El atormentado lente de Diane Arbus
Arte

El atormentado lente de Diane Arbus

Los encuadres de una belleza arlternativa

Diane Arbus fue una fotógrafa estadounidense ampliamente reconocida a nivel mundial, que contaba con una notable capacidad de encontrar belleza en los lugares menos imaginables. Su trabajo más reconocido son los retratos que hacía de freaks o fenómenos de ferias y circos.

Fue una de las fotógrafas más emblemáticas del siglo XX. Aunque es conocida por sus retratos inquietantes y por los temas poco convencionales en los que indagaba, su talento artístico surgió mucho antes de eso, cuando en la secundaría creaba dibujos y pinturas muy interesantes.

Su esposo Allan le regaló su primera cámara y le enseñó fotografía, pero muy pronto ella lo superó en la doctrina. Diane no se cansó de demostrar lo talentosa y versátil que era, trabajando a partir de la década de los años cuarenta. Comenzó como fotógrafa de moda (junto con su esposo, formaron un equipo) y llegó a importantes revistas como Esquire, Vogue y Harper’s Bazaar, pero no tardó en alejarse e independizarse, para así llegar a lo que en verdad le interesaba: dejó la moda y publicidad o lo que todos querían ver, para indagar en lo que nadie observaba.

EJERCITANDO EL OJO

Para mejorar su nuevo estilo y promoverlo, Arbus estudió con la importante fotógrafa Lisette Model. Así comenzó a captar imágenes de personas que encontraba cuando emprendía sus característicos viajes alrededor de la ciudad de New York. Pronto su ruta se comenzó a dirigir a hoteles de mala muerte, parques de la ciudad, depósitos de cadáveres y a lugares poco concurridos para buscar sujetos que resaltaran en su arte.

Ampliamente influenciada por la película Freaks de Tod Browning, Albus decidió que necesitaba fotografiar a estas “criaturas extrañas”, y determinó hacer retratos conscientes, en donde ellos vieran directamente a la cámara y se sinceraran de alguna manera con su lente.

Enano mexicano en su habitación de hotel… (1970). Foto: internationalphotomag.com

Para la década de los sesenta, Arbus estaba más que comprometida con su arte. Recorría barrios marginados y peligrosos de Nueva York, donde buscaba y seleccionaba a los personajes más representativos y emblemáticos para sus fotos. A veces sumamente carismáticos y misteriosos, otras simplemente aterradores. En una época llena de prejuicios y dicotomías, ella no dejó que nada la detuviera. Fotografió de todo; desde enanos y gigantes, gemelos, personas tatuadas, hasta prostitutas, transexuales, gente que padecía de enfermedades mentales y retrasos.

Era evidente que las personas que ella capturaba no eran en realidad fenómenos ni raros, pero su lente los desnudaba de una manera que no se había visto nunca antes. Se decía que “hasta la gente normal, cuando pasaba por el filtro de Arbus, se convertía en algo ‘raro y diferente’”. La belleza impregnada en sus fotos bicolor era representativa e inconfundible. Al retratar parecía exponer los más íntimos rincones de la persona. Son fotografías crudas, honestas y profundas que hacen sentir un grado de empatía o de reconocimiento hacia sus modelos.

EL ENCUADRE CUESTIONADO

Detrás de su incomprendido arte había muchos tragos amargos y traumas que escondía tras el visor de su cámara. Aunque Arbus consiguió ser reconocida por el Museo Metropolitano de Arte (Met), lo hizo hasta 1969 (llevaba más de 20 años de carrera). Además, el museo sí le compró tres de sus fotografías, pero a 75 dólares cada una. Nadie contaba con la plusvalía de sus obras: en el 2015 una de sus más famosas piezas fue vendida por más de 785 mil dólares.

Cuando el autor Arthur Lubow decidió hacer una biografía sobre la fotográfa, además de entrevistar a las personas cercanas a la artista, hizo algo que nunca se había hecho: habló con los individuos que ésta fotografió a lo largo de su carrera. La pregunta era si Albus se acercaba empática y dulce o si era déspota con los “fenómenos” como el resto de la sociedad, pues al final ella llegó a llamar a sus sujetos de estudio "los excéntricos y los anormales".

Niño con granada de mano de juguete (1962). Foto: oldskull.net

La respuesta llegó en partes. Susan Sontag la llamó "cruel", asegurando que siempre explotaba a los sujetos de sus imágenes. Lubow, más adelante en el libro, expresa que ella se movía sin problema y sin extrañeza en los territorios peligrosos y desconocidos. Diane siempre dijo que su trabajo era "una seducción mutua". Niño con granada de mano de juguete, una de sus más conocidas fotos, hoy un hombre llamado Colin Wood, se expresó completamente distinto: dijo que ella lo entendió y que lo retrató a la perfección con los sentimientos que tenía en el momento.

Hay mucho debate entre si, al buscar a las personas marginadas de la sociedad y retratarlos, Diane hacía algún tipo de burla. Mucho es por el hecho de cómo creció y de se estrato socioeconómico. Nació en 1923 en una familia de peleteros ricos llamada Russek. Admitió que ni siquiera notó la peor de las épocas de Estados Unidos diciendo que “nunca sintió la adversidad” de la gran depresión. Aunque era una experta en retratar esa adversidad, en realidad ella nunca la vivió, y es por eso que tantos críticos y fanáticos dicen que sus fotografías no irradian simpatía o empatía hacia las personas retratadas.

Al respecto ella, expresó lo siguiente en una entrevista: Los fenómenos fue una de las primeras cosas que fotografié y que tenía una especie de terrible emoción para mí. Todavía adoro a algunos de ellos. Yo no quiero decir que son mis mejores amigos, pero ellos me hicieron sentir una mezcla de vergüenza y temor. Hay algo de leyenda sobre los freaks. Como una persona en un cuento de hadas que te detiene y exige que le contestes una adivinanza. La mayoría de las personas van por la vida temiendo que van a tener una experiencia traumática. Los freaks nacieron con sus traumas. Ellos ya han pasado su prueba en la vida. Son aristócratas”.

Sin Título No.1 (1970). Foto: brightspotcdn.com

FOTOGRAMAS DE UNA OSCURA VIDA

Al día de hoy su trabajo sigue siendo un tema de gran interés. Por ejemplo, su vida y fotos fueron parte de la película Retrato de una pasión (2006) que fue protagonizada por Nicole Kidman, actriz que encarnizó a Arbus. El filme se basó en la vida privada de la artista, proyectando ser igual de perturbadora que sus fotografías. En el mismo libro mencionado anteriormente (Diane Arbus: retrato de una fotógrafa) se expone el lado más oscuro detrás de la bizarra vida de Arbus, empezando por la casa de Park Avenue en la que vivía en su niñez con su adinerados, pero ausentes padres, David y Gertrude, junto con sus hermanos Howard y Reneé. Se habla de unos padres estrictos y de muy vieja escuela, siempre ocupados y viajando.

Por otro lado, Howard, su hermano mayor, admitió que él y Diane tuvieron una relación amorosa, por lo que tuvieron relaciones sexuales. También confesó que continuaron hasta poco antes del suicidio que cometió su hermana.

En el último par de años de su vida, Arbus visitó a una psiquiatra una vez por semana para intentar sobrellevar su depresión, sesiones en las que reveló la relación sexual que había comenzado en la adolescencia con su hermano y no había terminado. En 1971 se suicidó administrándose una sobredosis y cortándose las venas.

Es evidente que aunque parecía ser que su trabajo era demasiado oscuro y escalofriante para una niña rica de Nueva York que nunca tuvo problemas, era una visualización que tenía el público sobre ella muy poco atinada. Parece, más bien, una historia retratada en blancos, puntos altos y brillantes de la fama y su carrera. Y negros, preocupantes historias de abandono, incesto y depresión de su vida privada. Todo emulaba un retrato bastante parecido a las retorcidas fotografías que su disparador atrapaba.

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