Benedetti y su táctica de quedar en el recuerdo
Reportaje

Benedetti y su táctica de quedar en el recuerdo

El centenario de un escritor universal

No supo cómo ni con qué pretexto, pero se quedó en nuestro recuerdo. Construyó con palabras un puente indestructible que lo llevó a la cúspide de un universo literario en el que propuso una poesía lejos de pretensiones metafóricas y que se acercaba más a las vivencias reales del ciudadano común. Su pluma democratizó un género que, antes de su intervención, se leía con evidentes abstracciones envueltas dentro de un lenguaje rebuscado que le facilitaba la lectura sólo a unos cuantos.

Uruguay fue la tierra fértil en la que se sembró el talento de uno de los escritores latinoamericanos más entrañables de los últimos tiempos. El hombre de la poesía sencilla y clara, poseedor de un Corazón Coraza que adoptó la universalidad para escribir de lo cotidiano y que eventualmente se volvió cercano y la voz de la clase media: Mario Benedetti.

Nació en el Paso de los Toros (Uruguay) el 14 de septiembre de 1920. Es el centenario de su natalicio, una oportunidad para izar las velas de la embarcación que nos lleve a navegar por su vida y obra. Esta última, que por su versatilidad y vastedad, se vuelve trascendente en el cosmos literario donde el nombre de Mario Benedetti está escrito con letras doradas.

LA LITERATURA ASENTADA

Desde niño, Mario Benedetti tuvo complicidad con las letras. Para él no existieron dudas de su destino como poeta. La pluma y el papel permanecieron atentos a su genio que siempre trató de desprenderse de los estilos complejos y herméticos, y que se inspiró más en la vida cotidiana de Montevideo, capital de Uruguay, a la que se mudó su familia cuando él tenía cuatro años y en la que vivió gran parte de su vida.

Al crecer y pasar una temporada en Argentina, la pluma del poeta Baldomero Fernández Moreno influyó, en un principio, en la obra de Mario, que un día en una venta de remates de libros picó con su anzuelo de lector una antología poética de Boldomero, a quien en las primeras repasadas no pudo dejar de leer por considerarlo de inmediato un buen autor que navegaba con la bandera de la sencillez y la claridad. Algo que agradecía y que por supuesto buscaba retratar en su propia obra.

Fue así que Benedetti apuntó hacia el verso sencillo y comenzó a llenar páginas poetizando vivencias de los montevideanos de clase media (a la cual él mismo pertenecía). Incluso, Montevideanos fue como tituló a su primer obra narrativa publicada en 1959 y que tuvo un amplio reconocimiento por parte del público y la crítica.

Retrato de Benedetti de niño abrazando a su mamá. Foto: fundacionmariobenedetti.uy

Estos cuentos son la expresión de la vida gris y el tiempo vacío de los habitantes de clase media de la capital uruguaya. El país ha dejado de ser la 'Suiza de América' o la 'Tacita de Plata', mitos de la bonanza económica de otras épocas. Benedetti instala su mirada crítica y humorística: sin los monólogos interiores de Joyce, pero con extraordinarios monólogos exteriores donde charlatanes, pícaros, borrachines, hipócritas e inolvidables personajes provocan una sonrisa de ternura cómplice”, se puede leer en el prólogo del mencionado compendio.

Benedetti alguna vez comentó que nunca se encontró en las letras de los autores que comenzó a leer, pues, al repasarlos, pensaba que con sus propuestas sujetadas a la descripción de imágenes abstractas con metáforas muy elaboradas, eliminaban el sentido de la pertenencia y en lugar de volverse cercanas a los lectores, el uruguayo presentía que se empeñaban más en complejizar el género al que aislaban de las masas. Y es que Mario era parte de esa masa, la de clase trabajadora. Un individuo soñador de una literatura más humana y que, igual que muchos, sufría una situación precaria.

Debido a la estrecha economía familiar, el poeta tuvo que trabajar desde los 14 años, situación que le obligó a abandonar la escuela secundaria y a estudiar por su cuenta. En una entrevista, el mismo autor recordó su infancia como una época complicada donde las carencias delineaban su vida, la de sus padres y la de su hermano (ocho años menor que él). A pesar de que el hombre que le dio la vida fue un químico que encabezó el funcionamiento de una farmacia, un fraude cometido por uno de sus socios desplomó la economía y la esperanza de la familia. Los dejó en la ruina.

Benedetti creció en una atmósfera de pobreza, pero jamás se apartó del sendero del conocimiento, es por ello que en el aprendizaje por su cuenta y trabajando como taquígrafo, vendedor y cajero, entre otros empleos que llegó a ejercer, encendió la máquina gestadora de su producción literaria.

Sus primeros compendios vieron la luz por medio del autofinanciamiento, sin embargo, fueron ignorados tanto por los lectores como por la crítica. Al menos siete iniciales propuestas de Mario nacieron para ser directamente sepultadas en el olvido.

Algunos poetas que Benedetti admiraba recibieron como regalo las primeras escaladas poéticas de un uruguayo que buscaba ganarse un lugar en la orbe de las letras, pero la retroalimentación se negaba a arribar a su buzón, hasta que un día se encontró frente al poeta Juan Cuha, quien lo invitó a tomar un café para hablarle sobre el compendio de poemas que había recibido días atrás.

Foto: Twitter

Mario sería evaluado por una de las plumas más activas y seguidas de aquellos años. La conclusión sobre su material, según Cuha, era que se trataba de un mal libro escrito por un buen poeta. Benedetti recordó la escena en un programa de televisión uruguaya en el que sentenció aquel momento como clave en su vida literaria. En su opinión, cualquiera que comenzara a esculpir las palabras se hubiera desanimado de manera definitiva, pero en su caso, la crítica de Juan Cuhna resultó ser un estimulante para seguir arrastrando la pluma en busca de su voz poética. Poeta, mano y papel, fungieron entonces como el triángulo obligatorio de los días posteriores de Benedetti, hombre que se aventuró también a otros géneros como la novela, ensayo, cuento y crítica literaria. Aunque él siempre se asumió sólo como poeta, un eterno enamorado del verso.

ESCRITOR UNIVERSAL

Poemas de la oficina fue el primer libro de poesía del uruguayo que encontró lectores y adeptos. Sus versos se leían cercanos por la simple razón de que hablaban de la gente común, algo que, como ya se mencionó, caracterizó el largo y el ancho de la obra de este escritor.

Nadal Suau, doctor en literatura contemporánea y crítico de narrativa en la publicación española El Cultural, explica en su texto titulado Mario Benedetti, un escritor para todos los públicos que “una sombra antintelectual planea sobre la escritura de Benedetti, en parte por temperamento, en parte por una concepción política de lo popular, también por adicción a la popularidad; esto es compatible con el conocimiento de la alta cultura”.

Sin estilización y sin margen para lo que no se entiende, explica Nadal Suau, “un texto puede identificarse hábilmente con lo cotidiano y, por lo tanto, conmover de un modo práctico; pero no genera una inmediatez propia, autónoma. Por eso, Benedetti funciona de verdad cuando uno se identifica con Benedetti”.

La novela La tregua, la obra más difundida del escritor uruguayo, es un claro ejemplo de lo anterior, pues en ella se vierten golpes de realidad con una descripción honesta que conecta con los sentimientos y pensamientos de los individuos. La historia gira en torno a Martín Santomé, viudo con tres hijos que, en las vísperas de su jubilación, comienza a registrar en un diario íntimo su vida gris y sin relieve.

Con una rutina de oficina y con un hogar desunido, la voz de Martín se convierte en la de muchos individuos que deambulan en una sociedad en busca de un paréntesis luminoso que calme un poco las crisis existenciales propias de los seres humanos porque, siendo honestos, quién no se ha preguntado ¿cuál es nuestro lugar en el mundo?

Foto: Biblioteca Benedetti

En el libro, dentro de la página del sábado 14 de septiembre, lo cual es un dato curioso por ser la fecha de nacimiento de Benedetti, Santomé tiene un diálogo casto con su diario debido al acontecimiento de sus 50 años de vida:

"Sin embargo, la fecha de ayer no pasó en vano. Hoy, en varios momentos del día, pensé: 'Cincuenta años', y se me fue el alma a los pies. Estuve frente al espejo y no pude evitar un poco de piedad, un poco de conmiseración hacia ese tipo arrugado, de ojos con fatiga, que nunca llegó ni llegará a ser nada. Lo más trágico no es ser mediocre pero inconsciente de esa mediocridad; lo más trágico es ser mediocre y saber que se es así y no conformarse con ese destino que, por otra parte (eso es lo peor), es de estricta justicia [...]”.

Con el paso de los años es normal que los seres humanos se autoevalúen y realicen un viaje de introspección para observarse a sí mismos y juzgarse severamente por todo lo que no han realizado, sintiéndose culpables por la vida que todavía no tienen. Así lo vive el personaje creado por Benedetti para La tregua, novela que nos deja la sensación de que todos, en algún punto de nuestra existencia, fuimos, somos o seremos Martín Santomé.

Respecto a esto, el poeta Luis García Montero, uno de los mejores amigos de Benedetti, apuntó que el escritor uruguayo había querido llevar su compromiso no sólo a los grandes acontecimientos colectivos, sino también a los pliegues de la verdad humana, al amor, a la tristeza, a las debilidades y los miedos.

Lo público, lo privado y la intimidad pertenecen por igual a la historia. Ese es el eje en el que sostuvo su escritura. Los recuerdos, el presente, la inevitable realidad de sentir y la conciencia en la obligación de decidir, se reúnen para convertir la propia sentimentalidad en un esfuerzo de conocimiento”, sentenció García Montero en un artículo publicado en el ya mencionado medio El Cultural.

El mismo Benedetti describió a este tipo de plumas (como la suya) como poetas comunicantes “significa, en su acepción más obvia, la preocupación de la actual poesía latinoamericana en comunicar, en llegar a su lector, en incluirlo también a él en su buceo, en su osadía, y a la vez en su austeridad”.

ESTRUCTURA LITERARIA

Principalmente poeta, pero también novelista, dramaturgo, cuentista y periodista, Benedetti se convirtió en la figura más relevante de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX y uno de los grandes nombres del Boom de la literatura hispanoamericana.

Generación del 45. Foto: daniellebrato.com

Fue miembro de la llamada Generación del 45 a la que pertenecieron, entre otros autores, Carlos Martínez Moreno, Mario Arregui, Ángel Rama, José Pedro Díaz, Armonía Somers, Idea Cilariño, Sarandy Cabrera, Ida Vitale, Carlos Maggi y Emir Rodríguez Monegal.

Luego de posicionarse en las letras, Benedetti asumió la dirección del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República de Montevideo. En mayo de 1997 fue investido con el título Doctor honoris causa por la Universidad de Alicante y, unos días más tarde, el 11 de junio, fue también reconocido por la Universidad de Valladolid. El 30 de septiembre del mismo año, ganó el Premio León Felipe, en mención a los valores cívicos del escritor. Además fue proclamado, en diciembre, como Doctor honoris causa en Ciencias Filológicas de la Universidad de La Habana.

Asimismo, en 1999 fue galardonado con el VIII Premio Sofía de Poesía Iberoamericana. Publicó más de 80 obras, algunas de ellas traducidas a más de 20 idiomas. La Fundación Cultural y Científica Iberoamericana José Martí le concedió el 29 de marzo de 2001 el I Premio Iberoamericano José Martí y en 2002 fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Intendencia de Montevideo. También en 2005 se le adjudicó el XIX Premio Internacional Menéndez Pelayo.

Y es que, de pronto, Mario Benedetti se convirtió en el poeta de todos, en un autor que era capaz de nombrar lo que los seres humanos sentían de una manera simple, pero bella. Las letras se le desprendieron con maestría y ellas volaron, con inocencia, hacia la eternidad.

MARIO, EL CINE Y LA MÚSICA

La literatura de Benedetti no fue exclusiva de las páginas de los libros, también intervino en guiones cinematográficos, porque aunque su nombre está vinculado de forma indisoluble a la poesía, el escritor uruguayo cuenta con una importante obra en prosa, y es en torno a esa producción que su trabajo estableció un sustancioso vínculo con el cine, tanto en forma de cortometrajes, como de largometrajes.

En materia de lo último, la primer película que trasladaría su obra al cine fue Dale nomás, dirigida por Osías Wilenski en 1974. Se trata de un filme episódico, en blanco y negro, en el que el director argentino adaptó una serie de cuatro cuentos de diferentes escritores rioplatenses: Rodolfo Walsh, Héctor Lastra, Pedro Orgambide y Mario Benedetti, quien participó a través de su cuento El olvido.

Otras de las obras que fueron trasladadas a la pantalla grande, fue la trascendente novela La tregua, la cual, en 1974, dirigió el argentino Sergio Renán. Se trató del primer material argentino y sudamericano en idioma español en ser nominado al Óscar a la mejor película extranjera. También el mismo Renán, a mediados de los 80, retomó la novela Gracias por el fuego (1965) para rodar un nuevo filme con alma benedettiana.

Benedetti en una escena de El lado oscuro del corazón (1992). Foto: proyectorfantasma.com.ar

Cabe mencionar que en 2003 se lanzó otra versión de La tregua, la cual fue dirigida por el mexicano Alfonso Rosas Priego (hijo). Sin embargo, esta no pudo igualar el éxito de crítica y público que consiguió la ópera prima de Renán.

Los cuentos Cinco años de vida, Corazonada y Los pocillos, asimismo, tuvieron su formato para los cinéfilos. Aquí fueron los directores Luis Puenzo, junto a Carlos Galettini y Alberto Fisherman, los encargados de adaptar los relatos cortos del uruguayo al formato de película.

Quien también trasladó al cine de larga duración la obra poética de Mario Benedetti fue el director Eliseo Subiela (reconocido por filmes como Hombre mirando al sudeste de 1986 y Últimas imágenes del naufragio de 1989). Inspirado en varios de sus poemas, Subiela pudo crear trabajos que los contenían: El lado oscuro del corazón (1992), Despabílate amor (1996) y El lado oscuro del corazón 2 (2001).

Como dato curioso, el mismo Mario Benedetti aparece en el filme El otro lado del corazón de 1992, en donde interpreta a un capitán en decadencia que le recita en alemán (idioma siempre presente en su vida) su poema Corazón Coraza a una prostituta melancólica y alcoholizada en el cabaret portuario que aparece reiteradamente en la película.

Por otro lado, algunos cortometrajes inspirados en su obra son, por ejemplo, Táctica y estrategia (España 2015) dirigido por Helena Barrero, Damián Muñoz y Pol Turrents; La noche de los feos (Perú 2019) del director Héctor Robles y Miss Amnesia (México 2005) de Enrique Avilés, entre otros.

En cuanto a la música, el uruguayo pulió los llamados Versos para cantar, que fueron incorporados al repertorio de cantantes populares como Nacha Guevara, Daniel Viglietti, Los Olimareños, Numa Moraes, Gianfranco Pagliaro, Soledad Bravo, Carlos Fasano, Dianne Denoir, Washington Carrasco y Pablo Milanés. Así, verso y melodía se fusionaron para eternizar la voz poética de Mario, también en este formato.

EXILIADO

El tiempo que transcurrió entre 1968 y 1973 fue una etapa muy peculiar y muy definida en la vida del escritor. Se trata de una época de mucho trabajo para Benedetti, según un capítulo de El Aguafiestas: Benedetti, la biografía escrita por Mario Paoletti, en ese tiempo, Mario ya era el famoso autor de La tregua pero igual tenía que seguir trabajando de contador para poder comer todos los días.

Mario Benedetti trabajando como taquígrafo en 1940. Foto: fundacionmariobenedetti.uy

Mario está escribiendo poesía, cuentos y una nueva novela. Y también crítica literaria y artículos para revistas. Sigue siendo básicamente un pesimista, pero algunos días (y esto es nuevo) se le enciende el corazón con verdes esperanzas. Sin embargo, cree descubrir que la única solución es irse, poner distancia con este país de la cola de paja empeñado en esconder su corazón de oro. Y entonces escribe”:

Cuando resido en este país que no sueña [...] cuando vivo en esta ciudad sin lágrimas [...] pienso que al fin ha llegado el momento/ de decir adiós a algunas presunciones/ de alejarse tal vez y hablar otros idiomas/ donde la indiferencia sea una palabra obscena”.

La razón de lo anterior es que el proceso político uruguayo estaba agitado, y Mario no era indiferente. Él mismo relata en el prólogo de su libro Letras de Emergencia, que entre 1968 y 1973 fue un lapso en el que tuvo lugar una encarnizada lucha contra la guerilla; rápidamente, escribe, se transformó en una guerra contra el pueblo.

La clase dominante aventó sus últimos escrúpulos y se lanzó a la defensa de sus privilegios. La violenta represión trajo mordazas, trajo prisiones, trajo muertes. Estudiantes, obreros y luchadores sociales fueron víctimas de vejaciones y torturas, en un increíble desprecio por la persona humana”, sentenció el escritor uruguayo en Letras de Emergencia editado en 1974.

Desde su compendio El país de la cola de paja publicado en 1959, Benedetti ya había mostrado su preocupación por la política; pero, fue hasta 1971 que junto a otros compañeros fundó el Movimiento Independiente 26 de marzo, grupo político integrante del Frente Amplio.

En ese momento la pluma de Mario accedió a otra visión, una en la que se advertía que el instrumento literario podría llegar a ser, en el plano político, un eficaz impulsor de ideas. Pero, justamente por su activismo político, el escritor fue amenazado de muerte, teniendo que abandonar su país asumiendo el adjetivo de exiliado.

De Uruguay a Argentina, luego a Perú, con un retorno a Argentina, y después un regreso a Perú, y de esta tierra a Cuba y finalmente a España, Benedetti pasó casi doce años “desmembrado” de su tierra, una experiencia que le dejó huellas tan profundas en lo vital como en lo literario.

En el poema Hombre que mira a su país desde el exilio, Benedetti deja ver algo de la herida que le provocó el golpe de estado en Uruguay acontecido en 1973:

Foto: rosario3.com

País verde y herido

comarquita de veras

patria pobre

país ronco y vacío

tumba muchacha

sangre sobre sangre

país lejos y cerca

ocasión del verdugo

los mejores al cepo

país violín en bolsa

o silencio hospital

o pobre artigas

país estremecido

puño y letra

calabozo y praderas

país ya te armarás

pedazo por pedazo

pueblo mi pueblo

país que no te tengo

vida y muerte

cómo te necesito

país verde y herido

comarquita de veras

patria pobre

Foto: culturacolectiva.com

Pero, no es sólo el anterior poema que escribe Mario hablando de lo que pasó a raíz de la difícil situación política que vivió su país en aquellos años, no. Su mirada poética hizo todo un registro de su tiempo de exiliado que, incluso, lo apartó de la hechura de textos a grandes formatos y se refugió en el verso como su mejor arma contra el olvido.

Maria de Nazaré Fonseca Corrêa, en su artículo Historia y política en la poesía de Mario Benedetti, refiere que en la dictadura de Uruguay, que ocurre entre 1973 y 1985, el poeta uruguayo se dedicó a escribir textos más cortos, y que inclusive declaró en 1973 que el activismo político de los últimos tres años le impidió dedicarse a proyectos literarios más extensos, como escribir una novela, por ejemplo.

El constante ritmo de trabajo que una novela requiere no es para mí, en las circunstancias actuales, una tarea posible. En estos tres últimos años solo he escrito poemas de emergencia, letras de canciones, y fundamentalmente textos políticos”, expresó Mario.

Cabe mencionar que respecto a su participación política, rescata Fonseca Corrêa, Benedetti llegó a admitir su falta de experiencia en esa ciencia en aquel instante. Él consideraba que el contexto histórico exigía una posición más activa por parte de los intelectuales:

[...] Mi vocación cardinal fue, sigue siendo y creo que será siempre la literatura, y si accedí a participar en la actividad política fue porque creí, y sigo creyendo, que con esa incorporación podía dar y recibir, enseñar algo y aprender mucho, pero sobre todo porque el proceso de fascistización que en aquel momento empezaba a tener caracteres definidos en Uruguay, exigía que todos sin excepción aportáramos nuestro esfuerzo, por modesto que fuera, para tratar de que el fascismo no se consolidara y no llegara a adquirir su tan ansiada base social”, sentenció el poeta en 1974.

Era 1985: la dictadura se destejía en Uruguay y un Benedetti, acuñando el concepto del desexilio, retornaba a su tierra con su pluma cargada de experiencia que no sólo desgastó su tinta escribiendo sobre el ciudadano común o sentimientos universales, sino que también preservó la memoria de una nación (incluso de una América Latina) que eternamente será leída a través de sus letras.

La tinta de este escritor universal se agotó en el 2009. Fue en Montevideo, su ciudad, donde Mario Benedetti escribió el punto final.

Comentarios