Crisis económica, crisis de salud
Salud

Crisis económica, crisis de salud

La urgencia de acentuar el rubro sanitario

Una mala nutrición, descanso insuficiente, exceso de estrés o crisis económicas son situaciones que ponen en jaque las defensas del organismo. Esa última razón, la del bolsillo vacío, bien puede ser la detonante de las otras.

Con escaso dinero en la cartera o en la cuenta bancaria, la despensa se agota, la preocupación nos persigue, batallamos para conciliar el sueño, la puerta al malestar se abre y la ventana para procurarnos el alivio se va cerrando.

Por lo general, mujeres y niños son grupos poblacionales que, nada más caer en la casilla de la recesión, empiezan a ver mermada su fuerza inmunológica.

Las dificultades de liquidez conforman un paquete muy completo de penurias que posee efectos directos e indirectos, de corto, mediano y largo plazo, es decir, una economía lastimada alumbra consecuencias nefastas tanto en el presente como en el futuro.

Muchas veces, el adulto que requiere asistencia médica de forma insistente fue un niño que se desarrolló en un ambiente de privaciones y riesgos para su bienestar. La pobreza del progenitor condiciona la inmunidad del hijo y, no conforme con ello, compromete, mediante una salud precaria, las opciones de la progenie de romper el círculo generacional de la carestía. Quienes desde la infancia adquieren alguna enfermedad crónica alcanzan la adultez con su capital humano recortado.

Así las cosas, resulta sencillo concluir que una crisis económica que manda a la pobreza a millones de personas, más tarde o más temprano, da lugar a una crisis de salud.

BUENAS INVERSIONES

Invertir en los ámbitos de salubridad y educación debería estar fuera de toda duda. Ambas ejercen una influencia benéfica que se traduce en productividad, ingreso, mayores opciones de asentarse en una rutina plácida.

La correlación entre esos conceptos ha sido más que demostrada. Un niño que goza de buena salud suele mostrar un rendimiento académico positivo, mientras que la formación incide directamente en tomar decisiones y emprender acciones que favorezcan un estado físico y mental óptimo. Es decir, la buena marcha de un organismo constituye un beneficio no monetario del paso por las aulas.

El desempleo se ha relacionado con el alza en la tasa de suicidios. Foto: Behance / Antti Karppinen

En el extremo de la precariedad, por ejemplo, el desempleo, se asocia con un incremento de la mortalidad general, dolencias variadas que ameritan acudir al consultorio y hasta un alza en la tasa de suicidios.

La carencia se sufre tanto en lo individual como en familia y como parte de una comunidad que se ve atrapada en la estrechez.

En situaciones muy particulares andar en el paro tiene su lado bueno, a veces resulta indispensable cuando toca recuperarse de ciertos padecimientos. Sin el estrés laboral, el individuo puede dormir más y dedicar tiempo a cuidar su cuerpo y su mente. A nivel de la vida en sociedad, conlleva un decremento de la producción industrial que se traduce como menor contaminación.

Sin embargo, superado cierto umbral, la pobreza y la falta de trabajo generan violencia, delitos, inseguridad, reacciones que saltan, de un modo u otro, hacia las estadísticas de salubridad. Traspasar esos límites difícilmente tiene vuelta atrás.

ENFOQUE

La capacidad actual, tanto a nivel individual como colectivo, para hacer frente a los días de pandemia, confinamiento y reducción de las actividades, es en cierta medida producto de las crisis económicas sufridas en territorio nacional. Por mencionar el caso en boga, las dificultades de infraestructura, equipamiento, recursos materiales y humanos para combatir a la COVID-19 se originaron, en algún grado y acaso de forma acumulativa, a raíz de las recesiones de otros años.

Las noticias que fluyen a cada instante nos hacen mirar con mayor atención a un sistema sanitario cuyo enfoque primordial consiste en curar la enfermedad, no en anticiparse a ella, ni en hacer promoción de las bondades de una vida saludable.

Nuestra concepción sigue centrada en desarrollar curas, vacunas, tratamientos, en favorecer una ciencia de la salud sujeta a las reglas del mercado y donde el servicio médico trae consigo la etiqueta de un producto listo para su venta.

Foto: Behance / Nicolás Castell

Aunque esta vez la crisis económica sea producto de una amenaza viral, el círculo negativo está servido. Empresas que van a la quiebra, caída de las inversiones, crecimiento económico nulo, un desgaste galopante de la capacidad productiva y del capital humano, la inseguridad, esos y más factores se saldan con una crisis de salud y el sistema sanitario se suma a los damnificados: los costos aumentan, los esfuerzos se dispersan, la capacidad hospitalaria se ve rebasada, el acceso a la atención médica se convierte en un artículo de lujo.

La crisis y sus ramificaciones golpean sin atenuantes. Podemos palpar con facilidad que los niveles de vida se deterioran, que las herramientas de protección social pierden eficacia; los guardaditos y pensiones adelgazan, gastar en salud se vuelve imposible.

Otros efectos se verán después y cuando lleguen quizá ni sospechemos que tuvieron su origen en los meses transcurridos al ritmo impuesto por un virus.

SUPERAR

El contexto de la COVID-19 pone a prueba conocimientos, habilidades y resiliencia de los distintos integrantes y sectores de una sociedad.

Superar o no el reto impuesto por la pandemia depende en buena medida de que se orquesten con acierto políticas públicas, planes, programas, acciones que amortigüen el paquete de penurias.

Además, con coronavirus o sin él, persiste la necesidad de elevar las posibilidades económicas y de salud de amplios sectores de la población.

Construir condiciones que favorezcan a las personas, a las familias, a las comunidades, no se conseguirá de un día para otro. Sin embargo, comenzar a recorrer el camino en esa dirección es preferible a mantener el rumbo actual de la nave. Seguir en las mismas significa, en el rubro sanitario, que millones de personas batallen para acceder al diagnóstico oportuno, el tratamiento certero, la rehabilitación que brinda calidad de vida. De momento, la única opción disponible para millones de personas es resistir, un día a la vez, con salud o sin ella.

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