Wislawa Szymborska
Literatura

Wislawa Szymborska

La polaca que poetizó a la humanidad

El poeta, si es poeta de verdad, siempre tiene que repetirse 'no sé'

Wislawa Szymborska

¿Para qué sirven los poetas? ¿Cuál es su funcionalidad dentro de una sociedad? ¿Serán sus letras una salvación al caos? ¿Tendrán ellos el registro más bello de nuestros tiempos? ¿Sus plumas fungirán como una arma contra el olvido? Es cierto, las respuestas pueden tornarse infinitas. Lo que es un hecho es que en todas las épocas han deambulando las almas poseedoras de una capacidad más sensible para percibir la realidad, la cual traducen a través de un lenguaje poético que ofrece un acercamiento honesto de lo que pasa en su entorno, pero que también emplean para hablar de sentimientos universales.

Una de las almas poseídas por las bondades de la palabra escrita y más por la lenidad de la poesía, fue la de Wislawa Szymborska, una escritora polaca nacida en Kórnik, Polonia, el 2 de julio de 1923. Se trata del Premio Nobel de Literatura de 1996. Antes de eso, su pluma no había encontrado traducción en nuestra lengua y los hispanohablantes, sin saberlo, sufrían la ausencia de sus letras.

Fue cuando se le concedió el popular galardón, que los lectores del español tuvieron la inesperada oportunidad de descubrir a una de las figuras literarias más singulares y entrañables del siglo XX. La distinción la mereció por una poesía que “con precisión irónica permite que los contextos históricos y biológicos salgan a la luz en los fragmentos de la realidad humana”.

El Comité del Premio Nobel de Literatura mencionó, en su momento, que Szymborska “ha sido descrita como la Mozart de la poesía [...] pero en su obra también hay algo que podríamos asociar con la furia de Beethoven”.

Según un libro en el que se reúne su trabajo en prosa, trabajado por la editorial española Malpaso, los poemas de aquella desconocida asombraron por su rara combinación de profundidad y ligereza, asimismo por una incisiva visión del mundo donde la ironía (a veces inmisericorde) jamás coquetea con el cinismo. “Los versos juegan con el humor de la realidad para revelarnos sus graves paradojas”.

Su sarcasmo benévolo, su capacidad para revelar lo insólito en aquello que parece ordinario y su rechazo de la altisonancia retórica, se escribe, la llevaron a la cumbre de las letras contemporáneas.

Szymborska recibiendo el Premio Nobel de Literatura en 1996. Foto: nyt.com

LA GESTACIÓN DE UNA PLUMA

1923 fue el año en el que se marcó el nacimiento de Wislawa, una mujer sui géneris que disfrutaba del impacto de las palabras en el papel y, más aún, de arropar su vida privada. La autora siempre se mostró extremadamente celosa de su intimidad y fue reacia para conceder entrevistas, pues consideraba que todo lo que tenía que decir sobre sí misma estaba dentro de sus poemas.

Es así que en las vagas y cortas biografías que se encuentran en Internet, sólo se puede acceder a poca información de lo que fue su vida. De su infancia, se rescata que la poeta polaca nació en Prowent, localidad que fue absorbida por Bnin, la que a su vez hoy forma parte de Kórnik, cerca de la ciudad de Poznań. Su familia se trasladó en 1931 a Cracovia cuando ella tenía ocho años, y a partir de entonces esta fue la ciudad donde se preparó intelectualmente y en la cual desdobló su talento sobre los páginas en blanco que luego la posicionaron como una de las voces poéticas más sobresalientes de Polonia.

La hazaña de biografiar a Szymborska, la realizaron las periodistas Anna Bikont y Joanna Szczesna en Trastos y recuerdos, un libro en cuyas 676 páginas se ubican datos que tuvieron que ser explorados en los propios textos que la autora polaca publicaba en la columna literaria Lecturas no obligatorias que escribió durante más de treinta años en la Gazeta Wyborcza. El material tuvo que ser analizado con la intención de localizar gustos, ideas o hábitos de la autora.

Wilsawa aceptó ser entrevistada por las autoras de esta biografía luego de conocer el intenso trabajo de búsqueda de las mismas, las cuales habían buceado, siempre de forma indirecta, en su enigmática vida. “Soy una persona muy chapada a la antigua, que se resiste a hablar de sí misma. Aunque quizás sea, más bien, al contrario: soy vanguardista. ¿Y si en épocas venideras la moda de desnudarse públicamente fuera cosa del pasado?”, declaró dentro del compendio.

La poeta tenía el pensamiento de que hablar de uno mismo en público empobrecía el interior, así lo mencionó a las entusiastas por su vida Bikont y Szczesna: "confesarse públicamente es como perder tu propia alma. Hay que guardar algo para uno. No puede derrocharse todo". Y añadía: "Al contrario que la moda actual, no creo que todos los momentos vividos en común sirvan para mercadear con ellos".

Wislawa en su juventud. Foto: spaniardintheworks.blogspot.com

EL MUNDO DE SZYMBORSKA

Respaldada por la filología y la sociología, ciencias que estudió después de la Segunda Guerra Mundial, Wislawa activó su andadura literaria y su primer poema, Busco la palabra, apareció en 1945 en el Diario Polaco; pero fue a partir del poemario Por eso vivimos, que vio la luz siete años después, que obtuvo el reconocimiento público, obra a la que siguió Preguntas planteadas a una misma (1954), como resultado del rechazo que sintió ante la tragedia de la ocupación nazi en su país, siendo ambas obras exponentes del realismo socialista propio de la época y encuadradas dentro de la línea historicista que éste propiciaba. Fueron influenciadas por la obra del poeta ruso Vladímir Maiakovski, al que admiraba profundamente.

Una de las características de la poesía de Wislawa, es que esta renunció a la excesiva metáfora y al lenguaje rebuscado y lleno de abstracciones. Lo simple, pero profundo, encaminó a sus letras, que en su mayoría encontraron su forma en un contexto en el que los crímenes de guerra eran el pan de cada día.

La difícil situación política que se vivía en su país, la orilló a participar de forma activa en el movimiento que surgió en Polonia a partir de 1956, que generó un sentimiento nacionalista defendido activamente por intelectuales que condenaban el régimen estalinista y actuaban en un intento de superar esa fatídica etapa y las consecuencias letales que tuvo para muchos pueblos, entre los que se contaba el de la nación polaca. En ese tiempo, Szymborska se orilló a la reflexión filosófica y ética, y con su lenguaje poético navegó por las heridas de su pueblo, a las que les supuraba preguntas, mismas a las que su pluma desencajada trató de encontrar respuestas.

Un buen ejemplo de lo anterior es su poema titulado Fin y principio, en el que rezan versos como: Después de cada guerra/ alguien tiene que limpiar./ No se van a ordenar solas las cosas, digo yo. / Alguien debe echar los escombros a la cuneta para que puedan pasar los carros llenos de cadáveres.

Aunque a menudo lidian con temas tan serios como la guerra o la muerte, sus poemas están marcados por un toque ligero y una efusiva transparencia”, sentenció el The New Yorker.

Foto: Behance / Sofiya Voznaya

En un artículo dedicado a Wislawa, publicado en la revista Letras Libres, se puede leer que es esta poeta la que surge como reacción a esos tiempos oscuros: un espíritu escéptico sostenido por una insoslayable cordialidad. El poeta, novelista y ensayista Adam Zagajewski así se expresó de ella: “Construyó su obra madura sobre la base de repensar aquellos años”.

Su poesía ofrece una naturaleza lírica que sirve de base a la duda metódica, pero siempre en busca de las claves éticas de un mundo al borde del abismo. Se encuentra cierta semejanza entre su estilo y el de Antonio Machado, a pesar de la distancia cultural entre ambos. También, entre ellos existe la coincidencia de que la escritora polaca utiliza, al igual que el poeta español, un léxico común y no académico, versos cortos y estrofas clásicas, lo que le otorga a su escritura una gran nota de autenticidad, profunda belleza y fuerza expresiva”.

La voz de Szymborska también era versátil en contenidos. Para esta autora, la existencia fue suficiente para escribir sobre ella. En su visión todo era poesía y poetizable, tal es así que, como podía hablar del odio o de un gato, igualmente propuso abordar una hora específica del día, en un poema que no es más que un replanteamiento a la interrogante: ¿Qué lugar tiene el ser humano en el mundo? Titulado las Cuatro la madrugada, el poema lanza los siguientes versos:

Hora de la noche al día.

Hora de un costado al otro.

Hora para treintañeros.

Hora acicalada para el canto del gallo.

Hora en que la tierra niega nuestros nombres.

Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.

Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora vacía.

Sorda, estéril.

Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.

Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,

habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,

si es que tenemos que seguir viviendo.

Foto: nybooks.com

EL CONOCIMIENTO COMO BASE DE LA CREACIÓN

El poeta, si es poeta de verdad, siempre tiene que repetirse: ‘no sé’”, fue una de las sentencias que lanzó la autora polaca durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel y que tiene que ver con su búsqueda infinita de sabiduría.

La duda como vía al conocimiento, la encauzó siempre a una exploración infinita en la que ella misma se percibía como un ser que no sabía nada, pero contaba con una evidente curiosidad por saberlo todo. En el proceso, las revelaciones emergieron dentro de sus textos, en los cuales, con una incuestionable inteligencia, abordó temas como la guerra, la muerte, lo cotidiano, pero siempre con un humanismo empuñado.

Cabe mencionar que los versos no fueron la única arma que esta autora sujetó; su genio también se adentró en la prosa, un género del que se sirvió para escribir reseñas de libros que fueron publicadas de manera periódica. Con piezas entretenidas y amenas, Wislawa habló de variados materiales y no discriminó publicación. La misma autora llegó a explicar que sus columnas no eran reseñas literarias, sino comentarios a obras que normalmente no acaparan la atención del crítico.

Rara vez se centra exclusivamente en la obra en cuestión, sus características formales o su calidad literaria, pero siempre arroja una valoración crítica (a veces sutil; otras, despiadada) sobre el asunto en cuestión. Esas opiniones son las que nos brindan la oportunidad de conocerla mejor”, se lee en el prólogo La prosa de Szymborska, entre el humanismo y la ironía.

La biología, arqueología, historia, geología, botánica, psiquiatría, gastronomía, fueron tópicos que estuvieron presentes dentro de su prosa, a la que, por supuesto, al igual que la poesía, delineó con precisión, maestría y humanismo.

La mirada poética de Szymborska siempre nos invitará a observar lo grande en lo pequeño y a asombramos con el hecho de nuestra sola existencia.

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