Recesión y popularidad
Opinión

Recesión y popularidad

Jaque Mate

La historia nos muestra que los presidentes y los partidos de gobierno son castigados en las urnas cuando la economía se cae. Es un fenómeno universal, que se ha manifestado también en México.

A Miguel de la Madrid le tocó gobernar México en la llamada década perdida. Las irresponsables políticas económica de José López Portillo se saldaron con una prolongada recesión. Esto llevó en 1988 a la elección más disputada de la historia hasta entonces, en la que Carlos Salinas de Gortari fue electo presidente, pero donde se levantaron voces que señalaron un fraude en agravio de Cuauhtémoc Cárdenas.

Ernesto Zedillo empezó su sexenio con la devaluación de diciembre de 1994 y con una crisis mayúscula en 1995. La recesión se profundizó con su decisión de elevar el IVA de 10 a 15 por ciento, lo cual golpeó todavía más el poder de compra de los consumidores. El partido del presidente, el PRI, perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados en 1997 y la Presidencia de la República en el 2000, la primera vez que oficialmente un candidato de oposición ganó unas elecciones presidenciales en el país.

El panista Felipe Calderón enfrentó en 2009 una fuerte recesión como consecuencia de la pandemia de influenza A-H1N1. Hubo una recuperación posterior, pero quedaron las cicatrices de la crisis y se manifestaron en las elecciones de 2012, en las que Enrique Peña Nieto recuperó el poder para el PRI después de dos sexenios de gobiernos panistas.

Esta situación se repite una y otra vez en otros países del mundo. Las crisis económicas suelen ir acompañadas de cambios políticos. Justa o injustamente, los electores culpan a sus gobernantes de los problemas económicos que enfrentan en su vida diaria. Cuando la gente se siente bien, y próspera, suele refrendar su apoyo a los gobiernos en funciones, pero les da la espalda cuando le va mal.

La gran pregunta ahora, cuando el mundo entero está sufriendo la peor recesión desde cuando menos la Gran Depresión, es cuáles serán las consecuencias políticas. No hemos visto elecciones importantes en el mundo todavía. En México, por otra parte, lo notable es que la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador se mantiene, a pesar de que la gente no está contenta realmente con la situación que prevalece en el país. Y no sorprende. Millones de personas se han quedado sin empleo, formal o informal, en medio de esta crisis.

López Obrador mantiene su popularidad en parte porque es un gran comunicador. Sus conferencias de prensa mañaneras le han dado una conexión muy cercana con la gente. Pero además ha repartido enormes cantidades de dinero en programas sociales, y ha logrado mandar el mensaje de que él personalmente, y no el gobierno o los contribuyentes, está entregando los recursos. A la familia le puede ir mal, con la pérdida de empleos de varios miembros, pero no necesariamente culpa al presidente; sin embargo, está agradecida por la pensión que recibe el abuelo o la beca de Jóvenes Construyendo el Futuro de uno de los hijos o sobrinos.

Por lo pronto, las encuestas señalan que el presidente sigue siendo muy aceptado. No sabemos si esta popularidad se contagiará a Morena o al Partido del Trabajo. Las encuestas no son tan positivas para esto partidos y pueden empeorar si la recesión se profundiza y se prolonga demasiado. Lo sorprendente es que hasta ahora Andrés Manuel parece estar desafiando la ley de gravedad de la política en estos tiempos de crisis.

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