Deformidades de la era digital
Ciencia

Deformidades de la era digital

La tecnología moldea nuestros cuerpos

Emma tiene las piernas hinchadas y llenas de várices, afección de la circulación sanguínea que puede provocar incomodidad y dolor. Sus ojos parecen no estar en buenas condiciones y su espalda tiene una joroba pronunciada. Padece los cambios que el cuerpo humano podría tener bajo las condiciones de un sinfín de trabajadores de oficina.

Por suerte, Emma no es una persona real. Se trata de un modelo creado para advertir sobre los riesgos a los que las personas de hoy en día están expuestas. Las piernas hinchadas, las várices y la joroba, se pueden entender como síntomas de mantener una misma posición por mucho tiempo, sobre todo frente a una computadora, lo que puede afectar tanto a oficinistas como a personas sedentarias.

Los ojos son afectados por estar frente a una pantalla por demasiado tiempo, lo que coincide con prácticamente cualquier persona y su relación cada vez más estrecha con los teléfonos móviles.

Existen mutaciones genéticas que tienen que ver con la coloración en los ojos o los diferentes tipos de cabello. Sin embargo, se habla aquí de cambios más inmediatos para los que no tendrían que pasar varias generaciones. La osteobiografía se encarga de observar el esqueleto de un organismo para descubrir el estilo de vida que llevó.

Durante siglos, la creencia sobre la morfología, concretamente sobre el desarrollo de los huesos, concebía el desarrollo óseo como algo predecible y que respondía únicamente al factor genético. Conforme a los últimos descubrimientos, ahora se considera que el crecimiento de los huesos también responde al comportamiento de cada individuo.

Emma, modelo creado para advertir sobre los riesgos de las largas jornadas en oficina. Foto: independent.co.uk

LOS HUESOS Y LA INFLUENCIA DEL ENTORNO

Los anatomistas de hoy consideran los huesos como partes sumamente maleables que reciben la influencia de su entorno y de las actividades a las que están sujetos. De hecho, una mirada profunda hacia ellos arroja que están en realidad llenos de vasos sanguíneos y partes suaves.

El espacio entre las vértebras se estrecha ante la gravedad y se recupera durante el descanso. Los huesos se descomponen y reconstruyen de forma constante, por lo que no es extraño considerar que además pueden cambiar su posición a partir de una influencia constante sobre ellos.

Algunos cambios están en el hecho de que las mandíbulas han reducido su tamaño al no requerir masticar carnes crudas y duras. Así como el misterioso descubrimiento de que los jóvenes alemanes tienen los codos más estrechos que sus generaciones predecesoras, lo que puede explicarse con la posición que se asume en un escritorio.

Christiane Scheffler, antropóloga de la Universidad de Potsdam, encontró una relación entre la fortaleza de los huesos y el hábito de caminar que tenían los niños que investigó entre 1999 y 2009. Descubrió que el estilo de vida sedentario hace que los huesos sean cada vez más frágiles, notándose la diferencia año con año.

Según la investigació de Schaeffler, si se usan una y otra vez ciertos músculos, se ayuda a aumentar la masa de los huesos, sobre todo los que se usan en determinadas acciones. Al llegar máquinas cada vez más complejas y eficaces, el cuerpo humano ha tenido una baja en su actividad, lo que coincide con el preocupante aumento en la fragilidad de los huesos de los niños que observó la antropóloga.

Es evidente que el estilo de vida que se lleva actualmente es suficiente para generar bastante detrimento en la salud. No únicamente el modo de trabajo, sino la vida fuera del mismo.

Se ha comprobado que la vida sedentaria hace que los huesos sean cada vez más frágiles. Foto: Archivo Siglo Nuevo

La maestra de posgrado de ciencias biomédicas de la Universidad Autónoma de San Luis Postosí, Skarlet Cárdenas, señala que la alteración del reloj biológico puede tener consecuencias importantes. Es causante de males metabólicos como la obesidad, los trastornos del sueño e incluso la aparición de tumores.

LAS EXIGENCIAS DEL MUNDO ACTUAL

La vida moderna lleva nuevas exigencias consigo. Es por eso que se incurre en cambios en el reloj biológico, un descenso en las horas de sueño o una mala alimentación, mismos que afectan la regulación de la proliferación celular, la temperatura corporal y la actividad motriz.

Lo anterior es alimentado por el poco conocimiento en lo a que salud se refiere, aunque no se trata de un simple desinterés, sino que la exigencia y el tiempo que se dedica al descanso se reduce en ciudades grandes o sobrepobladas. El transporte, el trabajo y más ocupaciones, aunado a la baja remuneración, reducen las posibilidades de recibir ayuda profesional.

La emisión de luz de los teléfonos móviles antes de dormir, así como el consumo de alimentos ricos en grasas durante la noche, generan problemas para concebir el sueño o aprovecharlo como lo requiere el organismo. El descanso es tan importante para recuperar energía, como para procesos mentales como la memoria, la atención y la concentración.

En resumen, los hábitos poco saludables no únicamente afectan el cuerpo, sino también al cerebro, incluso la inteligencia. Sophie von Stumm, investigadora y psicóloga de la Universidad de Londres, relaciona el bajo coeficiente intelectual con el consumo de comida chatarra en sus estudios hechos con cuatro mil niños.

Volviendo a Emma, su modelo ha servido para recordar esta capacidad sorprendente de los huesos que a veces se ignora. Y ayuda a explicar que los cambios que se ven en ella, son posibles en los cuerpos con un estilo de vida sedentario en un espacio de 20 años. La advertencia que se lanza es simple: hay que cambiar las condiciones de trabajo para no llegar a tan alarmantes cambios morfológicos.

Foto: Behance / Zhou Zhou

ESTUDIOS

En el informe titulado El colega del futuro, un equipo liderado por el futurista conductual William Higham analizó el caso de tres mil oficinistas franceses, alemanes e ingleses. El dolor en los ojos, espalda y cabeza, fue uno de los males que sufría este tipo de trabajador en un porcentaje cercano al 50 por ciento de los encuestados.

Como fruto de esta investigación, los expertos realizaron el modelo de Emma para evidenciar los cambios morfológicos que sufrirá el empleado de oficina promedio, basándose en la evidencia obtenida. Entre los cambios no está la mera morfología, sino también hinchazón en las piernas, sobrepeso, problemas de visión y eccema por estrés (hinchazón de la piel o dermatitis).

Lo anterior, por supuesto, debe ser tomado en cuenta en tanto que estas investigaciones mencionadas se presentan en países donde no reina el trabajo informal. En Latinoamérica se tiene el peligro de la automedicación y el escaso acceso a la salud pública y, en el caso de los empleos formales, especialmente los de oficina, riesgos diferentes de salud física y emocional.

Cabe señalar que muchas empresas no hacen caso de este tipo de hallazgos, por mero desconocimiento o desinterés. El tiempo dedicado al trabajo se mide de manera burda, suponiendo que se aprovechan todas las horas que se pasan frente al monitor, siendo que la productividad es mayor en periodos más cortos que la jornada de ocho horas. Japón logró reducir sus jornadas a 40 horas semanales sin reducir la eficiencia ni la carga de trabajo en 2018.

Las recomendaciones que hace Higham son directas. Para él debe haber cambios radicales en la forma en que se organiza y se concibe el trabajo. La vida laboral debe cambiar para hacer posible mayor movimiento del cuerpo, puesto que los riesgos en la salud pueden ser enormes.

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