la comida, etcétera, pero hay que buscar la manera de acomodar bien el horario de los niños para empatarlo con nuestras propias actividades. Si se da tiempo de calidad a los hijos, sobre cantidad, el niño podrá ser autosuficiente en medida de su edad y sus capacidades.

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