La fantasía oscura de Rego
Arte

La fantasía oscura de Rego

Escenas de una sexualidad tormentosa

Según el aclamado crítico de arte Robert Hughes, Paula Rego busca en todo su cuerpo de obra contar un relato, que no necesariamente es comprensible a simple vista, sino que tiene el sello indistinguible de lo siniestro o extraño, y que da la sensación de no estar acabado.

Su obra tiene la particularidad de que sus personajes están sumidos en una especie de mundo de fantasía, cercano al de los cuentos de hadas y la literatura infantil, para mostrar una relación entre la ternura y la violencia que se encuentra en el pensamiento colectivo.

BIOGRAFÍA

Nacida en los años treinta en Lisboa, Portugal, y residente de Inglaterra desde los cincuenta, Rego pasó su infancia bajo el régimen de Antonio de Oliveira Salazar, quien instauró una dictadura silenciosa, sin guerra civil o toma violenta del poder, pero sí caracterizada por la represión.

El llamado Estado Nuevo o República Corporativa bajo el mandato de Salazar, se mantuvo mediante una supresión de las libertades de la población portuguesa de 1933 hasta 1968, convirtiéndose en la dictadura más duradera del siglo XX en Europa. Este gobierno tuvo especial efecto en la familia de la artista, debido a que su padre tenía una postura política contraria, lo que marcó su migración.

Sin embargo, Paula Rego creció en una familia sumamente tradicional, principalmente por la postura conservadora de su madre. Tal vez por ello sus búsquedas creativas, más adelante, girarían en torno al feminismo y a temas tabú como el aborto, que representa directa y brutalmente, generando reacciones controversiales ante su obra.

Paula Rego en su juventud. Foto: fineartmultiple.com

Estudió en la Slade School of Art, la academia responsable de formar a figuras como los aclamados pintores Jenny Saville y Justin Mortimer, y donde fue alumna del realista William Coldstream. Asimismo, Rego influyó en su yerno, el escultor hiperrealista Ron Mueck, para que trasladara su trabajo centrado en el cine a las galerías, donde adquirió un discurso más orientado a las artes.

Actualmente, con 85 años y una carrera artística de más de medio siglo, la artista se encuentra entre las exponentes más importantes a nivel mundial que aborden el feminismo en su obra, junto con figuras como Ana Mendieta o Celia Amorós. Se caracteriza, como las autoras mencionadas, por sus comentarios mordaces y nada maquillados a la sociedad actual.

Dialogando con estilos artísticos tan diversos como el arte románico catalán o el art brut, se acercó al surrealismo para representar en tono pesadillesco y naif la vivencia de una sexualidad atormentadora. Tomó como influencias a Francisco de Goya, en su acercamiento a una dimensión de lo grotesco o deforme, y a James Ensor en su representación de lo carnavalesco y estridente con matices de un horror inmanente.

DISCURSO

En cuanto a la obra de Paula Rego, se puede afirmar que dos eventos importantes que marcan sus temas, son el recuerdo de la dictadura y las relaciones de poder en el medio familiar, como la difícil relación que tuvo la autora con la maternidad. Producto de esto son las figuras dominantes y terribles, y la fantasía pesadillesca de sus pinturas, así como la crítica social que desarrollaría más adelante.

Tuvo una relación tormentosa con el pintor Victor Willing, con quien finalmente contrajo matrimonio. La resistencia de Rego a ser madre la llevó a practicarse una serie de abortos, que si bien la ayudaron a ser tan libre como deseaba, dejaron una huella en su vida. En sus propias palabras, esta práctica podría significar un acto de supervivencia y una necesidad, pero en ella tuvo como precio el someter su cuerpo al peligro del aborto clandestino.

Tríptico sobre el aborto (1998). Foto: Twitter

En su Tríptico sobre el aborto (1998) reclama de manera casi directa la necesidad de que se realice en clínicas especializadas para reducir los peligros que conlleva, con imágenes del acto en sí realizado en casas o espacios no idóneos.

Las intensas imágenes han sido tomadas como estandarte tanto por quienes defienden el aborto legal, como por quienes se pronuncian en su contra, sin embargo la popularidad de estos grabados influyó en la legalización del aborto en Portugal en 2007.

Sigmund Freud describe el tipo de estética que emplea Rego como unheimlich (en su idioma original), que puede definirse como siniestro. Tiene que ver con la sensación de estar fuera de casa, del lugar de confort, y por ello lo cotidiano se mezcla con un elemento extraño que causa inseguridad. Es entonces cuando el espectador no se siente en paz sabiendo que existe algo fuera de lugar y que, además, esa variación leve puede significar una angustia por estar en el lugar no indicado.

La comisaria de arte española María Atoral, quien participó en una exposición de Rego, hace un análisis sobre este imaginario que caracteriza las escenas de la pintora. A pesar de venir de una tradición donde se buscan las imágenes de impacto o autoconclusivas, al estilo de Francis Bacon o Jenny Saville, Rego cultiva una intención narrativa.

Así, hace referencia a experiencias propias, añadiendo un toque literario y fantástico, y magnificando las escenas con su particular estilo pictórico.

Rego parte de un diálogo con novelas como Jane Eyre de Charlotte Bronte, Nada de Carmen Laforet o El crimen del padre Amaro de Eça de Queirós, de donde toma escenas cuyos motivos establece desde las relaciones de poder aceptadas socialmente, señalando actores como el clero.

Los personajes que hacen alusión a estas relaciones, no son directamente agresores, pero sí actores pasivos de una vigilancia constante que a veces cruza sus ojos con los del espectador, como en Vanitas (2006).

En guerra (2003). Foto: tate.org.uk

La mirada, para el psiquiatra Jacques Lacan, se percibe como una interrogación o amenaza, una vigilancia relacionada con el reminiscente infantil de la angustia de la castración. Rego toma esta dimensión de la mirada no para suavizar u ocultar su naturaleza, sino para traer con ella sensaciones angustiantes.

Cuando Rego establece una relación entre su obra y obras infantiles como Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, o en la literatura popular de su país natal, se centra en el el dominio ejercido sobre ciertas figuras de la sociedad, como lo son las mujeres, relegadas históricamente de sus libertades.

Pero lo anterior no puede resumirse únicamente en una mera actitud inclinada a mostrar lo grotesco para mostrar una denuncia, pues añade un componente que exalta lo terrible: lo fársico.

Lo caricaturesco o las expresiones burdas y en algunos casos deformes, recuerdan a una especie de humor exacerbado y difícil de comprender. Transforman la sencillez de las formas en algo monstruoso, y convierte a las personas en animales. En Guerra (2003), donde el motivo es meramente violento, los personajes están engullidos por su naturaleza animal, y en Avestruces danzantes de Fantasía de Disney (1995) o Mujer perro (1994) esta relación es menos visible pero persiste.

Alude al comportamiento animal que subyace a pesar de la naturaleza elevada que tanto se esmera en exaltar la humanidad. Esta crítica no sólo señala lo salvaje que persiste debajo de la piel humana, sino que lo ridiculiza al punto de dejarlo sin sentido.

Lo cómico se mezcla, en esta dimensión de lo carnavalesco, en un retrato exagerado de una sociedad que permite el dolor ajeno, sobre todo de aquellos a quienes considera desheredados, fuera del gran relato histórico.

Mujer perro (1994). Foto: malereikopie.com

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