Cine

"I, Tonya", retrato de una vida contracorriente

La reivindicación de una deportista odiada por las masas

La participación de la estadounidense Tonya Harding en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994 se vio opacada por el escándalo que puso fin a su exitosa y controversial carrera como patinadora artística: fue acusada de planear un ataque contra la competidora Nancy Kerrigan semanas antes del evento. Tras uno de sus ensayos, un desconocido la golpeó en una pierna con un bastón, dejándola lesionada.

Si bien las indagaciones de la Agencia Federal de Investigación (FBI) concluyeron definitivamente que el incidente había sido planeado por Jeff Gillooly, exesposo de Tonya, y por Shawn Heckhardt, su guardaespaldas, Harding fue quien quedó como la villana ante los ojos del público.

Ambas patinadoras lograron competir en las Olimpiadas. De hecho, Kerrigan obtuvo la medalla de plata, mientras que Harding quedó en octavo lugar. Aunado al estrés de las investigaciones y al odio generalizado hacia su persona, Tonya tuvo una presentación difícil porque sus agujetas se desataron al inicio. Apenada, pidió permiso para volver a comenzar su rutina, pero los nervios no la perdonaron, ni tampoco los jueces.

Después de los Juegos Olímpicos, se la encontró culpable de entorpecer la investigación del FBI sobre el ataque a Nancy Kerrigan pues, aunque aseguró que no supo de su planeación, sí se enteró (después del incidente) de quiénes lo habían llevado a cabo, pero no contactó a las autoridades para delatar a los perpetradores. Entre multas de miles de dólares y 500 horas de servicio comunitario, el verdadero castigo para ella fue su expulsión de la Asociación de Patinaje Artístico de Estados Unidos. No podría volver a patinar profesionalmente ni ejercer como entrenadora, porque sus alumnas no serían aceptadas en ninguna competencia.

Nancy Kerrigan practicando en la pista, Tonya Harding detrás suyo. Foto: chicagotribune.com

Ese fue el ocaso de Tonya Harding como deportista y figura pública. A la fecha, mucha gente cree fue ella misma fue quien lesionó a Nancy o que pagó directamente al atacante. Durante mucho tiempo, Tonya intentó hacerse escuchar, pero los medios siempre terminaban descartando todo lo que no fuera relativo a si sabía o no del ataque. Toda su vida, al menos para las masas, se vio reducida a ese fatal momento. Quizá por eso calificó a la película I, Tonya como “magnífica”. Lejos de definirla en relación a su culpabilidad o inocencia, el filme biográfico ofrece un amplio retrato de la conflictiva vida de Tonya Harding. Los hechos se deslizan con un ritmo rápido que apenas da respiro, tal como ella tuvo que sobrevivir durante años, sin tregua.

SÁTIRA DE LO ABSURDO

La película, estrenada en 2017 y dirigida por Craig Gillespie, comienza con el siguiente texto: “Basada en entrevistas no irónicas, salvajemente contradictorias y totalmente verdaderas con Tonya Harding y Jeff Gillooly”. Esto deja ver un tono humorístico que, sin embargo, no tarda en mezclarse con una buena dosis de amargura.

El guionista Steven Rogers, efectivamente, tuvo encuentros con ellos para que cada quien contara su versión de la relación que tuvieron y de cómo se llevó a cabo el ataque contra Nancy Kerrigan. De hecho, la primera escena muestra a Tonya (Margot Robbie), a su madre LaVona Golden (Allison Janney) y a Jeff (Sebastian Stan) hablando hacia la cámara, a modo de falso documental, mientras cuentan sucesos de la vida de la patinadora. Estas tomas se insertan varias veces a lo largo del filme. Como resultado, algunas escenas se repiten, pero en diferentes versiones, o parecen incongruentes, o toman giros inesperados dependiendo de quién esté narrando los hechos.

Allison Janney ganó el Oscar a Mejor Actriz de Reparto por su papel como LaVona Golden. Foto: apio.app

Algunos comentarios en torno a I, Tonya señalan que convierte la tragedia en situaciones divertidas que no deberían serlo, pero muchos críticos (como los de The New York Times y el portal Robert Ebbert) coinciden en que no se trata de una burla al personaje, sino una sátira sobre lo aberrante y absurdo de la sociedad en la que tuvo que crecer la patinadora, desde su familia hasta el público que la vitoreó y luego la pisoteó. Prueba de esto es que, para Harding, lo más alejado de la realidad en el largometraje es que ella nunca le dijo “chúpame el pito” a ningún juez. Fuera de eso, asegura que la historia es bastante acertada y, acaso, la violencia mostrada es menor de la que en realidad vivió desde su infancia.

Tal vez por esa crudeza en la vida de Tonya, las partes más cómicas de la película se concentran en las secuencias que muestran el ataque a Nancy Kerrigan. Después de todo, podría decirse que no fue lo peor que le pasó.

Cabe mencionar, por cierto, que son pocas las exageraciones en este pasaje de la historia. Los hechos se desarrollaron de forma casi tan absurda como se ve en pantalla. El guardaespaldas de Harding tenía delirios que lo hacían creerse un especialista en espionaje y contraterrorismo, el hombre que golpeó a la víctima cometió casi todos los actos de torpeza que se muestran, y el cuidado que tuvieron para ocultar sus rastros fue prácticamente nulo.

La maldición de Tonya parece ser que, por muchos años, estuvo rodeada de personas sumamente inconvenientes (por decir lo menos) para su desarrollo.

Foto: telegraph.com

EL DEDO EN LA LLAGA

La película hace una crítica mordaz a la crianza que recibió Tonya por parte de su madre que, en parte, puede reflejar la realidad de otros deportistas olímpicos. Hay casos en que, desde temprana edad, son sometidos a entrenamientos exhaustivos para explotar su talento al máximo, sin tomar en cuenta sus necesidades emocionales y de desarrollo. Crecen bajo una presión sumamente grande en pro del éxito, pero a costa de problemas de autoestima, pues llegan a creer que su valor reside únicamente en su desempeño. En el caso de Tonya, una escena muestra cómo su madre le prohíbe interrumpir su entrenamiento para ir al baño. La pequeña termina orinando sobre el hielo. Según testimonios de excompañeras que practicaban con ella en aquel entonces, ese era el trato que la joven patinadora en verdad recibía.

I, Tonya también refleja que en las grandes ligas no sólo importa el talento, sino también la imagen que proyectan los ídolos deportivos. Aquellos que no se adapten a los parámetros que cierta institución busque vender al público, serán relegados a pesar de su destreza. Es un hecho que los jueces solían descontar puntos a Harding por sus vestidos confeccionados por ella misma con telas baratas o por hacer sus rutinas con música de ZZ Top en lugar de alguna pieza clásica. Tampoco eran de su agrado los conflictos que tenía con su golpeador esposo Jeff Gillooly.

Ella estaba lejos de ser el ideal femenino que el patinaje artístico estadounidense buscaba para representar al país internacionalmente. Era pobre, se consideraba que tenía mal gusto, su matrimonio era disfuncional y sobre la pista no se movía como una princesa etérea y delicada, sino como la patinadora musculosa y fuerte que era. Cabe mencionar que la actuación de Margot Robbie es destacable, pero su caracterización se aleja de la complexión robusta y la escasa estatura que tanto incomodaba a los jueces.

A pesar de hacer historia al ser la primera mujer de su país en lograr un axel triple en competencia, todos esos detalles obstaculizaron su carrera desde mucho antes del ataque a Nancy. La película, entonces, reivindica a Tonya como una mujer que estuvo contracorriente desde el principio. Incluso cabe cuestionarse: ¿Acaso sin el ataque hubiera tenido alguna oportunidad de alcanzar la gloria?

Comentarios