Ingreso Básico Universal
Finanzas

Ingreso Básico Universal

La utopía de recibir dinero del Estado

El desempleo resultante de la crisis de salud (por la pandemia) en el mundo, refrescó la discusión acerca de considerar el Ingreso Básico Universal (IBU) para las poblaciones, esto es: otorgar una cantidad de dinero periódicamente a cada uno de los habitantes del país, solo por el hecho de serlo; sin requisitos adicionales, ni formularios, simplemente entregar por parte del Estado una cantidad suficiente para cubrir las necesidades primordiales de cada ciudadano.

La idea, acaso utópica o descabellada, ha sido planteada por economistas destacados, desde la década de los años sesenta del siglo pasado, como una medida para reducir los índices de pobreza y la concentración de la riqueza. El Nobel de economía en 1976, Milton Friedman, propuso un impuesto negativo al ingreso para garantizar un salario que cubriera las necesidades básicas: las personas que tuvieran una percepción por debajo del costo de la canasta básica, recibirían una devolución del impuesto equivalente a la cantidad necesaria para alcanzar un nivel de bienestar.

Más adelante en el tiempo, con la automatización de los procesos industriales, se previó un aumento del desempleo. Los robots han sustituido en trabajos específicos a los humanos, como el caso de las armadoras de automóviles, propiciando el estancamiento de la economía al reducirse los ingresos de la mayoría de los habitantes. El IBU impediría la inmovilidad financiera, se planteó.

La propuesta de que el Estado garantice un ingreso suficiente para sus ciudadanos se traduce como una medida socialista, aunque políticos de derecha la han impulsado. Un caso reciente y específico es la propuesta de campaña del candidato de derecha Ricardo Anaya, quien contendió en las elecciones mexicanas de 2018 representando a la coalición Por México al Frente. Independientemente del cuestionamiento si su propuesta era parte de la demagogia proselitista, en su plataforma política incluyó el IBU con el propósito de erradicar la pobreza extrema, generar contrapesos al sector patronal en las relaciones laborales y dotar de libertad a las personas. Los analistas coincidieron que fue la primera ocasión en que un candidato presidencial mexicano incluyó esta propuesta en sus promesas, aunque en aquel momento no se especificó cómo operaría el IBU de obtener el triunfo.

La crisis económica que trajo la pandemia hizo considerar el Ingreso Básico Universal (IBU) para las poblaciones. Foto: asbmb.org

Para la analista Alyssa Battistoni, la propuesta del IBU entre las fuerzas de la derecha política tiene la intención de desmantelar el Estado de Bienestar que se preserva en la mayoría de los gobiernos, incluso en los más neoliberales. Con un ingreso generalizado podrían erradicarse los programas de asistencia social, deduce, fortaleciendo la tendencia privatizadora de aquellos servicios otorgados por las administraciones públicas.

El IBU tiene claroscuros, porque si bien es cierto que el propósito prevaleciente es la reducción de la pobreza y el incremento en el bienestar de vida, no se tiene certeza de dónde tendría que salir el dinero para garantizar la cobertura.

Aumentar la tasa impositiva, aplicar impuestos a consumos que no estaban gravados, como alimentos y medicinas; recortar o desaparecer los programas sociales para reasignar los presupuestos al IBU; aplicar impuestos a las operaciones financieras y a las bolsas de valores, son algunas de las opciones, todas ellas impopulares. Al parecer no habría dinero que alcanzara para aplicar el ingreso generalizado, a pesar de que algunos experimentos operados en diversas naciones arrojaron resultados positivos entre la población; por descabellado que parezca, sí existen países que lo aplican.

NUEVOS BRÍOS DE LA UTOPÍA

La crisis financiera de 2008 echó a la calle a millones de personas, llevando bajo el brazo la incertidumbre si volverían a recuperarse. En Estados Unidos y Canadá surgieron movimientos como el M4BL (Movimiento por las vidas negras) y Manifiesto Dar el Salto, que buscaron garantizar aquel ingreso suficiente. En Reino Unido lo mismo propuso el Partido Laborista diez años después de la catástrofe económica. En Escocia y Francia las plataformas políticas incluían la posibilidad de aplicar el IBU en caso de ocupar el gobierno.

Algunos países comenzaron a experimentar con la distribución de un ingreso económico, como Utrecht, en los Países Bajos, donde una población de 250 habitantes recibía mensualmente 960 euros aportados por el gobierno. En Finlandia ocurrió algo similar cuando se les pagó 550 euros a una población cercana a las diez mil personas. Alyssa Battistoni confirmó que no resultaba suficiente para sobrevivir, pero sin duda atenuaba situaciones adversas.

Algunos países que han aplicado este sistema son Reino Unido, Escocia, Francia y Países Bajos. Foto: Behance / Katsy Garcia

En el mundo actual Estados Unidos alberga lo que más se aproxima a un programa de ingresos básicos: el Fondo Permanente de Alaska. Desde 1982, con recursos generados por el petróleo, el fondo le ha pagado a cada residente de ese estado desde algunos cientos hasta dos mil dólares por año”, escribió la analista Battistoni, sin embargo esta cobertura es responsabilidad de las empresas petroleras privadas.

Battistoni identifica los diversos argumentos a favor y en contra del IBU, entre ellos la versión que “funciona como una especie de obligación moral (del Estado), es decir, como un dádiva concedida a los desdichados que se tornan obsoletos debido a la aparición de robots más inteligentes y eficientes que ellos” (Luces y sombras del ingreso básico universal, revista digital Nueva Sociedad, número 279).

En el mismo ensayo, la analista revisa los resultados de los experimentos ocurridos en los años setenta del siglo pasado. En Dauphin, Canadá, se garantizó el ingreso por encima de la línea de pobreza cuando se entregaron alrededor de 19 mil dólares anuales a cada familia con cuatro integrantes en promedio: “se observó una permanencia más prolongada en la escuela y más tiempo en familia, a la vez que se redujeron los casos de hospitalización, violencia doméstica y consultas por problemas de salud mental”.

En Estados Unidos, cuatro programas experimentales (en la misma década del setenta) también tuvieron resultados positivos: los beneficiarios destinaron mayor tiempo a sus familias, emplearon sus ratos libres a la educación y a la cultura. Entonces ¿por qué no permanecieron? En el caso de Canadá, el arribo al gobierno de la derecha en 1979 terminó con la propuesta sin medir los resultados. Y en Estados Unidos, los políticos sospecharon sobre los beneficios, recordó Battistoni; su reflexión fue que resulta demasiado bueno para ser cierto.

Foto: Behance / Tasha Levytska

LOS EXPERIMENTOS SOCIALES

En Winnipeg y Duphine, Canadá, la aplicación del IBU duró cuatro años y se detuvo por problemas de estimación del presupuesto. El mejor de los resultados fue un efecto positivo en la salud de los habitantes. En Finlandia durante dos años, entre 2017 y 2018, se aportó dinero a dos mil personas.

En Kenia comenzó el programa en 2016 y se pretende una duración de doce años. En este caso, los recursos provienen de organizaciones no gubernamentales que distribuyen ingresos en diversas aldeas experimentales. En algunas de ellas se entregará el recurso a largo plazo, en otras a corto y mediano plazo, con la finalidad de medir el impacto. Los recursos son donaciones y alcanzarán a 21 mil personas.

En Irán el programa Reforma de Subsidios tiene una vigencia indefinida. Comenzó en 2011 y aún continúa beneficiando a más de 72 millones de habitantes. La fuente de financiamiento son los ingresos públicos generados por la eliminación de los subsidios a los energéticos. Los impactos no están del todo claros, sólo el hecho de la expansión del sistema bancario, puesto que para participar en el programa únicamente es requisito contar con una cuenta en el banco.

IBU EN MÉXICO

Aplicar el IBU en México implicaría un costo de entre el 13 y el 20 por ciento del Producto Interno Bruto, calculó el analista Edgar Antonio Marín Vaquero, ya sea que se adjudiquen mil 700 pesos mensuales, o 2 mil 700, ingresos que equivalen a la línea de bienestar rural y urbano respectivamente. Para conseguir ese dinero tendría que trasladarse el presupuesto de los programas sociales, poco más de un billón de pesos designado para este año, al IBU, pero con ese monto sólo alcanzaría para entregar ocho pesos a cada mexicano. Para el caso local, el IBU está más próximo a la utopía.

Comentarios