El ocaso del español en Filipinas
Literatura

El ocaso del español en Filipinas

Sobrevivir en suspiros literarios

Con más de siete mil islas, el archipiélago filipino tiene inscrito entre sus costas un mundo de literatura en español que, a la fecha, no ha sido completamente reconocido en el resto del mundo hispanohablante. Esta zona del planeta, como expuso el escritor Xalbador García, hablando sobre Antonio M. Abad, es una geografía que despierta entre los cartógrafos el imaginario de lo imposible. Comenta que el archipiélago es el deseo de unir lo fragmentario; la fantasía de fusionar, por medio de un nombre común, las múltiples tierras que siempre estarán dispersas. Islas comunitarias, territorio diseminado, el archipiélago es sobre todo enigma, debido a la multiplicidad de posibilidades culturales que puede fecundarse en sus entrañas.

Por su parte, la biblioteca virtual Miguel de Cervantes expone que, actualmente, los textos de literatura filipina en español son bastante difíciles de encontrar, incluso aquellos que han sido editados en volúmenes monográficos. Hoy en día se hace relativamente fácil encontrar estudios de diverso calibre gracias a Internet, que logra poner los trabajos que se han realizado y publicado en la actualidad, al alcance de todos. Sin embargo, aún no se ha logrado salvar totalmente del olvido a los escritos anteriores.

EL ESPAÑOL EN ASIA

Fue en 1565 que embarcaciones españolas arribaron al gran archipiélago asiático y lo bautizaron como Filipinas en honor al entonces príncipe y futuro rey de España, Felipe II. La corona se impuso en esta región durante más de 300 años, lo cual provocó que el uso del lenguaje hispano fuera adoptado por toda la comunidad nativa, así como por el mestizaje que se desprendió de esta conquista. La imposición hispana se detuvo hasta 1898, cuando Estados Unidos se enfrentó a España.

En varios aspectos de la cultura de Filipinas, aún se siente la influencia cultural y lingüística del español, pues puede reflejarse en su cine clásico y otras expresiones artísticas como la literatura. También se encuentra en su idioma oficial, siendo este el filipino, que está basado principalmente en el tagalo con influencias y léxico del español, del inglés y de los más de 80 dialectos que pueden encontrarse en las distintas islas de la zona que tienen base en el malayo y el indonesio. Cabe resaltar que más de cinco mil palabras filipinas tienen un origen español.

Cinco mil palabras filipinas tienen origen español. Foto: Archivo Siglo Nuevo / Intervenido por Hessie Ortega

INFLUENCIA ECLESIÁSTICA

De este modo, también la religión católica es heredada por la cultura española, pues a la fecha, así como en gran parte de Latinoamérica, el catolicismo es el principal referente religioso del país. Acerca de la llegada del idioma y de la religión es importante también señalar un par de factores históricos que recopila el escritor filipino Jorge Mojarro: el primero es que los misioneros que llegaron a Filipinas nunca tuvieron la intención de expandir el español después de la experiencia en América Latina, sino que tuvieron una actitud mucho más positiva y respetuosa hacia las lenguas nativas.

El segundo es la distancia entre Filipinas y España, y las dificultades del viaje, que no aseguraban una vuelta a la madre patria para los españoles emigrantes hasta la apertura del Canal de Suez en 1869. Este hecho tuvo como consecuencia que pocos españoles llegaran a tierras filipinas, cuya orografía y división territorial de siete mil islas complicaban las comunicaciones de las provincias con las dos principales metrópolis: Manila y Cebú, y por tanto también la difusión de la lengua o la expansión del sistema educativo una vez que la Corona española impuso la introducción del español en la evangelización y la educación. Incide Jorge Mojarro en su introducción de Hacia la tierra del zar en los obstáculos que la administración puso a los filipinos para leer obras de entretenimiento y publicar sus propios escritos en español.

INTERVENCIÓN ESTADOUNIDENSE

La lengua española seguiría siendo el idioma oficial de Filipinas si no fuera por dos acontecimientos que cambiarían hasta el día de hoy el dialecto del archipiélago. El primero fue el programa de deshispanización masiva que fue impuesto por Estados Unidos durante su ocupación en las islas a finales del siglo XIX. Al llegar las tropas y la imposición del gobierno norteamericano, se comenzó con una política de americanización que, entre otras cosas, erradicó el español y sometió a la población a adoptar el inglés como lengua oficial. El segundo de ellos fue la increíble y cruel matanza de hispanohablantes, tanto por hordas estadounidenses como por hordas japonesas durante la Segunda Guerra Mundial.

Soldado estadounidense posando junto a un niño filipino en la Segunda Guerra Mundial. Foto: nww2m.com

Para el momento en que los invasores estadounidenses llegaron, la lengua española se consideraba ya parte de la identidad filipina, y por ello los nacionalistas e ilustrados utilizan esta lengua incluso para sus odas más patriotas en contra de los abusos de la exmetrópoli. Por otro lado, está el hecho de que el español era la única lengua franca que se conocía en Filipinas en ese tiempo: las lenguas indígenas eran múltiples, y aunque el español nunca fue la lengua mayoritaria, sí que era la única común a todo el territorio. También hay que señalar que los escritores en castellano, que a menudo eran representantes políticos, hasta la fecha forman parte de una clase dominante burguesa que intenta mantener su prestigio social ante la fuerza homogenizadora de Estados Unidos y es por esto que, dentro de las actuales antologías de literatura filipina, es común encontrar sólo a los autores que hayan representado, por medio de la pluma, ideales nacionalistas o a aquellos que hayan tenido algún papel relevante en la discusión y confección de la identidad nacional.

ACTUALIDAD LITERARIA

Aunque es un hecho que el español ha perdido su estatus como lengua oficial en Filipinas, actualmente, y desde las primeras décadas del siglo XX, existe un gran interés por recuperar la lengua y comenzar una especie de asentamiento de la misma. Varios autores de este país, como Teresita Tambuntig, afirman que el español es parte del amor y de la identidad filipina.

Después de la separación de España de las islas, existió la denominada edad de oro que abarcó desde principios del siglo XX hasta mediados de los años sesenta. De aquí es importante señalar a Antonio M. Amad como uno de los máximos referentes literarios del país.

De Amad, se reconoce su incansable lucha por el renacimiento y el impulso de la lengua española, pues para él, como lo señala Xalbador García, el castellano le significaba estar en contacto con la deidad, así como poder unir la diversidad del archipiélago en una sola voz y en un solo destino cobijado por un pasado que ligaba a Filipinas con Occidente. Además también comentaba, acerca de su lucha, que el idioma español tiene un destino histórico en la civilización de los pueblos, y este destino, que ya se ha cumplido o se está cumpliendo en las veinte repúblicas de Hispanoamérica, se ha truncado bruscamente en Filipinas, pero debe de cumplirse también.

El catolicismo es la religión principal del país. Foto: themonastery.org

Rocío Ortuño Casanova, estudiosa filipina de la lengua española, afirma que incluso en los espacios académicos, el castellano se ve cada vez más mermado y que los nuevos autores terminan en las esporádicas antologías de literatura en español, de las cuales destaca dos volúmenes relativamente recientes: el de Isaac Donoso y Andrea Gallo, Literatura hispanofilipina contemporánea, así como el editado por Jaime B. Rosa, Lo último de Filipinas, que es exclusivamente una antología de poesía.

El lenguaje ha parecido ir perdiendo poder en las islas de Filipinas. Sin embargo, existe una constante lucha por el reencuentro, la cual es estimulada por algunos premios muy recientes como el Premio Rafael Palma, fundado en 2019 por la Universidad de Filipinas y la Revista Filipina para estudiantes filipinos y el Premio Antonio M. Abad, fundado en 2020 por la Universidad de Extremo Oriente y la Editorial Hispano Árabe para narradores y poetas filipinos en español.

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